El clamor de justicia que consterna León

Tres días de violencia oficialista que dejaron cuatro muertos. El misterioso y atroz asesinato del universitario Cristhiam Cadenas mantiene en vilo a la ciudad colonial tras la brutal represión desatada por Ortega.

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Foto: Confidencial

Alexander Sarria Cadenas llora. Su voz se corta cuando intenta explicar que aún no sabe con certeza cómo murió su hermano, Cristhiam Emilio Cadenas, de apenas 23 años. Los ojos enrojecidos denotan el dolor de este hombre de 39 años al que la vida se le volvió una pesadilla. Moreno, macizo, circunspecto, Sarria se desmorona al recordar que tuvo que reconocer a su hermano entre los escombros de un incendio: un amasijo chamuscado y sin miembros. Gracias a un bluyín que él le había regalado, un cinturón y un pañuelo, supo que se trataba de Cristhiam. ¿Pero por qué murió de una forma tan atroz? A Sarria ninguna autoridad le da una explicación. En la autopsia escribieron “asfixia” y le dijeron que ya podía sepultar lo que quedó del muchacho, una de las cuatro víctimas mortales de la violencia que hace casi tres semanas azotó León, uno de los 46 asesinados en el capítulo más sangriento de la historia reciente de Nicaragua.

En León se respira una tensa calma después de los disturbios de hace casi tres semanas. La gente intenta recuperar la normalidad de una ciudad que depende del turismo, pero nada es igual después de la violencia que dejó cuatro muertos, edificios incendiados, comercios saqueados, una radio destruida y la amenaza permanente de que en cualquier momento puede reventarse esa frágil calma. Todos los días hay piquetes contra el Gobierno del presidente Daniel Ortega y contramarchas del régimen, en las que sus simpatizantes gritan “¡queremos la paz! ¡Queremos la paz!”, contrario a la guerra que desataron y que enlutó a la ciudad colonial.

Todo comenzó el miércoles 18 de abril. Un grupo de jubilados, acompañados de jóvenes y otros ciudadanos, marcharon por la ciudad contra la reforma al Instituto de Seguridad Social (INSS) impuesta por el presidente Daniel Ortega. Los manifestantes fueron atacados violentamente por simpatizantes del Gobierno. En los videos que recorren las redes sociales se ve cómo algunos ancianos caen después de recibir golpes de miembros de la tristemente célebre Juventud Sandinista, grupos de choque de Ortega adiestrados en la violencia. La represión indignó a jóvenes universitarios de la Universidad Nacional Autónoma (UNAN-León) –hasta ahora aletargados y controlados por el liderazgo universitario manejado por el Frente Sandinista–, que salieron a las calles en solidaridad. Esa muestra de rebeldía enfureció al régimen, que desató una violenta represión.

 

 

La complicidad del movimiento estudiantil

Amaya Coppens y Walkiria López son estudiantes de la UNAN y participaron en la protesta. Coppens, originaria de Estelí y estudiante de Medicina, asegura que dirigentes del CUUN –el movimiento estudiantil de la UNAN León– liderados por el diputado del Frente Sandinista por León, Filiberto Rodríguez –irónicamente presidente de la Comisión de la Paz, Defensa, Gobernación y Derechos Humanos de la Asamblea Nacional– fueron quienes atacaron a los jóvenes y manifestantes que protestaban contra las reformas. Coppens asegura que el legislador, junto a líderes del CUUN, ordenaron a los internos de la UNAN a que se unieran a la represión, bajo la amenaza de quitarles las becas. Un video que recorrió las redes sociales muestra al legislador arengando a los estudiantes. “Desde hace años nos vienen utilizando a todos los internos para ir a marchas del Gobierno, con la misma presión de que si no van se las van a retirar las becas y todos los beneficios que como estudiantes tienen. Al ver todo eso se decidió como universidad participar de estas protestas contra el Gobierno”, explica Coppens, de 23 años y de ojos claros, cabello ensortijado y rostro infantil.

Walkiria concuerda con su amiga. Ella es estudiante de Administración y asegura que Los dirigentes del CUUN “son líderes de las turbas” y fueron a la preparatoria de la universidad para presionar a los estudiantes del internado. “Los líderes y presidentes de cada facultad se prestan a esto”, afirma la joven de 21 años y de una hermosa cabellera castaña que lleva suelta y baja en cascada por su espalda. Indignadas por el chantaje, el acoso y la humillación, tanto Amaya como Walkiria decidieron formar parte del “Movimiento 19 de Abril”, una nueva organización juvenil que reta el liderazgo del CUUN en León.

Ellas apoyan con su trabajo a las decenas de jóvenes universitarios que tuvieron que saltar los muros del internado de la UNAN huyendo para que no los obligaran a participar en la represión. Uno de esos jóvenes es Máximo Morales, originario de Malpaisillo, que no esconde su rabia por lo que hicieron las autoridades universitarias. Fibroso y de hablar rotundo explica que rehusó participar en la represión y abandonó el recinto universitario. “Hay personas que están al frente de los internados. Son las que llegaban a los cuartos a decirles a los muchachos “hay que ir a apoyar”. Ellos llegaban con el microbús de UNAN León para llenarlo de muchachos para luego ir a hacer violencia. Todos los muchachos se opusieron. Muchos de ellos dejaron sus cuartos y sus maletas, porque salieron huyendo, llorando, diciendo que si la universidad es así, mejor ya no vuelvo”, recuerda el joven.

Estudiantes universitarios señalan a Filiberto Rodríguez, diputado sandinista por la Asamblea Nacional, como el hombre que instigó la violencia oficialista y el caos en León, que ha dejado pérdidas millonarias.

 

 

Violencia, caos y destrucción

El 19 de abril fue uno de los días más violentos en León. Las turbas de Ortega, los miembros del CUUN liderados por personeros del Frente Sandinista y oficiales antidisturbios se lanzaron al ataque de los manifestantes. Había órdenes de movilizarse a casas de “traidores” y “vendepatria” para apedrearlas e intimidar. Uno de los momentos más dramáticos de se vivió en Radio Darío, emisora fundada en 1959. A las 8:25 de la noche del viernes 20 de abril, su director, Aníbal Toruño, estaba en la cabina de transmisión. Doce miembros de su equipo se encontraban trabajando, cuando se desató un incendio. Huestes del Frente Sandinista liderados por el diputado Rodríguez rociaron gasolina en el vestíbulo de la radio y con morteros desataron las llamas. Toruño y su equipo se salvaron de morir calcinados porque los vecinos rompieron una puerta clausurada y los ayudaron a salir del edificio. De la radio solo quedaron las paredes. Lo que era antes la cabina es puro escombros. El equipo valorado en miles de dólares quedó reducido a cenizas. Este “operativo” vandálico, además, dejó dos muertos: Apolonio Delgadillo y Jimmy Paiz, simpatizantes del Frente Sandinista, víctimas del incendio que ellos mismos provocaron.

En el corazón de León también ardieron otros edificios, entre ellos la sede del CUUN. Tres semanas después todavía no está claro quién provocó el incendio, que se extendió a otros cuatro locales. El liderazgo del CUUN acusa a los estudiantes en rebeldía y ellos a su vez acusan al CUUN. Pero lo más inexplicable es la muerte de Cristhiam Emilio Cadenas. ¿Cómo un miembro del CUUN, que aparentemente participaba en la represión contra los manifestantes murió calcinado, sin sus piernas y manos? Las versiones en León son contradictorias. El CUUN acusa a los manifestantes contra el Gobierno de haber asesinado al muchacho, estudiante de Agroecología. Otras fuentes consultadas en la ciudad colonial acusan a los líderes del CUUN del crimen, porque –dicen– Cristhiam se había rehusado en seguir participando en la represión. Las autoridades dieron por cerrado el caso con la palabra “asfixia” como única explicación por la muerte del universitario. Su hermano, Alexander Sarria Cadenas, exige, sin embargo, una investigación.

“Hasta este momento no sé nada de lo que le pasó”, explica Sarria. “Solo me han entregado el cuerpo. Y de la manera en que me lo entregaron es doloroso para mí, sin piernas, sin brazos. Lo tuve que agarrar yo solo, nadie me ayudó. Cuando lo logré levantar para echarlo al ataúd una parte de su cabeza se cayó”, cuenta el hombre con la voz quebrada. “¡Cómo es posible que me lo hayan entregado así!”, espeta entre lágrimas. Nadie responde por el clamor de justicia de este hombre que vive solo su pesadilla. “Aquí estoy manos arriba, pero no puede quedar así la muerte de mi hermano. No me voy a quedar con los brazos cruzados. Yo no duermo pensando en él y pidiéndole a Dios que me dé fortaleza para seguir adelante”.

 

 

Pérdidas millonarias

Los tres días de violencia inédita en la ciudad colonial han dejado pérdidas millonarias. Aunque la calma ha regresado a León, todavía hay comerciantes que no abren sus negocios por temor a que se repita la violencia y el saqueo de hace casi tres semanas. La Cámara de Comercio de León –que en los días de la violencia se unión a las principales cámaras empresariales del país exigiendo el fin de la represión y garantías para los manifestantes– asegura que se perdieron “decenas de millones de córdobas”, que ha habido muchas cancelaciones en las reservaciones de los hoteles y que hay comerciantes con hasta un 70% de pérdidas en sus negocios.

“Estamos preocupados como Cámara de Comercio, porque estos acontecimientos han afectado a nuestros afiliados”, explica a CONFIDENCIAL Elia Dina Galo, secretaria de la Cámara de Comercio, que cuenta con 110 afiliados. “Los turistas ya no están viniendo como venían antes, han cancelado en muchos hoteles, los restaurantes están vacíos, las clínicas las ves vacías. Hay mucha alteración”, agrega. “León ha estado inhibido económicamente y estábamos empezando a resurgir, creo que con esto hemos retrocedido. León ahora necesita mucho que vuelva la paz, la armonía, queremos trabajar en paz”, dice la empresaria.

 

Marchas y contramarchas

Al caer la tarde del pasado miércoles, la agitación volvió a León, pero esta vez sin violencia. El Frente Sandinista organizó una “marcha por la paz” que reunió a unas decenas de personas, la mayoría trabajadores de instituciones públicas. La encabezaban el presidente de la Asamblea Nacional, Gustavo Porras –leal operador del presidente Ortega–, y el diputado sandinista Edwin Castro. “Queremos la paz, no queremos que nos induzcan a la violencia”, dijo Porras, mientras que Castro no contestó las preguntas sobre la represión cuando un equipo de CONFIDENCIAL lo abordó durante la marcha. Castro gritaba lo mismo: “¡queremos la paz! ¡queremos la paz!”

Mientras esta marcha oficialista recorría el centro de la ciudad, en el barrio de San Sebastián de la ciudad colonial un grupo de ciudadanos autoconvocados se reunía para manifestarse contra el régimen de Ortega. Recordando a los estudiantes asesinados en la masacre de abril, ondeaban banderas y gritaban consignas. Ellos pedían justicia. “No eran delincuentes, eran estudiantes”, coreaban, en el que ya es el lema de las manifestaciones contra Ortega. Exigían, además, el fin de la “dictadura”.

 

*Un texto reproducido por nuestros aliados de Confidencial en Nicaragua. (confidencial.com.ni)

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