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Del tenta a las salidas en bici: ¿Qué recuerdos les traen estos cielos de noviembre?

La inefable y mágica felicidad de noviembre en Guatemala comenzaba, para mí, en octubre cuando terminaba el colegio y éramos libres: libres de madrugar para tomar el bus del “cole”, de tareas, de tener que leer los tediosos libros del currículum y memorizarnos fechas y textos enteros para los exámenes. En mi época, aún se trataba de memorizar fechas y hechos para responder citándolos verbatim en los exámenes. Que desperdicio de educación y de tiempo, pero eso ya es otra historia.

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Foto: Engler García

De hecho, estoy casi segura de que es por eso que para todos y todas en Guatemala, noviembre es tan especial: ese sentimiento de libertad, de todo el tiempo del mundo, ir a nuestro antojo a jugar afuera en la fuerte brisa y claros cielos de la estación. El placer en el cuerpo de correr todo el día jugando tenta, fut, en la bicicleta, barranquear. ¿Compartirán los estudiantes hoy día este gozo de noviembre, en esos colegios que ahora siguen el ciclo escolar gringo y sus vacaciones son a medio año?

El olor es otra cosa que caracteriza a noviembre en Guatemala. El olor a leña y a frío. Porque el frío tiene olor, y huele diferente en la ciudad que en el altiplano del país, así como huele diferente en New Orleans y Houston, otras ciudades donde viví, que lo que huele por aquí. Por ejemplo, en el campo de Guatemala huele duro y cristalino, a pino y leña (dónde mucha gente aún cocina con leña). En Estados Unidos tiende a oler más suave, a hojas secas y chocolate, por las hojarascas de otoño y la tradición de comenzar a tomar chocolate caliente en esos días. En New Orleans huele, además, a casa vieja de madera. Los aromas de nuestros recuerdos son tan definitorios de quienes somos ¿no? 

Recuerdo que nos entraba, en la colonia dónde vivía, y en dónde habíamos armado un grupo de amigos vecinos que incluía a todos—desde los hijos de las tortilleras y lavanderas del barrio hasta los de las “casas de colonia”—por volar barriletes. Unos barriletes pequeñitos de papel de China. Les hacíamos una cola de papel de periódico y a correr por el barrio para volarlos (sin pensar en el peligro de los cables de alta tensión pues a nadie se le ocurría advertirnos de eso). Estos intentos, al menos de mi parte, en general fracasaban miserablemente. Luego a la tienda “del coronel” (por alguna razón, todas las tiendas eran en el garaje de algún coronel retirado) a comprar sodas por 0.07 centavos y Tortrix por 0.05 centavos, así como dulces de a 4 por centavo. En esa época, creo que el sueldo mínimo andaba por poco más que los Q.75 mensuales y la miseria era aún más invisible y poco reconocida que lo es hoy.

A la gente de mi generación le gusta mucho decir, impensadamente, que esas épocas fueron mejores y que, en ese entonces, “los jóvenes tenían valores”. Sin embargo, los y las jóvenes de hoy tienen, en muchos sentidos, más valores sociales que los que teníamos nosotros a esa edad. Además, lo de los “valores” se refiere simplemente a la gran represión sexual que existía entonces y a que los abusos sexuales se reportaban aún menos que ahora, las violaciones eran casi impunes ante la ley—al igual que el abuso doméstico—y existían tantos embarazos premaritales como ahora, o aún más posiblemente.

Hoy las jóvenes están cada vez más adueñadas de su propia sexualidad de manera responsable y libre y existen más leyes para controlar todo tipo de abuso y violencia sexual. Y créanme, que me consta, no se consume mucha más droga ahora que las que se consumían cuando yo era patoja. Todo eso es paja.  

La nostalgia es dulcemente romántica y placentera, la música y los aromas de la época nos transportan a un tiempo en que éramos más inocentes—o más ignorantes–pero eso no quita que la nostalgia es un lente engañoso y nuestros recuerdos se vuelven una grata narrativa mitológica. Eso, no lo olvidemos.

Trudy Mercadal
/

Investigadora y escritora en ciencias sociales. Mi religión son los libros. Curiosa insaciable, amante de la música, artes contemporáneas, el buen comer y viajar. Tras una larga trayectoria de estudios y enseñanza en el extranjero, hice nido en Guatemala.


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