Estos jóvenes cuentan su vida en las pandillas a través de una obra de teatro

El arte sirve de canal de expresión para ocho jóvenes privados de libertad que relatan su propia vida entre la violencia y la pobreza en una obra presentada en el teatro nacional.

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Lukas y Dany observan la sala Hugo Carrillo, donde presentaron una obra sobre pandillas, protagonizada por ellos.

Foto: Pia Flores

Se apagan las luces. Está por comenzar la función. La obra que llenó la sala Hugo Carrillo del Centro Cultural Miguel Ángel Asturias se llama Encontrando mi camino.

Una música dramática pone ritmo a la oscuridad. Se abren las cortinas del teatro y se escucha una sirena de policía. Entra “Juan”, un joven que quiere dejar atrás la vida en la pandilla y cambiar su camino. Detrás de él aparecen cuatro muchachos de gorra, pantalonetas flojas y playeras. Entran al ritmo del hip hop. Son sus homies que quieren llevarlo a una fiesta en la noche.

Se trata de un grupo de actores poco común. En esa obra solo hay hombres. Ocho jóvenes de cabeza rapada que nunca antes se han presentado en un escenario frente a un público. De hecho, el primer ensayo, tres semanas antes, fue la primera vez que conocieron el teatro nacional.

Los actores son jóvenes privados de libertad bajo la custodia de la Secretaría de Bienestar Social (SBS) que desde hace un mes participan en un taller de teatro dentro del centro. El proyecto forma parte de la campaña Dame Chance que busca crear nuevas oportunidades de reinserción social a los 741 jóvenes en conflicto con la ley penal, lanzada por la SBS en octubre del 2017.

—Para nosotros ha sido una aventura, que nunca nos imaginamos. Hemos estado ensayando y gracias a Dios, todo nos salió bien, dice Lukas, de 17 años. La satisfacción brilla en sus ojos.

Dany, de 18, está a su lado y no deja de sonreír.

No logran describir los nervios que tenían antes de comenzar la obra. Para ambos participar en el taller ha sido una experiencia completamente nueva. Ninguno de los dos habían pensado que algún día serían los protagonistas de una obra en el teatro nacional y que recibirían aplausos de un público entero de pie.

“Juan” se va a la fiesta con su pandilla. Pero policías llegan, discuten y disparan. Una bala impacta en “Juan” y es llevado agonizante al hospital donde es atendido por un amigo de la infancia, “César”, —papel que interpreta Dany— que contrario a “Juan”, estudió y llegó a ser médico.

Actores que interpretan a policías disparan contra los pandilleros y uno queda en agonía.

Actores que interpretan a policías disparan contra los pandilleros y uno queda en agonía.

Como otros jóvenes en Guatemala, Dany y Lukas conocen demasiado bien el drama. Las pandillas, el querer ser y hacer cosas grandes en su vida pero con limitaciones por la pobreza y violencia. Esas experiencias personales los llevó a un centro de protección de menores, pero también fueron las herramientas principales para que la obra fuera más auténtica. Aunque no fue igual de fácil para todos, explica Dany, quien desempeñó el papel del médico.

—No es solo aprender las palabras, uno tiene que creérselas. Por ejemplo, el joven que quiere cambiar y los amigos que lo inducen a algo malo, es algo normal, uno lo mira. Ya sabe uno cómo comportarse, verdad. Pero en mi caso, que me tocó salir de universitario, doctor, es algo difícil. Cuesta porque no lo he vivido, no he estado en esa postura. Entonces, uno tiene que aprender a improvisar, dice.

A Lukas le sale más natural su papel. Es el de hijo desobediente, un personaje que aparece en una visión bíblica que tiene “Juan” en el hospital que, de forma no tan sutil, revela la influencia de las dos organizaciones que desarrollan los talleres de teatro en el centro para menores, Ministerios Ebenezer y Sociedad Bíblica.

El hijo desobediente abandona a su familia por ambición al dinero y termina perdiéndolo todo. Durante años anda desorientado hasta que se arrepiente y pide perdón.

Lukas abandonó a su mamá cuando ingresó a la pandilla.

—Uno piensa que puede hacer lo que uno quiere. Sin saber que en algún momento uno puede pensar: cómo extraño a mi madre o a mi padre. Uno piensa que toda la vida van estar los amigos, pero al final siempre nos hace falta la madre. Porque el cariño de madre, no se puede comparar con nada, dice.

Esa capacidad de reflexión en los jóvenes es lo que busca el proyecto de teatro. Es una manera de enseñar que con el arte y el teatro pueden expresar sus ideas y sus vidas, explica Francisco Molina, subsecretario de reinserción de adolescentes en conflicto con la ley penal de la SBS.

Es la primera vez en Guatemala que jóvenes de un centro de privación de libertad presentan una obra en un teatro público. “Esto es histórico”, dice Molina quien asegura que vendrán más obras de teatro en el futuro.

—Son nuevos proyectos que se están implementando para darles más oportunidad a los adolescentes, para que el ocio sea cada vez menos en los centros. A través de la actuación en una obra de teatro van a protagonizar y dramatizar las dificultades que los adolescentes afrenten y las decisiones que enfrentan para sobrevivir, salir adelante o decidir sobre el crimen organizado.

El público, en su mayoría, está vestido con tacones y vestidos, trajes y corbatas. Son funcionarios e invitados especiales de organizaciones que tienen conocimiento de jóvenes en conflicto con la ley penal en Guatemala. También están las mamás de los actores. A pesar de su agradecimiento con las personas que les aplauden, y las lágrimas que comparten con sus madres al finalizar la obra, Dany quisiera volver a presentar la obra frente a otro tipo de público.

Dany interpreta a un médico que atiende a un viejo amigo pandillero en agonía por un balazo.

Dany interpreta a un médico que atiende a un viejo amigo pandillero en agonía por un balazo.

—Presentarnos frente a personas ajenas a la institución. Personas que nos rechazan. Que dicen que sería mejor que muriéramos, para que puedan ver que uno sí puede. Que sí creen en nosotros podemos salir adelante.

Cerca del final de la obra, la separación física entre el público y los actores, los libres y los privados, se rompe por un momento, cuando el hijo desobediente baja del escenario. Camina desorientado por los pasillos, entre las butacas, buscando su camino. Los guardias de seguridad armados que cubren cada salida del salón salen de la sombra y marcan su presencia, hasta que Lukas regresa al escenario. El hijo desobediente se reconcilia con su familia.

Fulvia Greis Sim de Pérez, directora interina del Centro Cultural Miguel Ángel Asturias, expresó su satisfacción después de la presentación. Enfatizó la necesidad de enseñarles a los jóvenes otras formas de expresarse y de afrontar su existencia.

—El arte cambia el pensamiento humano y se vuelve promotor de la igualdad y el respeto, para crear una sociedad más justa. Contribuyamos todos a crear sociedades más equitativas donde se aplican los derechos con igualdad. Apoyemos a los jóvenes que son el futuro del país. Hagamos que sí sea posible el cambio a pesar de las condiciones en las que se encuentran.

Dany está de acuerdo. Ha sido un mes de correr, de ensayar y de nervios. Pero un mes con un objetivo que al alcanzarse le generó una sensación que no conocía. Es primera vez que se siente tan orgulloso.

—Así uno ya siente el cambio. Y de eso se trata. De enseñar aquí, sin chanchas y uniformes, que sí podemos cambiar. Aunque uno haya sido miembro de una pandilla o que ha cometido algún delito, no quiere decir que uno no puede cambiar.

Por ser menores de edad bajo la tutela de la SBS, no se publican sus nombres reales y rostros.

Pia Flores
/

Buscadora de las historias invisibles y experiencias con sentido. Antropóloga irreverente y amante de la diversidad, la noche, las auroras coloridas y los cuentos que tardan.


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    Ernesto /

    15/10/2018 6:46 PM

    Excelente, así se debe inculcar valores; haciéndoles participar. Felicitaciones.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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