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La Verbena, la caseta de Sergio y un diario de víctimas del coronavirus

Este es un relato de cómo se vive la pandemia a pocos metros del cementerio que concentra a la mayor cantidad de personas fallecidas durante la crisis sanitaria y cómo las municipalidades se preparan en medio de la tragedia.

Actualidad COVID-19 P258

El cuaderno de Sergio y el único recuerdo que las familias tendrán del entierro. Foto: Carlos Sebastián.

“Yo era niño y recuerdo que mi papá siempre se lamentaba de todo, que no había trabajo, que no había dinero y ya tenía desesperada a mi mamá. Durante días a mis papás les estuvieron insistiendo en que había que ponerle nombre a la caseta y pensamos en ponerle El Último Adiós, o algo así. Cuando vinieron a pintar el nombre, mi mamá enojada le dijo al pintor que le pusiera Los Lamentos, porque mi papá solo eso hacía. Si él viera cómo estamos hoy, más se lamentaría”.

Entre risa y pena Sergio cuenta el origen del nombre de su negocio, el que heredó de sus padres, una caseta de color naranja ubicada a pocos metros de la entrada del cementerio público La Verbena, en la zona 7 de la Ciudad de Guatemala. 

Ante la crisis sanitaria por COVID-19, el Ministerio de Salud estableció que ese camposanto sería el destinado para enterrar a los fallecidos por la enfermedad. Eso provocó que durante los cinco meses que lleva la pandemia, Sergio, desde su caseta, se convirtiera en testigo de decenas de despedidas dolorosas, rápidas y atípicas. 

Hasta el jueves 20 de agosto el Ministerio de Salud reportó que 2 mil 506 personas han fallecido por coronavirus, una tasa de mortalidad de 14.9 por 100 mil habitantes. Según los datos, la mayor cantidad de muertes se reportó durante la primera quincena de julio, con un promedio de entre 53 y 58 víctimas diarias. 

En la primera quincena de agosto los datos de muertes por COVID-19 han descendido. El tablero del Ministerio de Salud ha reportado entre 27 y 23 fallecimientos diarios.

Desde el mostrador de Los Lamentos, Sergio relata cómo vio esos datos convertidos en cientos de escenas dolorosas de despedidas a medias, desde la banqueta hasta el portón de entrada al cementerio. Todos los días allí llegan familiares de víctimas del coronavirus, trabajadores de funerarias, personal del Ministerio de Salud y muchos periodistas. Sergio cuenta los carros fúnebres y dice que cada día hay menos.

“La vez pasada se paraba un carro, luego otro y otro. Ahora es raro, si mucho entran unos cuatro carros al día. Aquí afuera se llenaba de gente, se aglomeraban las familias. Pero bendito Dios ya bajó el índice de difuntos, que no es el mismo que de contagios, eso sí no ha bajado”, dice.

Los datos del Ministerio de Salud han sido cuestionados por diferentes epidemiólogos. No son confiables, aseguran. Aunque los casos vayan en descenso, la Comisión Presidencial Contra el Covid-19 (Coprecovid), estima que en la primera parte de septiembre puede comenzar una segunda ola de contagios. 

[Esto te dará contexto: “Epidemiólogo: “Temo un aumento brusco de casos que no podremos detectar”. Por Jody García]

 

En la entrada del cementerio los familiares se despiden de los difuntos.

Desocupar las fosas

Byron Fuentes, asesor jurídico de la Administración de Cementerios Públicos del Ministerio de Salud, explica que hasta el 10 de agosto, en el cementerio La Verbena, han sido inhumadas 680 fallecidos a causa de COVID-19. 

El funcionario dice que todos los años se realizan exhumaciones de oficio para liberar aproximadamente 1 mil 500 a 2 mil espacios en el Cementerio General y alrededor de 800 fosas en La Verbena. 

El camposanto le cobra a las familias de las víctimas del virus, Q80 por realizar la inhumación. Antes de la pandemia el precio era de Q200 y cubría 6 años. Por el mismo precio era posible renovar por 4 años más que se pueden extender por otro periodo similar. 

“En total las personas pueden ocupar un nicho un total de 14 años. Después de eso deben ser exhumados. Las exhumaciones de oficio se hacen cuando las familias ya no realizaron ningún pago”, señala Fuentes. 

La misma situación está ocurriendo en Villa Nueva. Julio Vásquez, vocero de la alcaldía explica que a la fecha han sido enterrados 210 vecinos que contrajeron la enfermedad. En la localidad hay dos cementerios públicos y cada fosa tiene un costo de Q1500 a Q3000, dependiendo del espacio y una cuota anual de mantenimiento de Q120. 

Durante la pandemia la municipalidad está fraccionando el costo en tres pagos. En la crisis sanitaria la institución también está exhumando los restos de los deudos de las familias que en cinco años no pagaron la cuota de mantenimiento. 

“Estamos buscando crear alrededor de 100 espacios y tenemos disponibles 60 en el cementerio Las Nubes (ubicado en Bárcenas). No tenemos más espacio en el Cementerio General (de Villa Nueva)”, señala Vásquez. 

 

Su pequeño registro de víctimas del COVID-19.

Adiós con una foto

El negocio de Sergio solía estar centrado en la venta de flores, refacciones, aguas gaseosas y algunas bebidas alcohólicas. En días habituales ganaba hasta Q400 diarios, cuenta. En el punto más álgido de la pandemia cerró la caseta por tres meses . Tenía miedo de contagiarse. Con el relajamiento de las restricciones, regresó. Ahora gana Q75 diarios, si es que le va bien. Por eso se lamentaría más su padre, bromea.

En un cuaderno de 40 hojas el tendero lleva una base de datos rústica que le permite entender desde sus ojos, puño y letra, el comportamiento de la pandemia. Cuando no pudo vender más flores porque no había quién las llevara hasta la tumba de los fallecidos, Sergio empezó a vender cruces para identificar cada inhumación. 

Con su caseta frente al cementerio La Verbena, Sergio se convirtió en un testigo directo de la mortalidad del virus. Con la venta de cruces se convirtió en el único canal entre la sepultura y los deudos de las víctimas de la enfermedad. 

A través de WhatsApp le enviaba a sus clientes una fotografía de la cruz que identifica el pedazo de tierra bajo la que fue enterrado su ser querido. A la imagen le añade el número de nicho. Esa foto fue la imagen más cercana que tuvieron muchas personas que durante la crisis sanitaria no han podido velar ni participar en el entierro de sus familiares.

En su libreta hay nombres de víctimas del virus, su fecha de nacimiento y defunción, edad y un contacto familiar. Con estos datos concluye que la mayoría de afectados son personas de la tercera edad y que los fallecidos ya no están siendo inhumados exclusivamente en La Verbena.

 

La "KZ" desde dónde ha llevado su propio registro de la pandemia.

Jody García
/

Periodista. También lectora y pintora. Trabajó dos años en Diario La Hora cubriendo el sistema de justicia. Llegó a Nómada por el futuro. @Jody_Garcia_


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    Juan Rodriguez /

    21/08/2020 3:31 PM

    Bonito repirtaje. Historia en el cementerio La Verbena, una realidad encontrada ante esta pandemia y el misterio de la muerte.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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