Hamburguesas que son más que comida rápida

Hace mucho tiempo dejé de ser un consumidor consuetudinario de hamburguesas. Durante mi adolescencia, las del Pecos Bill –cafetería que todavía conserva su ubicación original en la 7ª Avenida de la Zona 4– eran mis favoritas y a menudo nos reuníamos con compañeros del colegio o del barrio a comer allí, o en alguna de las franquicias de comida rápida que comenzaban a poblar la ciudad. Pero a medida que mi poder adquisitivo dejó de depender de la ‘mesada’ que me daban mis padres, mis preferencias gastronómicas se fueron desarrollando en otras direcciones.

Gastro Opinión
Esta es una opinión

Hamburguesa uruguaya, preparada con la tradicional torta de chorizo uruguayo.

Foto: Marco Gavio Apicio

No es que haya dejado de consumir hamburguesas por completo, pero lo hago poco y no es algo que busque particularmente. Como padre de adolescentes, más de una vez he terminado comiendo hamburguesas más por efecto de la democracia familiar que por convicción y deseo. Pero –como Ustedes habrán notado– ocupan muy poco espacio en mi ‘universo gastronómico’. Mi hija menor, adolescente aún, también lo notó y cuestionó hace poco mi actitud ‘snob’, discriminatoria e injusta hacia un plato cuya popularidad y aceptación no es sólo central para una enorme parte de la población de nuestro país sino que se ha desarrollado culinariamente.

En efecto, el universo de las hamburguesas se ha venido desarrollando de una manera notable en la última década. Originalmente, las hamburguesas eran la expresión típica de la ‘comida rápida’: producidas en masa con técnicas industriales de línea de producción, con un costo accesible, consumidas en locales difícilmente distinguibles unos de otros. Lo ‘rápido’ pasó a convertirse en ‘chatarra’ gracias a su bajísimo o negativo valor nutritivo, a sus efectos sobre la salud, y al ‘mínimo común denominador’ culinario aplicado en su producción. Pero en los últimos años el consumo de hamburguesas se ha venido desarrollando tanto en volumen como en variedad y sofisticación. En Estados Unidos, ya para 2011 el 50% de los consumidores comían por lo menos una hamburguesa a la semana; y a juzgar por el número de cadenas de hamburguesas que han proliferado recientemente, la tendencia al aumento –no la proporción, seguramente– es similar en Guatemala.

A las tradicionales cadenas de comida rápida, con su producto industrializado y básico –siendo generoso con el calificativo– se han sumado cadenas que le apuestan a la variedad y a la calidad: mejores ingredientes, más variedad de presentaciones, mayor ‘sofisticación’ en sus componentes. Es una tendencia que en la industria culinaria se conoce como el surgimiento de la ‘hamburguesa gourmet’, que tiene como uno de sus epítomes la Hamburguesa Rossini –compuesta de una torta de carne tipo Kobe de ganado australiano, servida con una tajada de ‘foie gras’ en un pan cuya harina contiene ya cebolla– que al costo de sesenta dólares sirven en el Hubert Keller Burger Bar en Las Vegas, Nevada; o las 24 hamburguesas de ‘producción limitada’ –ni una más– que cada noche sirven en Holeman and Finch Public House en Atlanta, Georgia (si no alcanzó una de las 24, puede intentarlo al día siguiente…).

En fin, que mi hija tenía razón y que de la misma manera en que se puede distinguir un tamal preparado con esmero y arte culinario de un rejunte de masa con recado, o un risotto de perfección técnica y gastronómica de un arroz sobre-cocido, se puede entrar a considerar el mérito de una hamburguesa preparada con imaginación y técnica, que incorpore elementos de calidad y de variedad que la hagan sobresalir y la conviertan en una experiencia culinaria. En consecuencia, acepté el reto de mi hija y fuimos juntos a comer a su lugar favorito, dispuestos a ‘comparar notas’ para hacer el comentario gastronómico que ahora tienen en sus pantallas. Debo confesar que accedí a su sugerencia no sin cierta medida de escepticismo.

Frisco Grill es una más de las cadenas de comida ‘semi-rápida’ de tipo norteamericano que han proliferado en Guatemala. Este tipo de establecimientos presentan una propuesta estandarizada, con poco espacio para la creatividad y la originalidad, con menús diseñados en otra parte a los que se ajusta con ciertos ‘toques’ locales. Fuimos al local de la zona 11, en Las Majadas, en un centro comercial de buena arquitectura concebido principalmente para restaurantes. El local es agradable: mucha madera en mesas, paredes y cielos falsos; buena iluminación; decoración sencilla –mesas sin manteles– pero cálida, en un espacio abierto organizado en distintos espacios por altura y exterior/interior. El servicio fue bueno y rápido, aunque debo confesar que tampoco había mucha gente en el momento en que fuimos. Bonito y buen servicio, no vamos mal, pensé.

El menú del restaurante ofrece la combinación típica de este tipo de cadenas norteamericanas, con previsibles secciones y combinaciones de entradas, ensaladas, hamburguesas, carnes y pescado, y postres, en donde la distinción de su oferta culinaria es en el énfasis y en ciertos detalles. La variedad de hamburguesas era llamativa, incluyendo una que incorporaba nuestros entrañables Tortrix como ingrediente y otra vegetariana a base de hongo portobello. Mi hija pidió una hamburguesa con tocino y palitos de queso mozzarella, que reúne varios de sus gustos, y yo pedí una hamburguesa uruguaya, que en vez de la usual tortita de carne molida es hecha con chorizo uruguayo.

De entrada, pedimos unos palitos de queso mozzarella –ahora ya saben otro de los gustos preferidos de mi retoño– que vinieron con una salsa de miel y mostaza. Los palitos de queso no pasaban la prueba: aunque la salsa estaba agradable, el queso tenía un dejo harinoso que hace sospechar que lo ‘inflan’ con harina. No empezábamos bien. Y cuando trajeron las hamburguesas, les aplicamos los tres parámetros que habíamos acordado de antemano. Primero, la calidad de la carne: sabor, punto de cocción y consistencia (criterio variable, ya que hay hamburguesas vegetarianas). Segundo, la calidad del pan: cómo llega hasta la última mordida (entero o deshecho), si se siente recién hecho o jalado de un anaquel olvidado, su sabor. Y tercero: el sabor de la combinación de ingredientes.

 

Hamburguesa con tocino y palitos de queso mozzarella.

Hamburguesa con tocino y palitos de queso mozzarella.

Debo confesar que mi hija me ganó la partida: la experiencia fue culinariamente muy agradable. Vamos, que comimos bien. Mi hamburguesa uruguaya era, en esencia, un choripán de los de antes. Bien hecha, eso sí: muy buena la tortita de chorizo; el pan sabroso y suave pero con la consistencia suficiente para llegar entero hasta el último bocado; la salsa de chipotle que escogí –la alternativa era chimichurri– era buena, tomate y lechuga frescos, y la combinación de todos los ingredientes, muy sabrosa. Lo único que desentonó era el queso mozzarella: poco y de sabor casi indistinguible. De hecho, es posible que esto sea resultado de la combinación de un queso de sabor delicado con el sabor intenso y fuerte de la tortita de chorizo y la salsa de chile chipotle. Posiblemente es cuestión de utilizar un queso de sabor más marcado: un queso gruyere, o un cheddar, verdaderos –eso sí– y no los sucedáneos comerciales de menor calidad.

La hamburguesa de mi hija estaba también muy sabrosa. La preparación con palitos de queso mozzarella fritos no me entusiasmó pero el tocino era de buena calidad así como la tortita de carne: buen sabor, sin exceso de grasa, cocinada en su punto perfecto –término medio, todavía rosada, y no sobre-cocida. Para acompañar las hamburguesas, yo pedí papas fritas y ella anillos de cebolla, ambas opciones bien preparadas, pero dignas de mención las papas: de corte grueso, ligeramente enharinadas, lo que les da una nota crujiente que contrastaba con la consistencia suave y delicada de su interior. Las porciones eran además lo suficientemente generosas como para no dejarnos lugar para el postre.

Barato, ciertamente, no es: cada hamburguesa cuesta entre 80 y 100 quetzales, al igual que las entradas. Con tres bebidas que pedimos, cada una a 25 quetzales más o menos, el total llegó casi a 400 quetzales. No es poco, para un par de hamburguesas, por lo que el restaurante no ofrece la accesibilidad de las cadenas de comida rápida, a las que cada vez más gente puede acudir. Muy pocos adolescentes –por ejemplo– tienen en nuestro país los padres con la disponibilidad económica de mantenerles el hábito de hamburguesas de 100 quetzales. Pero si Usted es hamburgueser@, y se pregunta por dónde anda la tendencia mundial en el desarrollo gastronómico de este plato, visite Frisco Grill. Le va a dar una experiencia culinaria que en las cadenas de comida rápida es, sencillamente, imposible.

Marco Gavio Apicio
/

Creció en esa época prehistórica en que la comida casera no venía congelada y los micro-ondas solo existían en Los Supersónicos. Esta difícil infancia lo marcó para siempre y se resiste a aceptar cualquier forma de industrialización culinaria. Amante de la buena mesa y del buen vino, los busca donde las haya y cuando no los encuentra, los sirve en su casa.


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COMENTARIOS

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    Moises Avila /

    25/01/2016 11:45 AM

    Personalmente pienso que variedad, sabores y estilos de hamurguesas hay por doquier, los precios me espantan! No dejo de extrañar las hamburguesas sencillas que hacían en lugares como: cafetería capri ó café de parís en la zona 1, sin tanto extra eran sencillamente deliciosas. Ya estoy viejo y comer una mega hamburguesa de hoy día en esos lugares me hace crecer la barriga nada más!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Angel /

    19/01/2016 11:45 AM

    He ido a Frisco y como al autor, me gusta la decoración y la parte arquitectónica. Esa combinación de madera con ladrillo con más madera lo hace un lugar acogedor.

    Quizá para alguien que no sepa nada de cocina la comida sea buena... pero a mi la verdad me pareció mediocre. Las porciones son demasiado grandes, quizá para justificar el precio. Mi experiencia con el pan fue un desastre de esos que se deshacen y sencillamente un lugar que vende platillos en pan debería de esmerarse en la calidad del pan. El resto de la comida fue poco memorable.

    Mi consejo es que intenten crear las mejores hamburguesas (o cualquier platillo) en casa. Compren buenos ingredientes y disfruten de verdad. No se conformen.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Chucho /

    18/01/2016 2:36 PM

    El estilo del autor es bastante agradable. El título - quizás - pudo ser menos genérico y señalar que se trataba de una reseña de las hamburguesas de Frisco. No creo que el relato "diga nada". Me pareció bueno.

    Sin embargo, valdría la pena hacer otras reseñas de otras hamburugesas. Querido Combo son espectaculares! Del Puente también son buenas.

    Y los precios, pues sí, son desorbitados dentro del contexto de la economía guatemalteca. Pero tampoco se debe condenar al autor - o a cualquier otra persona - por poder comer una hamburguesa de ese precio. Cada quien es libre de hacer con su dinero (y su vida) lo que quiera siempre y cuando no irrespete a alguien más.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    marco fischbein /

    17/01/2016 3:11 AM

    Aconsejo un lugar de Shawarma que abrieron en la Sexta y 16 calle de la zona 1.Con lo que cuesta una hamburguesa de Fontabella( Q.80) comen 4 personas con bebida(estrictamente no gringa).Es muy bueno pero lastima no hay guardaespaldas afuera.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    El Gnomo /

    13/01/2016 3:35 PM

    Frisco Grill es un restaurante con buena comida pero a mi parecer no pasa la prueba de costo-beneficio.

    Si sus platillos -en especial sus hamburguesas- fueran entre un 30% y 50% más baratas entonces sí sería un lugar mucho más que recomendable. De lo contrario es, como lo hace ver el autor, únicamente aceptable.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    HOYPORHOY /

    12/01/2016 9:34 PM

    Ciertamente la reseña es más que pobre. Al menos conocemos los gustos culinarios de su hija, pero poco más. En cuanto a la comida debo confesar que no conozco el lugar, y sinceramente tampoco quiero/puedo conocerlo. Me parece una barbaridad pagar 400 quetzales por una comida de hamburguesas (de hecho por cualquier comida para dos personas), y en todo caso con ese precio debiera ser una experiencia sublime, no simplemente aceptable. Les recomiendo comer comida más sana y económica, claro no será gourmet pero le dejará un mejor sabor de boca que esta comida pretenciosa.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    alejandro rivera /

    07/01/2016 9:15 PM

    Pagar casi Q400.00 por hamburguesas y bebidas para 2 personas es solo para gente de elite. Un pecado en un pais donde hay mas de 9 millones de pobres y pobres extremos. Despues si alguien los llama alienados e inconcientes, lo tildan de leninista y comunista. Eso demuestra que vivimos en un pais de una minoria enajenada.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Juan Diego coronado /

    07/01/2016 8:50 PM

    El autor habla (escribe) mucho pero no dice absolutamente NADA. pérdida de tiempo.

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

    Claudia Ponce /

    07/01/2016 4:36 PM

    Frisco Grill me encanta, pues además de la calidad de los ingredientes de sus hamburguesas, el servicio es excelente y tienen una buena selección en donde escoger. Las papas fritas son deliciosas, como deben ser, crispy por fuera y suavecitas por dentro. El ambiente invita a comer allá. Mi experiencia con Frisco Grill Fontabella ha sido siempre muy buena.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Gabriel Gutierrez /

    07/01/2016 3:31 PM

    cierto, querido combo es muy bueno. hasta el momento no he probado otra burger mejor .!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!







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