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El mercado fantasma de Ciudad de Guatemala

El jueves 22 de septiembre, los habitantes de una colonia al Norte del área metropolitana de Ciudad de Guatemala amanecieron con el mercado municipal abandonado. A 12 kilómetros del Obelisco, a 7 kilómetros del parque central y a 2 kilómetros del estadio Cementos Progreso. En el barrio Santa Faz, en Chinautla, la noche anterior los comerciantes dejaron sus negocios tras ser amenazados por supuestos pandilleros, que los querían obligar a pagar una extorsión. Desde entonces es un mercado fantasma que tiene un problema adicional para la policía y los fiscales: nadie denuncia.

Cotidianidad P147

Vecinas caminan frente al mercado fantasma.

Fotos: Carlos Sebastián

En un rincón de Santa Faz, en Chinautla, hogar de más de 137 mil personas, está el edificio en donde hasta el 21 de septiembre funcionaba el Mercado Municipal. La fachada, que carga el techo parabólico, todavía revela un poco el color original, verde turquesa. La entrada está cerrada, solo se mira el portón metálico. Siguen pasando los tuc-tucs y uno que otro taxi, dejando en el aire los ritmos de sus radios, en especial reggaetón. Nada que ver con la vibra burbujeante que gira entorno de un mercado como punto clave de la cotidianidad de barrio; aquí ha sido reemplazada por portones cerrados y confusión.

Justo frente a la entrada del ahora mercado fantasma, dos agentes de la Policía Nacional Civil están parados en la puerta de la subestación.

Los agentes, ambos de bigotes, tienen ganas de contar que “según dicen en la colonia” el martes 20 de septiembre fueron entregados tres celulares a algunos comerciantes del mercado junto a la amenaza de pagar una extorsión semanal. Entre Q200 y Q250 (unos US$30), dependiendo del tipo de puesto. Los comerciantes se reunieron durante la mañana del miércoles para discutir cómo manejar la situación; huir o pagar. Como si denunciar no fuera posible. Acordaron no pagar. En un día, sacaron todas sus cosas.

Mientras entran a la recepción, los agentes de la PNC dicen que no hablaron directamente con los comerciantes que recibieron los celulares, pero supieron que aquel miércoles los vendedores no querían a ningún policía adentro del mercado.

– Incluso ninguno de los compañeros fueron a almorzar allá como normalmente lo hacen. Fue por temor de que ellos vieran que allí estaban metidos los policías, dice uno de los policías.
– Que los vieran los mareros, agrega una agente desde atrás de una computadora en la recepción de la subestación.

 

La subestación.

La subestación.

La conversación se interrumpe brevemente por un fuerte olor a marihuana en el aire. Uno de los agentes sale a la calle. Momentos después regresa. Su compañero continúa: “Pues eso es lo que se escucha. Pero saber quiénes son. Aquí quedamos en la incertidumbre. Y ¿qué habrán hecho con los celulares? Eso lo ignoramos también”.

Los agentes esperaban recibir denuncias, dicen, pero nunca llegaron. “Temían por su vida, sin duda. Pero sin denuncia, no podemos hacer nada”, dice el segundo agente. Poco después del mediodía los primeros comerciantes sacaron sus cosas. “Nosotros vimos que empezaban a salir, fue así debajo de agua.”

 

La PNC resguardó el área alrededor del mercado con el apoyo del ejército. Querían “cubrir las esquinas”. No registraron ninguna actividad sospechosa.

La base del Polimerc, con un kaláshnikov

A diferencia de los asesinatos de pilotos de buses urbanos por extorsiones, el fenómeno en los mercados es reciente. Según el comisario Bladimir Shade, fundador de la Policía de Mercados (Polimerc), esta división trabaja con el fenómeno desde hace poco más de dos meses, pero ya se hizo genérico: “Actualmente, la zona más afectada es la zona 6”, fronteriza con Chinautla. El comisario Shade rechaza la palabra extorsión y hace referencia al eufemismo “extracción ilegal”. Cada mes, la Polimerc captura de 8 a 10 personas con armas de fuego en los diferentes mercados o los perímetros de los mercados de la capital, según el comisario. El mercado de Santa Faz nunca ha tenido seguridad de parte de Polimerc.

A 1 kilómetro del mercado, en la colonia Jocotales, que colinda con Santa Faz, está la sede de la Policía de Mercados (Polimerc) desde 2007. Pero sólo tiene presupuesto para cubrir 88 de 102 mercados de la capital.

La sede está fuertemente protegida, tanto afuera como adentro. Desde las dos esquinas de la calle, varios agentes armados vigilan el área detrás de dos barricadas de toneles azules rodeadas de llantas de carro. Se suman otro grupo de agentes en la puerta del edificio de cinco niveles.

 

La estación de Polimerc en Jocotales.

La estación de Polimerc en Jocotales.

Desde un rincón oscuro del corazón del edificio, resalta la oficina del comisario Bladimir Shade, por el fuerte color de las paredes, un turquesa muy parecido al color original de la fachada del mercado de Santa Faz. Atiende desde una silla de ruedas después de un accidente, y en la compañía de dos agentes: uno vestido de civil pero con una pistola grande, y un agente uniformado de la PNC en la esquina de la oficina con un fusil Kaláshnikov, según uno de los policías.

El comisario dice que están demostrando resultados positivos. “¿Cuándo fue que se aprehendió al delincuente que estaba entregando celulares en la 3 de Mayo?”, pregunta a sus subalternos. “El sábado, jefe”, contestan los dos hombres que le acompañan en su oficina.

“¿Y él que tenemos ahora en el (hospital) Roosevelt?”. El martes 20 de septiembre otra persona fue capturada por extorsión.

“Ahora lo tengo preso en el Hospital Roosevelt, en el área de quemaduras. Porque lo agarraron [los comerciantes del mercado] y resultó con el 56% de quemaduras de su cuerpo tercer grado. Lo tengo bajo custodia policial, pidiéndole a Dios que le de una infección, porque es un policía que estoy perdiendo cada ocho horas. Perdiéndolo porque lo deberíamos de estar aprovechando (mientras cuida) en un mercado.”

Nadie menciona otras formas de reducir la violencia. Programas sociales o de emprendimiento para disminuir a los extorsionistas.

Vivir al lado del mercado fantasma

El temor por la vida está justificado en Chinautla, ese municipio famoso en las noticias por la red de corrupción de su sempiterno alcalde (ahora preso), Arnoldo Medrano. En toda Guatemala van 7 años de reducción de las muertes violentas. En Chinautla, la cantidad se triplicó, de 28 a 68. Es decir, 49 asesinatos por cada 100 mil habitantes; casi el doble que el promedio nacional.

Y podría haber sido peor. En 2016, hasta finales de agosto, 43 personas han sido heridas en eventos violentos, según la Secretaría Técnica del Consejo Nacional de Seguridad (STCNS). Aunque los datos no indican directamente cuántos de los hechos violentos se relacionan con la extorsión, la STCNS registra un total de 48 casos denunciados de extorsión en el municipio de Chinautla hasta hace un mes.

El miércoles 22 de septiembre de 2016 no sólo el mercado no abrió su portón. Varios locales alrededor del mercado y calles de la colonia Santa Faz estaban cerrados. La ausencia de los vendedores hacía que los pocos locales que sí abrieron este jueves sobresalgan. Algunos vecinos asumen que estas ventas son las que han pagado la extorsión. El vendedor de una de las abarroterías abiertas lo confirma discretamente.

Doña Julia López observa las rejas de una de las tiendas cerradas. Julia López no es su nombre.

– Vine a ver el panorama. Está muy triste la situación. Yo aquí vengo a comprar mis cosas, mis frijoles, mi arroz, cosas para cada día. Y aquí había una señora que vendía comida todos los días.

López, que conoce a varios de los comerciantes del mercado, intenta presentarnos a alguno para este texto, pero nadie se anima a hablar. La gente tiene miedo.

Julia López no es sólo una vecina observadora. Conoce la situación. Hace un par de meses, López también optó por cerrar su venta en el mercado de Jocotales. Allá, bajo una sombrilla, todos los días durante 35 años vendió ropa usada, hasta que les obligaron a todos los vendedores del mercado pagar la extorsión que se estaba cobrando al mercado.

Como los comerciantes del mercado de Santa Faz, doña Julia decidió no pagar, pero tampoco quiso poner una denuncia. “Aquí hay seguridad”, dice mientras mira hacía la subestación de la PNC con una pequeña sonrisa. Pero al preguntarle si se siente segura, su cara cambia.

–Ah no, aquí uno anda en la calle con miedo. Siempre. De que de repente puede venir detrás de uno los muchachos. Los malos.

 

Doña Julia.

Doña Julia.

Es una señora de más de 70 años, bajita, con el pelo largo y gris. Está vestida en un suéter negro y una falda larga, cubierta por un delantal de colores claros y encaje. A sus 15 años vino a la capital desde Cobán. Todavía recuerda que en esa época aún no había ni casas en Santa Faz.

– Un tal don Maroteo me quiso llevar a los Estados Unidos; me ofrecía trabajo allá en la casa de una su hermana, pero yo no quise. ¿Para qué me iba ir más lejos? Aquí pagaba Q65 y podría ir a visitar mi pueblo. Hasta hoy en día se da cuenta uno que fue casi peor. Cada día es peor, ya no puede uno ni trabajar.

No es la única de su familia que ha sido afectada por la delincuencia. Vivió 45 años con su esposo, quien falleció hace poco, y juntos criaron siete hijos. Siete.

– Todos trabajan.

Pero hace cinco años una de sus hijas, junto con su familia, tuvieron que abandonar su casa en Jocotales por las extorsiones.

– Por la misma maldad. Ahora tienen que alquilar en otro lugar, pero están bien, gracias a Dios.

Perdió a un nieto en una balacera, y hace cuatro años fue asesinado su hijo que trabajaba como taxista y vivía con su esposa y sus hijos en Jocotales.

– Fue un día jueves, él estaba aquí conmigo comiendo un su panito cuando lo llamaron para un flete. Se fue y ya no lo volví a encontrar hasta el sábado.

En la morgue. López se queda callada un momento. Tiene lágrimas en los ojos y mira hacia la calle donde siguen pasando los tuc-tucs y los taxis.

 

Niños en Chinautla, en el área metropolitana de la capital.

Niños en Chinautla, en el área metropolitana de la capital.

No hay donde huir. Ni ella ni tampoco la mayoría de sus vecinos comerciantes del mercado municipal de Santa Faz. O el mercado fantasma que un día fuera un mercado municipal.

Pia Flores
/

Buscadora de las historias invisibles y experiencias con sentido. Antropóloga irreverente y amante de la diversidad, la noche, las auroras coloridas y los cuentos que tardan.


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    Anonimo /

    06/11/2016 6:26 PM

    ¡Que triste! mi familia y yo trabajamos diariamente en la Colonia Santa Faz, con miedo, con ausencia de seguridad, con aquella necesidad de denunciar pero ¿porque no hacerlo? Porque la mayoría de los jueces, los derechos humanos y porque no de la policía misma, es cómplice de los (perdón por las malas palabras) malditos mareros, extorsionistas y demás gente mala, desde que yo tengo memoria la colonia santa faz siempre ha sido peligrosa, mis padres me cuentan como antes las puertas de las casas se podían quedar abiertas que no pasaba nada...
    Lo mas lamentable es que, nuestros vecinos dejan sus casas abandonadas por el temor y el miedo a ser asesinados, nosotros seguimos aquí porque mis padres no tienen estudio y el trabajo duro que desempeñan lo han ido aprendiendo con los muchos años que llevan en eso...
    Espero en Dios poder culminar mis estudios y lastimosamente dejar la colonia para así por lo menos estar en otro lugar.. No digo mejor, ni para nada peligroso, porque seamos realistas, GUATEMALA y el mundo entero esta siendo dominado por la maldad.
    A mis 18 años vivo atemorizada de que mis padres, hermanas y hermanos vayan a la tienda o salgan de la casa y nunca regresen de nuevo.
    SOLO DIOS NOS DA LA FORTALEZA A TODOS LOS GUATEMALTECOS DE SEGUIR EN ESTO CON MIEDO PERO AUN CON VIDA.

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

    Mario Rodas /

    02/10/2016 12:41 PM

    Un artículo genial, yo no vivo en Guatemala, pero si recuerdo haber llegado mucho a Santa Faz, al colegio Marista con el hermano Santiago. Me da tanta tristeza está história tan bien escrita, pero cruda ¿Dónde está la CICIG y el MP? Por eso la gente de estás zonas le importa nada que los funcionarios corruptos esten cayendo por que sus violadores, corruptores viven de lo más tranquilos matandose entre ellos. Es terrível.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Dani Mexicanos /

    29/09/2016 11:14 AM

    Chinautla, tristemente veo como cae este municipio, al menos por esas áreas, entre las colonias Santa Faz, Santa Luisa, Jocotales, San Julian, es un paraíso controlado por pandillas. No sólo eso, ya no hay transporte, la 4 la 96 la terminal, ya no hay buses! La gente se tiene que ir colgada en las pocas rutas de la 3 que salen en la mañana o sino caminar hasta el transmetro que llega al límite de la ciudad o hacer cola y pagar a diario los Q. 10 del taxi colectivo. Y donde esta Liz del Cid Medrano? Como no querían perder los Medrano el poder para seguir con la corrupción que han vivido por años pusieron a esta señora que no hace nada ni se preocupa por esas personas que no tienen transporte, por el desarrollo de este municipio. Hay una realidad que se vive en Chinautla pero nadie la denuncia, nadie sabe, la última vez que hice un comentario sobre Medrano, algunos perfiles falsos comenzaron a insultarme y a amenazarme.

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

    francisco /

    29/09/2016 12:15 AM

    Envuelto en la lectura,.super genial !

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Edgar Barrios /

    28/09/2016 4:45 PM

    Como de costumbre la Policia Nacional Civil estan pintados, no es posible que los mareros tomen control de un mercado que esta a la par de una estacion de policias. Los policias se agarran de esa paja de "no hay denuncia, no hay pruebas" para estar de adorno y no hacer nada, a una amiga la agredieron fisicamente en la calle y el policia al cual ella acudio le dijo que el no podia hacer nada porque no habia denuncia y no habian pruebas que alguien le hizo eso, ya quisiera ver yo si a sus hijas les hicieron eso dirian lo mismo.

    Que lastima saber que aca en Guatemala un policia y un marero valen lo mismo, los ves en las calles y los dos te dan miedo, no sabes cual de los dos te va chingar mas. Pobre la gente que tiene que cerrar su negocio porque en este pais nadie hace nada sino es para ver el derecho de su nariz. Lamentable en serio

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Alejandro Palmieri /

    28/09/2016 1:53 PM

    Buen articulo! Mi único comentario es que, si como se explica a lo largo del mismo el mercado en en Chinautla, el título es engañoso. No se trata de la ciudad de Guatemala, pues es una circunscripción municipal distinta. Sería como referirse al mirador en la ruta interamericana como "el mirador de Guatemala", cuando está en Mixco. En fin...

    ¡Ay no!

    2

    ¡Nítido!

      Alejandro Palmieri /

      30/09/2016 7:03 AM

      Aprenda a leer, Manolo. Lea lo que escribí, no lo que usted cree que escribí. Jamás dije que no fuese importante, simplemente que no se trata de Guatemala si no de Chinautla. La relevancia que eso tiene es que son dos circunscripciones municipales distintas, por lo tanto, dos administraciones municipales distintas. Ese fue mi aporte, cuál ha sido eso suyo? Trolear? Vaya pues!

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

      Manolo /

      29/09/2016 1:12 AM

      O sea que como no es de la Capital no importa, comentario más irrelevante...

      ¡Ay no!

      2

      ¡Nítido!

    Carol /

    28/09/2016 12:50 PM

    El fenómeno de la extorsión esta creciendo a pasos agigantados, mi percepción es que muchos que son victimas pueden llegarse a convertir en victimarios, este es un país donde entre hermanos se matan, un dia no muy lejano podríamos estar igual a Ruanda

    ¡Ay no!

    2

    ¡Nítido!

    Jhony Se /

    28/09/2016 10:50 AM

    Que triste la situación de Santa Faz y Jocotales, la gente no denuncia porque muchos de los mareros son hijos de los vecinos y rápido (como se dice en este 3 mundo de Chinautla) pasan el chambre de quien dijo algo. He incluso hay familias enteras que se dedican a la extorsión, por cierto, ni en los tuc tuc se puede confiar.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Iván Palma /

    28/09/2016 9:00 AM

    Felicidades Pia! que gran historia.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!







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