Niña de 8 años víctima de feminicidio en el norte de México

Ana Lizbeth Polina Ramírez, de ocho años, fue secuestrada cerca de la oficina donde trabaja su madre en el municipio de Juárez, México. El martes Ana Lizbeth fue encontrada muerta envuelta en una sábana en un terreno baldío en la misma zona. Las mujeres de Monterrey saliero a las calles a protestar.

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Movilización en contra de los feminicidios el 22 de julio en Monterrey, México. Foto: Chantal Flores.

El corazón se empieza a encoger al ver las docenas de pequeñas cruces rosadas -algunas personalizadas con nombres, otras con la etiqueta de Sin Identificar- que cuelgan del gran arco de herrería que enmarca la entrada al Paseo Morelos, un corredor comercial peatonal en la ciudad de Monterrey, Nuevo León, en el norte de México.

Es domingo, y a pesar de los cuarenta grados, el centro de la ciudad está en su máximo esplendor con familias, vendedores, gente bailando música grupera en la Macroplaza, y niñas y niños corriendo de un lado a otro. Pero hoy, también hay mujeres con pañuelos de color púrpura sosteniendo pancartas que cargan lemas como: “No más feminicidios”, “El crimen pasional no existe”, “Vivas nos queremos”, y el poderoso grito de “Ni una menos”, en escenas que me recuerdan a las protestas de los 90 contra la ola de feminicidios en Ciudad Juárez que por cierto siguen sin resolverse.

Justo un domingo antes, Ana Lizbeth Polina Ramírez, de ocho años, fue secuestrada cerca de la oficina donde trabaja su madre en el municipio de Juárez, pero fue hasta la mañana del lunes, 12 horas después de que los padres de Ana reportaran la desaparición, que la policía municipal de Juárez notificó a las autoridades estatales para activar la Alerta Amber. El martes Ana Lizbeth fue encontrada muerta envuelta en una sábana en un terreno baldío en la misma zona.

El presunto asesino fue capturado después de que se publicara un video de vigilancia, pero la indignación pública aumentó cuando se informó que el hombre, un ex policía local, tiene antecedentes penales por agresión sexual contra menores y pasó siete años en la cárcel. Por eso,  alrededor de treinta colectivos feministas y organizaciones civiles se han unido para demandar justicia y acusar a las autoridades de negligencia en el caso.

“La indignación primero viene porque es una niña pequeña, y de alguna otra forma tiene que ver con la desmitificación de que la mataron por puta. En este caso, otros feminicidios han quedado en el olvido porque ha habido una criminalización, y allí siempre ha sido una justificación para invisibilizar a las víctimas “, dijo Carolina Márquez, miembro de la Red por los Derechos del Niño y del Adolescente en Nuevo León, que organizó la protesta.

Movilización en contra de los feminicidios el 22 de julio en Monterrey, México. Foto: Chantal Flores.

Durante la primera mitad del año, el estado de Nuevo León ocupó el primer lugar en feminicidios, a pesar de su Alerta de Violencia de Género contra las Mujeres (AVGM). La alerta, un conjunto de medidas gubernamentales de emergencia para erradicar la violencia contra las mujeres en lugares específicos, fue declarada en 2016 en cinco municipios, incluido Juárez, cuatro años después de que la organización civil Arthemisas por la Equidad presentara la solicitud.

La primera vez que visité Juárez fue en julio de 2014. Había escuchado sobre algunos casos de mujeres desaparecidas en el Barrio Antiguo, una de las principales zonas de entretenimiento nocturno en el centro de Monterrey, y la mamá de una de las jóvenes vivía en dicho municipio, el cual sufrió mucha violencia durante los años “feitos”, cuando Nuevo León, zona estratégica para el trasiego de droga debido a su cercanía a Estados Unidos, se volvió campo de batalla para los carteles de la droga. Todavía recuerdo que cuando le comenté a algunos amigos y familiares que iba a realizar unas entrevistas allá, me advirtieron: ten mucho cuidado.

A pesar de esas entrevistas, nunca escribí la historia. A los pocos meses, me enfoqué en la epidemia de desapariciones en Coahuila, Sinaloa y Guerrero, y cuatro años después, sigo sin atreverme a escribir sobre las mujeres de mi tierra. Y es hasta hoy, cuando una señora me pregunta “¿Quieres que dibuje tu silueta?” mientras echa gis blanco sobre el piso, que entiendo  por qué. Le contesto inmediatamente que ¡NO! con una ligera mueca, doy un paso hacia atrás y bajo la mirada para observar las siluetas femeninas que yacen en el piso: ellas ya no están, y yo sigo aquí. Esa es la única diferencia.

Movilización en contra de los feminicidios el 22 de julio en Monterrey, México. Foto: Chantal Flores.

Ese mismo año que se activó la AVGM, Jaime Rodríguez Calderón, gobernador de Nuevo León y ex candidato presidencial, respondió a la desaparición de mujeres, declarando:

“No tenemos ninguna queja sobre el secuestro de una mujer, tal vez se van con el novio … No ha habido ningún informe del secuestro de una mujer hasta el momento en la administración. Puede ser que el novio se las lleve sin permiso de los padres “.

Decir que me encabroné, es poco, pero aún así lo dejé pasar porque pues es Monterrey, y nada es más cómodo que no enfrentar el trauma que se guarda en casa. La tercera ciudad más grande de México es tradicionalmente conocida por su cultura conservadora, donde el machismo prevalece tanto en la vida privada como pública. La violencia de género a menudo no se denuncia, no se resuelve ni se castiga, y las pocas veces que se debate públicamente, la atención se centra en las acciones de la víctima más que en el perpetrador.

Aunque no vivo tiempo completo aquí, cada vez que regreso siento como si viviera en dos mundos, uno donde viven las mujeres sobre las que intento escribir, aquellas que fueron violadas, torturadas, traficadas, desaparecidas. Y otro donde están mis otras mujeres, las que me apoyan, me nutren, me acompañan, pero o se hacen pendejas sobre el otro mundo, o es tan abrumadora la realidad que al no saber qué hacer no se hace nada. Por eso estoy aquí, protestando disfrazada de reportera. Porque no sé cuánto más mi corazón podrá seguir escribiendo “mujer es asesinada, desaparecida…”, porque estoy harta de ir y venir entre estos dos mundos que no es más que una sola realidad, porque no puedo seguir pretendiendo que yo soy diferente, que a mí no me va a pasar, que mi vida vale un poquito más que la de ellas, que yo no he alcanzado los niveles de puta como para ser asesinada.

En Monterrey y su área metropolitana no se ha desarrollado una cultura de protesta como en la Ciudad de México u otras zonas del sureste del país y frustra ver que el número de víctimas es mayor que el número de mujeres participantes, pero esta concentración de algunas cincuenta mujeres puede ser la primera señal de una acción colectiva en la ciudad.

“Es importante que la sociedad vea lo que está sucediendo. Es preocupante que cada día hay más mujeres desaparecidas y asesinadas. Y solo hay impunidad “, dijo Itzel Copado, quien se unió a la concentración con su esposo y sus dos hijas.

Movilización en contra de los feminicidios el 22 de julio en Monterrey, México. Foto: Chantal Flores.

Los cientos de familias que recorren la calle Morelos, en lugar de ver la protesta como una interrupción, se paran a leer las hojas de información sobre las altas tasas de feminicidios que las organizadoras han puesto. Decenas de personas se congregan alrededor de las mujeres que expresan su dolor e indignación a través de la música, la poesía, el performance y el bordado, inspiradas en el movimiento “Bordando por la Paz”.

“El bordado es bastante simbólico. Como comunidad, estamos quebrados, tenemos fisuras, nos separamos mucho de otras personas, así que estamos bordando estas heridas que están en el tejido social “, dijo Leticia Esquer, una educadora que dirige la actividad mientras los peatones se unen a ellas. “El bordado es un acto político.”

Después de ver el interés del público, las organizadoras invitan a los participantes a unirse a una marcha improvisada alrededor de la Macroplaza para llevar su mensaje al palacio de gobierno, exigir justicia y gritar: “No somos una, no somos cien, pinche gobierno cuéntanos bien.”

“Soy madre y esta es mi manera de hacer algo al respecto”, dijo Karen Gutiérrez, una joven de 26 años que marcha con su hija de un año. “Siempre es lo mismo, estamos hartas de que no se haga nada. Es solo atole con el dedo, una patada en el trasero “.

En los últimos años, las mujeres mexicanas han realizado importantes protestas en todo el país a raíz de un incremento en los feminicidios, uniéndose a un movimiento creciente contra la violencia de género en América Latina. Se estima que siete mujeres son asesinadas diariamente debido a su género en México, según reporta ONU Mujeres; sin embargo, existe un subregistro de los casos debido a que un gran número de homicidios dolosos no son tipificados por las autoridades como feminicidios.

El lunes, la ONU pidió a México que adopte medidas urgentes para prevenir muertes violentas, homicidios y desapariciones forzadas de mujeres, lo que incluye atacar el problema desde su raíz como la violencia, la violencia armada, el crimen organizado, el narcotráfico, los estereotipos discriminatorios y la marginación de la mujer. Pero leer este tipo de recomendaciones, un día después de protestar el asesinato de una niña de ocho años y de miles de mujeres, no hace más que llenar el pecho de una con coraje, hartazgo e impotencia. ¿Cuántas más hasta que se ataque el problema?

Después del feminicidio de Ana Lizbeth, parece haber una parte creciente de la población que ya no está dispuesta a aceptar la violencia normalizada contra la mujer y los altos niveles de impunidad. Al final de la marcha algunas mujeres se reunieron para definir las acciones próximas porque como dijo una de las compañeras: “No es como que mañana ya no habrá otra mujer muerta “.


Movilización en contra de los feminicidios el 22 de julio en Monterrey, México. Foto: Chantal Flores.

Chantal Flores
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Chantal Flores es periodista y escritora independiente originaria de Monterrey, N.L. Ha trabajado en Toronto, Nueva York, Ghana, Guyana, Colombia y México, y su trabajo ha sido publicado en Al Jazeera, In These Times, Rolling Stone México y Vice. Recientemente participó en The Logan Nonfiction Program en Nueva York donde continuó trabajando en su primer libro, enfocado en las ausencias que la epidemia de desapariciones ha causado en México.


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