Cómo unos criminales se robaron la casa de Oliverio Castañeda

Oliverio Castañeda era el líder estudiantil que a sus 23 años, en 1978, era considerado tan amenazante para la dictadura, que lo acribillaron cerca del parque central después de dar un discurso en el aniversario de la Revolución. Tres cuadras hacia el Norte quedaba la casa en la que creció y en la que fue velado. Una casa desconocida en la que empezó a tejerse una historia tenebrosa de una banda de ladrones de propiedades. Nómada la descubrió.

De dónde venimos P147

Gustavo Castañeda sostiene una foto de su hermano Oliverio.

Fotos: Carlos Sebastián

Oliverio era peligroso para el Estado por todo lo que representaba. Era el veinteañero graduado del exclusivo Colegio Americano que se destacaba en la Asociación de Estudiantes de la Universidad de San Carlos de Guatemala (AEU). “Oliverio era carismático, inteligente, un estudiante distinguido, el mejor de su carrera. Era el joven que todos deseábamos ser”, dijo un compañero suyo a la Comisión de Esclarecimiento Histórico.

 

Oliverio Castaneda de Leon fue secretario general de la AEU de la USAC -1-min

Oliverio, en una foto que guarda su familia.

El informe de la Verdad de la Iglesia Católica (REHMI) lo recuerda también como brillante y comprometido. Su asociación Frente y la Juventud Patriótica del Trabajo (JPT, comunista) optaron por la vía pacífica, no armada, para responder a la violencia. Asumió como secretario general de la AEU el 22 de mayo de 1978 y justo una semana después ya tuvo que enfrentarse a una barbarie. Ocurrió la masacre de 53 campesinos de Panzós, Alta Verapaz, realizada por el ejército, en complicidad con terratenientes. Así lo recuerda el REHMI:

“Dos días después de la masacre, la AEU realiza una manifestación de protesta, con participación mayoritaria indígena maya, y hace público un comunicado en el que demanda al Gobierno tres puntos: El acceso de los medios al lugar de la masacre, el acceso de estudiantes de Medicina y la Cruz Roja para atender a los heridos, y autorización para entrevistar a seis soldados que resultaron lesionados”.

“Más tarde, en septiembre de 1978, Oliverio Casteñeda desempeñó un papel activo en la organización de una huelga general en protesta por el aumento del precio del pasaje urbano”, que logró que el gobierno diera marcha atrás y que hasta 2017 se mantenga un subsidio al transporte público capitalino.

Tanta actividad opositora pacífica provocó que el Estado y el Ejército Secreto Anticomunista ordenaran su asesinato. Después de un mitin el 20 de octubre en el parque central, entre el Portal del Comercio y el Pasaje Rubio, a una cuadra del parque, le dispararon 4 veces hasta matarlo; el tiro de gracia se lo dio un hombre que bajó de un carro oficial con placas O-8038.  Eran tiempos en los que el gobierno del general Romeo Lucas García y grupos paramilitares de derecha se ensañaron contra la oposición civil y pacífica.

En el libro ‘Oliverio’, Ricardo Sáenz de Tejeda describe que ese 20 de octubre, a la hora en que el joven fue asesinado, su mamá le había preparado una olla de callos a la madrileña, que tanto le gustaban, con la esperanza de que después de la manifestación llegara a almorzar con ella. “Poco después de la una de la tarde recibieron una llamada. Era una muchacha de la Universidad que preguntó por Lucila, la hermana de Oliverio. Doña Jesús Elena presintió algo, y le preguntó ‘¿para qué quiere hablar con ella?’ La respuesta la dejó helada: Es que Oliverio está herido y no respira”, relata Sáenz.

A Oliverio lo velaron en su casa de infancia, a donde había dejado de ir a dormir porque sabía que lo perseguían. De niño la llamaba La casa del timbre y quedaba frente al Parque San Sebastián, en la esquina entre la Sexta avenida y 3 calle de la zona 1. Hasta allí trasladaron su cuerpo para la velación. Lo velaron su padre, su madre, y sus hermanos Lucila y Gustavo. Cientos de personas llegaron a rendirle un último homenaje. Fue de esa casa desde dónde salió la marcha silenciosa y de claveles rojos que acompañó el entierro en el Cementerio General.

 

Retrato de Oliverio Castaneda De Leon capus de la USAC sede la AEU-1-min

Oliverio, en un mural en la USAC.

La casa en la que creció Oliverio ya no le pertenece a la familia Castañeda de León. Su familia y la Universidad de San Carlos pelean para recuperarla y convertirla en un espacio para la memoria histórica.

La casa de Lucila

Gustavo Castañeda, hermano de Oliverio, espera en un restaurante. Es un hombre serio, que traduce en cara de molestia todo el dolor y la frustración que lleva dentro desde hace mucho tiempo, desde 1978, cuando el Estado mató a su hermano pequeño y continuó hostigando a su familia durante años.

Gustavo cree que fueron la angustia y el dolor por el asesinato de Oliverio y el acoso después durante el gobierno de Efraín Ríos Montt, los que le provocaron la muerte a su papá. Y que eso fue lo que probablemente empeoró el trastorno mental que padecía su hermana Lucila, que dejó de relacionarse con casi todos sus parientes y vecinos desde los años 80. Durante décadas y hasta su muerte, en 2015, fue la única habitante de La casa del timbre, que tenía al parque San Sebastián como jardín trasero.

 

Residencia de Olivrio Castaneda de Leon secretario general de la AEU de la USAC asesinado el 20 de octubre 1978-8-min

La casa del timbre, que quiere ser La casa de Oliverio.

El 13 de junio de 2015, después de que su madre recibiera la llamada de una vecina de Lucila diciendo que de la casa salía un olor raro, Gustavo llegó a revisar. Era de noche y llovía y prefirió esperar a la mañana siguiente. Llamó a los bomberos y la policía y él entró por primera vez desde 1996. Ellos, por la terraza, y Gustavo, por la puerta principal. Vio los libros, los muebles, las fotografías, los diarios. Vio un libro y unos anteojos en el sofá; pensó que eran de su hermana. Recorrió el lugar hasta que la encontró tendida en la cama. La reconoció sólo por su cabello. Tenía meses de haber fallecido y su cuerpo estaba en avanzado estado de descomposición. Después del hallazgo la casa quedó clausurada durante ocho meses mientras el Ministerio Público investigaba las causas de la muerte. En ese tiempo, análisis forenses confirmaron que falleció por motivos naturales. La Fiscalía pidió el cierre del caso. El juez le devolvió las llaves de la casa a la familia.

La casa de Oliverio

– ¿Usted es Gustavito? Usted no es el que entra y sale de esta casa.
– ¿Cómo así? ¿Quién entra y sale de esta casa?

– Ah sí, desde noviembre los guardianes (de la vecina Radio Mundial) vieron a una persona que estaba cambiando la chapa y que después ha venido varias veces.
– ¿Quién es?

– Pues pensamos que era usted pero cuando le preguntamos, el tipo no nos contestó, ni no dijo nada.

Cuando Gustavo y sus hijas recibieron las llaves de la casa, la chapa no aceptó las llaves.

Durante los ocho meses que permaneció estuvo cerrada por orden de juez, alguien más entró. Tuvieron que llamar a un cerrajero. Cuando al fin ingresaron, las cosas estaban más o menos como las encontraron el día en que Gustavo reconoció a Lucila, con la excepción de que el libro y los anteojos ya no estaban en el sofá. En su lugar había una galleta a medio comer. Alguien entró a la casa.

Todavía estaba con la pena cuando empezó a limpiar el lugar. Una empresa le donó pintura celeste para darle un nuevo aspecto a la vivienda. Llevaba años descascarada y con aspecto de abandono. La familia quería transformar el espacio.

La casa del timbre es una casa de dos niveles frente a la iglesia San Sebastián, la parroquia en donde en 1998 fue asesinado monseñor Juan José Gerardi después de publicar el informe Guatemala Nunca Más sobre los crímenes de la guerra. Ahora, en una de las paredes está escrita la frase sin justicia no hay paz, y hay pegados papeles con rostros de 17 personas asesinadas y desaparecidas durante el conflicto armado interno.

 

Residencia de Olivrio Castaneda de Leon secretario general de la AEU de la USAC asesinado el 20 de octubre 1978-3-min

Fachada de La casa de Oliverio.

Junto con la Dirección del Centro Histórico de la Municipalidad de Guatemala, la familia inició las gestiones para hacer un proyecto conjunto de memoria histórica que se llamaría La casa de Oliverio. Mientras trabajaban en el proyecto, la historia de la galleta tomó un giro oscuro.

La casa de Los Topacio

La muerte de Oliverio, la de su padre Gustavo, y la de su hermana Lucila todavía le pesan a la familia, que creyó que en 2016 estaba por cerrar una herida abierta con cuatro balas en 1978 para construir una casa de la memoria, pero se topó con una mafia que opera desde el año 2000 y que parece enquistada en el Estado.

Durante las semanas siguientes a la entrega de la casa, en tres ocasiones les cambiaron la chapa de la puerta y empacaron libros y documentos para llevárselos. La familia Castañeda de León sospechó que esos ingresos a la residencia eran más que solo intentos de robo y saqueo.

 

Gustavo hermano de Oliverio Castaneda de Leon fue secretario general de la AEU de la USAC -6-min

Gustavo Castañeda, hermano de Oliverio y de Lucila.

Un día de octubre de 2016, mientras las hijas de Gustavo Castañeda se encontraban en el lugar, dos hombres tocaron la puerta y preguntaron por Gabriel. ¿Gabriel? No conocían a ningún Gabriel y sabían que Lucila no se relacionaba con nadie, por lo que la visita las alteró. En ese momento llamaron a Gustavo para avisarle y él, consternado, contactó a su abogado para saber qué hacer. No lo dejaron entrar.

En la misma época en la que personas desconocidas cambiaron la chapa, en el Registro de la Propiedad estaba pasando otra cosa con la casa: un grupo de personas falsificó la firma de Lucila para quedarse con la propiedad.

– Mirá, aparece una compraventa de la casa hecha el 22 de noviembre del 2013, pero registrada hasta septiembre del 2016, le dijo su abogado a Gustavo.
– No puede ser eso ¿Cómo así?

– Mirá, te voy a enseñar la firma de Lucila para que veás.
– ¿Y como se llama el que compró la casa?

– Se llama Gabriel Osmar Zet Archila y la compró por Q5,000 (US$665).

El 25 de junio de 2016, en el Registro de la Propiedad se inscribió la compraventa de la casa a favor de Gabriel Zet Archila. La escritura con la que se avaló la supuesta transacción fue hecha por la notaria Edith Lorena González Camey, el 22 de noviembre de 2013. El tiempo que transcurre entre ambas transacciones evidencia la primera de las anomalías, ya que cuando una persona adquiere un bien inmueble tiene que notificarle la compraventa al Registro de la Propiedad para que tenga validez. Según las fechas, la casa fue vendida cuando Lucila todavía estaba viva, pero se registró tres años después, cuando ya había fallecido. Según el documento, Lucila Castañeda realizó la transacción “bajo su entera satisfacción”.

Gustavo no sabía a lo que se enfrentaba. Acudió al Ministerio Público para denunciar el hecho. Ahí se enteró que era más complejo y peligroso. Días después, su abogado descubrió que existía una nueva compraventa, ésta vez a favor de Karen Estefany Escobar Molina, nuevamente por Q5 mil. El documento fue avalado por el notario Porfirio Hidalgo González, el 17 de mayo de 2015. Gustavo sospechó que una tercera compra-venta era parte de una estrategia para darle aspecto de legalidad a las transacciones, ya que según la ley, la tercera persona compra de buena fe.

¿Cómo personas desconocidas pudieron adueñarse de la casa de Oliverio con dos trámites en el Registro de la Propiedad? La explicación está en los antecedes de la primera notaria que avaló la compra venta, Edith Lorena González Camey.

En el año 2013 el Ministerio Público desarticuló una de las bandas dedicadas al despojo de propiedades más grandes, sofisticadas y peligrosas del país. Más de mil denuncias por robo de inmuebles eran evidencia de que la red conocida como Los Topacio pudo operar a su antojo desde el 2000 con ayuda de abogados y notarios, intermediarios, tramitadores, testaferros y empleados públicos.

Según la Fiscalía, operaban en la capital, Sacatepéquez e Izabal, falsificando documentos y firmas de los legítimos propietarios para luego inscribirlos a nombre de personas que recibían un pago solo por prestar su nombre. En algunos casos asesinaron a sus víctimas para encubrir los delitos o evitar denuncias, como hicieron con la jueza Flor de María Gil Ovalle, acribillada en agosto del 2009, por negarse a validar el robo de cuatro inmuebles, según la investigación del MP.

La notaria González Camey fue parte de la banda. Treinta miembros de Los Topacio fueron condenados a pasar entre 5 y 70 años de cárcel por el despojo de propiedades, incluída ella, encontrada culpable en cuatro casos de despojo. En la Fiscalía Metropolitana del Ministerio Público su nombre es conocido. En su contra existen 18 investigaciones abiertas por anomalías en sus trámites de notaria ante el Registro de la Propiedad y tiene un expediente abierto en la Fiscalía contra la Trata de Personas, por una adopción irregular. Aunque es una abogada condenada, puede seguir avalando supuestas compraventas porque la inhabilitación como abogada que solicitó el Ministerio Público no ha sido autorizada por un juez. Así como González Camey sigue en el negocio de las propiedades, la Fiscalía considera que la red no se desarticuló y podría seguir operando. Las investigaciones continúan ya que más víctimas se han atrevido hablar. Hay alrededor de 400 casos nuevos de robo de inmuebles vinculados a Los Topacio.

La abogada no es la única con antecedentes. El supuesto primer comprador de la vivienda, Gabriel Zet Archila, también aparece en los registros de Organismo Judicial, con una condena por los delitos de falsedad material, falsificación de sellos, papel y timbres. El expediente es el número 01193-2013-00377, y se encuentra en el juzgado Primero de Ejecución.

Cuando Gustavo Castañeda de León denunció el caso, no fue el único. Zet Archila se presentó al Ministerio Público en octubre del año pasado para denunciar que él es el legítimo propietario de la vivienda. Aunque en su declaración nunca menciona cómo adquirió la residencia, ni si tuvo comunicación con Lucila Castañeda, asegura que con transacción anómala la casa le fue despojada para vendérsela a otra persona sin su consentimiento. Eso lo convierte en víctima y victimario en el mismo caso. Para prevenir más movimientos anómalos sobre la casa de Oliverio, la familia Castañeda inmovilizó la casa en el Registro de la Propiedad el 6 de enero de 2017.

El testamento de Lucila

Cuando a la familia Castañeda le arrebataron la casa del timbre, la casa de Oliverio, toda la angustia y el sentimiento de persecución que sintieron en 1978 regresó. Una estructura peligrosa está detrás el despojo. Y aunque lograran recuperarla, ya no les pertenecerá. Un documento que encontraron tras la muerte de Lucila Castañeda le dio un nuevo giro a la historia.

 

Mural retrato de Oliverio Castaneda De Leon

La Universidad de San Carlos.

El 22 de mayo de 1995, cuando la hermana de Oliverio ya no tenía comunicación con sus familiares, citó al notario Juan Manuel Jiménez Pinto, para firmar su testamento. Lucila Castañeda afirmó que la voluntad de su padre era que La casa del timbre le perteneciera a la Universidad de San Carlos de Guatemala, y que allí se instale una biblioteca pública y gratuita especializada en medicina con los libros del padre y la hermana de Oliverio, que fueron médicos, como su tío, el cardiólogo Aldo Castañeda.

Gustavo desconocía ese testamento. “Me siento frustrado y triste. Es una mezcla de sentimientos. No le puedo contar a mi mamá la verdad, todo lo que está pasando, porque se pondría muy triste. Y digo yo, ¿qué le dio la San Carlos a Oliverio? Oliverio dio su vida”.

La Universidad tampoco sabía que recibiría la casa. Alex Velásquez, coordinador de bienes inmuebles de la USAC, cuenta que ya habían escuchando rumores que afirmaban que la casa de Oliverio Castañeda era de la universidad, y que aunque la idea les emocionaba, no esperaban recibir la noticia acompañada de la bomba de que existe una denuncia por robo de propiedades que vincula a Los Topacio.

Así, junto al testamento, recibieron la copia de la denuncia para sumarse a la batalla legal para recuperar la mítica vivienda. El rector Carlos Alvarado ordenó que se convocara al Departamento Jurídico de la USAC para un análisis del caso y de los documentos de las compraventas, además de un estudio legal y grafológico para verificar si la firma de Lucila Castañeda era real.

La firma fue copiada, concluyó el análisis de los expertos de la USAC. Su funcionario Alex Velásquez señala que las extrañas visitas a La casa de Oliverio mientras estuvo clausurada pudieron tener como objetivo buscar documentos en los que apareciera la firma de Lucila para copiarla y fingir una compraventa.

Ante ese hecho, la USAC presentará un amparo para solicitar que se anulen las inscripciones anómalas y que puedan hacer valer el testamento que les hereda la propiedad. Además, la Universidad pedirá que la agreguen como querellante en la denuncia que presentó Gustavo Castañeda y solicitará a la Procuraduría General de la Nación (PGN) que sea parte del caso para lograr recuperar la casa.

Gustavo Castañeda está triste y frustrado. Apoyará las gestiones de la USAC y solicitará ser parte de los proyectos de recuperación de la memoria de Oliverio, que espera que la universidad emprenda. Alex Velásquez afirmó que si les otorgan el amparo provisional, convertirán el inmueble en una biblioteca de medicina con los libros del padre y de la hermana del líder estudiantil, y que trabajarán en conjunto con la familia para honrar su memoria.

En octubre del 2008, el gobierno de Álvaro Colom le entregó en forma póstuma la Orden del Quetzal a Oliverio. El Estado reconoció su culpa en el asesinato y le pidió disculpas a su familia por el hecho. “Pero es no nos devuelve a Oliverio, ni nos da justicia, porque la muerte de ese patojo de veintitrés años quedó impune”, reclama Gustavo.

El asesinato del líder estudiantil ocurrió hace casi cuatro décadas. Su expediente permaneció en impunidad y silencio. Aunque esto también podría cambiar.

Al preguntar por su caso en la Fiscalía de Derechos Humanos, encontramos que se retomó el caso en el año 2006. Hilda Pineda, jefa de esa unidad, confirmó que en el año 2006 se abrió el expediente para investigar a los autores materiales e intelectuales del asesinato de Oliverio. Sin ahondar en detalles para evitar entorpecer el caso, la fiscal explicó que en los últimos dos años, entre otras diligencias, el MP hizo una reconstrucción de los hechos, solicitó un análisis genético de restos de sangre encontrados en uno de los proyectiles de arma de fuego que se utilizaron en el hecho e identificó que quiénes lo asesinaron eran parte del Departamento de Investigaciones Técnicas de la Policía Nacional y del Comando 6 de la misma institución, donde fungía como jefe Pedro García Arredondo, condenado a 70 años de cárcel por la desaparición del estudiante Edgar Sáenz Calito y la quema de la Embajada de España.

“Sin justicia no hay paz”, está escrito en la pared de la casa del barrio Sebastián, barrio testigo del asesinato de un sacerdote que denunció en 1998 las violaciones a los derechos humanos cometidas por los militares, y testigo de la marcha silenciosa y de claveles rojos que en 1978 acompañó el entierro del joven que denunció el inicio de esos abusos.

En los próximos meses y años, los familiares, la USAC, el MP y los juzgados decidirán si La casa de Oliverio suscribe el grafiti o es una respuesta para que casos como el suyo no vuelvan a ocurrir nunca más.

 

La historia de la casa de Oliverio puede tener final feliz

Jody García
/

Periodista. También lectora y pintora. Trabajó dos años en Diario La Hora cubriendo el sistema de justicia. Llegó a Nómada por el futuro. @Jody_Garcia_


Anuncio

Hay Mucho Más

No te perdás las últimas publicaciones de Nómada

¡Gracias por suscribirte!

(Revisá tu correo y confirmá tu suscripción)

A qué hora te gustaría recibirlo:

Te gustaría recibir sobre:

¡Gracias!


Con qué frecuencia te gustaría recibirnos:

¡Gracias!


Anuncio

28

COMENTARIOS

RESPUESTAS

INGRESA UN MENSAJE.

INGRESA TU NOMBRE.

INGRESA TU CORREO ELECTRÓNICO.

INGRESA UN CORREO ELECTRÓNICO VÁLIDO.

*

    Susy de Romero /

    20/12/2017 6:42 PM

    muy interesante, no conocí personalmente a Oliverio Castañeda de León, pero siempre me pareció una persona fuera de serie, así como él murieron muchos estudiantes de NUESTRA UNIVERSIDAD, también estoy de acuerdo que debe ser devuelta a la familia y que ellos decidan qué hacer. Hace poco pasé por la casa que le perteneció a JOSÉ MARTÍ ,y entré en muchas dudas porque tiene un rótulo que está en venta, aparentemente estuvo abandonada por mucho tiempo , por qué el estado no se ha hecho cargo de esas casas históricas , inclusive comentamos con una amiga que esa casa si debería haberse convertido en un museo, es como esa casa preciosa donde vivió Miguel Garcia Granados que la convirtieron en un colegio. lo digo con todo respeto y es un comentario muy personal.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Amanda Pérez /

    10/02/2017 6:22 PM

    Muy interesante, se debe documentar más.

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

    Antonio Romero /

    10/02/2017 11:11 AM

    Bonito ensayo, pero hay que documentar mejor, dicen que dicen!!!

    ¡Ay no!

    2

    ¡Nítido!

    cony /

    06/02/2017 1:52 AM

    la USAC no debe aceptar la casa,aun vive la mama y hay familia a quienes por derecho les corresponde

    ¡Ay no!

    3

    ¡Nítido!

    manolo /

    04/02/2017 10:26 PM

    Todo apesta a caca lamentablemente en Guatemala esto del despojo es un acto de lo mas bajo, y lo peor aun que existen personas metidas en el gobierno que se prestan para cometer estos crimenes comenzando con el famoso despojador de tierras ahora flamante dipucaco de melgar padilla. Solo, en Guatemala nos permitimos estas bajesas.

    ¡Ay no!

    4

    ¡Nítido!

    Enrique /

    04/02/2017 8:06 PM

    Ah cómo duele Guatemala. "Y digo yo, ¿qué le dio la San Carlos a Oliverio? Oliverio dio su vida”. Palabras duras del hermano de Oliverio, demoledoras y acertadas. Pena y vergüenza...

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    adolfo barrera /

    03/02/2017 8:04 AM

    Preciosa historia contada por la periodista Jody García y Nomada, aporte de un periodismo casi extinguido. Gracias. Fui amigo y compañero de Oliverio, estuve en su casa varias veces. La narración nos cuenta como por la manos de abogados corruptos pretenden arrebatar este patrimonio de la familia Castañeda y si pudieran convertir la casa en un museo o recinto para la memoria de este gran ser humano, eso sería muy buena idea.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Carlos Tay /

    02/02/2017 7:29 PM

    La única forma que la TRICENTENARIA puede honrar la memoria de su más preclaro miembro es RENUNCIANDO LA HERENCIA, aceptarla constituiría una vil afrenta a esa memoria; agregarla a su patrimonio sería la más grande VERGÜENZA QUE LE HEREDEN SUS ACTUALES AUTORIDADES....

    ¡Ay no!

    2

    ¡Nítido!

    Mónica /

    02/02/2017 3:16 PM

    Que la San Carlos debe rechazar la casa y darla a la familia de Oliverio. ¡Hay que tener honor! Es de ellos. La mamá de Oliverio aún vive.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Maricela /

    02/02/2017 12:12 PM

    Este caso, son de los muchos casos que no se han esclarecido, es importante saber que hay mucho que hacer aun, a pesar de el tiempo que pasa. Las memorias de personas como Oliverio no deben quedar en el silencio, hay que hacer algo. Y de verdad que este reportaje son cosas que personas que sufrieron y siguen sufriendo ignoran. Personas que aun buscan respuestas, personas que aun lloran ausencias. gracias por toda esta informacion y quisiera poder saber mas de ello.

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!







Notas más leídas




Secciones