No fueron 2 millones de votantes, sino miles de jóvenes los que celebraron la renuncia

La Plaza Central nunca estuvo vacía, porque los encadenados siempre tuvieron gente a su alrededor. Había bomberos municipales y voluntarios que dijeron estar ahí por decisión propia, para prevenir problemas y apoyar este tipo de actividades.

Ciudadanos celebran renuncia de Roxana Baldetti,

Foto: Nómada

Había personas mayores, familias, jóvenes y niños, incluso pequeños en carruajes o en brazos. Los medios de comunicación estuvieron presentes casi todo el tiempo, reportando la fiesta callejera por la renuncia de Roxana Baldetti a la vicepresidencia.

Era difícil identificar a un líder. Porque a cada segundo, una persona distinta decidía alzar la voz y muchos le seguían. Se escuchaban frases como: “Otto seguís vos”, “Vos no renunciaste, yo te despedí”, “Si nos organizamos; renuncian todos”, “Ni Otto Pérez ni Roxana se imaginaron esta fiesta ciudadana”. En los carteles también se leían muchas ocurrencias. Uno enfrente el Congreso: “Baldetti renunció: feliz día de la madre”.

La juventud era la más representativa en este grupo. Estudiantes de la Usac destacaron con sus cantos, banderas y porras. En todo momento fue un plantón pacífico, en el que se cantó el himno nacional y frases alusivas a la renuncia. La plaza se fue llenando a medida que pasaba el tiempo. Y las personas estaban cada vez más animadas para cantar, con sus tambores improvisados (un sartén, un baño de ropa y una lata) y con sus frases y lemas que cada vez son más conocidos. Las ametralladoras de cohetes nunca faltaron.

El ambiente era de celebración y euforia. Se observaron familias, jóvenes, personas mayores y una niña que alzaba la bandera sobre una columna de las gradas del Palacio de la Cultura.

En la 9a avenida y 8 calle

El ambiente en el Congreso era diferente aunque eran las mismas personas las que iban del Parque Central al Legislativo y viceversa. En ese espacio se mostraban violentos, gritaban y somataban las puertas. Estaban enojados y expresaban su ira hacia los diputados que se encontraban reunidos adentro.

Hubo un momento de tensión cuando los manifestantes atacaron un vehículo de Telediario, al que acusaron de ser progobierno. Los ciudadanos querían salir en las fotos y en los videos y todos corrían hacía el frente de las cámaras. Se podía ver a grupos de la PNC apostados en las esquinas. Sus caras expresaban miedo, confusión e incertidumbre. Unos les gritaban “no somos terroristas”, pero entre los mismos manifestantes se calmaban.

Una vez más fue difícil identificar un líder. Con grupos diferentes reunidos. Desde frailes franciscanos vestidos con sus trajes café, hasta motoristas y niños pequeños. Los manifestantes se subieron a las ventanas del Congreso, pero pronto se percataron de que no está bien y se bajaban. Son varios los momentos en los que se unían las voces, y al final se disolvió el plantón para regresar al Parque Central.

La manifestación dura aproximadamente dos horas frente al Palacio Nacional de la Cultura. Las porras y los lemas continuaron hasta el final, con cantos, gritos y sonidos de pitos y cornetas. El himno nacional de los favoritos.

Y, después de emprender la tarea de limpieza “para evitar a las cucarachas”, y la promesa de regresar el sábado 9 a las tres de la tarde, se terminó un día más de protestas. Un día histórico. (Con información de Gladys Olmstead, Rosario Rodas y Gabriela Herrera).

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    Byron Morales /

    09/05/2015 6:36 AM

    Esto me recuerda aquella vieja canción española de tiempos de Franco que decía: "ya se fue el verano, ya llegó el invierno y dentro de poco, caerá el gobierno...". Pero es momento de continuar, lo idóneo es que la cuestión se vaya a fondo y no un simple cambio de personajes con nuevas habilidades para la corrupción y el desgobierno: desbloquear a fondo el ejercicio de ciudadanía, de participación, nuevas formas de organización y control ciudadano de las dirigencias en el Congreso, en el gobierno central, en los tribunales, en las dependencias autónomas, en los partidos, en los negocios públicos, en las empresas con sus negocios y sus ganancias, en los sindicatos, en las organizaciones populares, campesinas, repensar el desarrollo, etc. Refundación del Estado...

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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