Acoso sexual en las universidades de Perú: No hay lugar seguro

El 12 de setiembre de este año, la legislación peruana incorporó el delito de acoso, acoso sexual, chantaje sexual y difusión de imágenes, materiales audiovisuales o audios con contenido sexual al Código Penal, es decir, ahora se reconocen como delitos. Esto es un avance, pero aún sigue siendo insuficiente.

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Foto: www.investigaction.net

Imagina esto. Estás tan emocionada de estar en la universidad. Quizá de ser la primera de tu familia en poder ir a la universidad. De tus nuevos amigos. Te va estupendo y resaltas en tu clase. Tienes un futuro prometedor. Y empiezas tus prácticas emocionadísima. Sabes que sí ahorras lo suficiente podrías mudarte, comprarte una nueva computadora, viajar o quizá inscribirte en un diploma para aprender y ascender más rápido. Tienes expectativas.

Pero un día empieza a pasar algo “raro”.

Esas cosas “raras” no te parecen malas. No te lastiman ni incomodan directamente. No detectas malicia. Y las dejas pasar.  

Un día no sabes cómo esas “cosas raras” dejaron de serlo. Las agresiones ya no son indirectas. Ya es malo. Y ya te pasó. Y ya te hicieron daño. Se lo cuentas a una amiga, a unas amigas. Y todas llenas de rabia y furiosas te incitan a denunciar.

Y denuncias.

Pero la persona que te agredió no es cualquier persona. Es alguien importante, con amigos importantes. Y tu no eres nadie más que una estudiante sin contactos que apenas puede con su propia vida en ese momento. Y te dicen que cómo no te diste cuenta. Qué todos lo notaron. Qué fue tu culpa. Tu y tus amigas apelan a los estatutos universitarios que, se supone, deberían protegerte y están vacíos. No quieres hacer una denuncia legal porque no tienes plata. Porque sabes que el sistema judicial de tu país no solo es mediocre, es bien mierda con las víctimas. Das media vueltas y, con tus amigas, lloras.

Tus amigas te dicen que la denuncia pública es una salida. Que si la ley y la universidad no pueden hacer nada, públicamente sí se puede hacer algo. Muchas te van a creer y harán algo por ti. Porque quizá hay más chicas como tú.

Y respiras y te pones a pensar si hay más en la misma situación. Y sí que las hay, lamentablemente.

*

Foto: http://www.revistabellopublico.cl/

En junio de este año, Julio Alegría, docente de la Universidad San Martín de Porres (Perú) fue a prisión por intentar violar a una alumna en un hotel. La alumna (19) había denunciado en reiteradas oportunidades al profesor por tocamientos indebidos. “Me chantajeaba con mis notas. Me tocó en varios momentos y me obligó a hacerle sexo oral”, declaró estudiante.

La agresión sexual también se da entre estudiantes. Un diario local recogió algunas declaraciones de estudiantes de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, la decana de América. Ellas declararon que “no hay ningún mecanismo seguro y efectivo de denuncia en ninguna facultad o a nivel de universidad”. Vacío que obliga a las víctimas compartir el salón de clases con sus agresores.

En diciembre del 2017, en la misma universidad, una estudiante de Ingeniería Química fue atacada con un cuchillo dentro de un baño por un ex alumno. Otra alumna denunció que “un profesor de Antropología intentó abusar de una compañera, ella lo denunció […] pero no se logró nada porque tenía el Consejo Universitario a su favor”. Una situación similar pasó con Leslie (25), estudiante de la Universidad Nacional del Callao: “Me sentí tan sola, dijeron que se presumía la inocencia de él. Es horrible ver a tu violador en el mismo salón de clase”.

Claudia Pérez, es un caso conocido en las últimas semana en Perú. Ella era practicante cuando fue abusada sexualmente por José Ángulo Portocarrero, parte del desaparecido estudio de abogados Caro, Cortez y Massa. Parte del staff de ese estudio que intentó disuadirla para que no continuará con la denuncia, también eran docentes de la Pontificia Universidad Católica del Perú, la universidad privada más importante del país, donde ella también estudiaba. Hoy, 13 años después y en la total impunidad, el caso volvió a salir a la luz ante un posible archivamiento definitivo. Sin embargo, un grupo de estudiantes y egresadas de la facultad de derecho de dicha universidad se organizaron para exigir a la universidad tomar una posición institucional frente a las denuncias de violencia sexual de profesores hacia las alumnas y entre estudiantes. Acción que ha revelado más casos, de los cuales la universidad ha reconocido tres en actual proceso de investigación.

*

En setiembre del 2016, una investigación hecha por el portal Distintas Latitudes arrojó que de 173 estudiantes entrevistadas, el 67% de estudiantes afirmó haber conocido por lo menos un caso de acoso sexual en su institución académica. Asimismo, el 49% de estudiantes no sabía si su universidad contaba con un protocolo contra el acoso y un 39% afirmó que este no existía. La misma investigación arrojó también que de 63 universidades de 11 países, solo 12 contaban con protocolos claros y accesibles en caso de violencia sexual. Esto es importante si queremos decirle basta a la impunidad. ¿A dónde se supone que debemos denunciar si somos víctimas?

Son diversas las casas de estudio que tienen un vacío estatutario respecto a la parte de acoso sexual y/o abuso sexual de docentes hacia estudiantes, y entre estudiantes. Un vacío que deja en la más absoluta impunidad a las víctimas, sobre todo las que carecen de pruebas. Y aquí es preciso hacer énfasis en que no todos los casos de violencia sexual son iguales ni tienen el mismo patrón de ocurrencia. Asimismo, no toda víctima reacciona igual ante una agresión. Muchas sienten (sentimos) vergüenza y podemos tardar años en reconocer lo que nos han hecho. El solo hecho de denunciar es un acto de valentía en el que la víctima merece protección y justicia.

El 12 de setiembre de este año, la legislación peruana incorporó el delito de acoso, acoso sexual, chantaje sexual y difusión de imágenes, materiales audiovisuales o audios con contenido sexual al Código Penal, es decir, ahora se reconocen como delitos. Esto es un avance, pero aún sigue siendo insuficiente. Las y los estudiantes debemos sentirnos seguros en nuestras casas de estudios. Instituciones que elegimos con expectativas de formarnos para hacer un cambio en nuestra sociedad.

Lo mínimo que merecemos es que estos espacios sean un lugar seguro.

Diana Michelle García
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Michelle García-Coaquira Foster | Periodista. Feminista. Fundadora de Wayka.pe y comunicadora de estrategia digital en Calandria. Colaboradora en Perú de Distintas Latitudes y Lateinamerika Nachrichten. Este año es sabático para curarse, disfrutar la vida, beber los vinos que este cuerpo permita. Dominar el violín y terminar - por fin - la tesis.


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    Víctor lopez /

    03/10/2018 11:09 AM

    El hombre es un animal sexual, bueno... La mujer también . MARIA FELIX

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

    Víctor lopez /

    03/10/2018 11:07 AM

    Asia argento del movimiento me too : acusada de agresión sexual a un adolescente y las feministas SILENCIO...

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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