“La negrada” otro caso de apropiación cultural

En México, la visión romántica del indigenismo ha alcanzado a los pueblos afro, “La negrada” es una muestra de ello. Descontextualizando a las comunidades y aprovechando su potencial “etno-folck”, ahora aderezado por el exotismo de lo afro, nos encontramos ante otro caso de apropiación cultural.

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Escena de la película La Negrada.

Hace unas semanas, compartí entusiasmada en mi muro de Facebook el tráiler del largometraje “La negrada”, que estaba por estrenarse en la Cineteca Nacional en la Ciudad de México. La emoción venía de que parte de mi “ombligo” también se encuentra enterrado entre aquellos pueblos de tierra roja y mar de la Costa Chica de Guerrero y Oaxaca. Yo nací y fui criada en el Istmo de Tehuantepec con mi familia materna, indígenas zapotecas pero mi padre siempre nos enseñó a mi y a mi hermana a ver y reconocer nuestra herencia afromestiza, contándonos historias de “La negrada de Cuaji”, de su vida en su pueblo, sabemos zapatear una Chilena tanto como bailar un Son istmeño.

Aún no había tenido la oportunidad de ir a ver la película, pues las producciones mexicanas independientes difícilmente llegan a las salas de cine de mi ciudad, cuando su estreno acompañado por la polémica desatada por comentarios racistas del director en una entrevista para La Jornada, me hicieron cambiar de idea.  . En México, la visión romántica del indigenismo ha alcanzado a los pueblos afro, “La negrada” es una muestra de ello. Descontextualizando a las comunidades y aprovechando su potencial “etno-folck”, ahora aderezado por el exotismo de lo afro, nos encontramos ante otro caso de apropiación cultural.

Las comunidades afromexicanas han sido invisibilizadas tanto en la construcción del imaginario histórico popular del país, como en la formulación de políticas públicas. En los libros de historia de nivel básico no hace la mención debida al impacto del comercio de esclavos africanos en la época colonial, mucho menos existen referencias a las historias de negras y negros cimarrones que huyeron de la esclavitud y se refugiaron en distintas comunidades a lo largo de la costa del Pacífico, compartiendo tierras y vida con los pueblos indígenas que ahí habitaban. Una de las pocas referencias históricas es la de Yanga, el negro rebelde de Veracruz, precursor de la lucha por la independencia que se ha ganado un renglón en los libros de Historia, mientras la ascendencia afro del héroe independentista michoacano Miguel Hidalgo rara vez es señalada.

Por esto, en un primer momento, me alegró el estreno de “La negrada” de Jorge Pérez Solano, cineasta indígena mixteco oaxaqueño no afrodescendiente, retoma en su nombre esa palabra tantas veces escuchada por mi padre, tías y tíos al hablar de sí mismos y de sus paisanos haciendo alusión a su identidad. Me alegró saber que en las salas y festivales de cine nacionales se nombraría a ese México que no quieren ver, de ritmo acelerado, pelo cuculuste y piel oscura y que los actores son habitantes de las mismas comunidades. Me alegró que uno de los temas presentados en el trailer es el de una mujer afrodescendiente siendo increpada por el oficial de migración sobre su nacionalidad, pues me hizo recordar las historias de mi padre que al casarse y mudarse a Juchitán (parte de la ruta de migrantes centroamericanos) fue detenido por oficiales de migración, quienes no lo soltaron por reconocerlo como mexicano sino porque reconocieron el nombre de mi abuela como su suegra.

O la historia de mi primo con dificultades del habla, que se mudó a vivir con nosotros unos años y también fue detenido por migración y casi es deportado por no poder explicarse como años antes lo hizo mi papá, un amigo de la familia lo reconoció y logró evitarnos una maraña de trámites burocráticos; suerte con la que no han corrido muchos parientes y conocidos que, obligados por la situación crítica de la vida en sus comunidades, tienen que migrar al “Norte” ,como hace un gran porcentaje de la población y que en muchos casos han sido repatriados a Honduras u otros países de Centro América cuando en  los oficiales de migración no los creyeron mexicanos. O el más común y menos impactante “Apoco eres mexicanx, ni pareces, te ves como caribeñx”, demostrando el total desconocimiento por parte del interlocutor sobre la existencia de ascendencia africana en México.

Sin embargo, “La negrada” está resultando no ser un reflejo de las comunidades afro, sino la visión estereotipada del director. No muestra la diversidad real de las comunidades afrodescendientes, el fuerte sincretismo con las comunidades indígenas que deriva en distintas tonalidades de piel, rostros y cabellos. Parece (y así se lo dije a mi padre) que en la película se esforzaron por mostrar las pieles más oscuras, haciendo a un lado la diversidad y mostrando una realidad que por ser bidimensional se siente inverosímil. Claro, cierto es que estamos hablando de una ficción y que no por eso debería ser exacto, pero es necesario resaltar que  la cinta se promociona desde un discurso étnico y de la representación de la vida de estas comunidades, del que se está sirviendo para popularizarse.

Esto solo acentúa la gravedad de las declaraciones de Pérez Solano en la entrevista para La Jornada, donde, entre diversas cosas, señala que “el tono de piel que utilizo en la película no llega a lo totalmente negro que yo hubiera querido. Me dijeron que si me metía más iba a encontrar más negros, pero son más salvajes”. Es decir, el director intentó jugar con un ideario romántico de lo que implica ser negro en la Costa Chica, desde la representación física hasta las relaciones sociales. Mostró su decepción al no encontrar el fenotipo que para él, sin identidad afromestiza, representaba a la verdadera negrada pues en sus palabras “ya no son totalmente negros, sino que están mezclados”, triste fue que debido a lo salvaje de las comunidades no pudo conseguir mejores “especímenes”.

Salvajes son entonces las comunidades rurales aisladas, viviendo en contextos de fuerte violencia ocasionada por el narcotráfico, altos niveles de marginación reflejados en los también altos índices de migración hacia Estados Unidos. El racismo nacional empuja a muchos afrodescendientes a negar sus raíces, esta herencia del sistema de clases colonialista, ha llevado además a la negación de una interseccionalidad y sincretismo afroindígena, que solo es fortalecido con estereotipos como los promovidos en “la negrada” donde te puedes llamar negro solo según lo dictan los ojos de los no afrodescendientes. Es crítica también la forma en que se aborda el “queridato” (la poligamia masculina socialmente aceptada) reduciendo el profundo machismo que viven las mujeres afroindígenas a una sola expresión, continuando con la idea de que la historia de las mujeres debe ser contada siempre con los hombres en el centro.

Nos encontramos  entonces ante un caso de apropiación cultural, la cual sucede cuando elementos particulares de alguna cultura son utilizadas por miembros de otra cultura dominante, sin dar el debido crédito o tener la consideración y el respeto adecuados, es decir, un uso mercantil de elementos culturales ajenos que vulnera los derechos culturales. En este caso en particular, el director de la película no es de una cultura dominante pues es indígena mixteco, pero si se encuentra en una posición de poder con respecto a los miembros de las comunidades afro con las que trabajó, hace uso del discurso racial mediáticamente para posicionar la película a costa de crear un estereotipo de lo que implica ser afromexicanx. Esto choca con las reivindicaciones de muchos grupos de activistas afrodescendientes que resaltan la identidad afro en la autoadscripción y ascendencia cultural más que en las características fenotípicas, como también sucede con las identidades indígenas.

La visibilización que hasta cierto nivel se tiene actualmente de los pueblos afrodescendientes en México ha aumentado en la última década y esto ha sido gracias a diversas organizaciones de mujeres y mixtas, defensoras y defensores de derechos humanos de los pueblos afro, que se niegan a continuar en los rincones de la historia, a incidir en la toma de decisiones y a poner sobre la mesa a los afrodescendientes. Algunas de estas organizaciones se han pronunciado en contra de esta película y exigen en un comunicado una disculpa pública a su realizador por sus comentarios racistas y por la reproducción de estereotipos en el film.

Seguirá haciéndonos falta, entonces, a los afrodescendientes de México, que se nos represente con respeto y dignidad, no sólo en la pantalla grande sino en todos los aspectos de la construcción del imaginario, la historia y la memoria popular de lo que es ser mexicanx.

Rosa Marina Flores Cruz
/

Originaria de Juchitán, Oaxaca, México. Formo parte de la Asamblea de Pueblos Indígenas del Istmo en Defensa de la Tierra y el Territorio, desde donde colaboro con temas de derechos indígenas y de las mujeres, justicia socioambiental y educación ambiental.


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