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Hablar con tu propio cuerpo es esencial

Me pide estar en silencio y a solas. Me pide agua caliente con limón y a veces vino. Me pide bosques, neblina y playa. Me pide la música de las olas. Me pide desintoxicarme de todas las maneras.

Cotidianidad Opinión P369
Esta es una opinión

Escuchar al cuerpo es indispensable para situarte con plenitud en el presente.

Foto: Flickr, Italo Gacitua

Pero eso no puede suceder sin limpiar lo interior –la mente–, liberando paralelamente al cuerpo, que de inmediato agradece y se relaja. Ese bienestar viene definitivamente de la armonía y la entrega total al presente. Son lenguajes diferentes, no verbales, que podemos entender si escuchamos a nuestro espacio interior.

Y al hacerlo, hay que procurar ser como el agua, como un río que no se estanca en un pensamiento, sino que fluye: representación metafórica de la vida en sí.

En el preciso lugar donde estoy ahora, he decidido confiar plenamente en el río que me lleva hacia lagunas, lagos y paisajes necesarios para hacer lo que me corresponde. Mi potencial: mi viaje único y perfecto.

He comprendido que la mente sabe lo que tiene que hacer para sobrevivir dentro de la sociedad. Cómo trabajar, pagar deudas y encontrar un cierto reconocimiento social por lo que uno hace o es; pero, más allá de eso, está el verdadero camino, el que no muchos han decidido seguir porque se trata de no contar con ningún colchón más que la intuición propia.

Si alguna vez lo has vivido, o quizás en este momento leés esto porque sentís ese llamado, es porque la vida te está preparando para algo. Y si escuchás, levitás dentro de un estado de bienestar permanente. Ser sensible está subestimado, pese a que te permite fluir y recibir la vida que has decidido atraer: perfecta, tal como es.

Lo que sucede en el planeta no es más que un reflejo de lo que sucede con nosotros mismos. Es necesario volver al origen, mirar hacia atrás. Cuando la vida era más simple y los humanos también. La simpleza es tan grande porque realmente no necesitamos mucho. Y no me refiero a dejar todas las posesiones y ser totalmente incivilizados; me refiero a que, cuando el mundo, el clima y la humanidad piden ayuda, es necesario estudiar el pasado.

Progresivamente hemos perdido calidad de vida. Los animales y el planeta nos hablan todos los días. ¿Escuchás tu cuerpo? ¿No te envía el mismo mensaje?

Estrés. Alergias. Intolerancias. Cáncer. Depresiones. Ansiedad.

Cambio climático. Contaminación. Extinciones. Acidificación del mar. Escasez. Menos biodiversidad.

El dicho un tanto quemado de Gandhi –“Sé tú el cambio que quieres ver”– es exactamente a lo que me refiero. Si nos adentramos, si conseguimos el estado “samadhi” de iluminación, de presencia, de meditación, estaremos cambiando más que nuestra propia existencia.

No es difícil. Es más fácil de lo que nuestra mente nos hace creer. La realidad es que este es nuestro estado natural: ser felices y estar en paz.

Si volteamos a ver a las primeras civilizaciones matriarcales, donde la naturaleza y la espiritualidad eran sagradas, podemos aprender a aplicar este estado a nuestra realidad.

Podés ir a fiestas. Podés ir al trabajo. Podés estar en el tráfico. No es necesario hacer un cambio extremo de tu día a día. Se requiere hacer el cambio de perspectiva. Se requiere de sanar, limpiar, confiar y escuchar.

Si no confiamos, ¿qué es lo que estamos haciendo?

Si no escuchamos, ¿cómo saber hacia dónde vamos?

Si no limpiamos, ¿cómo podemos evolucionar, experimentar y conocer nuevas cosas?

Comparemos nuestro cuerpo con el planeta. Ambos respiramos. Ambos somos 70% agua. Y el agua estancada, ¿qué malestares genera? La respuesta es simple: todos.

Los invito a fluir, a soltar y a disfrutar más de nuestro corto camino por la Tierra. A amar, a agradecer y a cooperar más que a comparar.

¿Cómo comenzar? Simple. Soltemos el tiempo. El reloj. Del presente viene todo lo rico, todo lo bueno, todo lo real. Del presente vienen las respuestas disfrazadas de personas, de mensajes, de sonidos, de la música.

Del presente podemos llorar al ver algo extraordinario. Del presente reconocemos la belleza verdadera. Del presente amamos sin condiciones.

Si alguna vez has sentido un llamado cautivante por estar en contacto con la naturaleza, cerrar todas las redes sociales, dejar el teléfono a un lado, quizás entendás de lo que hablo.

El cambio del viento es un mensaje, una oportunidad para sanar. Estar atentos no es más que otra palabra para meditar. Un estado meditativo donde recibís información de la fuente superior: Dios, Universo o como prefirás llamarlo.

Cuando te habla, de todas las maneras, vas reconociendo que viene desde adentro. Sí. Podés estar aquí o allá. Pero te hablará de todas las maneras. Sólo necesitás escuchar.

El yoga, como terapia alternativa, te pide cada vez más de lo mismo porque es un portal para recibir información y te prepara para algo. Te avisa que el viento está cambiando. Cada asana (postura corporal) te permite conocer tus fuerzas, tu espíritu, tu actitud. Te permite discernir de donde viene la tensión muscular y circulatoria, y al soltar con la mente y el corazón, la ideas y expectativas de nosotros mismos o de otras personas, del futuro y del pasado; soltamos nuestro cuerpo físico y sentimos lo rico que es estar vivo. Lo rico que puede ser la existencia.

Puede que mi vida freelance dependa un poco de eso. De estos espacios entre espacios que me permiten practicar con diferentes elementos esta disciplina. Me siento afortunada de poder jugar un partido de ajedrez un martes a las 3 de la tarde con una buena amiga, ver atardeceres desde diferentes puntos de la ciudad y, cuando es necesario, disfrutar de esa actividad tan paradójicamente odiada llamada tráfico.

Puedo escribir, hablar con mi perro, vestirme y probar diferentes disfraces dependiendo de mi humor. Voy explorando sensaciones –a veces algunas duran más que otras– y comprendo que estoy adentrándome en este momento interesante. Lo encontré por medio de ir dominando el estado de presencia. Se siente genial. Es un estado de mente nuevo. Y ese espacio y tiempo completo me permiten tomar decisiones más intuitivas cada vez más cerca de mis sueños.

Estamos vivos. Y por eso el cambio existe, porque vibramos, porque hay trillones de moléculas y células transformándose. Porque si confiamos, tenemos el poder de sorprendernos e ir adentrándonos a la verdad de nosotros mismos; identificar nuestro espíritu y la influencia que los elementos de la naturaleza tienen sobre nosotros y poder utilizar todo este conocimiento y herramientas para ser más felices y más completos.

Más en el presente. Más en libertad. Más en armonía y en paz.

Si realmente queremos comenzar a cambiar la salud del planeta, comencemos con sus seres vivientes. ¿No son las células las que, una por una, van muriendo o van duplicándose?

¿No es algo parecido a lo que sucede en este momento con nosotros? Los recursos naturales son la causa directa de las guerras de hoy. Damos círculos al culparnos unos a otros como salida, pero todos sabemos que es una autodestrucción si no cesamos con la necesidad de dominar, de abusar y de colectar para “sobrevivir como ideología y nación”.

El desequilibrio es palpable. Y entonces, ¿cómo comenzar a equilibrar nuestra vida? Comencemos por estar en silencio y escuchar nuestro cuerpo. Su piel y sus músculos son el mapa perfecto de nuestro presente.

Cindy Barascout
/

Escritora y yoguini, viajera y divemaster. Amante de la naturaleza, la humanidad y el arte sin límites. Del cine y la música. De los viajes internos y físicos. Estudió periodismo, edición y escritura creativa.


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COMENTARIOS

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    Andrea /

    31/03/2016 9:01 AM

    Hermoso.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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