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Una niña guatemalteca (forzada a ser madre) creció y ahora exige justicia en Ginebra

En Guatemala la impunidad es combustible para todas las formas de violencia contra las niñas y mujeres. Fátima es una mujer de 23 años, que fue abusada cuando tenía 11 años, maltratada en el el sistema de salud, forzada a ser madre siendo niña y a quien la justicia no le ha dado una respuesta. Por eso llevó su caso ante la Organización de Naciones Unidas y está a la espera de una respuesta.

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Fátima abraza a su hijo de 9 años.

Fotos: Sandra Sebastián

Fátima —nombre ficticio— presentó una demanda en contra del Estado de Guatemala el 29 de mayo de 2019. Por eso, viajó hasta Ginebra, Suiza, a la Comisión de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas, luego de haber agotado las instancias en Guatemala para exigir justicia.

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Cuando tenía 11 años cuando un hombre aprovechó las necesidades de la familia de Fátima, se ganó su confianza familia y violó a la niña cuando estuvieron a solas. Esto ocurrió repetidamente.

A los trece años, un médico le dijo que estaba embarazada:

—No podía creer cuando el médico me dijo que iba a tener un hijo, ¡cómo iba a ser yo mamá de un niño! ¡yo era una niña!—, contó Fátima a Nómada.

Su embarazo no fue planeado, no fue deseado, tampoco fue a partir de un acto consentido. Fue producto de una violación, como las que ocurren cada dos horas en Guatemala, según estadísticas del Ministerio Público.

[Leé también: Fátima y las niñas obligadas a ser madres en Guatemala, por Kimberly López]

En su propio país nadie le dio respuestas a sus reclamos de justicia por la violencia y el maltrato. Así que diez años después de los abusos y de sufrir la falta de respuesta estatal, Fátima llevó su caso a una esfera internacional.

En una entrevista con Nómada habla de los avances, y de lo que significa para ella el día de la mujer.

“Me liberó de carga”

— ¿Qué ha pasado con la tramitación de la demanda?

Por fuentes externas a las Naciones Unidas sabemos que el Estado de Guatemala ya respondió, pero no sabemos cuál es su postura de la denuncia. Todavía no tenemos mayor información.

Mientras la respuesta de la ONU llega, ¿cómo te sientes de haber tomado ese paso?

Desde que fuimos a realizar la petición, fue un proceso muy duro porque tuve que salir del país y dejé a mi familia, pero iba decidida a presentar la denuncia porque han pasado muchos años y el Estado no ha hecho nada con mi caso. Eso me motivó a irme, a hacer esa petición y, haber ido me liberó de muchas cargas. Yo continúo con mi vida, sigo estudiando, a punto de graduarme de la universidad; fue un proceso que me ha fortalecido mucho, tanto mentalmente como físicamente. Considero que haber ido no solo fue una forma de alzar mi voz, sino hablar de otras personas que no han podido alcanzar justicia.

¿Qué impacto esperas que tenga tu caso un vez resuelto?

— El hecho de que esté ya en Naciones Unidas ha sido un logro, no solo para mí sino para muchas niñas que no han podido tener acceso a la justicia. Espero que sea un precedente para que la violación a nuestros derechos no se vuelvan a cometer. La violencia es una epidemia porque está generalizada en todos lados.

¿Qué representa para ti el Día Internacional de la Mujer después de todo el proceso que has atravesado?

— Es una fecha memorable. Es la lucha de todas las mujeres, no solo niñas, jovencitas. Nos permite abrir espacios en donde nos sintamos seguras, donde estemos solidarias con otras y sobre todo, para mí significa más que una lucha una entrega hacia las mujeres que lucharon para que tuviéramos las oportunidades que ahora tenemos.

Mujeres Transformando el Mundo (MTM) es la organización que acompaña legalmente a Fátima. Jessica Monterroso, abogada a cargo del caso, explicó en la demanda solicitan que la historia de Fátima sea examinada por el Comité de Derechos Humanos junto con la experiencia y demanda de tres mujeres más, Susana y Lucía de Nicaragua y Norma de Ecuador.

—  La violencia sexual es una pandemia en América Latina, la única región del mundo en la que la tasa de embarazos de niñas y adolescentes ha incrementado en los últimos años y en la que se reportan barreras legales, culturales, administrativas, entre otras, que impiden u obstaculizan el acceso a servicios de salud sexual y reproductiva para las víctimas, lo que conlleva a la vulneración de una serie de sus derechos (a la información, integridad personal, integridad física, psicológica, protección especial como menor de edad, a un recurso efectivo etc, plantea la demanda.

La falta de respuesta de la justicia favorece la repetición de estos crímenes, así como la naturalización de la violencia sexual contra las mujeres, niñas y adolescentes, señalan.

Se solicitó la postura del Estado a la Comisión Presidencial Coordinadora de la Política del Ejecutivo en Materia de Derechos Humanos, pero no hubo una respuesta.

Fátima espera a que la ONU resuelva pronto su caso.

Nómada
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