Octubre mes del terror (para las niñas)

Nacer niña, supone una serie de conflictos y problemáticas que se han abordado desde todas las ópticas posibles, nacer niñas en muchos países significa morir en el momento del nacimiento, sufrir mutilación genital, estar sometidas a relaciones incestuosas, obligadas a casarse siendo niñas y el riesgo constante a ser víctimas de todo tipo de violencia, principalmente la sexual y el punto más alto, el feminicidio siendo menor de 12 años.

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Prensa Comunitaria convocó a 57 artistas de México, Argentina, Francia, Italia, España y Guatemala para ilustrar los 41 rostros de las niñas guatemaltecas que murieron el 8 de marzo de 2017 encerradas en el incendio del Hogar Seguro “Virgen de la Asunción”, como un homenaje a ellas y sus familias. Foto: Revista Late

De los 365 días de cada año, cada uno tiene un momento de recuerdo, desde nuestros imaginarios personales, desde los colectivos, desde los sociales; hay unos que han sido resaltados con más fuerza que los otros por razones políticas o comerciales, generalmente, y los meses como si tuvieran una personalidad, tienen cada uno su característica con la que lo asociamos… ya sabes que en agosto hay que alistar las cometas, en septiembre, regalos de amor y amistad, en diciembre más regalos y adornos y en octubre disfraces.

El uso de los disfraces fue en su época, cuando yo era niña por lo menos era así (dos décadas atrás), relacionado con la infancia, con el 31 de octubre, la fiesta de las brujas (casualmente no la de los brujos ¿por qué será?), el halloween.

Entonces, se supone que cuando evocamos esas épocas, que nos huelen a chispitas mariposa, a dulce, que nos saben a maquillaje, que nos recuerdan historias de terror contadas en las casas, en nuestra mente, todo es alegría, fotos infantiles, inocencia.

Pero no, si eres niña y ahora adolescente y mujer, ya no es así; ya no recuerdas la inocencia.  Según las estadísticas crueles que arroja la ONU con relación a las mujeres: 9 de cada 10 niñas en el mundo ha sido víctima de algún tipo de violencia, y entonces, muchas de nosotras recordamos no sólo octubre, sino en general nuestra infancia con momentos profundamente dolorosos, traumáticos, que no se van, que no se olvidan.

Desde 2012, la ONU declaró el 11 de octubre como el Día Internacional de la Niña con el objetivo de reconocer los derechos de las niñas y los problemas excepcionales que aquellas confrontan con todo el mundo. Pues bien, hay algo que se asume como obvio pero no se practica como tal y es que el derecho primero y fundamental de las niñas es ESTAR VIVAS, de ahí parte todo y entonces uno de los problemas excepcionales, que ahora parecen ser normalizados en nuestra sociedad, es que son asesinadas por el hecho de ser NIÑAS y mujeres.

Nacer niña, supone una serie de conflictos y problemáticas que se han abordado desde todas las ópticas posibles, nacer niñas en muchos países significa morir en el momento del nacimiento, sufrir mutilación genital, estar sometidas a relaciones incestuosas, obligadas a casarse siendo niñas y el riesgo constante a ser víctimas de todo tipo de violencia, principalmente la sexual y el punto más alto, el feminicidio siendo menor de 12 años.

Colombia no escapa de escenarios de violencia contra nuestras niñas, contra nosotras que fuimos niñas, contra ustedes que tienen niñas rodeando sus vidas. Las cifras de abuso sexual contra ellas va en aumento, el matoneo sufrido en los colegios principalmente por los estereotipos de belleza fijados en nuestra sociedad actual han llevado a que aumenten los casos de intento y consumación del suicidio y por supuesto, los feminicidios no se han hecho esperar.

Feminicidios Colombia realizó la recopilación de datos de cada uno de los casos de feminicidios en contra de niñas en lo corrido del 2018 hasta ayer 10 de octubre, el panorama no es alentador. No es normal que en un país en el que estamos inundados de publicidad de protección a la niñez, campañas (poco efectivas) y demás, a la fecha cuente con una cifra aterradora de 18 niñas asesinadas en lo corrido del año, 18 ES DEMASIADO, una es ya demasiado dolor, pero 18 ya indica con creces qué sociedad le espera a la niña que está naciendo en este momento en cualquier lugar del país.

No solamente es doloroso saber cuántas niñas han sido asesinadas, sino leer cada historia, ver sus edades, leer las causas, saber quiénes fueron sus asesinos o asesinas, y en algunos casos, ver la impunidad rampante o la demora en la administración de justicia para castigar estos casos.

Colombia no ha aprendido de casos tan dolorosos como el de Yuliana o el de Sarita, no aprende, pasa lo mismo y por lo mismo.

El caso de Yuliana Samboni conmovió y movilizó al país por dos razones fundamentales: la primera, el horror de todo un crimen planeado que incluyó no solamente la muerte de la niña, sino que también el secuestro a plena luz del día en un barrio humilde pero vecino de uno de los sectores más exclusivos de Bogotá, el abuso sexual, la tortura, el ocultamiento del cuerpo, cada detalle revelado era más repugnante que el anterior; la segunda, el autor del crimen, el arquitecto Rafael Uribe Noguera perteneciente a la clase alta del país, quien después de haber sido encubierto desde el portero del edificio donde se encontró el cuerpo de Yuliana hasta por sus dos hermanos, uno de ellos abogado, trató de internarse en una clínica de rehabilitación para evadir a la justicia; la historia reunía en sus entrañas todos los dolores padecidos por este país, por las niñas de Latinoamérica, por las mujeres del mundo. Yuliana era hija de una pareja de Caucanos quienes por la situación rural de Colombia se trasladaron a la capital del país en busca de un mejor futuro, viviendo con sus dos hijas en el mismo cuarto de una casa humilde e improvisada, que fueron víctimas de un delincuente de la alta sociedad, sufriendo por horas la desaparición de su hija que jugaba en las calles del barrio Bosque Calderón y fue raptada desde una camioneta de alta gama y encontrada muerta, abusada y torturada en el jacuzzi del penthouse del feminicida ubicado en uno de los sectores más privilegiados de la ciudad, muy cerca de la casa a la que ni ella, ni sus padres y hermana pudieron volver jamás.

Latinoamérica está llena de casos de asesinatos de niñas precedidos de ataques sexuales, que han conmovido a cada país y que siguen en el recuerdo de todas:

Argentina, el más reciente: la violación y muerte de la pequeña Camila Borda de 11 años en la ciudad de Junín, encontrada estrangulada en el baño de la vivienda de un hombre de 40 años.

Chile, Almendra tenía 3 años, su padrastro la golpeó hasta el cansancio; la violó dentro de una bañera en la que también hundió la cabeza de la niña en tres ocasiones; luego la golpeó hasta dejarla sin vida.

México, vive uno de los casos más trágicos que no sólo reúne el feminicidio con abuso sexual previo a Valentina una niña de 4 años, que fue asesinada por la pareja de su mamá, sino que los señalamientos a Brenda (madre) como cómplice por el supuesto conocimiento de que la niña ya había venido siendo maltratada y abusada por Diego su expareja (ahora libre) de quien iba a separarse por sus constantes ataques violentos, tal y como se lo contó a VICE.

Perú, aún sigue sintiendo el dolor de la muerte de María Jimena quien fe encontrada violada, estrangulada y su cuerpo calcinándose dentro de un saco a metros de la casa del hoy conocido como “Monstruo de la Bicicleta” o “Monstruo de La Huayrona, un desconocido que luego de fingir un accidente con la niña quien iba en bicicleta, la raptó, la violó y acabó con su vida.

En Colombia, este año una de las primeras víctimas: Mauren Llanos, de tan solo 13 meses fue secuestrada, abusada y posteriormente ahogada en Caquetá, uno de los Departamentos más olvidados del país y en el que en el período de enero a junio cuenta con al menos 6 casos registrados de feminicidio.

No obstante,  cuando pensábamos, que nada podía superar la desgracia de la muerte de Mauren en términos de edad, registramos otros dos casos de bebés de 4 meses, una de ellas asesinada y enterrada por su padre.

Historias de horror, efectivamente, eso es octubre el mes del terror y el miedo, pero no el de los cuentos, ni el de las películas, el de la vida real, el de los casos que hemos visto a la hora del almuerzo sin que hagamos absolutamente nada.

Dos niñas asesinadas por su padre en venganza contra su madre; cinco de las víctimas de este año fueron abusadas antes de morir, siete fueron asesinadas por sus padres o madres, una de las niñas fallecidas tenía hidrocefalia y con tan solo cuatros años fue violada por varios familiares y murió como consecuencia de las lesiones en su cuerpo, y podría seguir, pero es que a veces por más que trabajemos por los derechos, por las reivindicaciones, por la justicia, el alma se siente cansada y no se sabe ya cómo explicar que siga ocurriendo y no pase nada.

Sara Salázar, la niña de 3 años asesianada este año en Colombia. Su familia autorizó el uso de esta imagen para el artículo.

Ya que es octubre, recordé a Sarita de 3 años, quien murió el año pasado en un hospital de Armero Guayabal, con un diagnóstico que no podía ser más desolador, tenía fracturado su cráneo, un brazo roto, uno de los dedos de sus manos mutilado y signos de haber sufrido abuso sexual. Sus padrinos fueron condenados como responsables de su muerte este año.  Recordé que entonces todos éramos Sarita (a veces todos somos alguien y en otras todos somos nadie), vino a mi mente que la imagen con la que la recuerda el país es de ella sonriente e inocente disfrazada de Minnie seguramente lista para ir a pedir dulces.

Hoy en el Día Internacional de la Niña, en el año en que la ONU lo tituló: “Con ellas: una generación de niñas más preparadas”, me pregunto, con todo este panorama violento y letal, exactamente, ¿para qué debemos estar preparadas?

#HablemosDeLasNiñas

#ElConteoQueNoQueremosHacer

#NiUnaMenos

Yamile Roncancio
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Yamile “Mile” Roncancio Alfonso, 29 años, fundadora de Feminicidios Colombia, abogada especialista en derecho administrativo, activista, defensora de derechos humanos y escritora por ratos.


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