Así pasé de oponerme a apoyar el matrimonio gay

Como casi todos los guatemaltecos, los latinoamericanos y los humanos, crecí pensando en que los homosexuales eran unos pervertidos, que no habían logrado controlar unos impulsos distorsionados de la naturaleza. Al mismo tiempo, crecí siendo un enamoradizo, con la ilusión desde niño de buscar al amor de mi vida para conquistarla y que nos uniéramos para ser felices para siempre.

Cotidianidad Identidades derechos gays fin de la humanidad guatemala latinamerica lgtb love wins matrimonio gay n135 Opinión P258
Esta es una opinión

Foto: Nómada

A muchos les ocurre que por el cansancio y los miedos, conforme crecen se vuelven más conservadores. A otros nos ocurre a la inversa, y conforme ahondamos en lecturas, conversaciones, amistades, viajes y amores, vamos abriendo más nuestras cabezas.

Ninguna sociedad es neutra después de cinco siglos. La nuestra –como casi todas las sociedades americanas– es particularmente racista. “Este pueblo no sale adelante por culpa de los indios”, me decía cuando yo tenía cinco años mi abuela quetzalteca. Y crecí con una familia ampliada y un colegio de clases media y alta en el que era lo más común insultar con el “qué indio”. Hasta que a los 18 años estaba en una reunión de planificación en un periódico y dije “es que los inditos”. Un colega me interrumpió para ridiculizarme: “es que como son chiquitos, chiquitos” y el mejor editor que he tenido en mi vida arqueó las cejas, decepcionado de saber que le faltaría mucho para espabilarme. Él es maya-kiché.

Así, conforme fui haciendo amigos y amigas mayas, leyendo y viajando, me fui dando cuenta de la urgencia de combatir el racismo en mí y en mis círculos familiares y de amigos. Pobres mis amigos de adolescencia que tenían que soportar mis regañadas cada vez que nos juntábamos a tomar cervezas o jugar futbol en playstation.

Pero mientras yo iba dándome cuenta que el racismo existía, también seguía viviendo. Seguía estudiando, trabajando, enamorándome, seguía conociendo gente, teniendo amigas, amigos, bailando, escribiendo. Aprendiendo idiomas. Trazándome metas. Académicas, profesionales, sentimentales. Y he tenido todas las oportunidades y los derechos en nuestra sociedad para alcanzarlos.

Nunca nadie me dijo que por ser hombre o por ser mestizo o porque me gustaran las mujeres (y no los hombres) iba a tener menos derechos. Derechos legales o reales.

Nadie me dijo que por ser mestizo iba a ser menos probable que me dieran un trabajo que a un maya. O que por ser hombre tendría que interrumpir mi carrera profesional si quería tener hijos. O que porque me gustaran las mujeres y lograba encontrar a alguien para compartir la vida, no iba a poder casarme con ella.

Y eso que quienes hemos encontrado a esa persona para compartir la vida sabemos lo difícil que es encontrarla y lo difícil que es convencerla de casarse y lo especialmente difícil que es mantenerla convencida de seguir con uno toda la vida a pesar de todas las pesaderías que uno acarrea.

Es cierto: lo gay no se cura

De regreso en el tema del post, desde que cumplí 18 años (ahora tengo 32) trabajo en reducir mi racismo y mi patriarcado, pero iba un poco más lento con el tema de los derechos de los gays, las lesbianas, los bi y las trans.

Quizás porque decía que había tenido malas experiencias con gays, como un jefe que coqueteaba groseramente con los nuevos –como la cotidianidad de muchas mujeres en sus trabajos, calles y casas–, pero eso es una excusa.

Probablemente se deba a que en la adolescencia a todos los hombres nos pasa por la cabeza la pregunta: ¿soy hetero o soy gay? Y la respuesta es una que puede acarrear la debacle para el resto de la vida en nuestras sociedades. La respuesta puede definirnos como seres normales, con potencial de ser exitosos, felices y con una pareja para toda la vida, o ser seres anormales, pervertidos, sin derecho a ser felices y sin una pareja para toda la vida.

Quizás a muchísimos hombres nos daban miedo y rechazo los gays porque estuvimos a una respuesta de estar en su lugar. Como debe pasarle a mujeres hetero con las lesbianas. O a casi todos con los bi y con las trans.

Este miedo –que se llama homofobia– es tan difícil de combatir como el miedo racista o el miedo patriarcal.

De la tolerancia a la alegría

Entonces al principio iba diciendo por el mundo: “yo tolero a los gays, pero que no se metan conmigo”. O “yo tolero a los gays, pero que no muestren afecto en público”. Puta, como si no tuvieran derecho de coquetear para ver si uno es parte de su mercado, o de expresar afecto en público cuando encuentran a alguien que les gusta y al que le gustan. ¿Cómo sería mi vida nunca hubiera tenido la posibilidad de convencer a una chava de agarrarle la mano en público? ¿O de darnos un topón? ¿O un abrazo y un beso? ¿O de irnos juntos en un viaje de fin de semana sin tener que mentir a todo el mundo? Sería peor persona.

E igual que como contra el racismo ayuda conocer a mayas, leer y viajar (online y offline). O contra el patriarcado ayuda conocer a feministas, leer y viajar. Contra la homofobia también ayuda conocer gays, leer y viajar. Y dar la confianza a los amigos para que le cuenten a uno que son gays.

Si el 10 por ciento de los seres humanos somos gays, lesbianas, bis o trans y usted no conoce a ninguno no es porque no existan. Es porque no se lo cuentan (porque debe ser un homofóbico o una homofóbica).

Ya sabiéndome con un problema (también) con el tema de los gays, empecé a informarme para cambiar mi discurso en mi cabeza y fuera de ella. Que tengan derecho a compartir derechos de la seguridad social, decía. ¿Pero si son tan personas como las personas heterosexuales, pero sólo tienen una preferencia sexual distinta, por qué no deberían tener todos los derechos ciudadanos? Ciudadanos individualmente y como parejas. Derechos como unirse legalmente.

Entonces pensaba, bueno, que puedan tener una unión civil, pero no un matrimonio porque eso es sagrado, eso es sólo entre un hombre y una mujer. Pero si quieren aspirar a vestirse de blanco o negro desde que son niños o adolescentes o tienen un novio o una novia, ¿por qué no van a tener derecho a declararse el amor ante el Estado y la sociedad y que el Estado proteja esa unión institucional para beneficio tanto de los dos como del resto de la sociedad?

Nuestras dudas en esa respuesta tal vez son porque tenemos la idea de que el matrimonio es para cumplir con un requisito en la vida, en el curriculum, ante las expectativas de la familia y amigos, o porque toca. Pero no. El matrimonio, desde el principio y hasta el final, es por un acto de amor. Y de fe en el amor. Y de fe en la humanidad.

Y el amor es el amor. Entre una mujer y un hombre. Entre un hombre y un hombre. O entre una mujer y una mujer.

Esto lo acaban de reconocer tres de nuestros vecinos en el último mes. Costa Rica, México y Estados Unidos. Las cortes de los tres países decidieron reconocer –importante: reconocer– que sus ciudadanos homosexuales tienen tantos derechos como sus ciudadanos heterosexuales.

La decisión mexicana es muy importante porque cambia la concepción estatal sobre el matrimonio. Recuerda que el fin del matrimonio no es la procreación sino la unión permanente entre dos personas por amor.

Pero vamos un paso más allá. Antes yo decía que bueno, que los gays deberían tener derecho a casarse, pero no a adoptar. Como si el experimento de papás heterosexuales en el planeta y en Guatemala fuera uno decente en la mayoría de hogares. O como si yo pudiera decidir si alguien tiene derecho a adoptar por su orientación sexual y no por sus aptitudes como ser humano.

Y dejé de pensar así cuando que uno de mis mejores amigos me contó que era gay –todo el mundo lo sabía, menos yo–. Me alegré por la confianza que tuvo en mí y en varios momentos he pensado que no sólo sería un excelente esposo de la persona que escoja, sino un excelente papá.

Por eso cuando nació mi hija y tuve la oportunidad de escoger padrino entre mis amigos, pensé que el mejor ejemplo paternal para ella sería él, Vincent.

Así que por Vincent, por tantos otros amigos y amigas gay, por tantos y tantas que han peleado por estas batallas en Estados Unidos, México y Costa Rica, hoy tenemos mucho que celebrar.

Ojalá que pronto lo celebremos también en Guatemala y en toda Centroamérica.

Martín Rodríguez Pellecer
/

Es el director y CEO de Nómada. Es guatemalteco, perseverante y alegre. Empezó en el periodismo en 2001 en cartas de lectores. En 2011 fundó Plaza Pública para la URL, y en 2014, Nómada. Estudió una licenciatura en la UFM y una maestría en Estudios Latinoamericanos en la UAM. Fue finalista del premio FNPI en 2013 y 2017. Ganó el premio nacional de periodismo en 2004 y 2017. Es políglota y feminista. @Revolufashion


Anuncio

Hay Mucho Más

No te perdás las últimas publicaciones de Nómada

¡Gracias por suscribirte!

(Revisá tu correo y confirmá tu suscripción)

A qué hora te gustaría recibirlo:

Te gustaría recibir sobre:

¡Gracias!


Con qué frecuencia te gustaría recibirnos:

¡Gracias!


Anuncio

87

COMENTARIOS

RESPUESTAS

INGRESA UN MENSAJE.

INGRESA TU NOMBRE.

INGRESA TU CORREO ELECTRÓNICO.

INGRESA UN CORREO ELECTRÓNICO VÁLIDO.

*

    Diani. /

    24/06/2018 1:25 AM

    Hoy por fin leo un artículo de Nómada para creer que su postura, política, ideológica, económica, social... puede no ser siempre la que comparta, pero siempre será lo mejor pensada, analizada y honesta posible. Me encantó!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Vanessa /

    12/01/2018 10:55 PM

    Como sueño con vivir en un pais de gente que no quiera ni crea que tidis tebemos que ser iguales (a mi...) para ser aceptados. Que lindo serìa tener màs amigos y amigas feministas... que sepan entonces que lo son xq han aprendido que significa serlo. Que soledad se siente a veces en un paìs y una demografía como el nuestro donde no conocer al otro es el modus operandi. El que es cuidadano y tiene las obligaciones x serlo, merece las mismas garantìas y derechos sea como sea su vida sexual. El matrimonio civil es el vinculante y de ese hablamos, no del que permita o no la religiòn predominante.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Jose Ortiz /

    11/01/2018 7:52 PM

    ¡Excelente! Me gustó mucho las distintas "fases" que se describen para lograr un cambio en la forma de pensar porque yo vivi algo muy parecido.

    Creo que este tipo de opiniones son muy necesarias en Guatemala.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Alvaro /

    11/01/2018 4:51 PM

    Mi opinion es, No estoy de acuerdo. Creo en Dios y en la biblia y se que Dios es perfecto y todo lo hace perfecto, tambien se que si eso fuera natural la naturaleza les daria hijos, pero no discrimino, solo doy mi punto de vista.

    ¡Ay no!

    3

    ¡Nítido!

      César /

      14/01/2018 9:59 AM

      El comentario de José da en el punto: entonces, una pareja heterosexual estéril nunca tuvo o perdió el derecho a casarse? Cómo dijo alguien en algún lado, "creo que es por ignorancia y no por odio", pero esta es tu oportunidad de aprender un poquito. El tema lo han vuelto complejo para la gente común y por eso nos cuesta resolverlo. Pero hoy, tenés la oportunidad de avanzar un milímetro.

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

      Jose Ortiz /

      11/01/2018 7:41 PM

      Un punto de vista totalmente equivocado.

      ¿Acaso las parejas heterosexuales que no pueden concebir no tienen derecho de traer hijos al mundo?

      Por eso los seres humanos tambien tenemos un cerebro para pensar y crear sociedades iguales donde todos tengamos el derecho de cumplir nuestros sueños y vivir felices.

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

    mardonali /

    11/01/2018 9:29 AM

    Creo que ese proceso lo hemos atravesado los guatemaltecos con el principio humano de la justicia.
    Nacemos y crecemos en una sociedad donde llamarle indio a alguien es insultarle, donde el gay de turno es famoso por ciertas características amigo de todos pero condicionado a no poder hacer una vida "normal" porque es lo que le "toca" como si aquella condición la hubiese elegido él o ella. Los chistes contra los negros como si la sociedad que vieramos diariamente fuera caucásica... si amigo escritor, si somos seres justos o nos preocupa serlo no podemos permitirnos crecer y continuar con esa mentalidad, a poco que observemos a los lados descubriremos que la vida, la justicia, la tolerancia es más de lo que soy yo como persona, que si no soy una mujer maltratada debo empatizar con la que si lo es, que a más diversa es una sociedad más interesante y auténtica es y que cada etnia, raza, color, condición social, profesión nos aportan un mundo- un pais más humano, que la "normalidad" no existe.
    Un saludo.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Pris /

    10/01/2018 11:28 PM

    Yo quisiera entender, en términos prácticos, para qué sirve declarar "el amor ante el Estado y la sociedad"? Cómo protege "el Estado esa unión institucional"? Y cómo es un "beneficio tanto de los dos como del resto de la sociedad"? No estoy familiarizada con la ley en estos aspectos...
    Y cómo el matrimonio es un acto de fe en la humanidad?
    Gracias por sus respuestas!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Poe /

    10/01/2018 1:58 PM

    ¿Desde cuándo el casamiento ha Sido una condición para unirse por amor?
    En especial el casamiento civil.
    Cuando 2 personas se aman no están esperando a que nadie les dé permiso.
    He Conocido parejas heterosexuales que pasaron toda su vida sin casarse y no por que tuviesen problemas legales para hacerlo, simplemente no lo hicieron.
    De todos modos los bienes materiales pasan a los hijos o pareja dejando un testamento.
    El casamiento actualmente está tan devaluado que muchos lo prefieren evitar.
    Legislar su aceptación sólo para que digan que Vivimos en un país desarrollado es para reírse.
    Sí la orientación sexual fuera una cuestión de gustos, como especie ya nos hubiéramos extinguido.
    Y siempre he respetado a todas las personas y nunca he aceptado que se hagan diferencias o que se encasillen en grupos por sus diferentes características sean físicas o sociales.
    Todos somos seres humanos y debemos buscar antes que nada ser felices buscando la verdad.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Bjorn /

    10/01/2018 11:09 AM

    Muy buen artículo, ni siquiera tocaste el aspecto de la religión porque es algo absolutamente innecesario, es el único argumento que muchas personas tienen en contra, sólo porque según “Dios” es incorrecto. La clave para salir de la ignorancia es exactamente eso, explorar, leer e informarte. Pero más que todo, RESPETAR.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Margarita /

    24/09/2017 2:02 AM

    Gracias Martín por esta nota. Me he sentido muy identificada. Creo que muchos guatemaltecos y guatemaltecas hemos realizado el mismo recorrido, seguimos con nuestras batallas internas derrumbando prejuicios y debatiendo con la familia y amigos, a ver si somos capaces de ir abriendo el camino e incluyendo la gran diversidad que somos como personas atravesadas por nuestra propia historia.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Juan Francisco Perez /

    08/05/2017 2:23 PM

    Que cantidad de pend***as pseudointelectuales dice el autor de esta nota tratando de justificar lo injustificable. Propio de alguien educado en países de distinta idiosincrasia como el nuestra. Sitio web con agenda oculta!

    ¡Ay no!

    2

    ¡Nítido!







Notas más leídas




Secciones