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Un boleto para catar vinos

Con mi esposa hemos desarrollado una afición por el vino que compartimos con sentido de complicidad y aventura. Nuestra relación se ha venido tejiendo con hebras que incluyen vinos memorables, paseos por viñedos, ocasionales catas, felices hallazgos y reuniones con amigos que disfrutan de una buena botella. Felizmente en Guatemala hay una oferta razonable de vinos, variada y abundante, con caldos provenientes de las viejas y las nuevas regiones vitivinícolas.

Gastro Opinión P258
Esta es una opinión

No siempre fue así: recuerdo que tras haber pasado parte de mi infancia en un país vinícola en donde parte de los rituales domésticos era pasar por la ‘botillería’ a comprar la provisión del mes, y en la que las celebraciones familiares siempre se regaban con vino, me llamó la atención que aquí se almorzaba con ‘high-balls’ o cerveza. Lo más sofisticado en vinos eran los in-sofisticados vinos almibarados del Rin y el Mosela, que generalmente fungían como lo que en mi adolescencia se llamaba ‘trago de traida’: una bebida dulzona adecuada para “señoritas”.

Poco a poco comenzaron a aparecer los vinos argentinos y los chilenos, apenas un par de marcas al principio, y no de las mejores.  Pero desde hace unos veinte años comenzó a desarrollarse el gusto por el vino, al grado que hoy aparecen nuevas marcas que compiten en el mercado por el paladar de una clientela cada vez más informada y formada.

Así que para celebrar una de las fechas de nuestro calendario íntimo, salimos en busca de un lugar donde pudiéramos hacer del vino el centro de la experiencia: un bar de vinos. Ya alguna vez habíamos ido a Flights, el bar de vinos de la Vinoteca ubicado en Fontabella, y decidimos volver a probarlo. No nos equivocamos: era lo que buscábamos. Un lugar muy acogedor, una buena variedad de vinos y un menú bien pensado para acompañarlos.

El establecimiento no es muy grande, pero está decorado con muy buen gusto. Aunque no tiene particiones entre sus diferentes secciones, el uso inteligente de un mobiliario variado organiza este ‘plan abierto’ en espacios alternados. Uno puede escoger entre sentarse en la barra, alrededor de mesas altas, alrededor de mesas normales, o en sillones y sofás alrededor de mesas bajas -como en la sala de una casa- distribuidos dentro del lugar o en su terraza cubierta. Nosotros escogimos sentarnos en el ambiente informal y acogedor de un sofá que nos hacía sentir en un espacio doméstico más que en uno comercial.

Nuestra intención original había sido ordenar una botella memorable, pero nos ganó la curiosidad así que pedimos la opción que permite probar tres copas de diferentes vinos, en una suerte de cata personal a la que le han dado el nombre de ‘vuelos’, supongo que con la significación de ‘recorrido’. De allí el nombre del establecimiento.

No se trata de una opción abierta que permita ordenar copas de cualquier botella, sino una propuesta organizada –probablemente por un sommelier- en torno a origen y tipo: blancos o tintos, nuevo o viejo mundo, espumantes, etcétera. Nos quedamos en el nuevo mundo pero nos dividimos el tipo: blancos mi esposa y tintos yo, lo que nos permitió probar seis vinos.

La selección no estuvo mal, y permitía distinguir las diferencias entre las cepas y el tratamiento que reciben. No se trataba de lo que podría llamarse ‘grandes’ vinos –que los tienen en la lista pero sólo por botella-, sino de opciones intermedias. Pero no estuvieron mal; tal vez mejores en lo suyo los blancos –un chardonnay, un sauvignon blanc y un torrontés- que los tintos –un cabernet sauvignon, un syrah  y un malbec.

Para acompañar, pedimos algo ligero. El Tataki de Atún estaba excelente: apenas sellado de manera que continuaba rojo y jugoso, deshaciéndose en la boca. Estaba recubierto de ajonjolí tostado y regado con la característica salsa a base de soya. El acompañamiento era de pepino, arúgula y fideos de arroz. Una delicia, y de alguna manera sorprendente ya que no esperábamos mucho de la comida. Pedimos además una orden de tres ‘dips’: hummus, alcachofa y espinaca, que aunque razonablemente buenos estaban un poco escasos. Si hubiéramos llevado hambre nos hubieran sabido a poco…

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La cuenta fue Q300 por todo: Q69 cada ‘vuelo’ de vinos y Q170 más o menos los dos platos de comida. Considerando la variedad y calidad de vinos degustados, la buena calidad de la comida y lo acogedor del ambiente, nos pareció razonable.

La experiencia de poder hacer nuestra propia cata fue muy agradable. Nos quedaron ganas de regresar, esta vez a probar alguna de las ‘grandes’ botellas que tienen en su lista: por ejemplo, un Gewürtzaminer alsaciano que, acompañado de queso de cabra y durazno, garantiza una explosión de sabores en la boca. O algún Cabernet Sauvignon de esos que han logrado domar a sus taninos para quedar perfectamente ‘redondo’.

En fin, un lugar para regresar. Si usted es amante del vino y si no se ha decidido a donde llevar a su pareja el próximo día del cariño, esta es una muy buena opción. Con dos consejos: pida una botella de la que se vaya a recordar el resto de su vida, y reserve desde ya un sofá…

Marco Gavio Apicio
/

Creció en esa época prehistórica en que la comida casera no venía congelada y los micro-ondas solo existían en Los Supersónicos. Esta difícil infancia lo marcó para siempre y se resiste a aceptar cualquier forma de industrialización culinaria. Amante de la buena mesa y del buen vino, los busca donde las haya y cuando no los encuentra, los sirve en su casa.


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    ANONIMO /

    10/02/2015 9:28 PM

    En efecto, Giovanni. Algunos platos son difíciles de combinar con un vino. En este caso no hubo mucho problema porque el dip disfrazaba bastante el sabor peculiar y dulce/amargo de la alcachofa, y en todo caso no sabría decirte cual es el maridaje correcto porque la alcachofa una de esas verduras que no me entusiasman por lo que no les dedico tiempo. Pero con otras reputadas de difíciles que si me gustan -los espárragos por ejemplo- no he encontrado mucho problema. Con un sauvignon blanc pasan bastante bien. De hecho, otro de los dips era de espinaca que también puede ser problemática, pero mezclada con crema - como en este caso- pierde ese sabor que puede 'metalizar' el vino.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Giovanni /

    10/02/2015 2:12 PM

    Dip de alcachofa? se sabe que es difícil la combinación con el vino, ambos elementos no se ayudan. Que vino escogieron y como les quedo el maridaje?

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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