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Contar el tiempo sin números

A menudo me toca ir a áreas muy lejanas de regiones rurales acompañando, como traductora, a periodistas extranjeros. En estas situaciones generalmente la traducción es tripartita, pues una traduce del inglés al español, y el o la intérprete de idiomas mayas traduce del español al idioma local, ya que hay grandes áreas en Guatemala en las que se habla poco o nada de español.

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Esta es una opinión

Foto: Trudy Mercadal

Hago un breve paréntesis para agregar que son estas áreas remotas y, sin embargo, muy pobladas, con comercio pujante, por lo cual es una medida inteligente, además de justa, saber hablar idiomas mayas y se deberían de enseñar en todos las escuelas y colegios del país.

La traducción, sin embargo, no es solo de idiomas, sino que involucra traducir culturas, cosmovisiones, diferentes saberes. Por ejemplo, los periodistas tienen que anotar los datos de las personas entrevistadas, incluyendo la edad y las personas locales—en particular las mujeres—a veces no saben su edad. Esto no es inusual, pues es difícil inscribir a los recién nacidos en municipalidades lejanas (y se hace aún menos esfuerzo por las niñas). Así, cuando al fin lo logran hacer, cayó en el olvidó la fecha exacta del calendario en el cual nació la criatura. Cosas como fechas exactas no son relevantes en muchas comunidades—ojo, que me refiero a fechas exactas del calendario gregoriano.

En las comunidades del campo, la gente más bien sabe las cosas que son importantes en su comunidad, como su nahual, a lo personal, o las épocas del año marcadas por los ciclos agrícolas, a nivel social. De eso, aprendí algo importante: para determinar la temporalidad de sus vidas, las mujeres con las que hablo no rigen por fechas, sino por eventos de vida: “ya me había hecho señorita” (había tenido su primera menstruación), “pasó después de que fui a vivir con mi esposo”, “fue cuando tuve a mi hija”, “en esos días era tiempo de sembrar” y así. Por los ciclos de la vida y de la naturaleza.

 

Foto: Trudy Mercadal

Pronto me di cuenta de que esta es una manera muchísimo más útil y realista de determinar la vida, pues decir “tenía 20 años” no dice nada en particular aparte de que una era biológicamente joven—no dice si una era más o menos madura que otras muchachas de 20 años, por ejemplo, si una ya era madre o aún no, si una estudiaba, si una se había casado o graduado, en fin, los hitos importantes de la vida no suceden en función de tener X número de años sino de lo que está aconteciendo en la vida de una. Y para todas las mujeres, estas cosas suceden en general en una fase más o menos común de sus vidas, pero que puede ser a diferente edad cronológica. O sea, me dice mucho más de una persona si me dice “yo me acababa de casar” a que me diga “tenía 20 años” o “tenía 30 años”.

De hecho, hasta que le hablen a una en metáforas es más útil ¿no? Por ejemplo, visualizo algo más hondo de una persona si me dicen “fue en el invierno de su vida” que si me dicen “tenía 75 años exactos”. Lo segundo me da un dato cronológico y biológico, pero por algo dicen que los poetas son los únicos que dicen la “verdad verdadera”, la metáfora me describe un mundo y no solo números.

De hecho, nuestras memorias y nuestra persona misma están construidas sobre las historias de nuestra vida según como nos las contamos a nosotros mismos. ¿Cuántas veces nos ponemos a recordar la edad exacta que teníamos para esto o lo otro? Si oímos una canción romántica en la radio, por ejemplo, recordaremos ese primer novio, ese primer beso, pero no “Tenía 13 años y 7 meses de edad cuando…”. De hecho, a mi edad, ya ni esta una segura si eran 13 o 14 años, digamos, cuando pasó algún evento memorable, pero si recuerdo bien si hacía calor o frío, si olía a Semana Santa o a había niebla, a veces, hasta que ropa llevaba puesta—o sea, si viviera en el campo, recordaría si olía a lluvia, si era tiempo de cosecha. ¿Quién lo recuerda como “era el 10 de junio de X año a las 3 pm”? Casi nadie. Lo que recordamos es como nos sentíamos y qué pasaba en nuestro mundo.

Las fechas en números tienen su utilidad, sirven para la burocracia—la fecha de nacimiento, el DPI, el NIT, el año de nuestra muerte—y esto nos hace contar oficialmente como ciudadanos en un país. Pero como aprendí de las formas de medir los días de su vida que tienen las mujeres en las comunidades mayas, no son lo que determina las cosas importantes de la vida.

Trudy Mercadal
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Investigadora y escritora en ciencias sociales. Mi religión son los libros. Curiosa insaciable, amante de la música, artes contemporáneas, el buen comer y viajar. Tras una larga trayectoria de estudios y enseñanza en el extranjero, hice nido en Guatemala.


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