Videojuegos #MadeInGuate

Un quetzal volando entre pirámides, un héroe maya runner o una recreación de la guerra civil. Una parte de la pequeña industria de desarrollo de videojuegos guatemalteca busca su identidad a través de la historia. Su plataforma son las aplicaciones para redes sociales.

Cotidianidad gamers hecho en Guatemala P147 videojuegos

El juego Poc Ta Run. Foto: Nómada

Carlos Villagrán quería emular al game-developer vietnamita Dong Nguyen. Y lanzó Flappy quetzal, un juego con el pájaro verde y rojo, símbolo de Guatemala, como volador protagonista a través de las pirámides de Petén. Buscaba probar si Flappy bird, el juego del pájaro amarillo concebido por Nguyen, era tan difícil de imitar. La aplicación del juego original, una de las más globales de la historia, tiene más de 50 millones de descargas. La versión chapina, desde su lanzamiento el 20 de febrero de este año, lleva 5,000.

Ahora Villagrán, ingeniero en sistemas de 23 años, trabaja en un rompecabezas educativo sobre Guatemala, dividido en departamentos. Dice que ha aprendido más probando la aplicación que cuando en tercero de primaria estudió geografía en la clase de estudios sociales. «El proceso es mucho más interactivo».

La pequeña industria del desarrollo de aplicaciones de juegos y de videojuegos para computadora en Guatemala es reducida en tamaño. También es incipiente; apenas cuatro años tienen los primeros proyectos. Coolcakesoft, la empresa de Villagrán, es junto con Elemental Geek, Garrobo Studio, 502 Studios o Pizote Soft parte de un movimiento vinculado al desarrollo de software que crea bajo dos premisas: el videojuego es un arte que puede tener un valor educativo.

 

Flappy Quetzal.

Flappy Quetzal.

Por eso, varios de los juegos, terminados o en proyecto, hablan de historia nacional. Pasado o presente. Sin importar si su apariencia es más lúdica que otra cosa. «Se está buscando rescatar una identidad que sí existe», dice Adrián Catalán, profesor de Estructuras de máquinas en la Universidad Galileo, y co-creador en 2011 de Elemental Geek. «Hay un interés y una industria que está naciendo».

Elemental Geek creó el proyecto Cerebrex, para que los niños desarrollen la memoria y la agilidad mental, entre otras habilidades. A cambio, cada pantalla que pasan, ganan gemas mayas. El juego se llevó a las aulas del Liceo Javier. Para comparar su efectividad en la clase de matemáticas, algunos niños jugaron y otros no. Éste fue el resultado.

La industria guatemalteca surge porque hay demanda. «Ahora las empresas quieren su aplicación de juego; todo el mundo quiere tener presencia en redes sociales», dice Villagrán, que por un encargo de una empresa, creó Flappy Quetzal versión tortuga. Se llama Tortuga voladora porque tras el boom de Flappy Bird, está prohibido usar la palabra flappy en las apps. Tanto fue el éxito que Ngoyen se agobió y retiró el juego del mercado.

 

Más entretenido que Geografía Visualizada.

Más entretenido que Geografía Visualizada.

De los mayas a la guerra civil

Un héroe que corre para esquivar obstáculos que llegan de Xibalbá, el inframundo maya. Ese es el protagonista de un juego tipo arcade (máquina de juegos tipo tragamonedas) en el que el gamer (jugador) va ganando puntos mientras el runner maya pasa pantallas. Está basado en el libro del Pop Wuj.  «Es educativo: los niños aprenden más jugando que leyendo», dice Clarissa Luna, codirectora de Pizote Soft.

Como con el héroe maya, Pizote Soft también tiene casi listas la lógica y la programación de un videojuego sobre el juego de pelota, diseñador por Jonathán Cerrato. El juego sobre el juego de pelota no busca ser una investigación histórica o crear conciencia social;va de golpear al rival; el juego maya, más que nada, sirve de contexto, cuenta Luna, ingeniera en sistemas. El juego será lanzado en marzo de 2015.

También tienen otro proyecto llamado P&L, en el que un policía persigue a un ladrón, y quieren lanzar otro sobre la guerra civil de Guatemala (1960-1996). Inseguridad y violencia en pretérito y en presente histórico. «El conflicto armado es una parte escondida de nuestra historia y la situación actual tienen mucho que ver con aquel momento. El objetivo es culturizar», dice Luna.

Pero no para todos hablar de identidad implica abarcar determinados temas. «Es algo que no estoy muy seguro de que lo haríamos», dice Bryan Alvarado, cofundador de 502 Studios. «Es un tema muy sensible para muchas personas en el país, como para intentar crear algún tipo de entretenimiento alrededor de él».

Comunidad de GameDevs

La comunidad de game-developers, esta semana en un café con wifi. Foto: Carlos Sebastián

La comunidad de game-developers, esta semana en un café con wifi. Foto: Carlos Sebastián

Junto a su socio Rod, Alvarado y otras ocho personas integran la primera comunidad de desarrolladores de videojuegos de Guatemala. Son los Gamedev GT. Cada semana, se reúnen para compartir ideas en un Dunkin Donuts. Ninguno tiene en mente una historia sobre la violencia en su país para desarrollar en videojuego. Tampoco quieren. Hablan más de la experiencia del jugador y del proceso de creación, de la narrativa, de la expresión visual, de la interactividad. Si matan jugando, por ahora es a extraterrestres.

Y si hablan de educar por medio del videojuego, su método es otro: «Los temas sociales son interesantes, pero estamos cansados de violencia», opina Rodrigo Ramírez, de Game Dev Guatemala. «Yo buscaría lo inverso a eso, quizás un llamado de paz», propone este diseñador gráfico de 32 años.

Hace tiempo, Alhvi Balcárcel, integrante también de Gamedev Guatemala, jugó a un juego de la serie Global Conflicts que trataba el tema de narcos. Alhvi jugaba a ser una periodista que investigaba por qué cerraron una maquila. «Creo que los juegos pueden ser un buen medio para transmitir y dar a conocer todo esto», dice Bálcarcel. «Pero da bastante miedo», añade esta ingeniera de sistemas de 28 años.

En el Dunkin Donuts de Paseo Miraflores, pasadas las ocho de la noche de un miércoles, Alhvi Balcarcel, juega a Connected worlds en su compu. Enfrente tiene al creador del juego, Óscar Morales, un entusiasta cerebro de 23 años que habla mejor en inglés porque vivió nueve años en Virginia, Estados Unidos. Sentados a su alrededor, siete personas los observan.

Son cuatro historias que se conectan al final de juego.A las 8:00 AM, un chavo tira un frisbee a su perro; a las 7:00, un hombre arregla la valla de la casa del chavo; a las 5:00, un hombre sale borracho de un bar; a las 8:05, un carro rojo atropella al perro que rompió la valla mal puesta.

 

Connected worlds.

Connected worlds.

«Un videojuego es un arte, pero no por los dibujos y los colores; es porque estás expresando algo», dice Óscar emocionado. «El proceso es muy íntimo. Crear videojuegos artísticos es bien experimental».

Lo que Óscar Morales quiere expresar con Connected worlds es que las personas son un mundo propio y, conectadas, crean su realidad. Mundos conectados fue el concepto del último Ludum Dare, un evento global de desarrollo de juegos, en el que individualmente, o por equipos, hay que desarrollar un proyecto en un fin de semana. El tema del último evento fue hablar, de alguna forma, sobre mundos conectados.

Alvhi y Carlos Villagrán también participaron. Y Rodrigo Ramírez, con un juego en el que un motociclista que circula de noche, tiene que evitar atropellar a hordas de zombies. Y Bryan Alvarado, también ingeniero de 26, y Lourdes, administradora de 25, se sumaron al reto online en el que participaron más de 2,000 desarrolladores.

El porqué de la comunidad

La intención de crear una comunidad de gamers, o más bien de gamedevs, surgió hace seis meses cuando Bryan y Rod trabajaban en la incubadora de negocios del TEC de zona 4 de la capital. Allí conocieron a Carlos Villagrán y a Alhvi, una de las más locuaces del colectivo y desarrolladora de Letraland, un juego en Facebook parecido al Scrabble, dirigido a mujeres que son jugadoras casuales.

 

Letraland

Letraland.

Empezaron a quedarse hasta tarde jugando y hablando. Un día le preguntaron a un amigo desarrollador de Austin, Texas, cómo había hecho para asentar su colectivo de desarrolladores. Era tan simple como convocar y juntarse una vez por semana. Y así lo han hecho. Ahora, su punto de encuentro es otro. Parqueo gratis, café, wifi y horario de apertura hasta las diez de la noche.

El tema maya parece un nexo plausible entre las empresas que viven de esto y los desarrolladores que crean juegos por amor al arte y que nacieron casi todos después de la Constitución de 1985. Para Bryan Alvarado, de 502 Studios, «es una cultura con mucha riqueza visual y tradiciones, así que hay bastante oportunidad de incluirla en algún juego».

 

*Dos asteriscos. El primero. Nos enteramos del crecimiento del mundo de los game-developers, en parte, por el equipo de Nómada. Pizote Soft está codirigido por Diego Tobar, tecnólogo, y en el diseño de Letraland participó Lucía Menéndez, editora de arte. El segundo. Carlos Villagrán, de Gamdev Guatemala, y Carlos Villagrán, de Coolcakesoft, son distintas personas.

Elsa Cabria
/

En Ciudad de Guatemala nadie lleva chaqueta por si hace frío. Tampoco en Ciudad de México. Pero yo nací en Santander, pequeña capital de provincia en el norte de España. Así que arrastro la manía allá donde me mudo. Tras trabajar en mi país, me fui en 2011 a México por pura curiosidad y me mudé a Guatemala el mes que se fundó Nómada en 2014. Ahora me dedico a proyectos largos de investigación y quiero explorar Centroamérica entre Nómada y El Intercambio.


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