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El machismo, don José y cuatro presidiarios cruzando una tarde fría

Don José me habló al salir de la oficina, en el parqueo de la empresa cuando yo ya me iba a casa. Siempre que salgo por la puerta, levanto la vista para ver al cielo, casi como un acto reflejo. Excepto cuando don José está en la puerta, atento a los movimientos en el parqueo y cuidando los vehículos estacionados, porque entonces intentará hablar. Así que me quité el audífono para escucharle.

Blogs crónica Engler García P258 Urbe
Esta es una opinión

Foto: Engler García

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Don José siempre hace eso: hablar, contar. Despedirse y saludar. Casi siempre lo que cuenta tiene que ver con su hijo. Pero esa tarde de cielo semi gris, no.

“Ahí llevan a 4 tipos con las manos así mire, me dijo mientras empuñaba ambas manos y las ponía frente a mí. Van con un montón de policías de Presidios. Los llevan como si fueran ganado amarrado. Pero eso les pasa por el machismo, sólo los machos se meten a eso de extorsionar, de robar o a eso del sicariato. Pero pobres, van a pasar la Navidad en la prisión. Y eso saber cómo será. Uno aunque sea con un chocolate y un par de panitos, pero ahí la va pasando. En cambio ellos…”

Yo me quedé pensando en cuál es la idea que él tiene sobre el machismo, de dónde se origina y cómo se manifiesta. Pensaba que no solamente los machos pueden ser criminales. Eso es algo que no lo sé. Para mí estos son días de intentar reflexionar y don José encima me deja con la duda de hasta dónde llega el machismo. O incluso de dónde nace. Pero, sobre todo, la confusión de por dónde pasa y cómo pasa.

Lo cierto es que no esperaba que don José me hablara en esos términos. Y me queda claro que ciertas conversaciones y reflexiones no siempre vienen de donde uno las espera. O que llegan por otros flancos, acaso menos precisos, menos academizados, pero no por ello menos contundentes o valiosos.

Imaginé que el pickup de Presidios, al que hacía referencia don José, venía de oriente a occidente sobre la diagonal seis de la zona diez. Sin ninguna duda, venía del Centro de Justicia de Delitos de Femicidio y Violencia Contra la Mujer. Así que después de todo, don José tiene razón: pasarán Navidad encerrados por machos, por mostrar sin tapujos la cara más obvia del machismo, esa que no tiene posibilidad de ser negada o matizada por nadie. O que no debería. Pero hay más. Mucho más que tampoco debería ser negado o matizado por nadie.

Me despedí de él y a los pocos metros de la oficina alcancé al pickup. Y ahí iban los cuatro tipos rodeados como de diez guardias de seguridad. Tal como me los describió don José. Generalmente cuando pasan los vehículos de Presidios, apenas se ven dedos que intentan agarrarse de los pequeños barrotes en la parte alta del contenedor donde los transportan. Esa escena que siempre me ha parecido como si fueran los dedos a la orilla de una piscina cuando se empieza a aprender a flotar y luego a nadar. Como si intentaran lo inevitable: no hundirse jamás.

Pero no estos cuatro tipos. Ellos iban platicando entre sí, disfrutando de la tarde un tanto fría, a diferencia de quienes con sus carros hacían de la diagonal una vía imposible de transitar con alguna fluidez. Es obvio que ellos no tenían ninguna prisa por llegar a su destino. Hasta me los imaginé tomando café o alguna cerveza mientras se perdían en las conversaciones sobre la vida. Los guardias en cambio sí que mostraban hastío. Demasiado.

Y pensé que me hubiese gustado verlos e interpretar sus gestos, escuchar sus conversaciones, quizás interpelarlas. O al menos saber sus historias y ver qué tanto de ellos hay en mí. Pero ya me había puesto el audífono con el disco ese de la prisión de Folsom a todo volumen y en modo repeat. Y pedaleaba ya intentando no hundirme en el tráfico y salir a flote con algún tipo de respuestas a las conclusiones de don José.

Engler García
/

Quise ser locutor profesional y no pude, pero fue en una cabina donde aprendí lo que sé de redactar. Abrí un blog para contar lo que veía. Después escribí en Plaza Pública, en un libro y ahora también en Nómada.


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    René Villatoro /

    23/12/2019 8:04 PM

    Precisamente de eso se trata: de tratar de entender los códigos de los "otros". Pues si realmente nos entendiéramos, otro gallo nos cantaría. Saludos Engler, que estés bien.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Rathor /

    20/12/2019 6:12 PM

    Machos de mulas pero no de cabroncitos....de que planeta venís.. ???

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    El Señor Tortrix /

    12/12/2019 10:13 AM

    Es probable que el termino de machos lo está usando en sentido figurado, como sinónimo de mulas, tontos, burros, pendejos, brutos... y no tanto desde el punto de vista de valientes, hombres recios, temerarios.
    Nunca olvides la plasticidad del idioma y los modismos.. y que no todos entendemos ni vemos de igual forma las realidades, como eso de relacionar el machismo con la estupidez, aunque en realidad están emparentadas.
    Qué entenderías si te digo: "Engler que macho sos", claro faltaría el contexto y otras cosas para darle la interpretación correcta.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Cristina /

    11/12/2019 4:21 PM

    Yo también he pensado lo mismo, acerca de esa línea que escribiste sobre los dedos en las barras. Es una circunstancia tan simple, pero que me permite reflexionar cada vez que la veo y que yo lo interpreto, como un acto de rebeldía, en el que intentan sacar sus dedos y por lo menos a través de ellos sentir un aire de libertad, aferrándose a esas barras para observar el mundo por algunos instantes y todo eso que va cambiando y que no podrán ver hasta cumplir su condena.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Cristina /

    11/12/2019 4:16 PM

    Yo también he pensado lo mismo, acerca de esa línea que escribiste sobre los dedos en las barras. Es una circunstancia tan simple, pero que me permite reflexionar cada vez que la veo y que yo lo interpreto, como un acto de rebeldía, en la que intentan aferrarse a esas barras y observar el mundo por algunos instantes y todo eso que va cambiando y que no podrán ver hasta cumplir su condena.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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