¿Y ahora cómo follaremos las feministas?

Mientras más persona –completa, valiosa, valiente, bella, sexy, necesaria– me siento yo gracias al feminismo, menos me valoran mis compañeros sexuales ocasionales. Sé que no soy la única a la que le pasa esto. Es como si en la cama, ese otro campo de batalla, la lucha feminista nunca hubiese ocurrido.

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Ilustración por: Mino Manara

Hace un par de fines de semana tuve una tarde de sábado fabulosa y, créanme, a la edad de una los sábados fabulosos empiezan a escasear. Una presentación de libro, por falta de quórum, se convirtió en karaoke íntimo con mucha cerveza y canciones de Rocío Jurado, aka, La Más Grande. Mi interpretación de Muera el amor aún resuena en las cortinas de falso terciopelo del salón de actos y en los celulares de mis cuatro nuevos mejores amigos.

Cuando la noche empezaba a romperse de tanto usarla decidí meterme a Tinder. Un poco de deslizar a la derecha para buscar el tan necesario calor humano. Poco se habla de la necesidad de la gente soltera de tocar y que la toquen. Unos likes para invocar al esquivo amor de los trasnochadores. Sepan comprenderme: llevaba unas cervezas encima, me había hecho grande en el escenario, sonaba Mi gran noche de Raphael (“¿qué pasará?, ¿qué misterios habrá?”) y sí, lo confieso, estaba in the mood for love.

De pronto match.

Un muchacho simpático a menos de un kilómetro.

“¿Cómo te llamas? ¿De dónde eres? ¿Dónde vives?” Lo de siempre. Quedé con él muy cerca del centro cultural-karaoke, tomamos una cerveza en la calle, vinimos a mi casa. No hubo preliminares, besos, caricias, toqueteos. No hubo nada. Se corrió antes de que pudiera pestañear y mientras yo estaba en el baño se fue. Lo repito: se fue. Prácticamente había dejado la silueta de su cuerpo en la puerta cerrada como en los dibujos animados. Así como lo cuento: salí de la ducha y me encontré la casa vacía, la puerta semiabierta y el corazón se me fue a los pies. Puto cerdo. Me cercioré de que no me hubiera robado (no, no se llevó nada material, sólo mi ya muy frágil confianza en los hombres) y me senté a odiar.

¿Por qué, dios, por qué me hiciste heterosexual?

Maldita sea.

No que es esta sea la peor experiencia que he tenido en encuentros con hombres a lo largo de mi vida (una mujer de sexualidad libre es víctima constante de todo tipo de violencias), pero sí que es la más reciente y la que, por ruin, por machista, por triste, me ha dejado más dolida. Para el tipo este yo no era una persona. No. Era otra cosa: un bicho, una muñeca plástica, nada. Y eso es lo que empieza a preocuparme de las relaciones heterosexuales en este momento histórico, en este siglo, en este año. Algo va muy jodidamente mal.  

Mientras más persona –completa, valiosa, valiente, bella, sexy, necesaria– me siento yo gracias al feminismo, menos me valoran mis compañeros sexuales ocasionales. Sé que no soy la única a la que le pasa esto. Es como si en la cama, ese otro campo de batalla, la lucha feminista nunca hubiese ocurrido. Pretenden vejarnos como en el oscurantismo o en el peor porno: usar nuestra boca, nuestro ano y nuestra vagina –y apretar nuestros pechos como si estuvieran hechos de caucho–, correrse en nuestra cara y chau, si te vi no me acuerdo. No quieren saber tu nombre ni, lo que es peor, lo que te genera placer en la cama. No quieren saber que eres un ser deseante.

Llevo mucho tiempo pensando que el último gran tabú de nuestros tiempos es la ternura, la humanización de la compañera sexual, la complicidad, la gratitud, la empatía, el abrazo. Parecería increíble tener que hacer énfasis en que acostarse con alguien, o sea su sexo dentro de tu sexo, es de una intimidad profundísima, pero la realidad es que últimamente encuentro hombres que ven el acto sexual como una gimnasia y a mí como una máquina para hacer piernas: algo que se usa para algo. Parecería increíble tener que decir “soy una persona, amigo, mírame a la cara, acaríciame, dame un beso”, pero a veces me dan ganas de gritárselo en la puta cara para que deje de agujerearme los agujeros y darme vueltas y vueltas como un filete en una sartén.

Estoy harta de esta mierda.

Me han ofrecido hacer cosas paranormales, gore, espantosas, abyectas: un tipo me contó que le gusta usar pañales y hacer caca en ellos y que si a mí me iba esa movida podíamos cambiarnos nuestros respectivos pañales como bebés grandotes y asquerosos. Otro me preguntó si yo me dejaría poner un enema de estos que te limpian el colon y luego verme expulsar mis tripas. Otro pegarme y que le pegara. Otro quería que lo pisara con zapatos de tacón de aguja. Otro pretendía que me sentara en su cara y lo ahogara. Uno quería que lo viera participar en un bukake (si no saben lo que es búsquenlo, o mejor no, es pesadillesco). Alguno más soñaba con que vaciara mi vientre y mi vejiga sobre su pecho. De todo, me han ofrecido de todo, pero cuando llegamos al cariño, cuando pido cariño, digo, se les pone una cara de repulsión y miedo: ¡¿Qué dices mujer?!

Y salen corriendo como si hubieran visto al diablo. Créanme, nunca han visto a alguien vestirse tan rápido, es como un fast forward.

Me parece que los hombres heterosexuales de hoy piensan que abrazar a la mujer que te follas significa que esa mujer se va a imaginar conociendo a sus padres y una boda al pie del mar. Es como si ver a la mujer que te follas como un ser humano significara que tienes que llevarla al cine y ¿quién mierda quiere llevar a la mujer que se folla al cine, no?

¿O será que ese es el castigo para la mujer de sexualidad libre? ¿No ser vista como una persona? ¿Será que mientras te cogen están pensando “muy feminista, ¿no? Mira cómo te doy como a una muñeca, so pedazo de zorra”. ¿Es que el deseo sexual está boicoteando nuestra lucha? ¿Debería intentar con las mujeres o comprarme todos los vibradores del mercado? ¿Debería, pregunto, dejar de acostarme con hombres?  

Todos los días estoy tentada a salirme de las apps de contactos y todos los días la dejo ahí por si acaso ocurriera el milagro de que algún chico quiera acostarse con el ser humano que soy y no usar los agujeros que tengo. Spoiler alert: no ocurrió anteayer, ni ayer ni ha ocurrido hoy.

¿Será que es demasiado pedir?  

 

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María Fernanda Ampuero
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María Fernanda Ampuero (Ecuador, 1976) es escritora. Su último libro es Pelea de Gallos (Editorial Páginas de Espuma, Madrid).


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    El barto /

    22/06/2018 2:32 PM

    Sal con hombres más chicos, que aún crean en esas cosas...

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Amaranto.libre /

    21/06/2018 7:59 PM

    Hola, leí tu post porque me parece un tema muy interesantee y contingente, lo he vivido en carne propia también.. tanto considerando mujeres como objeto para mi placer, incontables veces (con orgullo y humildad puedo decir que esas maneras están ya en mi pasado), como también sintiéndome objeto de placer de mujeres desconocidas y amigas que solo me buscaron para masturbarse con mi pene y luego desinteresarse por todas las otras maneras posibles de relacionarnos.

    Hace un año salgo con una muchacha bella, increíble.. y entre oleadas de feminismo nos hemos ido transformando en montones de procesos.. deconstruir el machismo, el amor romántico, la objetivación, los celos, etc... y obviamente llegamos a: y ahora como tiramos? como lo hacemos sin que sea violento como ha sido hasta ahora (nunca al punto que tu señalas amiga), cmo lo transformamos?, tuvimos periodos de abstinencia, de mucha reflexión y otros de solo dejarnos llevar, incluso de caer nuevamente en dinámicas violentas como por ejmplo pedir golpes, dar insultos en pos de excitarnos mas.. de a poco se va volviendo mas incómodo y surgen nuevas formas mucho más amorosas y no menos (sino mas) excitantes y placenteras..

    me parece que son procesos, tiene que ver con abrir la mente y el corazón también. Solo te quiero decir que me parece que esas redes sociales también son objetivantes, además de superficiales (yo también usaba tinder, hace un par de años).. y que probablemente no estas libre de utilizar hombres para tu satisfaccion egoísta, aunque tenga forma de pedir cariño.. el primer paso es el reconocimiento, no se trata de acostarse con hombres o mujeres, se trata de reconocernos y amarnos entre personas.. eso.. estamos en la lucha, amor y autocompasión, nunca quedarnos quietxs..

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Cecilia Barón /

    21/06/2018 11:50 AM

    "Llevo mucho tiempo pensando que el último gran tabú de nuestros tiempos es la ternura, la humanización de la compañera sexual, la complicidad, la gratitud, la empatía, el abrazo."

    Yo agrego: el placer mutuo, el cuidado y respeto propio y del otro.

    Entiendo que esta expectativa es súper novedosa comparada con los siglos de historia de las relaciones de la humanidad, pero no está de más darle una leída, peligro y todos la pasamos un poquito mejor.

    Nisiquiera hablaría de Tinder, esto muchas veces sucede igual con gente que conoces y te quiere mucho. También es cierto que hay gente que no conoces a profundidad y sí se preocupa porque también te la pases chido aunque no haya gran amor.

    No todo se trata de criticar, pero sí de cuestionar/nos y construir/nos.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

      Cecilia Barón /

      21/06/2018 12:01 PM

      Si nos basamos en la historia, nadie podrá negar que la mayoría de la humanidad ha sido producto de una deficiente cogida. Tenemos mucho por aprender sobre un tema tan maravilloso como lo es la sexualidad.
      Si como damos nuestra opinión, diéramos las nalgas, acabaríamos con la prostitución.

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

    Martin Grosso Almeida /

    21/06/2018 8:45 AM

    Bienvenida al mundo de la Sexualidad Libre. Tiene esas cosas para ambos sexos. Soy hombre Heterosexual y mujeres me han dejado. Nosotros los hombres vivimos con este sentimiento que vos tenes ahora hace años.

    Creo que hay una mezcla de temas y errores. Primero en una app de encuentros casuales como son TINDER y HAPPEN no se puede pretender ir a buscar el amor. La aplicacion no fue diseñada para eso y no se usa para eso. ¿Podes encontrar el amor y la companía de ser humano ahí? Si, pero son excepciones.
    La pregunta seria ¿Que pasa con vos en el momento que te dejan que te afecta tanto? o el Hombre no esta obligado a tener relaciones sexuales con vos si no quiere como vos tampoco con él si no quisieras.

    Los hombres heterosexuales experimentamos el rechazo desde el primer momento SIEMPRE. Cuando te acercas a hablar, cuando preguntas para salir, puando invitas a tu casa y cuando pretendes intimar. EL NO QUIERO puede estar siempre y sabemos que es un factor que hay que respetar (caso contrario serias un abusador).

    Felicito a todas las mujeres de esta época de empoderamiento por tomar su destino en sus manos y tomar decisiones por ustedes, para ustedes y pensando en ustedes. Pero sepan que liderar tu vida tiene estas frustraciones. El querer tener sexo y que te rechacen.

    Es mi punto de vista. Saludos

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

    Bok /

    21/06/2018 4:59 AM

    Eso yo creo que ocurre porque estás manteniendo relaciones con una persona a la que apenas conoces. Quiero decir, las demostraciones de cariño son manifestaciones del cariño que hay. El sexo en sí es una función biológica como comer o dormir, el cariño es algo mucho más profundo que eso y necesita de tiempo para desarrollarse. Ese es el problema de las aplicaciones como Tinder, te venden cariño queriendo decir sexo. La próxima vez prueba a dedicar un poco de tiempo a conocer a esa persona, el cariño es como una flor, necesita tiempo y riego. Incluso aunque te abrace, sin ese cariño de fondo son abrazos vacíos, no es lo mismo.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Diana /

    20/06/2018 10:41 PM

    Yo creo que desde que tomamos en cuenta la app -mayormente usada para encuentros casuales-, sabemos de lo que se trata.
    Es un debate interesante el que has puesto sobre la mesa, pero en lo personal, nunca me ha parecido malo que dos personas hagan un trato así, y en el momento indicado, den las gracias, y digan hasta luego. Tal vez ese man pudo haber dicho adiós, pero no era muy cortés...
    Si estamos hablando de encuentros sexuales... Bueno, no es que la mujer no tenga algún otro matiz que el de su sexualidad, pero lo veo como un común acuerdo en el que se busca la satisfacción mutua -aquellos que parecen máquinas, y ni siquiera saben meterla, aplíquense, somos dos-.
    No creo que sea un rasgo que tenga que ser estrictamente definitorio de la heterosexualidad.
    Me he dado cuenta que cuando la mujer se libera, y toma decisiones respecto a su sexualidad por cuenta propia -y no por imitar al hombre o competir contra él-, tal como aplicar un "pisa y corre" -coges y te vas- , o hasta vender su cuerpo de freelance -por mencionar algunos ejemplos-, logra llegar a un empoderamiento en cuanto a su sexualidad. Rompiendo sus propios paradigmas.
    Ni ellos son príncipes, ni nosotras princesas. A coger y a mamar, que este mundo se va a acabar.

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

    Yolaperodetodas /

    20/06/2018 8:50 PM

    Tinder es una aplicación machista . FIn.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Lau /

    20/06/2018 8:09 PM

    En que cambia que el solo quiera sexo facil y que la autora solo quiera afecto facil? Que nos lleva a pedir cariño de un desconocido? No es acaso ese planteo tan cosificador como el que busca un polvo rápido? (Quiero que me hagas compañia y me hagas sentir bien, pero no te quiero como persona, basicamente porque acabo de conocerte y es tecnicamente imposible forjar lazos sinceros en una sola noche)

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    CAMIMAR /

    20/06/2018 8:04 PM

    Leí esta nota y me puse a debatir fuerte con el novio de una amiga. Después de mucho rato le plantee por qué no le parecía que el hecho de que al hombre no le interese el placer de una mujer es una construcción social histórica y me dijo que si yo accedía a jugar el juego era libre y no tenía por qué importarle al hombre, que estaba en un encuentro casual, (porque por ahí había tenido un mal día o lo que sea) el placer de la mujer.. Terminó diciendome que eso era ser altruista y que el altruismo no existía

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Lia /

    20/06/2018 7:38 PM

    Con mucho cariño te sugiero dejar de cojer con hombres machistas.

    ¡Ay no!

    3

    ¡Nítido!







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