De triunfos y fracasos, #EstoApenasEmpieza

Tras varias semanas de esta ‘primavera’ ciudadana y de la profusión de crónicas más o menos analíticas de lo que está sucediendo, han comenzado ya los intentos por hacer balances ‘definitivos’ con conclusiones categóricas sobre cuál ha sido el resultado de este esfuerzo en términos de los objetivos esperados: triunfo o fracaso.

n789 Opinión P258
Esta es una opinión

Manifestantes piden la renuncia de Otto Perez Molina, 13 de junio de 2015.

Foto: Carlos Sebastián

Para los triunfalistas, la movilización ciudadana que ha tenido lugar en el marco de la crisis de corrupción del gobierno de Otto Pérez Molina ha tenido ya resultados definitivos. Entre los ingenuos de este campo, hay algunos para quienes las renuncias de Roxana Baldetti y otros funcionarios, así como los procedimientos judiciales emprendidos, constituyen por si mismos una solución a esa crisis. No se trata de que crean que la depuración política ha terminado, pero sí que lo sucedido abre una ruta que la asegura, y que la movilización creativa, inteligente y pacífica que ha tenido lugar evidencia que la ciudadanía se ha convertido ya y definitivamente en un factor político de peso. Desde esta perspectiva, en consecuencia, de ahora en adelante el escenario político será distinto.

Se trata de optimismos entre ilusionados y prematuros. El problema de la corrupción y la impunidad en nuestro país no es de este Gobierno sino del sistema político en su conjunto y tienen carácter estructural. Las renuncias de Baldetti y Cia. y los procedimientos judiciales emprendidos en su contra, logros dentro de esta lucha sin duda, no son sino un primer paso en una ruta que apenas empieza y que habrá de desarrollar a lo largo de muchos años.

La depuración de la clase política no terminará hasta que en su conjunto sea sustituida por nuevos actores libres de concepciones patrimonialistas y clientelares; eso no se hace en seis meses, y habrá que sostener el esfuerzo. La erradicación de la corrupción y la consolidación del Estado de Derecho-condiciones necesarias para poder avanzar en la transformación profunda de la sociedad guatemalteca y la refundación de su estado, pero no  suficientes- serán tareas para una generación por lo menos.

Construir la sociedad que necesitamos y el estado que nos merecemos requerirá un ambicioso conjunto de transformaciones que van desde lo cultural hasta lo institucional, y que abarcan tanto a la sociedad como al Estado. #EstoApenasEmpieza.

Pero hay también triunfalistas cínicos. No se trata de quienes se equivocan en la consideración del alcance y la profundidad de las medidas necesarias para alcanzar transformaciones sustantivas, sino de quienes no están interesados en promoverlas. Sus proclamaciones victoriosas buscan desmovilizar la inédita presión ciudadana sobre el sistema. Para este grupo los cambios no deben ir más allá de lo cosmético; esperan que las medidas adoptadas le laven la cara al sistema e incluso que lo reanimen, pero no desean que este sea transformado.

“Guatemala ya cambió”; “Hoy ya somos diferentes” son afirmaciones cínicas proferidas para promover la idea de que los objetivos ya han sido alcanzados y que urge volver a la ‘normalidad’. La insistencia de estos sectores en el apego irrestricto a los formalismos legales más absurdos y sus admoniciones agoreras sobre el caos inminente que acaecerá en caso contrario no son sino estrategias “gatopardistas”. Su intención es desmovilizadora y represiva: esperan que los “indignados” de buena fe regresen a sus casas para permitir que ‘las instituciones’ retomen el control de las cosas y eviten que los “exaltados” de siempre continúen amenazando la continuidad del sistema.

Del lado de los derrotistas, pareciera que cierta ingenuidad política dio lugar a la ilusión de que la inédita movilización ciudadana tendría la capacidad de derrumbar murallas y construir castillos con un solo golpe. Los logros iniciales obtenidos por la acción conjunta del Ministerio Público y la Comisión Internacional Contra la Impunidad (CICIG), y la imagen de un pueblo indignado que se libera de los temores aprendidos de generaciones anteriores, permitió soñar que el movimiento era imparable. Que las estructuras de la corrupción incrustadas en el estado se desmoronarían ante su empuje y que los operadores de la corrupción no tendrían otro remedio que rendirse ante la inminencia de su caída. Pero cuando constatan que la institucionalidad corrupta y sus operadores en vez de retroceder contra-atacan, sienten que todo se ha perdido y se apuran a lamentar el fracaso.

En la raíz de este derrotismo se encuentran un sentimiento de frustración e impotencia que se combina con una apreciación ‘corto-placista’ de las dinámicas del cambio social. Las transformaciones políticas sistémicas –que es lo que se necesita en Guatemala-  no ‘suceden’ de la noche a la mañana; se gestan y se desarrollan dentro de un registro de tiempo ‘histórico’. Las efemérides de textos escolares no celebran la conclusión de procesos de cambio sino su inicio: el 20 de Octubre, sin el proceso político de la década siguiente, no hubiera pasado de ser otro cuartelazo más. La Revolución Francesa no tuvo lugar con la toma de la prisión de La Bastilla sino con el conjunto de procesos políticos que durante las décadas siguientes dieron al trasto con el ‘Antiguo Régimen’ y consolidaron un régimen republicano. En sentido contrario, existe un enorme número de revueltas, asonadas, golpes de estado y otras formas de rebelión contra regímenes establecidos que no terminan en cambios sustantivos: no hace falta más que mirar hacia Egipto para constatar que por portentosos que puedan parecer los cambios iniciales, pueden terminar en poco o, incluso, en una involución del sistema.

Por eso, la proclamación de la victoria o las lamentaciones por el fracaso son claramente prematuros. Lo que estamos viviendo en Guatemala no es sino una nueva coyuntura histórica que abre delante de nuestra sociedad la oportunidad de considerar caminos alternativos que –la historia lo dirá- nos permitirán construir el primer peldaño para la construcción de un verdadero Estado democrático, plural y justo, o nos regresarán a la telaraña del patrimonialismo, la corrupción, la discriminación y la violencia.

Es innegable que dentro de esa coyuntura ha habido ya logros importantes y prometedores: una población que ha decidido ejercer ciudadanía y ha retomado los espacios públicos para demandar el cambio del sistema; una presión que desde la calle ha servido para acuerpar y arropar a aquellos elementos que dentro del Estado se hacen eco de la demanda y comienzan a tratar de transformarlo; un ambiente político que es tierra fértil para el planteamiento de propuestas de cambio sustantivo y que procura mantener y cultivar la concordia. Estos son logros ciertos, pero no definitivos: el sistema está planteando la batalla y no escatimará esfuerzos para evitar su caída.

Preparémonos para una larga marcha. El triunfalismo y el derrotismo van a ser lastre en este camino que tenemos que asumir con compromiso, y en el que sin duda nos esperan altibajos. Cosecharemos logros y soportaremos contratiempos. No se trata de seguir haciendo lo mismo: las estrategias ciudadanas con las que hemos venido operando tendrán que adaptarse a los cambios que vaya sufriendo el contexto, y habrá que construir nuevas formas de activismo político que nos permitirán concluir el esfuerzo que hemos comenzado: rescatar a nuestro país de las manos de las élites políticas, económicas y sociales corruptas que lo asfixian, y construir la sociedad justa y necesaria que nuestros hijos se merecen.

 

 

Bernardo Arévalo
/

Estudió sociología, y don Max marcó la forma como ve el mundo. Alguna vez fue diplomático, y le quedaron algunas mañas. Tal vez por eso sigue trabajando en temas que conjugan ambas perspectivas, como consolidación de la paz y transformación de conflictos. Algo nómada, ha vivido fuera del país por temporadas largas pero al final, siempre regresa.


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    carrillorodas@icloud.com
    Diego Carrillo /
    29/06/2015 7:38 AM

    EL MAYOR RETO DEL SISTEMA POLÍTICO ES MANTENER LAS COSAS COMO ESTÁN. OBVIAMENTE CON CAMBIOS NECESARIOS QUE ALIMENTEN LAS NECESIDADES DE LAS POLÍTICAS ECONÓMICAS.

    LA ÚNICA REVOLUCIÓN ORIGINAL QUE VEO, ES LA DE NO PAGAR IMPUESTOS, PERO EN CONJUNTO. ALGUNOS TENDRÁN QUE IR PRESOS, PERO NO PODRÍAN CON TODOS, ES MEJOR QUE LA VIOLENCIA QUE SOLO IR A UNA PLAZA. (Que los que están al mando solo les da risa, ver la plaza)

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    otto moran /

    28/06/2015 2:23 PM

    Se puede devolver la esperanza a este pueblo con el valor colectivo de la democracia (la mitad mas uno de los votos para alcaldes y elección personal de diputados). Lo demás es codicia de poder y de protagonismo.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Rafael Diaz /

    26/06/2015 8:14 PM

    Si el autor propone una lucha de largo aliento, no debiera ser unicamente como textualmente escribe -"...rescatar a nuestro país de las manos de las élites políticas, económicas y sociales corruptas..."-; sino de manera mas general, de las èlites polìticas, economicas y sociales retrogradas, inmovilistas, semi-feudales en pleno siglo XXI, que no permiten ni siquiera que este pais acceda a la condicion de una democracia liberal que beneficie a todos sus habitantes, sin exclusiones de genero, etnia, edad, clase, etc; y sobre todo de su justo lugar a la poblacion heredera de los mayas.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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