Si nosotras decimos no, es no

La experiencia de Grace, una mujer que fue a una cita con Aziz Ansari, el actor y activista del movimiento #MeToo, generó una discusión sobre qué es el consentimiento. ¿Se reduce a saber decir “sí” o no”? ¿O más bien será algo definido inconscientemente que la sociedad nos enseña y luego asumimos como propio? Las matices están comenzando a salir y esa área gris presenta nuevas interrogantes sobre cómo nos hemos relacionado con quien nos atrae.

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Esta es una opinión

Foto: Johnny Lai. Flickr

La noche que pintaba como una cita agradable terminó por ser una noche difícil y conflictiva para Grace. Previo a tener relaciones sexuales, Ansari tomó una postura insistente respecto a qué quería que ella hiciera; ella expresó su incomodidad, pero él no le hizo caso. Cuando ella expresó no querer tener relaciones con él, este indicó comprender, pero luego volvió a insistir. Intentó besarla y le pidió que le practicara sexo oral, a lo cual ella finalmente cedió. Leer esta historia me ayudó a validar mi propia experiencia, una que tuve recientemente.

No quiero entrar en muchos detalles porque considero que puedo aportar más desde lo que aprendí después. Lo relevante de relatar es esto: también fue una cita con un hombre un poco mayor que yo y la relación era agradable. Unos días antes le expresé que no tenía intención de tener sexo casual con él en un futuro cercano, pero que sí estaba interesada en conocerlo más.

Él me dijo comprender y días después salimos a cenar y luego iríamos a tomar unos tragos. Todo iba bien hasta que en lugar de ir al bar, él se dirigió a su casa. Cuando le dije que no quería ir a su casa por las razones que le mencioné, me insistió que íbamos solo a platicar. No pasaron más de 20 minutos cuando comenzó a entablar el contacto físico para tener sexo.

No sé cuántas veces dije que no, que solo quería hablar, que por favor no, pero todo pasó tan rápido y fue tan difícil de procesar que, en un momento, pensé en ceder para evitar enfrentamientos. Como lo hizo Grace. Yo no tenía carro y no se me ocurrió llamar a un Uber o algún familiar, todo fue muy rápido. Insistí en decir no con la intención de que se molestara. Al final eso sucedió, se levantó y se dirigió a su carro para irme a dejar.

Al día siguiente se lo conté, en llanto, a una persona. El dolor que sentía al llorar, mientras lo relataba, era nuevo. Lo peor fue que me sentí culpable por incomodarlo esa noche y me disculpé al día siguiente. No sé exactamente por qué. Ahora entiendo que nada fue mi culpa y que hice lo que pude. Nunca había estado en una situación así.

Como las preguntas que escribí en el primer párrafo, considero necesario abordar este tipo de situaciones y lo que representan. Lamentablemente son una forma diferente que visibiliza cómo el hombre crece con imperativos sociales arraigados que lo hacen sentirse con más poder y con un sentimiento de que solo importa su propia vivencia sexual. Además, a pesar de que sigue siendo un tabú hablar de sexualidad, la forma en la cual vivimos esta dinámica es una realidad, una muestra de cómo la sociedad nos enseña y aprendemos a interactuar desde nuestro género.

Los hombres pudieron aprender que invitarnos significa que les debemos algo a cambio, que su placer está por encima del de su pareja sexual, y que insistir muchas veces talvez haga que la mujer ceda. Las mujeres aprendimos a no incomodar. A darle más importancia al orgasmo del hombre sobre el propio. ¿Cuántos años de historia nos preceden en los cuales la mujer calló todo por no incomodar?

Entonces, ¿cómo establezco mi propia forma de relacionarme en las citas y lo que conllevan de una manera más ética, libre y responsable? ¿Cómo evito estar en otra situación así? No existe una respuesta absoluta. La forma en la cual cada quien vive su sexualidad es muy personal, pero, paradójicamente resulta siendo social y afecta a todos. Lo que importa aquí es comenzar a definir formas más sanas y funcionales para establecer una ética de la sexualidad que no signifique tener que decir no muchas veces, que no haya insistencia, que no hay por qué apresurar tener sexo, sobre todo si una de las dos partes dejó claro que no quiere en ese momento.

¿El consentimiento es entonces una cuestión de “querer” o “dejarse? No existe un libro sobre cómo vivir una sexualidad perfecta, pero considero que ajustarse a un nuevo entendimiento sobre cómo interactuamos durante las citas y la vida sexual que elijamos llevar puede lograr que no existan situaciones como estas.

A pesar de que cada quién vive su sexualidad, los matices del consentimiento y cómo se representan en la propia ética con otra persona es algo que quizás nunca nadie mencionó. La creencia social colectiva definía el consentimiento en un simple hecho de decir “si” o “no” y la verdad es que estos temas no son nada simples. La complejidad es la que asusta. Y si hasta ahora hay más historias como estas, es nuestro turno asumir la responsabilidad de redefinir y ampliar la definición de consentimiento.

Las consideraciones adicionales sobre el tema puede que confundan y hieran susceptibilidades al inicio. Para entenderlo mejor podemos pensar entonces en qué no es el consentimiento: consentimiento no es sinónimo de dejarse, no es insistir hasta que tal vez diga que sí. No es manipular verbalmente para hacer sentir mal y que termine cediendo. No es poner el propio placer por encima del otro. Tampoco es sentir que el otro te debe algo porque tú pagaste la cena o porque sería de muy mal gusto dejar al hombre “a medias”. Y ciertamente, consentimiento no es que el hombre llega hasta donde la mujer lo permite.

Larga ha sido la historia en la que hemos estado inmersas en un sistema de poder y sumisión; porque a pesar de que la mujer haya dicho “no” y no permitir, siguen habiendo mujeres violadas que dijeron “no” incontables veces.

Valeria Rohrmoser
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Estudiante trilingüe de psicología de medio tiempo, a veces maestra de inglés y escritora de tiempo completo. Me gusta cuestionar, proponer, rebuscar y analizar todo lo que se pueda modificar. Sí sueño y sé que existe un lugar en el tiempo en el que Guatemala va a ser mejor. Escribo porque es mi manera más cercana de ser libre; de pensamiento, y de corazón.


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    Oz /

    07/02/2018 6:06 AM

    Gracias por compartirnos tanto la vivencia como las reflexiones y el punto de vista. Para mi ha sido enriquecedor leerte y me ha invitado a profunda reflexión tu articulo. Espero leer mas articulos así.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

      Valeria Rohrmoser /

      07/02/2018 8:39 AM

      Muchas gracias!! :)

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!



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