#NiUnaMenos el feminicidio de Eyvi Ágreda estremece a Perú

La semana pasada murió en Perú Eyvi Agreda de 22 años, luego de que un hombbre, Carlos Hualpa, le rociara gasolina y le prendiera fuego en un bus en movimiento. Ágreda murió tras 38 días en coma y quemadoras de segundo y tercer grado en el 60% de su cuerpo. El presidente Martín Vizcarra, declaró ante los medios que el feminicidio se trató de un “designio de la vida”.

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Mujeres se movilizan en Lima contra la violencia hacia las mujeres a raíz de la muerte de Eyvi Ágreda, quien hace más de un mes fue atacada por Carlos Hualpa. Foto: Jessica Vicente / El Comercio.

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En este punto creo sinceramente que no existe mujer que no haya sido víctima de algún tipo de violencia. Vayamos a la más común y la más minimizada de todas: el acoso. El siempre mal llamado y mal entendido ‘piropo’ o ‘atención’, ese por el que si nos quejamos exageramos porque no es agresión, es halago a nuestra belleza. ¿Pero qué pasa si no nos gusta? ¿Qué pasa si pese a las atenciones no nos interesa? En Perú nos rocían gasolina y prenden fuego vivas. Eso es lo que le cuesta a una mujer el negarse a las pretenciones del soldado caído. Nos cuesta la vida.

Eyvi Ágreda tenía 22 años cuando subió a un bus con dirección a su casa, como cualquier día al salir de trabajar. A medio camino, Carlos Hualpa, le roció gasolina y le prendió fuego dentro del bus en movimiento. Ella y parte de los pasajeros de la unidad, ardieron en llamas. El pecado de Eyvi fue no querer nada con su agresor. Y este, un mes antes, decidió estudiar sus movimientos ‘solo para desfigurarla’ como venganza, porque si no era de él, no iba a ser de nadie. Ese día, la violencia machista tocó fondo en Perú. Ese día nos dimos cuenta que no hay lugar seguro para nosotras.

Eyvi luchó 38 días por sobrevivir a las quemaduras de 2do y 3er grado en más del 60% de su cuerpo. Los médicos decidieron inducirla al sueño y luego de 8 operaciones, su cuerpo no soportó el shock séptico y murió. Y en este fatídico panorama, hay cuanto infeliz que persiste en que “los hombres también reciben violencia”, que las mujeres seguimos siendo ‘feminazis’ y ‘exageradas’ y que al decir que ‘Nos están matando’ ignoramos la violencia que reciben todos por igual y no solo las mujeres.

Y así es que a muchos no les importa. O se niegan a entender la real dimensión de la violencia contra la mujer que pasamos en el país. Que es abismal y vergonzosa.

Según cifras del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP), los casos de feminicidio (la tipificación del delito de lo que le hicieron a Eyvi) han aumentado en un 26.4% respecto al año anterior. Es decir, si entre enero y abril del 2017 se registraron 34 feminicidios; en lo que va de este año, en el mismo tramo de tiempo, son 43. Hoy, según declaraciones de Eliana Revollar, adjunta por los Derechos de la Mujer en Defensoría del Pueblo, si se suma la cifra de este mes, la muerte de Eyvi Ágreda es la número 58. Es decir, 58 mujeres fueron asesinadas por un acosador/pareja/expareja en el Perú.

Y la violencia contra las mujeres tampoco respeta edad.

En febrero de este año el asesinato de Jimenita (11) marcó un hito en la violencia contra las mujeres en Perú. Ella iba a un taller en un local policial (que se supone era seguro), cuando Cesar Augusto Alva Mendoza la interceptó fingiendo ayudarla, pero la violó, la estranguló hasta matarla y luego le prendió fuego al pequeño cadáver. Según los resultados forenses, Jimenita presentaba varios hematomas en el cuerpo producto de la resistencia al ataque, muestra de que luchó hasta que no pudo más.

En mayo Santusa (44) denunció en varias oportunidades a Juan Luis Bautista (ex pareja) por maltratos y violencia familiar. En una de las agresiones él empezó a estrangularla y sus gritos alarmaron a los vecinos e impidieron que la matara. La policía se lo llevó detenido durante 15 días y cuando este salió de prisión, regresó para matarla y lo logró.

El 14 de mayo, cuando procesábamos aún lo que pasaba con Eyvi, un tuit nos alertaba que un sujeto apuñaló a una mujer en un conocido centro bancario de Miraflores, un barrio pudiente de la capital limeña. Horas después, supimos que la víctima fue Elizabeth Fernández, quien denunció a su ex pareja porque este no entendía que la relación se había terminado. La acosaba y ella le tenía miedo. Entonces al sujeto no se le ocurrió mejor idea que apuñalarla. La apuñaló porque ella le dijo que no quería nada más con él. Elizabeth sobrevivió para contar su historia.

***

Eyvi fue víctima de acoso, como todas en algún momento  de nuestras vidas. Lo lamentable es que el acoso no es considerado delito en ninguna de sus formas. No figura como tal en el Código Penal. Pero sí existen ordenanzas municipales que lo sancionan porque según la Ley 20314 para “prevenir, prohibir y sancionar el acoso sexual en espacios públicos” los gobiernos locales y regionales deben trabajar en conjunto para prevenirlo y sancionarlo. Sin embargo, sólo 18 de los 43 municipios de Lima, la capital peruana, cuentan con ordenanzas que sancionan el acoso sexual. Ni siquiera es la mitad de los distritos.

Casos conocidos son los de Juliana Oxenford y Melissa Peschiera. Juliana Oxenford ha denunciado en varias oportunidades que Winston Manrique Canales la persigue en su centro de labores e incluso ha llegado a su vivienda. “Me persigue en auto, se para horas frente a mi casa y la policía no puede hacer nada porque es enfermo mental pero tiene brevete” ha escrito en twitter, pues la policía no hace caso a sus denuncias al considerar a Manrique un “loco”. Sin embargo su acosador ya tiene antecedentes similares con otras dos periodistas. El caso de Melissa Peschiera, también periodista, es más grave. José Carlos Andrade, su acosador, viene haciendo una especie de reglaje con ella hace varios meses. La ha seguido al trabajo, a casa de sus familiares e incluso a enviado mensajes de texto en los que se hace pasar por sus hijas y ha intentado secuestrarla. Hace unas semanas Melissa tuvo tanto miedo que pidió ayuda a través de sus redes sociales: “Lo que me temía. El sujeto que me atormentó meses, me hizo marcaje, me quiso secuestrar entre gritos y pedidos de auxilio, merodeaba mi casa, siguió y grabó a mis hijos, quedará libre porque las fiscalías, la 5ta y la de Miraflores, no quieren recibirlo por ser feriado. ¡Ayúdenme!” escribió. La presión mediatica fue tanta que la policía llegó a detener a su acosador, pero este fue liberado por “falta de pruebas”.  El último fin de semana, en entrevista en un noticiero local, una colega de ambas le increpó esta situación a la Ministra de la Mujer, Ana María Mendieta, pues si ambas en su condición de influyentes no han logrado nada, qué le puede esperar a una mujer común y ciudadana de a pie.

Gianina es otro caso conocido, ella sufrió de acoso sexual cuando un hombre eyaculó en su falda en la Línea Uno Metro de Lima. Su agresor, Paul Herrera, ya tenía antecedentes por la misma razón y siguió libre haciendo de las suyas. Cuando Gianina lo denunció con las pruebas, lo único que recibió por parte de las autoridades fueron humillaciones y amenazas por parte de la familia del agresor. Porque eso es lo que hacen cuando una víctima de acoso adquiere el valor de denunciar: amenazarla, humillarla y no creerle. No se le hace caso a ninguna víctima hasta que la golpean, la violan o la matan.

**

La indignación y la impotencia aumentan ante las declaraciones de las autoridades, que se supone, nos deben representar y proteger. Minimizan el problema. El presidente Martín Vizcarra, declaró ante los medios que el feminicidio de Eyvi  se trató de un “designio de la vida”. Y no. Un feminicidio no es un designio de la vida, es producto de una sociedad machista que deja en la impunidad a los agresores.

Y así son muchos los que se sumaron a esta ‘falsa solidaridad’ ¿Cómo puede haber solidaridad en los medios de comunicación y colegas que con tal de generar rating exponen a la mujer cual espectaculo sexualizado y es cómplice al no informar con claridad los hechos de violencia que están ocurriendo? Me refiero a la prensa que califica a los feminicidios como crimenes pasionales, la que titula a los violadores como enfermos mentales (y hay un magna diferencia entre un enfermo mental y un hombre consciente con ganas de hacer daño). A la prensa y al colega que revíctimiza a la agredida metiendole cámara y primer plano a sus lágrimas pidiendole detalles o que la pone en pantalla cuando ya es demasiado tarde.

Cómo es que Keiko Fujimori, lideresa del partido mayoritario del Congreso y su bancada – Fuerza Popular/ fujimorismo –  puede “solidarizarse” con las mujeres víctimas de violencia y comprometerse a luchar con ellas, cuando fue precisamente esa bancada la que derogó el Decreto Legislativo1323 que aumentaba la pena al delito de feminicidio, la violencia familiar y de género y cuya lideresa permitió, en su juventud, que su madre fuera torturada en los sótanos del Servicio de Inteligencia.

Luego de la indignación que produjo el feminicidio de Eyvi Ágreda, políticos oportunistas intentaron capitalizar la tragedia.

¿Cómo es que la Iglesia y los grupos conservadores dicen que luchan por la vida de las mujeres si son los principales opositores al enfoque de género en la educación bajo la premisa de Con mis hijos no te metas? Si sabemos que con aplicación del enfoque de género en la educación habría una consciencia real de las dimensiones de la violencia de género hacia las mujeres y la comunidad LGTBIQ. Porque si siendo mujer una ya es vulnerable, imaginen si se es mujer trans o lesbiana. Un enfoque de género en la educación nos permitiría crear un generación que con suerte no pasará lo que estamos viviendo ahora.

***

En la tarde del viernes 1 de junio, cientos de mujeres nos autoconvocamos. Participamos de una asamblea abierta, hemos hecho catarsis y creado y redes de apoyo para ejecutar acciones para defendernos, para autocuidarnos. Ese mismo día marchamos en las calles de la capital exigiendo justicia. Marchamos entre lágrimas porque sabemos que nada nos devolverá a Eyvi ni a nuestras hermanas que ya no están.

Y esto esta pasando en todo el mundo. En cada sitio del planeta nos están matando, quemando, violando. Y estos daños están quedando en la impunidad.

Ya gritamos auxilio. Ya pedimos justicia. Y en ningún caso fuimos escuchadas. Ahora vamos a comenzar una guerra, una guerra contra este sistema machista que no nos respeta, no nos defiende y que nos odia.

En memoria a ellas y a ti, Eyvi. Tu no vas a ser una más.

Mujeres se movilizan en Lima contra la violencia hacia las mujeres a raíz de la muerte de Eyvi Ágreda, quien hace más de un mes fue atacada por Carlos Hualpa. Foto: Jessica Vicente / El Comercio.

Diana Michelle García
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Michelle García-Coaquira Foster | Periodista. Feminista. Fundadora de Wayka.pe y comunicadora de estrategia digital en Calandria. Colaboradora en Perú de Distintas Latitudes y Lateinamerika Nachrichten. Este año es sabático para curarse, disfrutar la vida, beber los vinos que este cuerpo permita. Dominar el violín y terminar - por fin - la tesis.


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