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Un hombre que se dice marero se dedica a extorsionar médicos

Desde hace tres meses, un individuo ha tratado de extorsionar al menos a 15 médicos en Ciudad de Guatemala. Dice que pertenece a la Mara 18 y exige hasta Q25,000 por persona. Ninguno ha aceptado pagar, pero sí han denunciado. El Ministerio Público sospecha que hay más casos, justo los que sí pagaron. La Fiscalía ya detectó que el autor de las llamadas telefónicas opera desde la cárcel de Pavón.

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Una foto de archivo de listas de teléfonos extorsionados.

Foto: Policía Nacional Civil

El 28 de septiembre, Iván Valladares llamó al doctor. Le habló a su celular y le dijo que era un paciente y que quería cita para hacerse un chequeo. Minutos después, le llamó de nuevo, pero la conversación fue distinta: «No es un asunto de salud, es por seguridad de su familia», alcanzó a decir antes de que el médico, asustado, colgara.

Tras cortar la llamada, optó por mandarle un mensaje: «Pensalo bien, te estamos dando la oportunidad, no le hemos hecho daño a tu familia, te lo estamos advirtiendo, la Mara 18».

En los últimos tres meses, el Ministerio Público (MP) ha recibido 15 denuncias. En la mayoría de los casos, el patrón se repite: el supuesto paciente tiene el mismo nombre, Iván Valladares, y dice que es de la Mara 18 (que en realidad se llama Pandilla Barrio 18). Extorsiona doctores de clínicas privadas exigiéndoles entre Q15,000 y Q25,000, en un pago único. Los médicos trabajan en las zonas 9, 10 y 15. Ninguno de los denunciantes ha pagado.

Cuando Iván Valladares habló hace un mes al celular del doctor J.C., no pidió cita. A este ginecólogo especializado en obstetricia, del que por seguridad sólo informamos de sus siglas, no le sorprendió que fuera un hombre porque dice que es común que los esposos de sus pacientes le hablen para pedirle cita. Era martes, alrededor de las diez de la mañana, y estaba en la clínica que tiene desde 2003 en la zona 9. El tono inicial fue muy amable, imaginó que tendría entre 30 y 40 años y que, por su forma de pronunciar las eses como jotas, debía de ser salvadoreño.

«¿Es usted el doctor?», preguntó el supuesto Valladares. «Estoy justo enfrente de su clínica», añadió antes de pedirle una «colaboración» de Q25,000. Al decir que no, el extorsionador se puso agresivo, insultó al doctor y le amenazó. Transcurrieron cinco minutos de conversación desde que pensó que era un esposo pidiendo cita hasta que temió por su vida y colgó. Las llamadas se repitieron cada 15 minutos hasta que bloqueó el número. Tres días después, un amigo traumatólogo pasó por su clínica a saludar y J.C. le contó lo que le había pasado. «¿Qué número era?, ¿cómo se llamaba?», le preguntó.

Iván Valladares.

Quince días antes, su amigo traumatólogo, que también tiene la clínica en la zona 9, lo había tratado de extorsionar. Cuando tres días después, J.C almorzó con otro colega ginecólogo en un restaurante de la 7 avenida de la zona 9, resultó que también lo había llamado Valladares. Este fue el detonante para que denunciara ante el MP.

«La sensación es horrible porque uno se siente afectado en su vida personal y profesional», dice este doctor de 40 años que dejó de responder llamadas de pacientes de los que no conocía números. Envió un correo electrónico a un doctor bien conectado en redes sociales para que advirtiera a otros profesionales del país. Una decena de médicos de Ciudad de Guatemala respondieron por email que a ellos también les había pasado.

«El 5 de octubre recibí varias llamadas intimidatorias a mi celular. Se identificó como Iván Valladares y me exigió Q20,0000 a cambio de no atentar contra la integridad física mía o de mi familia», señala un médico en su denuncia ante el MP.

En uno de los pocos casos que el extorsionador no habló a doctores de las zonas anteriormente citadas, un pediatra denuncia: «Me dijo que se había presentado el viernes a mi clínica para hablar conmigo, pero que como no me encontraron, que podían llegar a mi casa porque querían colaboración económica». El hecho ocurrió el 14 de septiembre.

J.C. limitó su paso por la clínica durante la semana posterior a la primera extorsión. Primera porque hubo un segundo intento. Quince días después de la llamada, un viernes, Valladares volvió a hablarle desde otro número, pero duró menos de un minuto. Lo justo para saber quién era antes de que el ginecólogo le bloqueara. En esa segunda ocasión no denunció.

Pero el MP sospecha que las llamadas continúan porque hay profesionales del sector que sí dieron el dinero. A través de escuchas telefónicas y la geolocalización de llamadas, la ubicación del supuesto Valladares está clara: llama desde la cárcel de Pavón. Pero aún no se sabe quién es.

Dos números identificados

Desde hace una semana, en la pared derecha de la oficina de la secretaria del jefe de Maternidad del hospital Roosevelt hay un aviso. La secretaria lo escribió en Word, en negrita y subrayado, informando de que «personas inescrupulosas (una de ellas se hace llamar Iván Valladares) se ha dado a la tarea de llamar a clínicas y celulares personales para extorsionar médicos». Los números que denuncia son: 45387419 y 46908966. Están resaltados con marcador amarillo.

J.C. accedió a hablar por teléfono con Nómada porque Porfirio Santiso, jefe de Maternidad del Roosevelt y también presidente del Colegio de Médicos, se lo pidió. Admite que siente temor y desconfianza, pero se anima a contar su caso. Es el único doctor, de los 15 denunciantes, que Santiso conoce. «Los médicos estamos más expuestos porque o trabajamos en hospitales públicos o anunciamos nuestras clínicas en internet», dice el presidente del Colegio, mientras toma un café, a las ocho y media de la mañana, en su mesa de trabajo del hospital.

A esa horas, al llegar a su despacho, como si se tratara de la antesala del tema del que vamos a hablar, justo en la pared de afuera de la oficina está pegado el aviso de alerta de extorsión al gremio de médicos.

 

El cartel afuera del despacho del médico en el Roosevelt. Foto: Elsa Cabria

El cartel afuera del despacho del médico en el Roosevelt. Foto: Elsa Cabria

«Según me dijeron las autoridades, este tipo de personas solo intimidan, nunca llegan a hacer algo, por lo que recomiendan no poner mucha atención», dice en una despacho en el que resalta una fotografía en blanco y negro del hospital Roosevelt en 1955.

Santiso se enteró de las extorsiones por una cadena de emails. Lo que normalmente usan los doctores para informar de congresos, esta vez sirvió para que informara del hecho al MP y al Ministerio de Gobernación.

El efecto llamada del primero que denuncia

«Lo que sí nos preocupa es la forma en que estas personas están utilizando la información de los médicos», dice este doctor que lleva ocho meses como presidente del Colegio. Pero se muestra esperanzado: «Antes, solo dos se animaron a  denunciar; tras la cadena (de emails), vino el resto».

Previamente, sí se habían dado casos aislados de médicos extorsionados, señala Iván Figueroa, fiscal anti extorsión del MP. «Pero es la primera vez que como sector profesional se da con tanta frecuencia».

Lo que es seguro es que no pertenece a la Mara 18 porque se definen como pandilla, nunca como mara. Este caso responde a lo que se conoce como extorsión simple: no hay una estructura que realmente busque atentar contra la integridad física del extorsionado, pero haciéndose pasar por mareros, juegan al daño psicológico.

En los últimos tres años, de las más de 10,000 denuncias que ha recibido el MP por extorsión, nueve de cada 10 tienen ese perfil. Un solo extorsionista puede hacer hasta 700 llamadas en un mes, pide una renta única, pero no fija. La mayoría extorsiona a residentes en condominios, muchos dueños de comercios, y profesionales, como abogados y médicos. El 10% restante corresponde a pandilleros. «A las pandillas no les interesan los médicos, buscan sectores vulnerables», afirma una fuente policial que trabaja contra extorsiones.

Hay antecedentes de extorsionadores enfocados en médicos. Entre tres nombres de extorsionadores, resalta el caso de Luis Arturo Ruano, que podría ser Iván Valladares. A principios de año, la policía y el MP localizaron sus llamadas en Pavón, así que lo aislaron en la cárcel de Fraijanes I. Desde allí, pasado el tiempo, sospechan que también ha hecho llamadas.

Al fiscal Figueroa le preocupa un detalle del caso de Iván Valladares: “Muchas veces son extorsionadores individuales, pero cuando les empiezan a pagar, se convierten en estructuras”.

Elsa Cabria
/

En Ciudad de Guatemala nadie lleva chaqueta por si hace frío. Tampoco en Ciudad de México. Pero yo nací en Santander, pequeña capital de provincia en el norte de España. Así que arrastro la manía allá donde me mudo. Tras trabajar en mi país, me fui en 2011 a México por pura curiosidad y me mudé a Guatemala el mes que se fundó Nómada en 2014. Ahora me dedico a proyectos largos de investigación y quiero explorar Centroamérica entre Nómada y El Intercambio.


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    Cixi /

    23/10/2014 12:39 PM

    Publicación pragmática y en cambio gritando un "ya está bien". No es que los médicos deban ser una casta más especial que el resto de la humanidad, pero ¿hasta donde quieren llegar esos humanoides chantajistas? ¿Qué será de ellos cuando precisen un médico y no encuentren, pues amedentrados se habrán dedicado a otra cosa?

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Luisa /

    23/10/2014 12:29 PM

    No solo los médicos corren ese riesgo porque "trabajan en hospitales públicos". Todos los que damos nuestros datos para cualquier cosa corremos el riesgo, porque después las empresas privadas inescrupulosas venden nuestros datos y terminan en manos de personas que juegan con nuestros temores.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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