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Machismo, revolución y desilusión. Una lectura de "Los de Abajo".

¡Amo la revolución como amo el volcán que irrumpe! ¡Al volcán porque es volcán; a la revolución porque es revolución! Pero las piedras que quedan arriba o abajo, después del cataclismo ¿Qué me importan a mí? –Demetrio Macías, Los de Abajo (1916).

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Esta es una opinión

"La Revolución", una obra de Fabián Cháirez que desató una polémica en los sectores más machistas de la sociedad mexicana.

Voy seguido a México—cada vez que puedo, pues amo ese país y vivimos ahí breve pero felizmente hace pocos años. Siempre que voy, me encuentro con los grabados de Guadalupe Posadas sobre la revolución y con mención, en diferentes ámbitos culturales, de la obra Los de abajo. Me dije recientemente que no vuelvo a México sin haberla leído. Y como me apareció en la feria de libros usados de la zona 1 una copia por Q.5, y voy en estos días a Guadalajara, pues ni modo, había que leerla y aquí explico por qué todavía sigue valiendo la pena leer esta corta novelita publicada en 1916 sobre una guerra civil de 1910.

El autor de la novela, Mariano Azuela, de patojo fue médico en las tropas del insurgente Julián Medina, quien peleó con Pancho Villa. Como escritor, Azuela tuvo una historia que contar -la Revolución Mexicana- la cual narró muchas veces en diferentes novelas. En Los de abajo, sobre su tiempo con Medina, Azuela se representa a sí mismo, valga decir con la debida licencia poética, como el joven, guapo e idealista médico Luis Cervantes. Con el tiempo, la obra generó algún escozor por desvelar crímenes cometidos por los insurgentes, cosas que no cabían dentro del discurso que se fue formando alrededor de la Revolución y su rol en la construcción del nacionalismo mexicano (todos los nacionalismos caen en eso de idealizar).

Demetrio Macías es un campesino devenido en líder insurgente, que se une a la revolución por revancha contra los federales que le hostigan. Sus fuerzas están compuestas de viejos amigos y camaradas. En sus andares se encuentran con el médico Luis Cervantes, quien ha desertado de los federales para unirse a los insurgentes por puro idealismo. Los insurgentes le apodan “el curro” (el guapo) con desdén, por blanco y canche, y se toman su tiempo en tomarle confianza, encontrándolo demasiado chico fresa (como diríamos hoy). 

En la novela hay también amor romántico, celos y melodrama de lo más sexista y, para mí, es lo menos interesante de la novela por la manera acartonada en que se representa a las pocas mujeres de la novela: víctimas leales o emocionales y problemáticas.

Lo más interesante es el trasfondo histórico y social, que sigue siendo relevante: hubo mujeres insurgentes luchando con las fuerzas revolucionarias. Los insurgentes van inevitablemente cayendo en un tremendo nihilismo: Pelear por pelear y ¡qué arda Troya! Y, finalmente, las fuerzas insurgentes se fragmentan cuando surgen diferencias entre los líderes Pancho Villa y Venustiano Carranza, como realmente sucedió. Al final, Demetrio Macías expresa que no le interesa quien es el líder nacional -todos le dan igual- él lo que ama es la revolución con la misma pasión que ama al volcán irrumpiendo. 

La novela se salva de aburrir pues, aunque ocurre dentro de un marco de ideología política y problemas emblemáticos entre las clases sociales:

1) Es corta.

2) No cae en ser panfletera: el único que intenta tirarse un discurso trillado es “el curro” para ilustrar a sus compañeros de batalla, campesinos iletrados, y eso no le dura mucho.

3) El estilo es episódico. En general, la guerra de guerrillas, hoy y siempre, incluye larguísimos períodos de mucho tedio, espera, e incomodidad. Hacer una serie hilada de “viñetas” logra mantener el interés y mediar los largos ratos muertos entre escaramuzas.

4) Es psicológica de una manera que aún se siente relevante: muestra los cambios en las mentalidades de los insurgentes, el impacto de la guerra, del peligro constante y del trauma en su constitución emocional y mental.

5) Muestra el profundo machismo en la sociedad (nada ha cambiado, créanme: nada) y la ignorancia de la ideología por la cual pelean. Solo saben que son pobres, que pelear y matar los hace “machos”, y que siguen a su líder pues, porque sí, porque es el líder. 

Este es uno de los puntos clave: No tienen clara la razón de porqué pelean. Y tiene cierta lógica, pues para explicar la participación en la guerra, no hay respuesta fácil más allá de repetir dogmas. Igual le habrá costado a los bárbaros y los hunos y explicar porque peleaban contra los romanos, e igual le cuesta hoy día a los soldados del ejército norteamericano responder porque están invadiendo tierras lejanas a las suyas. La carne de cañón no sabe, en su mayoría, por qué pelea. Y mientras que Demetrio Macías y sus hombres comenzaron como fuerzas libres y voluntad propia, al final son otras piezas más en el tablero político.

El destino de los que pelean en condiciones desiguales es morir o retornar derrotados a sus hogares. Igual, en una guerra, no hay ganadores reales. Algunos se salvan, incluso Luis, el joven médico, quien emigra a Texas a hacer su fortuna como profesional (cómo hizo Azuela también). Al final, este ha tirado la toalla y adoptado una mentalidad pragmática, “businessera” y mercantil. 

Para Azuela, no hay sobreviviente de la revolución que no esté desilusionado y/o resignado a su suerte. El burgués sigue siendo burgués, aunque haya peleado con los pobres, y el pobre sigue pobre. El mensaje de la novela, brutal en su realismo, es que en México, en Latinoamérica entera diría yo, esa es la realidad para la mayoría. O, por lo menos, hasta la próxima revolución.

Trudy Mercadal
/

Investigadora y escritora en ciencias sociales. Mi religión son los libros. Curiosa insaciable, amante de la música, artes contemporáneas, el buen comer y viajar. Tras una larga trayectoria de estudios y enseñanza en el extranjero, hice nido en Guatemala.


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    Luis Paraiso /

    22/01/2020 10:37 AM

    A lo contrario de Guatemala, México con la revolución pudo unificar al pueblo dándole una identidad LA NACION. LLego al extremo de las fronteras de Guatemala esta revolución que muchos guatemaltecos se sentían puros machos y ya con tragos se ponían a gritar VIVA MEXICO!
    En los levantamientos que han sucedido en Guatemala a lo mismo que la revolución mexicana eran los pobres que tenían mucho que ganar pero siempre es igual cuando estaban vivos tenían mucho que ganar.
    México es una NACION una mentalidad, una manera de vivir, una manera de comer, un orgullo contagioso. Se comen tacos desde Canadá hasta La Tierra del Fuego, en Europa y en Asia. Pero la cajita feliz fue inventada en Guatemala.
    En algunos viajes me he dado cuenta que México es muy conocido a lo contrario de Guatemala, para decir que Pancho Villa es más conocido que Rigoberta Menchu para mas el tal Pancho no fue Premio Nobel jamás.
    Cuando se ha vivido situaciones en la pobreza hay una manera de actuar del hombre que no tiene nada que ver con las hormonas tengo en mi cabeza una historia de una pareja de salvadoreños que emigran con su hijita y que atraviesa el rio Bravo, un drama terrible y la actitud de este hombre desde que sale de El Salvador hasta el momento del drama es una actitud valiente, protector hasta el sacrificio de su vida. Para mí esto es un MACHAZASO, un verdadero tipo. Hay cientos de ejemplos contrarios y sin valor.
    he leido el libro he visto la pelicula y bueno me gusta Guadalajara y estoy agradecido con el pueblo mexicano.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Carlos Calderón jr /

    20/01/2020 7:06 PM

    Lea "el libro negro de la nueva izquierda" de Agustín Laje muy recomendable complemento de este tema, best seller en Amazon

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Victor lopez /

    20/01/2020 4:44 PM

    Suena interesante la voy a buscar...

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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