¿Qué está pasando en Argentina? Informe de hechos urgentes para convocar a Latinoamérica

La absolución de Matías Farías y Juan Pablo Offidani por el abuso sexual y femicidio de Lucía Pérez, la denuncia pública que hizo la actriz argentina Thelma Fardin sobre el abuso sexual del actor Juan Darthés hace diez años y hace dos días, la aprobación de la Ley Micaela tienen a Argentina revuelta y los movimientos feministas están haciendo temblar la tierra.

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Foto: Natalia Andrea Mera Sandoval/ Archivo Movilización Ni Una Menos 2017

En el último mes en Argentina han sucedido al menos tres hechos que se convierten en eje para abrir conversaciones y debates sobre las agendas urgentes del feminismo, hechos que también han puesto en evidencia la hipocresía del Estado, su carácter psicopático y por supuesto, los distintos comportamientos de la sociedad, que al menos en la Latinoamérica de los últimos tiempos, le ha sido funcional al sistema heteropatriarcal según los resultados electorales y las elecciones de sus referentes.  Estos hechos son: la absolución de Matías Farías y Juan Pablo Offidani por el abuso sexual y femicidio de Lucía Pérez (octubre de 2016). La primera semana de diciembre, la denuncia pública que hizo la actriz argentina Thelma Fardin sobre el abuso sexual del actor Juan Darthés hace diez años y hace dos días, la aprobación de la Ley Micaela.

Impunidad en el feminicidio de Lucía Pérez

El repudio a la absolución de los abusadores y femicidas de Lucía Pérez de parte de la colectividad de los movimientos de mujeres se hizo notar en redes sociales, programas de radio, de televisión y por supuesto en documentos escritos por organizaciones como #NiUnaMenos que pusieron de manifiesto en varios espacios periodísticos que a Lucía la mataron dos veces, la primera vez sus violadores y la segunda vez la justicia donde rige el patriarcado: “Quieren decirnos que su vida no cuenta, que las relaciones de poder que son la base de la violencia machista no existen, que el enorme movimiento feminista que llevó su sonrisa como bandera de lucha a todos los rincones del país tiene que callarse.”

No podemos olvidar que el primer paro de mujeres en Argentina (2016) se realizó pidiendo justicia por Lucía y las que no volvieron y que a este documento manifiesto, adhirieron cientos de personalidades destacadas del movimiento de mujeres, de derechos humanos y de organizaciones políticas y estudiantiles.

#MiráCómoNosPonemos

La denuncia pública que hizo la actriz argentina Thelma Fardin sobre el abuso sexual del actor Juan Darthés hace diez años se realizó en un espacio convocado por las #actricesargentinas, #periodistasargentinas y #abogadasargentinas, todas colectivas de mujeres organizadas por distintos temas, uno principal, el que denunció Thelma en aquella rueda de prensa, otro tema importante que las convoca a organizarse, la precarización laboral. Detrás de la denuncia pública de la actriz hay una historia que atraviesa los relatos de otras mujeres que ya habían denunciado pública y judicialmente al actor, detrás de este caso también hay una decisión política que le permite a Thelma encontrarse con su dolor en el abrazo y las palabras de sus pares para construir un mundo sin más víctimas, un contexto justo. Entonces, detrás de la denuncia de Thelma también hay una estrategia política que cuida su cuerpo y su mente y por supuesto, que nos cuida a todas las que fuimos o no víctimas de abuso sexual.

El caso de Thelma ha generado una tendencia altísima en redes sociales y medios. Las denuncias públicas de otras mujeres a las líneas de atención a mujeres víctimas de abuso y por supuesto, las puestas en palabras hacen parte de un archivo muy valioso que esta época dejará en las redes sociales, esos no-lugares donde parece que la gente habla sola, donde a veces el espacio personal se traslada y por supuesto permite que las palabras vehiculicen cualquier relato que ese cuerpo -ausente en la red- que sufrió usos y abusos pueda expresar. Estas denuncias públicas también son consecuencia de un sistema donde los medios de comunicación únicamente sirven para replicar el dolor y no la transformación de ese dolor en lucha y en reclamo de derechos.

Por supuesto, los medios de comunicación, especialmente la televisión hace juego proponiendo espacios a las feministas, que por supuesto ocuparemos a nuestro modo y desde nuestras decisiones propias. Haciéndole el quite a los Viale que entrevistan a violadores en sus cocinas pretendiendo que su supuesta mirada objetiva nos va a convencer, los Viale invitan para llenarse sus bolsillos por el rating que puede generar nuestra presencia ahí y se enojan cuando una es capaz de decir: no. No es no y entre menos cómplices de abusadores tengamos cerca, más protegidas estamos. Este sistema mediático, que revictimiza a las mujeres que han sido valientes y no callaron más, es cómplice también de la “justicia” que mató de nuevo a Lucía Pérez, la misma impune que permitió que Darthés demandara a Calú Rivero para detener su denuncia. Es el mismo sistema hipócrita que proyectaba en la televisión las propagandas en contra del abuso, esos clips pagados por el gobierno a éste mismo violador (Darthés el actor).

Sin duda, el poder que ejercen los medios, invita a plantear nuevas discusiones vinculadas con la construcción de un discurso de cuidado de parte de los éstos, ya que el uso de los relatos o denuncias está siendo usado desde la moral, apelando a las emociones y esto revictimiza a las mujeres, nos retrasa como sociedad, nos sumerge en el llanto de la víctima que no sale más de ese lugar. Los casos de abusos suceden porque en el mundo que habitamos existen alianzas, pactos corporativos, heteronormativos y heteropatriarcales que permiten la existencia de abusadores. La violación es un acto de poder y de dominación, que no tiene finalidad sexual, dice la socióloga feminista Rita Segato. Un violador ejerce poder sobre una persona y a partir de eso, la cuerpa y la mente quedan contaminadas de miedo, angustia y culpa. La decisión de abandonar el silencio y plantear la denuncia pública, es un acto político que toman las personas que han sido abusadas y esta acción debe garantizar un estado distinto a ese de víctimas, y ahí, después de la denuncia pública y judicial, la justicia debe garantizar derechos y por supuesto, la sociedad también debe hacerse cargo.

La Ley Micaela

Esta presión social generó que el Poder Ejecutivo permitiera desempolvar la Ley Micaela, un documento que ni siquiera se encontraba en la agenda de debates en los recintos de Diputados ni Senadores de la Nación. Pues bien, hace dos días esta ley fue aprobada.

Si vamos a hablar de la aprobación de esta ley, es necesario al menos repetir quién era Micaela García. Pues bien, Micaela tenía 21 años cuando la mataron, fue una joven feminista y militante del movimiento Evita, la joven mujer fue asesinada el 1 de abril del 2017 después de salir de un boliche en una localidad entrerriana. La ley que hoy lleva su nombre propone un Programa Nacional Permanente de Capacitación Institucional en Género y Violencia contra las Mujeres, en la cámara, tuvo 171 votos a favor y uno en contra por parte del Senador Olmedo.

Una de las dificultades que presenta esta Ley, es la falta de presupuesto para el proyecto. En este momento no se conoce el equipo que capacitará a los funcionarios públicos y el Instituto Nacional de las Mujeres (INAM) que supuestamente es la institución encargada de llevar adelante el proyecto, cuenta con un presupuesto para el 2019 que se generó sin tener en cuenta las condiciones de inflación, en cifras, el INAM contará con 234,3 millones de pesos, es decir, $ 11,36 por mujer. Durante el debate, Nancy González (FpV, Chubut) denunció que desde hace un año y medio está cajoneada la ley de emergencia en materia de género. Lo que de nuevo pone en jaque las decisiones que gobiernan en un Estado hipócrita y mentiroso.

Foto: Natalia Andrea Mera Sandoval/ Archivo Movilización Ni Una Menos 2017

La revolución es ahora

La revolución es ahora, dijo Lohana Berkins, la activista trans,  en la última carta que dejó a Marlene Wayar. Sus palabras las citó Luli Sánchez, una activista del aborto y el misoprostol desde hace más de 10 años. “La he venido leyendo porque es abogada y me explica muchos datos necesarios para estos últimos días. Le tomé sus palabras para pensar en este tiempo, porque sí, el feminismo es revolucionario, es ahora.” Las palabras de todas las mujeres unidas y organizadas que he podido leer y escuchar últimamente resuenan y proponen ejes. Estas palabras son urgentes y las que permanecen escritas en espacios como ésta revista son documentos que sirven para cuestionar la Historia hegemónica, la que escriben los machos. De este modo, aquí la escritura es un trabajo que propone interpelar las ideas para no caer en dogmas y para recordar que además de luchar por los derechos, por la conquista de espacios, en el feminismo estamos para llamar a cuestionar esa matriz de masculinidad que es funcional a un sistema generador de violencia.

Lo personal también es político. Uno de mis pensamientos más recurrentes en la cotidianidad está vinculado con intentar recordar en qué momento empecé a cuestionar el sentido común y al sistema que lo propone. Las respuestas que me he dado a mí misma me plantean recuerdos de la infancia y también momentos vividos en los últimos años, junto a feministas, activistas y militantes que me han abrazado por medio de palabras y ahí, en el lenguaje de lo colectivo y de la unión es donde recuerdo mis privilegios, porque esos espacios de reflexión, incluso éste de expresión y permanencia de la palabra, a muchas/a la mayoría les ha sido negado.

En esta época la violencia está narrada también por muchas víctimas sobrevivientes y el sistema mediático es una polifonía que se dedica a la revictimización a partir de la repetición de las emociones a las que apelan esos relatos y no, a lo que generó dichas decisiones de la puesta en voz de dichas denuncias. En este ahora, lo revolucionario del asunto es compartir en colectividad los relatos que nos permiten atravesar el dolor de lo que el mundo heteropatriarcal nos negó, en esas historias de vida que van saliendo de nuestros cuerpos usados es que encontramos un compartir constante del lenguaje para que la lucha por la justicia social siga atravesando cualquier muro.

El feminismo es una tela de araña, es una planta rizomática y también es un tejido. El feminismo es para todas las personas, cada uno de los casos de violencia devenida de los pactos corporativos del heteropatriarcado, se parecen en su estructura. El miedo también nos ha enseñado a saber qué métodos usar para no ser violentadas, por eso conocemos cómo es que actúan los abusadores. El abrazo de la unión con otras, sus palabras y la colectividad nos permiten articular acciones para que el mundo en el que vivimos sea mejor y la personas puedan pensarse desde otro lugar, el que deciden y no el que les otorga el patriarcado.

 

Natalia Andrea Mera Sandoval
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Feminista Colombiana radicada en Buenos Aires. Columnista de Vuelta de Página (Revista UBA-UNSAM). Inventa historias y escribe poesía de madrugada. Es Licenciada en Literatura, realizó estudios en la Maestría de Estética y Teoría del Arte y actualmente cursa una Especialización en Literatura infantil y Juvenil. Es fotógrafa y dibujante aficionada y acompaña la lucha y resistencia de algunos colectivos defensores de Derechos Humanos.


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    Víctor López /

    22/12/2018 8:10 AM

    Todo el peso de la ley a Los violadores. PERO PENSAR QUE LAS FEMINISTAS HACEN TEMBLAR LA TIERRA !no! SOMOS LOS HOMBRES Y MUJERES QUE NO APOYAMOS AL MOVIMIENTO: FEMINISTA, GAY, ABORITISTA , SEXO POR TODAS PARTES, les tenemos un mensaje a las feministas : si quieren dividirnos no podrán NOSOTROS LOS VARONES Y MUJERES QUE NO TOLERAMOS movimiento tan perverso les decimos : nososotros vamos a causar :UN GRAN TERREMOTO QUE USTEDES van a tener que esconderse...

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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