“Voy a ser estigmatizada, perseguida, quizá me maten, pero no puedo dejar de ser lo que soy”: Marlene Wayar

“Si nos podemos situar por un lado, desde una posición empática con el dolor de les otres y con aquello que no podamos empatizar, hacer un esfuerzo por la solidaridad, yo creo que vamos a tener un mayor impacto en focalizarse en quién genera la mayor violencia y evitar esa violencia.”

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Marlene Wayar

Marlene Wayar nació en Córdoba en (1968) es activista travesti, cursó estudios en cerámica, es psicóloga social y además dirige el primer periódico travesti de Latinoamérica: El teje. También trabaja en otros proyectos sociales  coordinando Futuro Transgenerico, es Co-fundadora de la Red Trans de Latinoamérica y el Caribe “Silvia Rivera” y una de las fundadoras de la Cooperativa Textil Nadia Echazú.

Cuando me atiende el llamado dice: voy en tren hacia Bolougne, si me escuchás bien, está perfecto. Entrevistar a Marlene Wayar en movimiento fue una linda metáfora de lo que ella propone como identidad. Para Marlene las personas nos construimos todo el tiempo, vamos siendo todos los días, nos vamos tejiendo al lado de otres. Yo no sé muy bien lo que soy, sí puedo decir qué no soy dice Marlene en Travesti, una teoría lo suficientemente buena  su última publicación editada por la Cooperativa Muchas Nueces.

Volcánica (V): ¿Por qué crees que nuestros discursos de lucha y resistencia deben emerger de una teoría que encuentra asidero en la infancia?

Marlene Wayar (MW): Son varias razones, digamos. Una de las que aflora más fácilmente es que estamos superfragmentadas, somos microsociedades dentro de la porción de la sociedad que está en contra, en oposición o de situación crítica frente al sistema heteropatriarcal. Somos de izquierdas político-partidarias, de organizaciones civiles, de organizaciones identitarias, étnicas y entonces, se produce una microfragmentación en donde lo primero que surge es que nadie puede hablar por mi y mi situación es totalmente particular y en esto, vamos perdiendo el pacto crítico. Si nos podemos situar por un lado, desde una posición empática con el dolor de les otres y con aquello que no podamos empatizar, hacer un esfuerzo por la solidaridad, yo creo que vamos a tener un mayor impacto en focalizarse en quién genera la mayor violencia y evitar esa violencia. Uno de los puntos donde más se halla es la infancia, todes podemos abordar nuestra propia infancia, no una infancia abstracta; yo niña, viendo cómo el heteropatriarcado me violentó, yo niña viendo, en un grupo de niños y niñas, cómo ellos y ellas fueron violentades y desde ahí creo, que podemos identificarnos muy bien más allá de que luego los recorridos hayan sido hetero-étnicos, hayan sido de izquierda o socialdemócrata o lo que fuere.

Entonces ahí podemos encontrarnos, la infancia nos permite hacer consensos mínimos, porque a veces lo que se está escuchando es que tenemos muchas más diferencias entre sectores con los que deberíamos estar en alianza, en red contra ese gran enemigo heteropatriarcal que se basa en el fundamentalismo ideológico-religioso, en lugar de focalizarnos en la lucha contra ellos, somos mucho más beligerantes entre nosotras y nosotres, no podemos consensuar marchas mínimas, encuentros mínimos…Algo de esto se va mostrando en contraposición por ejemplo con el movimiento de mujeres hoy y el movimiento feminista y el movimiento de las disidencias sexuales en la calle por ejemplo en Argentina y en toda Latinoamérica. Y digo con esto, hay una cosa ahí que tenemos que defender en común que es la autonomía sobre el propio cuerpo y todas y todos vamos por eso.

V: Respecto a eso que mencionas del cuerpo, no podemos olvidar todos los testimonios e historias que actualmente se visibilizan en medios y redes sobre el abuso y la violencia , relatos de adolescentes y de mujeres que han sido abusadas en su infancia también. Aquí se evidencia muy fuerte esa ausencia de lo que llamas atender al yo niña, les otres niñes para poner en palabras las violencias, ¿no? Entonces, el escrache al abusador ha sido una respuesta a otras ausencias, como por ejemplo a la de hacer justicia a falta de los mecanismos de acompañamiento por parte de los Estados y también esto ocurre por falta de una Educación Sexual Integral en las escuelas.

MW: Claro ese sería otro de los aspectos por los cuales la infancia es importantísima, porque a pesar de todo el ejercicio de los marxismos y feminismos, nos alejamos. La emergencia nos distrae de terminar de entendernos como sujetas y sujetos históricos con procesos y caemos en la cuenta de que una mujer de 37 años dice “tal cosa” respecto del patriarcado o lo dice en forma general. Ahora, cuando decimos: No, yo niña fui abusada, cuando vemos las estadísticas—al menos en América Latina— muy cercano del 90% de todos los abusos que se dan sobre niñas, niños y adolescentes, son intrafamiliares, esto sin duda, muestra el mundo adulto más cercano y sobre todo que somos infancias maltratadas, tenemos que visibilizar esto.

En la experiencia —radicalmente diferente—que tiene la comunidad travesti, al menos en Argentina, pero esto se puede intuir a lo largo de toda Latinoamérica, pero por estadísticas concretas, al menos acá, entre los 8 y los 13 años asumimos nuestra identidad, en ese mismo recorte de edad esos hogares heterosexuales cristianos, patriarcales, capitalistas, neoliberales, demócratas, de izquierda, obreros, obreras y demás, nos dejan en situación de calle en vulnerabilidad absoluta, a niñes. Hay toda una gran sociedad adulta que a esos niños tirados a la calle —para sobrevivir— les ofrece una transacción, totalmente neoliberal para usar su cuerpo como beneficio sexual, para poder pagar su sanguchito, su café con leche, su techo diario. Entonces, no tiene problemas en vendernos estupefacientes, drogas ilegales, en cobrar alquileres carísimos entre los 8 y los 13 años. Esto es, la infancia de manera flagrante, usufructuada, violentada, prostituída, “proxenetiada” por este mundo adulto.

Entonces, dejemos de hablar de eufemismos y generalidades y pongamos cuáles son los casos y en qué medida suceden; ahí están las estadísticas para decirnos, cómo suceden en realidad: la infancia es violentada y no somos personas adultas en situación ahistórica, aclasista, aétnica, decidiendo de manera autónoma si prostituirnos o no, sobre si abortar o no, si tener una familia o no. Somos formateados por una pedagogía del odio constante que abusó de niños y niñas adolescentes, esto es terrible. Somos hoy, el movimiento feminista y el movimiento de mujeres está pudiendo evidenciar eso: no sólo he sido violada por mi marido, he sido violada de niña. Por eso, después se hace posible una construcción subjetiva que se deja usar en otros aspectos y busca tanto el empoderamiento que es muy fuerte y se está logrando a partir del coraje de muchas que están logrando poner en palabras, gracias a un sistema de comunicación que se está dando por otras vías y no solamente las vías hegemónicas. Aquí también podemos visibilizar cómo el sistema patriarcal, a través de su sistema jurídico actúa de manera violenta para sancionar cada una de nuestras puestas en voz. Cuando la mujer va a denunciar los policías que la reciben le dicen que va a ser duro, las tratan y las miran mal, con violencia, les hacen repetir la situación y eso la revictimiza. Entonces, son un montón de pasos pedagógicos de cada instancia social que muestra cómo somos sistemáticamente violentadas las feminidades en particular.

V: En Travesti, una teoría lo suficientemente buena aparece una afirmación muy potente respecto a la deconstrucción. ¿Por qué deconstruir la heterosexualidad?, este cuestionamiento que, no recae sólo hacia la decisión o el autopercibimiento del género, que no está simplemente cuestionando el gusto sexual, sino que va por el sistema que nos conduce nuestros deseos y nos obliga a cumplir con la heteronorma…

MW: Exacto, ese sistema de imposición y de manera velada que nos empobrece. Porque es como la vieja metáfora de Caín y Abel. Es decir, no trabajar para ser buena en tanto mis propios conceptos éticos o morales, sino que mis acciones van en desmedro de las demás personas. Construyendo de ellos, monstruosidades, escarnio, oprobio para yo sentirme buena en mi pobreza. Este mundo adulto del que estamos hablando, de patriarcales, colonialistas, neoliberal, heterocentrado, fija una fantasía totalmente cruel que entre otras cosas, tiene grandes paradigmas que parece el ordenador de toda la cultura: somos el no matarás, sin embargo para la sociedad, el mejor negocio es matar, con la guerra, la hambruna, la desatención sanitaria, la fabricación de armas, la exclusión de vías y de posibilidades de desarrollo, alimenticias, laborales, todo esto es muerte. Sin embargo, y de manera muy tajante, este mundo heteropatriarcal dice, tu elegiste por este paradigma que es el no matarás. Y estamos siendo cómplices del asesinato social y cotidiano.

V: La propuesta que plantea tu libro es hacia una Teoría que nos pone a pensar en las metodologías de ese sistema de pensamiento heteronormativo y occidental que por supuesto dirige nuestro sistema educativo actual. En este sentido, la teoría que propones hace parte de un gran tejido donde otres también la construyen, sus voces, la presencia de espectadores como público y el lugar que evidencia la colectividad hace parte del andamiaje de esta metodología de la compilación, ¿es posible estructurar esta teoría?

MW: Quizá esto sea una intuición y sólo una intuición. Tiene que ver con la convicción de que la construcción de conocimiento debe ser colectiva. A veces las maneras parecen colectivas pero siempre hay una firma, hay un copyright, alguien factura y alguien cobra el rédito. Vamos e investigamos en el campo de —por ejemplo—la travesti en prostitución. Ahora, una sola persona recibe un título gracias a esa tesis de investigación y, ni siquiera esa persona vuelve a esa prostituta a agradecer, a compartir ese conocimiento para poder avanzar. Entonces para mí es importante que esta conclusión sea colectiva y, por un lado tratar de combatir el problema endémico, hoy en día para la comunidad travesti que es, por ejemplo si Claudia Rodríguez está en Chile y yo estoy en Buenos Aires, se nos hace casi imposible juntarnos y ver en qué sentido estamos produciendo. Con las chicas de Córdoba también o Guatemala, Colombia, Brasil, en últimas, los lenguajes también son distintos. Entonces, poder sumarnos y dejar el registro de eso con todo el respeto que tengo por lo oral, dejar el registro escrito es importante para circular las reflexiones y lo conversado. Por otro lado en interacción con voces jóvenes, con las y los jóvenes a las que estamos formando como en el caso de los talleres de formación de Universidad de La Vaca en comunicación social. Poder certificar la producción de conocimiento en clase, en exposición de qué hablo yo en clase. Me tomo la responsabilidad de la energía joven instituyente porque con 50 años, quiero ser un puente y no una voz acrítica desde lo instituido.

Hoy los paradigmas son la feminización del pensamiento, de las acciones de las experiencias pero también de lo joven y de lo niñe.

V: Hablando de espacios ocupados por las colectividades disidentes, por el movimiento de mujeres y los feminismos, otro punto de encuentro lo tenemos ahí donde la producción documental hace parte de la historia a la que sólo nosotres podemos darle voz porque los relatos. Los relatos y las reflexiones puestas en voz y en palabras documentadas, hacen parte de los registros que ese otro discurso hegemónico histórico censuró. Hablemos de El teje Marlene, un producto cultural y periodístico donde  sin duda es evidente el amor como motor de la deconstrucción constante…

MW: Bueno, El Teje fue un proyecto con el que interpelamos con el área de tecnología y género del Centro Cultural Rojas de la Universidad de Buenos Aires a la institución, a la Universidad. Diciéndoles, bueno, hay un derecho a la educación del cual la comunidad trans y travesti ha sido excluida. Entonces, en qué medida se va a hacer cargo la Universidad y ahí surgieron estas capacitaciones para estas crónicas y esta investigación periodística. A partir de talleres se fueron trabajando las notas que iban a ser impresas en la revista de papel. El Teje duró alrededor de 8 números y se empezaron a gestionar subsidios, pero de todos modos fue una situación totalmente enriquecedora donde pudimos trabajar en el proceso pedagógico, donde pudimos trabajar sobre el trabajo de rescatar lo oral sobre la cultura escrita. Fue una experiencia donde pudimos hablar en primera persona sobre nuestra colectividad. De la que hoy puedo decir que estamos trabajando para subir estos números históricos, todo esto que se produjo a la web para que se puedan leer en cualquier formato digital. Pero a la vez, esto invita a que volvamos a conformarnos en un grupo para que a lo largo de este año podamos ver que realmente sea un medio periodístico con actualidad que se actualice poco a poco. La verdad que es un proceso pedagógico maravilloso, poder trabajar de la mano con mis compañeros y compañeras.

V: Haces parte de la generación de Lohana Berkins, Susy Shock, Nadia Echazú, Diana Sacayán. Todas líderes travestis que pudieron levantar la voz por la silenciadas y asesinadas. Una generación que a través del arte y del amor conquistó espacios académicos, culturales, judiciales… ¿Cuáles son los hitos simbólicos en la Historia de la colectividad Travesti?

MW: Algunas personas que hicieron parte de esta historia que estamos reescribiendo no puedo nombrar, porque aún están perdidas en esa otra historia, es un trabajo casi inabordable. Tengo que remitirme a las que existieron en este continente previo a la Conquista, ¿no? Dibujadas por Theodoro de Bry y relatadas por los cronistas de Indias y están en las bibliotecas europeas del colonizador holandés, francés, inglés, portugués, español, esto es algo que todavía se nos debe. Tenemos relatos de Álvar Núñez Cabeza de Vaca que cuenta cómo las laceraron en plaza pública, las devoraron sus perros y a esas no las podemos nombrar. A Silvira Rivera y sus compañeras en Stonewall, pudiendo hacer una gesta que realmente empezó a transformar el mundo, y ahí está esa potencia que es Latinoamericana, travesti y lesbiana. Después en nuestro contexto más cercano y que a mí me tocó compartir, que hace parte de mi recorrido vital, estar  con Nadia Echazú en lucha por los delitos policiales junto a Lohana Berkins y de todo esto, Lohana termina haciendo la Cooperativa Nadia Echazú que no solo implica el cooperativismo, la alianza para el trabajo por fuera de la institución sino también la posibilidad de empezar a nombrarnos, rescatarnos como nuestras propias heroínas. Este lugar para honrarnos a nosotras mismas porque había mucho esto de no creernos dignas de hacer otra cosa. A esta ocurrencia de Lohana se suma Diana Sacayán con su movimiento territorial, también con Maite Amaya en Córdoba, todos estos movimientos en donde se puede visibilizar de una mejor manera todo lo que nos cruza en el barrio, en el campo, en la familia, nosotras no queremos dejar de tomar la bandera de desocupades, de ecologistas. Estas luchas también nos duelen, más allá de quién las represente, Diana la piquetera, trabajadora por los barrios contaminados, Maite elegida por las doñas de los barrios para que las represente, hoy estas compañeras no están, pero hay otras chicas y chicos trans que están capacitándose y recibiendo formación en la universidad para recuperar estas luchas totalmente territorializadas, ya están teniendo herramientas teóricas para poder juntarnos en momentos para ver qué estamos produciendo en común y en conjunto y esto es muy importante porque la producción de conocimiento como la conocemos es en solitario y en estos lugares de convocatoria colectiva se nos permite trabajar con otres.

V: Y para terminar, Marlene: ¿Por qué piensas que la Revolución es hoy?

MW: Porque es urgente. Yo soy de una generación que va entrando a la secundaria cuando Argentina va entrando en la democracia después de la Dictadura Cívico Militar. Y ahí me estoy enterando que en mi infancia, mientras yo me desarrollaba de manera bastante feliz, en mi país habían desaparecido, torturado, encarcelado y robado niñes. Después me toca pasar esta realidad de hoy, donde la mayoría de mi colectivo, mientras yo estaba estudiando, ellas se estaban prostituyendo. Entonces nosotras nos propusimos que no nazcan niñes en el mundo como nacimos nosotras. Hemos visto mucha transformación pero bueno, es urgente que no sigan naciendo niñes en un campo minado donde sus familiares les violan, sus hermanos, el tío, el padre, el profesor. Por eso la Revolución es hoy porque nos implica autorevolucionarnos, dejar de pedir la Revolución a otros. Poniendo en palabras, tomando acciones que en alguna medida cambien nuestro pequeño contexto. Después vemos cómo impacta en lo macropolítico, pero si no trabajamos en nosotras mismas la esperanza es imposible ponerla ahí. Como dice cada una de las travestis que viene a este mundo está bien, voy a ser estigmatizada, perseguida, quizá me maten a los 32 años (promedio de vida de las travestis), pero es mi vida y es hoy. No puedo dejar de ser lo que soy. Y este es un llamado a todos y todas, para que no se dejen alienar por ese sistema. Lo que necesitamos es amor, abrazos concretos y redes de amor así sea desde las catacumbas, por lo bajo, como nos sea posible.

 

Natalia Andrea Mera Sandoval
/

Feminista Colombiana radicada en Buenos Aires. Columnista de Vuelta de Página (Revista UBA-UNSAM). Inventa historias y escribe poesía de madrugada. Es Licenciada en Literatura, realizó estudios en la Maestría de Estética y Teoría del Arte y actualmente cursa una Especialización en Literatura infantil y Juvenil. Es fotógrafa y dibujante aficionada y acompaña la lucha y resistencia de algunos colectivos defensores de Derechos Humanos.


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    Cesar A. /

    01/02/2019 10:40 PM

    Ni perseguido, ni asesinado. Y sos un hombre.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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