El caso español muestra a Guatemala que cambiar la política llevará tiempo (4 años)

Los resultados electorales en España abren una ventana a la que Guatemala puede mirar. Salvando las distancias y la coyuntura, la incipiente sociedad civil que nació en Guatemala durante las protestas de 2015 puede generar cambios políticos fuertes en años próximos; en España empiezan a ocurrir. La aparición de Podemos y Ciudadanos en el Congreso es la muestra de que la política puede cambiar. Pero este resultado es un camino de cuatro años. Para los guatemaltecos que rechazan al gobierno entrante, el trabajo empieza justo ahora.

España guatemala Opinión P258 Podemos Primavera
Esta es una opinión

Íñigo Errejón, uno de los líderes de Podemos.

Imagen: Podemos

Puede dividirse en tres elementos.

1. Tiempo.

Para que una sociedad sea fiel al credo de la democracia, necesita tiempo. Las recientes elecciones en España, del 20 de diciembre hace dos semanas, son un símbolo de la salud democrática. Aún no se sabe qué partido va a gobernar o si se van a repetir las elecciones porque ni hubo un resultado aplastante ni hay pactos claros entre partidos, pero parece el fin a la historia de la alternancia entre el Partido Popular (PP, derecha) y el Socialista (PSOE, centro).

La llegada de Ciudadanos (centro derecha) y de Podemos (izquierda) al Congreso demuestra que el cambio puede tener muchas caras. Y que su renovada creencia en la democracia puede servir de ejemplo para la ciudadanía guatemalteca, esa que aún no se convence de su poder.

En 2015, los miles de ciudadanos que llenaron el parque central de Ciudad de Guatemala (y de al menos otras seis ciudades del país) usaron reiteradamente la palabra ‘revolución’ en sus pancartas. La presión social contra la corrupción abrazó con su apoyo a la investigación de la Comisión Internacional Contra la Impunidad (Cicig) en el caso La Línea en el que se señalaba al expresidente Otto Pérez y la exvicepresidenta Roxana Baldetti de liderar una red mafiosa de defraudación aduanera. Y logró fundamentalmente dos cosas: el ingreso en prisión preventiva de Pérez y Baldetti y el convencimiento temporal de que la fuerza social tiene sentido.

Temporal porque la masa enfurecida, liderada por una clase media hasta entonces inactiva, se unió de abril a agosto. Luego llegaron las elecciones de septiembre y octubre y la ira fue apaciguada por un proceso electoral sin opciones de cambio. Tras la enorme derrota de Manuel Baldizón con su partido Líder en la primera vuelta, solo quedaban dos propuestas: la UNE de la microgerencial Sandra Torres y el FCN de un sorprendido Jimmy Morales, solo conocido por ser cómico de televisión. Había más partidos, pero la ciudadanía no vio más opciones.

En Guatemala, un país en el que los partidos carecen de ideología, a la sociedad se le complicó identificarse con un partido. Ninguno, ni siquiera el de Jimmy Morales, que asume el cargo en diez días, iba a liderar un proceso político realmente revolucionario. Uno a la altura de las circunstancias de 2015. Así que algunos votaron convencidos, otros votaron a los que no tenían posibilidades, otros no votaron, y otros optaron por lo que les parecía más adecuado: el político sin programa político, rostro de un partido fundado por ex militares de extrema derecha, que les prometió que no es corrupto.

2. Paciencia.

Para que una sociedad sea fiel al credo de la democracia, necesita paciencia. España lleva ocho años en crisis. Es un país que vivió también una larga guerra y una aún más larga dictadura militar, pero que desde que entró en la etapa de transición democrática en 1978, lleva como bandera la educación y la sanidad pública (pagadas con los impuestos de todos los ciudadanos). En la etapa de transición democrática, se solidificaron dos fuerzas políticas a lo largo de los ochenta: PP y PSOE. Al tiempo, la clase media se hizo fuerte hasta ser la principal clase social del país: más o menos las mismas oportunidades para todos. Por eso cuando la burbuja inmobiliaria estalló en España en 2008, la ciudadanía empezó a ver cómo la educación y la salud se privatizaba, cómo el costo de la canasta básica a cada vez más personas no les alcanzaba, cómo los salarios se recortaban, cómo la generación más formada de la historia del país no tenía trabajo. Si todos eran clase media, ¿por qué ya no había para todos?

La rabia creció por la publicación de grandes casos de corrupción que afectaban muy de cerca a los grandes líderes de los dos partidos, como el caso Gürtel y el caso ERE. La crisis estalló cuando aún estaba el PSOE (2008-2011). La ciudadanía empezó a tomar las plazas en mayo de 2011. Pero en noviembre de ese 2011, la mayoría eligió a un gobierno conservador, del PP, de Mariano Rajoy.

Y la crisis siguió con el PP. La ciudadanía, la clase media española, sentía que les estaban robando descaradamente. Como le pasó a la clase media guatemalteca en 2015. Pero para los resultados de las elecciones españolas de hace dos semanas, del 20 de diciembre de 2015, la fecha clave fue el 15 de mayo de 2011, cuatro años y medio antes.

Ese día de mayo, medio centenar de personas acamparon en la Puerta del Sol de Madrid para protestar contra un sangrante nivel de desempleo, contra los bancos que se quedaban con las casas de las familias a las que sacaban de sus casas por no poder pagar los préstamos o las rentas, para exigir una democracia más allá de lo que denominaron PPPSOE y para frenar la privatización del sistema público.

A partir de ahí, las concentraciones masivas en la Puerta del Sol y en toda España empezaron a sucederse, a captar personas de todas las edades, hastiadas del sistema, a unificar una voz crítica de hartazgo.

 

Imagen de una manifestación de mayo de 2011, en Madrid, tomada de la página del movimiento.

Imagen de una manifestación de mayo de 2011, en Madrid, tomada de la página del movimiento.

En ese contexto, nació el Movimiento 15M, que generó una sociedad civil más fuerte durante años. Al calor del movimiento, en una esfera más intelectual de izquierda académica nació Podemos (aunque en Podemos rechazan el concepto y reclaman el binomio ‘democracia contra dictadura’).

La sorpresa la dio ese nuevo partido, Podemos, un desconocido hasta 2014, cuando obtuvo cinco escaños en las elecciones europeas. ¿Quién eran esos? En realidad, el rostro de Podemos, Pablo Iglesias, sí era conocido como tertuliano en programas televisivo de debate político. Y ese fue su fuerte. Su discurso, en el que acusaba a PP y PSOE de ser “la casta” que gobierna contra el pueblo, caló en parte de la ciudadanía española que, sumida en una larga crisis y sin visos de mejora, empezó a ver a Podemos como una opción que los representaba.

El 15 de mayo de 2011 fue la fecha clave para las elecciones del 20 de noviembre de 2015 porque provocó un cambio en unos resultados electorales históricamente estáticos: Podemos, que competía por primera vez, logró junto a sus aliados 69 de los 350 escaños del Congreso. El PP consiguió 123 escaños (63 menos que en 2011) y el PSOE tuvo 90 diputados (20 menos que en los anteriores comicios, su peor resultado en la actual democracia). Ciudadanos, un partido liderado por Albert Rivera con ambición de gobernar Cataluña desde hace casi una década, fue aupado por ciertos sectores de poder que veían en Podemos un peligroso giro a la izquierda, en estas generales se presentó y obtuvo 40 diputados. Hubo muchos ciudadanos que vieron en Ciudadanos y en Podemos una legítima opción de cambio, entre el conservadurismo y en el progresismo. En un país de voto conservador, en el que no se podía imaginar más allá de un binomio PP-PSOE, la protesta ciudadana llegó como un polinomio al Congreso. Podemos y Ciudadanos lograron evitar que ninguno de los dos partidos tradicionales obtuviera el 50% de los diputados (que le permiten hacer gobierno). Y más allá de si el PP vuelve a la presidencia, la presencia fuerte de los dos nuevos abre saludables escenarios.

3. Compromiso.

Para que una sociedad sea fiel al credo de la democracia, necesita compromiso. Consigo misma. En las marchas de 2015 en Guatemala, los jóvenes de clase media gritaron muy alto y muy fuerte, aunque sus padres, educados en guerra y en represión dictatorial, les habían enseñado a quedarse callados. La valentía que ilustró las consignas y las pancartas de las protestas anti corrupción también abre un espacio para la creación de una sociedad civil y de nuevos partidos que nazcan al calor de lo que pasó en 2015 en Guatemala, como la Coordinadora Estudiantil Universitaria, Otra Guatemala Ya, Justicia Ya, Semilla o Somos, entre otras formaciones que surgieron durante o justo antes de la crisis política. Nada pasa de ahora para ahora.

Nada que involucre que millones de personas se pongan de acuerdo. Porque eso es seguro: el cambio requiere un acuerdo. Y eso en Guatemala supone un gran reto: la unión de la población campesina que siempre marchó para protestar junto a los urbanos clasemedieros que apenas empezaron a caminar y con la clase alta que no se siente representada por el modelo de la casta de la que habla Podemos en España, del sistema de corrupción e impunidad en Guatemala.

Algo de esto se vio en la marcha del 27 de agosto, durante el paro nacional. Pero fue un embrión de unión. El compromiso funcionará en esta sociedad cuando el 16 de enero de 2016, en esa protesta llamada ‘Estamos aquí’, las distintas capas sociales empiecen a entender que la protesta tiene que ser transversal, para hacer tambalear un sistema político corrupto y sacar de la comunidad a los viejos y a los nuevos miembros de una clase muy pudiente, muy pequeña, y muy poderosa, que no se suma a la idea de que Guatemala ya cambió.

Elsa Cabria
/

En Ciudad de Guatemala nadie lleva chaqueta por si hace frío. Tampoco en Ciudad de México. Pero yo nací en Santander, pequeña capital de provincia en el norte de España. Así que arrastro la manía allá donde me mudo. Tras trabajar en mi país, me fui en 2011 a México por pura curiosidad y me mudé a Guatemala el mes que se fundó Nómada en 2014. Ahora me dedico a proyectos largos de investigación y quiero explorar Centroamérica entre Nómada y El Intercambio.


Anuncio

Hay Mucho Más

No te perdás las últimas publicaciones de Nómada

¡Gracias por suscribirte!

(Revisá tu correo y confirmá tu suscripción)

A qué hora te gustaría recibirlo:

Te gustaría recibir sobre:

¡Gracias!


Con qué frecuencia te gustaría recibirnos:

¡Gracias!


Anuncio

2

COMENTARIOS

RESPUESTAS

INGRESA UN MENSAJE.

INGRESA TU NOMBRE.

INGRESA TU CORREO ELECTRÓNICO.

INGRESA UN CORREO ELECTRÓNICO VÁLIDO.

*

    César A. /

    05/01/2016 10:13 PM

    ¿En serio Podemos es un buen ejemplo a seguir?
    Por favor, a menos que los españoles deseen tener que hacer filas para poder comer deben erradicar de la política a personas indeseables como Pablo Iglesias.
    No queremos gobernantes amantes de Castro y besa fotos de Chavez.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Rosa Lux E. /

    04/01/2016 7:18 AM

    Los casos español y guatemalteco tienen en realidad poco en común, más allá de las movilizaciones masivas acaecidas con cierto paralelismo pero en contextos completamente desiguales, antípodas temporales y espaciales dirían los españoles.

    1. El contexto.
    Los españoles han vivido durante los últimos años la peor crisis económica de su historia reciente, la peor resaca imaginada luego del bacanal que Aznar (ídolo de potentados tercermundistas y sus mascotas) irresponsablemente le recetara a sus conciudadanos, fiesta de la que solo saldrían ganadores sus amigos y financistas. Pero vamos, España no ha sido únicamente el país del 50% de parados o de la generación ni-ni. España pertenece a pesar de todo a una región rica y desarrollada, además de ser poseedora de un enorme capital humano que pese a expulsar masivamente a sus cerebros (los mejores, al norte. Los peores, al sur) como sociedad posee los elementos necesarios para articular una salida a la crisis.
    Guatemala es distinta. La indignación teledirigida de la muchedumbre fue una jugada riesgosa a la que los sectores de poder apostaron, y de la cual salieron ganando no únicamente gracias a su arriesgada maniobra, sino que, a diferencia de España, en Guatemala no existe una clase intelectual lo suficientemente competente, capaz de salirse de su zona de confort y maniobrar en la arena política. No podría ser diferente, España ha estado en crisis y la lucha es por salir de esa crisis, todos (incluso Ciudadanos, versión 2.0 del PP) quieren salir de ella. Guatemala en cambio no está en crisis, pues la pobreza, desigualdad, racismo, etc., son parte de la diaria normalidad. Su clase urbana recién se enteró de que el gobierno de Pérez Molina estaba robando. El querer creer que "la generación equivocada" está políticamente movilizada por el espíritu santo puede sonar bonito en una solicitud de fondos dirigida a la fundación Soros, pero es un diagnóstico equivocado.

    2. Podemos no es Ciudadanos y en Guatemala no hay un Errejón.
    "Si no puedes contra ellos, úneteles". Este principio ha sido aplicado por las fuerzas conservadoras españolas al observar el rápido crecimiento de Podemos como movimiento político. Ciudadanos es la infantería que va al frente en una guerra completamente encaminada a aniquilar a Podemos, en una estrategia que incluye ataques mediáticos desde los grandes consorcios empresariales propagandísticos, entre otros. El resultado de esa campaña si bien no ha sido el éxito esperado por los herederos de Franco, sí ha impactado en Podemos y los resultados electorales.
    En Guatemala es más probable que surja un moviento a la Ciudadanos antes que uno comparable con podemos. La escuela de gobierno de Pollo Campero parece apostarle a ello.

    3. Un nuevo partido o la continuación de una larga lucha?
    Las caras más conocidas de Podemos, Monedero, Errejón, Iglesias, Echenique, etc., han tomado la estafeta que luchadores más viejos como Julio Anguita o Jorge Vestrynge les han entregado, en una carrera en la que los primeros no les han relevado sino se les han unido para juntos avanzar por una causa común (se me empieza a salir lo izquierdosa, jejejeje). Podemos es el resultado de una lucha más larga que la sola conformación del partido.
    En Guatemala el candidato de la izquierda es (y seguirá siendo) don Ponchi..., el zurdo Sandoval, no porque él sea un ambiososo tipo con aires de dictador (ese es Monsanto), sino porque a ningún jóven le parece cool que se le relacione directamente con el indierío y la shumada que masivamente elige en las elecciones a sus próximos verdugos.
    Que alguien vaya y le pregunte al votante promedio de clase baja en la calle sobre un político de izquierda? Al más jóven que nombrará seguramente será Alfonso Portillo. O César Móntes. Si la misma pregunta se hiciera un viernes por la noche en la zona viva, es probable que la respuesta sea Sandra Torres, o Mario R. Morales y su eterna amargura. Es que, a diferencia de España, no tenemos referentes nuevos de izquierda por muchas poses que hagamos en las redes sociales. La derecha sin embargo sí los tiene, por ridículas que nos parezcan y con esto no me refiero únicamente a G. Alvarez.
    Otro detalle. En Guatemala al calor de la borrachera primaveral, surgen diez mil distintas asociaciones que pretenden agenciarse la paternidad y maternidad de la creatura (las protestas masivas), pero en el interín, se olvidan que esa creatura necesita cuido, alimentación e instrucción.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



Notas más leídas




Secciones