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Siempre soñé con ser mamá, pero ahora que mi pareja es otra mujer, el sueño se complica

No sé si sabían pero dos mujeres cisgénero no pueden concebir juntas sin la ayuda de la ciencia. Lo que significa que ahora para mí tener un hijo no es solamente hablar con mi pareja sobre cuándo y cómo dejaremos de usar anticonceptivos y esperar a que cuaje. No. Ahora si quiero la más mínima posibilidad de sobarme una panza gigante debo planear no solo lo mínimo, lo básico, que implica tener un bebe (pañales, cuna, ropa, pediatra, etc.), sino también el dinero para hacerme el tratamiento que me dará la posibilidad de cumplir mi sueño.

Volcánica maternidad v3 volcanica

Foto: @therealmelroy

Tengo comportamientos obsesivos. Cuando era pequeña prendía y apagaba las luces en múltiplos de diez porque de no hacerlo tenía la certeza que mi casa se incendiaría debido a un circuito mal cerrado. Caminaba lento por las calles para no pisar las líneas del asfalto porque no aguantaría la culpa si a mi mamá se le rompía la espalda como dice la rima en inglés. Siempre me he lavado las manos por lo menos una vez por hora porque las empiezo a sentir pegajosas aunque no haya tocado nada extraño. Me lavo los dientes hasta que me sangran las encías. Me arranco los cueritos de las uñas hasta que sangran. Y últimamente me arranco papilas gustativas. Hasta que sangran, por supuesto.

Apoyo la lengua en mis dientes frontales y con las uñas de mis dedos gordo e índice selecciono uno de esos pequeños órganos entre las tenazas que hago con las manos y halo hasta arrancarlo. Repito el proceso una y otra vez, hasta que hago un hueco que, del dolor, se entumece. Y por lo que pareciera una eternidad no deja de sangrar. La vergüenza llega. Me lavo los dientes, hago buches con isodine bucal. Me aplico mebucaina. Me prometo que no lo volveré a hacer. Pero horas después empiezo a morderme la herida, como un pajazo mental de que solo la estoy mordiendo suavemente, no arrancándome papilas. Hasta que lo hago, por supuesto.

Todos esos comportamientos obsesivos son síntomas de una preocupación que le enciende la mecha a mi ansiedad. Exámenes de geografía sobre mapas que era incapaz de memorizar, sentirme inadecuada al socializar, asco a los gérmenes, hablar en público, pensar que mis amigas se aburren de mí, hacer mal mi trabajo, sentirme atrapada en una multitud que toca todo mi cuerpo en un transmilenio o un concierto, por ejemplo, y ahora la idea de ser madre.

Siempre soñé con ser mamá. Ir a la playa en bikini con mi panza de embarazada. Despertarme a las 3 de la mañana y atormentar a mi pareja con un antojo de una fuente de chocolate que debía satisfacerse ya. Sobar mi barriga, todo el día a toda hora. Sentirme la mujer más hermosa del mundo con el estómago redondo, por primera vez sin asociarlo a un aumento de peso que temía tanto que pasaba días enteros sin comer. Tener una hija y experimentar en ella el performance perfecto de feminidad: vestidos, muñecas, ballet, todo color rosa. No soy sádica, esto sería hasta que la niña hipotética expresara gustos diferentes. Pero mientras dependiera de mí, los primeros dos o tres años serían un cliché del género femenino. Una réplica mía que aprendería a decir la mejor palabra del mundo: mamá.

Ser mamá, algo que siempre quise. Era una idea fija en medio de incertidumbres del futuro. Un sueño reconfortante. Pensar que podría hacer por alguien más lo que mi mamá hizo por mí. Un proyecto de toda la vida que nunca culminaría, sencillamente evolucionaría en dificultad. Primero aprender a ir al baño. Luego fracciones. Luego la universidad. Y así, una labor de la cual no me iba a retirar. Un llamado, diría un religioso. Un sentido de vida o por lo menos una razón para vivir. Pero ya no estoy segura.

***

Lo que hace que me arranque la lengua a pedazos es la idea de tener un bebé mientras el mundo se convierte en un desierto post apocalíptico que no le envidia nada a Mad Max.

Tener un hijo es un acto intrínsecamente egoísta. Lo sé. Lo acepto. El bebé no escoge nacer, sus circunstancias, sus padres o su futuro. Y no me parece que sea necesariamente malo, hay pocas decisiones que no son egoístas, ser hija única me ha dado práctica para validar el sentimiento. Pero esto es algo que no me podría perdonar. Sé que es ingenuo, pero no creo que la gente que desea tener un hijo lo haga con el objetivo de joderle la vida. O por lo menos yo no lo quiero por eso y espero que otros tampoco.

Las señales de mi ansiedad -prender y apagar luces, lavarme las manos, pulgar papilas gustativas- son solo la manifestación de la avalancha que se dispara con una idea pequeña y desciende llevándose la represa mental que construyo para racionalizar y detener los temores que me ahogan. Sé que hay personas con peores problemas y preocupaciones, pero eso no cambia mi realidad. Tener una enfermedad mental es un trabajo de tiempo completo y si mi vida fuera una compañía, yo sería la empleada del mes siempre.

Durante el tiempo que soñé tener una hija nunca me imaginé que en el garaje de mi cerebro había un villano armando esa bomba nuclear. Tal vez no sea una bomba. Tal vez es una semilla alterada genéticamente que sobrevive cualquier intento de erradicación. Porque no explota, es paciente. Se planta y crece como hiedra. Intrusivo. Invasivo. Una plaga, un parásito. Me gusta darle forma a mi ansiedad, así le puedo echar la culpa a algo concreto en vez de abstracto. Puedo visualizar cómo avanza o como retrocede. En este caso la enredadera que se expande por mi mente es el calentamiento global. El fin del mundo en su acepción más distópica.

Dice la ONU que si para el 2030 el aumento de la temperatura global no se limita a un máximo de 1,5 grados centígrados no hay vuelta atrás para los daños; la extinción de los arrecifes de corales, disminución de las zonas para el cultivo, diez millones de personas expuestas a inundaciones. La lista sigue. Y lo peor es que tener hijos es una de las acciones que más contaminación causa.

Sé que es pesimista, pero no creo que haya solución. Si todos los individuos vivieran una vida perfectamente ecofriendly y sostenible el impacto no sería suficiente para contrarrestar lo que hacen las compañías para vender sus productos y servicios. Los grandes culpables del calentamiento global tienen nombre y apellido, no es ningún secreto. Y tampoco lo es que no cambiarán sus prácticas. ¿Quiero tener un hijo así, aquí?

***

Soy bisexual. Y mientras tuve noviazgos (en el sentido más heteronormativo de la palabra) con hombres nunca dudé de mi deseo de ser madre. Si esas relaciones prosperaban y escogíamos tener una vida juntos un bebé llegaría eventualmente. Era inevitable. Pero ahora salgo con una mujer. Llevamos dos años saliendo. Uno viviendo juntas. Tenemos un gato. Viajamos. Hacemos el mercado. Se sincronizaron nuestros periodos. Y sé, como nunca lo supe antes, con certeza que es con ella con quien estaré el resto de mi vida.

Vaya plot twist. No sé si sabían pero dos mujeres cisgénero no pueden concebir juntas sin la ayuda de la ciencia. Lo que significa que ahora para mí tener un hijo no es solamente hablar con mi pareja sobre cuándo y cómo dejaremos de usar anticonceptivos y esperar a que cuaje. No. Ahora si quiero la más mínima posibilidad de sobarme una panza gigante debo planear no solo lo mínimo, lo básico, que implica tener un bebe (pañales, cuna, ropa, pediatra, etc.), sino también el dinero para hacerme el tratamiento que me dará la posibilidad de cumplir mi sueño.

Mi novia ha investigado al respecto, a ella el tema no la paraliza, no la incapacita. Prefiere saber qué esperar. En Colombia hay pocas clínicas en donde se pueden hacer esos procesos. Dos muy bien rankeadas. Las posibilidades son fecundación in vitro o inseminación artificial. Dependiendo del rango de edad se requieren menos intentos. Una de las clínicas que encontró, que hasta ahora tengo el coraje para revisar, tiene la posibilidad de cotizar un prediagnóstico. El futuro es ahora.

La legislación en Colombia ni raja ni presta el hacha con el tema de la autonomía del cuerpo de las mujeres. Así como con el aborto, el estado ha limitado tres casos en los que las EPS deben cubrir los tratamientos de fertilidad: cuando se pretende garantizar la continuidad en la prestación del servicio de salud, cuando se busca garantizar la vida/salud de la mujer y cuando la patología de la infertilidad es una enfermedad secundaria. Creo que no califico en ninguno de esos supuestos.

Los formularios preguntan tu situación personal (madre soltera, relación hetero u homosexual), tu edad, si tienes alguna precondición. La inseminación artificial cuesta más de tres millones de pesos. La fecundación in vitro cuesta más de 17 millones. Ambas ofrecen menos del 65% de probabilidad de embarazo. Y pensar que hay países donde les pagan a las mujeres por tener hijos. Formar una familia me parece una misión suicida en este mundo, que no es sino una langosta a la que la hierven lentamente sin darse cuenta. Pero no es solo el termómetro del mundo. Además de mi ansiedad, del calentamiento global, de la homofobia, para mí vivir mi sueño es más costoso, más difícil.

Para nosotras no existe la opción de un accidente. No se va a romper el condón. No va a fallar las pastilla. Si me hubiera pasado con alguno de mis exes a lo mejor pensaba “ya untada la mano”… Pero no. Y no vamos a pedirle el favor a un tipo cualquiera o a un amigo que nos embarace para ahorrarnos lo del doctor, algo que nos han sugerido varias personas aunque nunca se les ocurriría sugerirselo a una pareja hétero con problemas para concebir. Imaginemos que se cumple mi sueño, ¿a mi novia le tocaría/le dejarían adoptar al bebé que yo tuviera? ¿Le van a dar a ella los mismo derechos y deberes que yo tendría? Pienso en la vez que mi ginecólogo me dijo que tenía buenas caderas para un parto, anchas. En mi cabeza una hiedra venenosa me susurra que la biología se burla de mí.

***

Con mi novia hemos hablado hasta el hastío del tema. Lo bautizamos el Bebé de Schrödinger. Para ella la decisión está en mis manos: si decidimos tener el bebé, cómo lo tenemos, a qué edad, etc. Ahora lloro menos cuando veo niños en público o en películas. Puedo hablar del tema sin ahogarme. Hace un par de semanas que no me arranco papilas gustativas. Bueno, que no me arranco más de una o dos. Puedo parar antes perder el control. Ya casi se cura mi lengua.

Si esto que siento me lo contara otra mujer le diría que la vida para nosotras es cada vez mejor:

  • Hoy muchas podemos escoger si queremos ser madres o amas de casa y cuando lo haríamos.
  • Una mamá es una persona y es absurdo, incluso cruel, pretender que toda su vida gire en torno a tener y criar hijos.
  • Para ser madre no es necesario parir, los hijos pueden llegar de muchas otras formas y serán amados.
  • Nadie debería fiscalizar si las mujeres tenemos hijos o no bajo la excusa de contaminar el planeta. Eso responsabiliza nuestros cuerpos de solucionar un problema que no causamos y que le corresponde a estados y empresas.

Listaría ad Infinitum todos los argumentos que conozco. Tendría empatía. Entendería su miedo de criar un bebé sin joderlo con los roles o expectativas de género con los que nos criaron a nosotras. Intentaría darle motivos para sentir ilusión. La trataría con cariño. ¿Puedo tener ese mismo gesto conmigo?

Yo siento que el feminismo me protege. También mis muchos privilegios. Ir al psiquiatra y tener acceso a medicamentos que me permiten ser funcional, una novia empática, una mamá que me apoya, unas amigas que me consuelan. Todos los días tanto las mujeres de mi vida como el feminismo me dan esperanza, fuerza para deconstruir la idea de maternidad que tengo en la cabeza, para renunciar a una panza para sentirme mamá, para encariñarme con la posibilidad de adoptar (a pesar de las dificultades en un país homofóbico), para aprender sobre cómo criar a una persona sin las presiones de género que seguramente son parte fundamental de mi desasosiego, para replantearme mis sueños e ilusionarme tanto con otros proyecto, para saber que no tengo que ser mamá para ser feliz y tener una vida completa, para poder ser madre si finalmente así lo deseo. Para poder ver todas las opciones que tengo.

El duelo no es un proceso linear. Pero el feminismo, la medicina, mi novia, mi mamá y mis amigas me dan herramientas para reforzar la represa en mi mente, para cortar el cable rojo de la bomba, para arrancar hiedra que invade, una vacuna contra la plaga. Para que si retrocedo no tenga las manos vacías, no esté sola. Así es como el feminismo salva vidas.

Gabriela Santamaría
/

Periodista de la Universidad Javeriana con una maestría en Ciencia Política de la Universidad de los Andes. He trabajado en la versión web de Noticias Caracol, Blu Radio y los especiales regionales de la Revista Semana y he publicado en 070, El Espectador, Cartel Urbano, Fucsia y Bacánika. Instagram y Twitter: gabrielastama


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    Regina Barrios /

    23/08/2019 8:03 PM

    Me encantó tu columna. Entiendo tus miedos en relación a la maternidad, y yo por eso, he decidido no tener hijos. Espero poder mantener la firmeza de mi decisión con el paso de los años.
    Les deseo éxito y espero que logres tu objetivo de ser madre.
    Lamento también que la mayoría de comentarios a tu columna sean negativos, discriminatorios y dogmáticos... Guatemala aún es una sociedad terriblemente conservadora e ignorante :(

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    María José /

    30/06/2019 12:37 PM

    Ojalá la vida te permita disfrutar y vivir ese sueño. De corazón, ojalá que lo logres y seas (aún mucho más) feliz!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Flavio Silvestre /

    28/06/2019 3:58 PM

    ¿Y el derecho del niño a tener una familia natural?
    ¿Sabrán que para lograr una fertilización in vitro tendrán que sacrificar aproximadamente a otros 99 bebés?
    Ser padre no es un derecho, es un regalo.

    ¡Ay no!

    2

    ¡Nítido!

      Regina Barrios /

      23/08/2019 7:58 PM

      Lea la sentencia de la Corte IDH en el caso Artavia Murillo. Por su afirmación de "familia natural" dudo que la logre comprender, pero quizás me equivoco.

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

    ernesto garay /

    21/06/2019 11:16 AM

    no escribas estupideces y búscate un hombre de tu agrado que te done esperma y seguí siendo feliz con tu pareja y su bebe

    ¡Ay no!

    5

    ¡Nítido!

    Oscar González /

    21/06/2019 9:37 AM

    “No se si sabían que dos mujeres cisgenero no pueden concebir juntas sin la ayuda de la ciencia”.... wtf??? Claro que lo sabíamos, es biología básica, hasta un niño en sus primera edad sabe eso. De verdad crees que no sabíamos? Y lamento decir que la ciencia lo que hace es transferir esperma masculino, sip, lo siento, el que solo producen los hombres. Sorry, todavía la ciencia no desarrolla esperma sintético...

    ¡Ay no!

    6

    ¡Nítido!

    Carlos Cintron /

    21/06/2019 6:44 AM

    Necesita un buen psiquiatra, si llega a concebir, pobre criatura.

    ¡Ay no!

    7

    ¡Nítido!

    Hugo /

    20/06/2019 7:02 PM

    Esa patoja si necesita siquiatra
    Ojala que no logre su propósito, ella no tendría un hijo, tendría una victima

    ¡Ay no!

    7

    ¡Nítido!

    Víctor López /

    20/06/2019 2:11 PM

    !uy!

    ¡Ay no!

    2

    ¡Nítido!

    Marlon Suarez /

    20/06/2019 9:51 AM

    Que me importa lo que pasa en Colombia.
    Si fuera heterosexual no anduviera en estos predicamentos.
    El problema no es el tener el bebe, el problema es que la supuesta madre no está bien de la cabeza y necesita tratamiento psicológico antes de pensar en la posibilidad de ser madre.

    ¡Ay no!

    11

    ¡Nítido!



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