El caso UFM, BI y Nómada: Cuando economistas escriben con conocimiento de causa (y sostienen ideas terribles)

En ocasiones, cuando los periodistas abordamos temas económicos, los expertos en la materia tienden a tratarnos con algo de condescendencia. Los que saben son ellos. Los ‘técnicos’ son ellos. Los que ‘no están contaminados por ideologías’ son ellos. Nosotros, en cambio, desconocemos. Escribimos sin saber. Tenemos sesgos. En un artículo difundido hace unos días, Daniel Fernández, un economista de la Universidad Francisco Marroquín, nos acusa de hacer mal nuestro trabajo por un reportaje sobre impuestos, deuda pública y el Banco Industrial que publicamos en noviembre de 2017. Aquí les trataré de explicar por qué Fernández no tiene razón y nosotros sí.

Entender la política P258

Foto: UFM.edu

En ocasiones, cuando los periodistas abordamos temas económicos, los expertos en la materia tienden a tratarnos con algo de condescendencia. Los que saben son ellos. Los ‘técnicos’ son ellos. Los que ‘no están contaminados por ideologías’ son ellos. Nosotros, en cambio, desconocemos. Escribimos sin saber. Tenemos sesgos. En un artículo difundido hace unos días, Daniel Fernández, un economista de la Universidad Francisco Marroquín, nos acusa de hacer mal nuestro trabajo por un reportaje sobre impuestos, deuda pública y el Banco Industrial que publicamos en noviembre de 2017. Aquí les trataré de explicar por qué Fernández no tiene razón y nosotros sí.

Quizás no leyeron el artículo que salió en Nómada ni sepan sobre la respuesta que publicó la UFM desde su página. No les culpo. Este es un tema más bien árido. Pero es importante y ha provocado también un debate interesante. Por eso, vamos a recapitular.

Hace unos meses Martín Rodríguez Pellecer (que entrevistó a Diego Pulido y editó el texto) y yo (que hice la investigación) publicamos un reportaje en el que expusimos, básicamente, los siguientes hechos:

1. En 2016, el Banco Industrial (BI) fue la entidad financiera que menos Impuesto Sobre la Renta (ISR) pagó en relación a sus utilidades. Ganaron Q1,289 millones (US$175 millones) y tributaron Q83 millones, un 6.4 por ciento.

2. BI paga menos impuestos que otros bancos (por ejemplo, Banrural tributó un 14.5 por ciento) debido a que la cantidad de ingresos exentos que registra es también el mayor de todos los bancos.

3. En 2016, casi uno de que cada tres quetzales de las ganancias de BI no fueron sujetos a impuesto.

4. Esto se debe a que BI es el principal propietario privado de bonos de deuda emitidos por el Estado y los intereses que estos generan están exentos. O sea, BI gana dinero libre de impuestos gracias a que cada año compra gran cantidad de títulos de deuda pública que sirven para financiar el presupuesto del Gobierno. Guatemala es uno de los Estados que menos impuestos recauda en el mundo y está obligado a emitir deuda para poder operar (aunque todo los países del mundo emiten deuda pública y la de Guatemala, de hecho, no es especialmente elevada).

5. Esto provoca la siguiente situación, cuantos más bonos de deuda vende el Estado, menos tributan los bancos, sobre todo, los que más de estos títulos compran, como el Industrial. Dado que en los últimos años los gobiernos han decidido emitir muchos bonos (deuda interna), en vez de contratar préstamos internacionales (deuda externa) como era más común hace unos años, BI está pagando menos ISR que nunca.

6. Cuánto más dinero le presta el banco al Estado, menos créditos concede a empresas o ciudadanos. BI, de hecho, fue el banco que menos ganó prestando dinero a particulares en 2016.

7. Los bonos son atractivos para los bancos porque son valores seguros. El Estado siempre paga porque es el banco central, el Banguat, quien se encarga de hacerlo y este tiene preferencia para acceder a la caja de los ingresos antes que las instituciones que tienen deudas con otro tipo de acreedores. Es decir, el Estado le paga antes a los propietarios de los bonos que, por ejemplo, a los proveedores de medicinas.

El artículo entra en otros asuntos, pero esto es lo esencial. Todo son hechos fundamentados en información pública. En el reportaje hay contadas valoraciones y menos aún partes que puedan considerarse opinión. No se acusa al Banco Industrial de fraude alguno ni se le atribuyen ilegalidades.

El objetivo de esa nota era describir un sistema: cómo los bancos, y en especial el más grande, se dedican a comprar deuda pública y gracias a ello pagan menos impuestos que los que pagarían si se dedicaran a prestar dinero a la gente, que es para lo que, en principio, sirven los bancos.

Sé que el texto y la entrevista pueden leerse en tono acusatorio, pero el objetivo fundamental era contribuir a entender mejor los intereses de algunas de las personas y empresas más poderosas del país.

Ahora sabemos que cada vez que se emiten muchos bonos (deuda interna) o se deja de ejecutar un crédito internacional ofrecido por el Banco Mundial, por ejemplo, los bancos son felices. Ahora entendemos cuáles pueden ser algunos de los incentivos que tiene BI para llevarse bien con el poder político y, entre otras cosas, financiar en secreto campañas electorales, como presuntamente hicieron con la de Jimmy Morales.

La subjetividad del lector Fernández

Al economista Daniel Fernández el reportaje parece que no le ha gustado. Fernández se ha tomado el tiempo para escribir en una web de la UFM un crítica titulada: “Cuando los periodistas escriben sin conocimiento de causa: el caso de Nómada y el Banco Industrial”.

En su texto, el economista asegura que nosotros cometimos “graves errores en materia fiscal y monetaria”, que produjimos un artículo “sesgado, muy sesgado” y que indujimos a pensar a los lectores que “BI hace trampa”.

Fernández nos acusa de no ejercer “de la mejor manera el noble arte del periodismo de investigación”. Sin embargo, en su artículo apenas entra en esos supuestos graves errores, no nos explica dónde exactamente acusamos falsamente a BI de hacer trampa, ni entra en el fondo del asunto.

El economista sí señala un error mío y tiene razón. En la primer párrafo afirmamos: “Las grandes empresas, en principio, están sometidas a impuestos más altos que las personas. Sus ingresos están gravados con un ISR del 25 por ciento, mientras que el de profesionales y trabajadores que ganan más de Q4 mil (US$500) es entre 5 y 7 por ciento”.

Fue un error explicarlo con esas palabras porque, como señala Fernández, eso no es cierto. Guatemala tiene un sistema fiscal apenas “progresivo” (en el que los que tienen más, pagan más). Es decir, los muy ricos pagan un porcentaje de impuestos sobre sus ingresos muy similar a los menos ricos, y en este sistema, no se diferencia si los contribuyentes más grandes son personas o empresas. Da igual ser el Banco Industrial o el propietario de una tienda de aguacates. Todos pueden pagar legalmente un ISR que oscila entre el 5 y el 7 por ciento de las ganancias.

Pero esto no es obvio porque la mayoría de las grandes empresas están en un régimen en el que actualmente se les aplica una tasa ‘nominal’ del 25 por ciento. Claro, como señala Fernández, esta es una tasa “nominal”, no “efectiva”, porque las empresas pueden reducir el porcentaje de impuestos por medio de deducciones y exenciones y gracias a ellas pagan, en muchas ocasiones, lo mismo que pequeños contribuyentes.

Esto, que es normal, legal y obvio para defensores del status quo como Fernández, a nosotros nos parece un hecho noticioso, digno de ser explicado a los lectores. Eso es lo que tratamos de hacer en la investigación y al hacerlo expresamos de manera simplificada algo que es más complejo. Por ello, les pido perdón. El párrafo tendría que haber dicho algo así: “En Guatemala, todos pagamos pocos impuestos. Las grandes empresas, aunque en su mayoría están sometidas a una tasa del 25 por ciento, en algunos casos, pagan tasas efectivas mucho menores, similares a las que se les aplican a personas como a usted o a mí”.

Un párrafo como este hubiese explicado con más precisión lo que queríamos contar en el reportaje. Pero que haya cometido un error en la expresión, no significa que haya un error de fondo. Y en nuestro texto no solo no hay ningún error de fondo, sino que el único error de forma es este que acabo de exponer.

En realidad, lo que parece ocurrir es que Fernández no puede entender cómo hemos considerado hacer un artículo sobre algo tan obvio para un economista, algo que él tiene tan racionalizado.

¿Qué una de las empresas más grandes del país paga un tasa impositiva de menos del 7 por ciento? ¿Dónde está lo ilegal? Si todos sabemos que la tasa del 25 por ciento es solo la nominal, no la efectiva.

¿Que un banco propiedad de algunas de las familias más ricas del país hace en proporción el mismo esfuerzo fiscal que un empleado que gana Q10 mil? ¿Dónde está la noticia?

Más que cuestionar los hechos en los que se basa nuestro reportaje, Fernández trata de justificarlos. Los presenta como la única realidad posible, como el producto de ‘las leyes del libre mercado’ que, aparentemente, son tan fiables como que el sol saldrá cada mañana y ‘leyes’ que los expertos conocen salvo nosotros, pobres reporteros.

Si el Banco Industrial posee Q9 mil millones de bonos de deuda pública es porque no tiene más remedio, porque el Estado le incentiva a hacerlo. Si esos bonos están exentos de impuestos y se pagan puntualmente antes que cualquier otro compromiso del Estado es porque si no, nadie los querría comprar. Los bonos deben emitirse al ritmo actual porque los préstamos internacionales, que financiarían al Estado a más bajo costo, no son suficientes, razona el economista. Todo es tan lógico, tan razonable, tan parte del orden natural.

Fernández nos critica, supongo, por no aceptar esos dogmas como hechos incuestionables.

¿Cómo podemos criticar a un banco por simplemente hacer lo que el Estado le incentiva a hacer? ¿No podemos entender que la culpa de todo es del Gobierno, que en su ansia por financiarse a bajo costo acapara recursos que podrían destinarse a fines más productivos?

Fernández concibe la economía y la política como dos planetas distantes, sin ninguna relación entre sí. Él vive en una Guatemala imaginaria en la que el poder económico es débil y está maniatado frente a todopoderosos funcionarios y nunca se ha dado el caso de que intereses privados influyan sobre una política pública o sobre la elección de un Ministro de Finanzas y muchos menos que logren esa influencia las empresas más poderosas del país.

En ese país imaginario la iniciativa privada florece, utiliza gran cantidad de financiamiento y paga puntualmente sus créditos el día 30 de cada mes. Además, todo el mundo puede acceder a una vivienda digna y los bancos están dispuestos a conceder hipotecas a discreción.

El Banco Industrial preferiría conceder todos esos préstamos y, por supuesto, pagar impuestos por los ingresos que generarían, pero es el Estado el que inunda el mercado de bonos y ¿cómo no dejarse llevar por unos valores seguros y exentos de impuestos? ¿Cómo culpar a los bancos?, expone el economista.

Que el propio Diego Pulido, CEO de Banco Industrial, exponga en la entrevista que compran bonos de deuda pública porque “no tenemos demanda de crédito”, parece ser irrelevante para Fernández. La culpa, en todo caso, es el Gobierno.

Y claro, en su opinión, si los bonos se sometieran a tributación u ofrecieran intereses menores nadie los querría. Es el ‘mercado libre’ el que les asigna su valor.

¿Pero cómo puede estar seguro el economista de ello? Los bonos son adquiridos prácticamente en su totalidad por los bancos y el Instituto Guatemalteco del Seguro Social. Solo BI y G&T Continental son propietarios de aproximadamente la mitad, según datos oficiales de las entidades y el Ministerio de Finanzas. ¿Es la deuda pública interna un mercado transparente en el que la libre competencia asigna un valor adecuado a un producto?

Yo honestamente no estoy seguro. Un mercado que es dominado por un puñado de actores que son pocos y siempre los mismos y supervisado por unos funcionarios que pasan fugazmente por el cargo y que tienen vínculos con esos actores, creo que no es garantía precisamente de transparencia.

Las investigaciones de la Comisión Internacional Contra la Impunidad de Guatemala (CICIG) han señalado tanto a BI en 2018 como G&T Continental en 2016 de financiar ilegalmente campañas electorales.

Esos son los pequeños detalles a los que Fernández prefiere no darles mucha importancia.

En todos los países del mundo se emiten bonos de deuda pública y en muchos de ellos estos están exentos de impuestos. Lo que es extraordinario es el peso que estos títulos tienen en las inversiones de los bancos guatemaltecos. Salvo algunos bonos de empresas como la telefónica Tigo (emitidos en paraísos fiscales para tampoco pagar impuestos en Guatemala o en ninguna parte), BI no invierte más que en deuda pública y en otros valores garantizados por el Estado, según muestran sus cuentas.

Cuando en 2015 BI trató de emitir deuda en Estados Unidos, explicó a los inversores allá que uno de los principales riesgos que afronta la entidad es precisamente su excesiva exposición a inversiones vinculadas al Estado ya que el 95 por ciento de ellas son garantizadas por el Gobierno.

¿Realmente es el Estado el que está en una posición de debilidad frente al banco? ¿O es al revés? Si un gobierno decidiera pagar menos intereses por los bonos o comenzar a cobrarles impuestos, ¿estaría el BI en posición de desprenderse de ellos o rechazaría comprar más? Yo tengo mis dudas.

Para Fernández, en cambio, probablemente, forzar una situación así sería inaudito. ¿No proteger incondicionalmente intereses privados? Eso sería intervencionismo. ¿Tratar a los tenedores de bonos como proveedores del Estado, que solo cobran después de un largo proceso presupuestario, como les pasa a todos los contratistas del Estado? Eso sería no entender nada, nos dice el economista. Los bancos son los “mercados” y los “mercados” son esenciales y necesitan seguridad. ¿No han oído hablar de la prima de riesgo? ¿No saben que sin la certeza de que van a cobrar religiosamente, los mercados se irían?

Supongo que Fernández considera que constructores o farmaceúticas, que hacen cosas tan prescindibles como construir puentes y escuelas o producir medicamentos para curar enfermedades, no alcanzan el estatus de los bancos.

Y para terminar, ¿cómo podemos decir que financiarse a través de préstamos internacionales podría ser más barato que hacerlo a través de bonos? Comparamos peras con manzanas, nos ilustra. Los préstamos internacionales son en dólares y los dólares tienen tasas de interés más bajas y además, los otorgan entidades como el Banco Mundial (BM) o el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que ofrecen condiciones ventajosas. Son buenos, pero no alcanzan porque muchos países los quieren. Tenemos que conformarnos con los bonos que compran los bancos. Es lo que hay.

Fernández, sin embargo, pasa por alto algunos hechos. Lo primero es que hasta hace unos años, la deuda externa, contraída con entidades como el BM y el BID constituía la mayoría del endeudamiento público. Esto comenzó a cambiar en 2011, y desde 2014 la distancia se ha consolidado y ahondado, como mostramos en nuestro reportaje. En la actualidad, el Estado está gastando más dinero que nunca en pagar los intereses de los bonos (por lo general la deuda interna es más cara que la externa). En 2016, lo gastado en pago de deuda interna equivalió al presupuesto del Ministerio de Gobernación.

Sin embargo, en el pasado, los acreedores internacionales financiaron alguna de las principales infraestructuras del país. La hidroeléctrica Chixoy, el bien más valioso del Estado, se contruyó con fondos del BM y el BID.

Otros países financian las grandes obras que ha ejecutado el Estado más recientemente. Taiwán, la ruta al Atlántico. Japón, la del Polochic. El Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), la Franja Transversal del Norte y la CA2-Oriente. La fallida CA2-Occidente la quisieron financiar los brasileños a través de su banco gubernamental. Una de las principales inversiones privadas de los últimos años, la construcción de la Terminal de Contenedores Quetzal, también la financió el Banco Mundial.

Si el Gobierno se dedicara a buscar financiación internacional más barata que la deuda interna en Guatemala, ¿realmente no lo encontraría?

Fernández nos quiere hacer pensar que no. Que no hay más remedio que recurrir a los bancos guatemaltecos y venderles bonos en quetzales y, claro, estos deben ser compensados con intereses más altos por el riesgo del país. El economista, aparentemente, vive en una Guatemala caracterizada por contar con una moneda inestable, que lo mismo un día el dólares está a 8 quetzales que el mes siguiente a 80 quetzales. Guatemala, parece ser, carece de una política monetaria previsible y la Junta Monetaria del Banguat, en la que precisamente están representados los bancos privados es, para el economista, un peligro. Las entidades financieras merecen compensación.

No pretendo negar que los periodistas cometemos errores porque sí lo hacemos. Sin embargo, en este artículo, esencialmente, estamos en lo cierto.

También pido a los expertos que a veces nos leen, a personas como Daniel Fernández, que tengan en cuenta que nuestros reportajes no están dirigidos a ellos. Tienen razón en exigirnos precisión y dominio del tema que estamos tratando. De eso no hay duda. Pero también deben comprender que Nómada está escrito para que cualquier persona que lo lea lo comprenda. Y cualquier persona es alguien que probablemente sabe menos que ellos sobre un tema y que pide textos escritos en un lenguaje accesible.

A veces los periodistas simplificamos demasiado y afirmamos cosas que para un experto son imprecisas. A veces lo hacemos por equivocación y otras en nuestro afán por explicar con claridad y sencillez ideas con las que los lectores no están familiarizados.

Pero al leer el artículo que escribió Fernández, me reafirmo en la necesidad de que quienes practicamos este oficio, con la claridad y sencillez de nuestras palabras, tenemos que servir de contrapeso de esos expertos que piensan que la economía es una ciencia exacta que solo ellos dominan y los demás ignoramos.

Asier Andrés
/

Asier Andrés es un periodista español que trabajó en Guatemala por muchos años, en elPeriódico y ContraPoder. Es co-autor junto a Pilar Crespo del libro de Plaza Pública titulado ‘El coronel, el rector y el último decano comunista’, una investigación de tres años sobre el Archivo Histórico de la Policía Nacional.


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COMENTARIOS

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    Carlos B /

    12/06/2018 4:13 PM

    Una respuesta que sigue con equivocaciones. Parece que en el afán de hacer "entendibles" las cosas complicadas con un lenguaje simple, caen en conceptos equivocados que acaban "enseñando" al lector común y corriente. Eso es peligroso, ¿no sería fake news? La ventaja de ser técnico es que es objetivo, el sesgo se da cuando se trata de explicar algo desde mi punto de vista sin mayor conocimiento del tema. Acepten su error y punto, no sigan metiendo la pata.

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

    Mario H /

    04/06/2018 4:55 AM

    Andres, hermano, parece que no sabes plantear argumentos. Tu artículo ataca personalmente, y sin ningún tipo de sustento real, al autor de tu crítica. Sos tan cabeza dura que no aceptas que cometiste un error, solo "te confundiste diciendo lo que querías decir". Que lamentable y a la vez penoso. El punto del economista, me imagino, que es demostrar que no es el banco, o sus accionistas, quienes son malos, si no el sistema.

    Acepta tus errores como un adulto.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Jose Contreras /

    28/05/2018 6:18 PM

    Tienen razón al decir que el tema es complicado, al ciudadano común se le hace difícil entender cual es el origen del dinero y como se establece su valor, hay muchos factores de por medio, pero puede simplificarse a un sencillo símil, si yo tengo 100 quetzales en moneda y deseo ganar intereses, a quien se los doy, a quien me ofrece 5 quetzales de ganancia o al que me ofrece 10?, este es el caso también de los bancos, se lo dan al mejor postor, que claro es el Estado, esa capacidad de ser el mejor postor se la debe a que es también el arbitro de la economía, y al competir por crédito ofrece las mejores condiciones. Es irrelevante si se paga impuestos o no, porque es parte del costo del crédito que recibe.
    La solución es no depender del estado, que es un pésimo administrador del dinero, porque sus funcionarios no operaran por deseos de eficiencia económica sino política, y en ese aspecto tratan de beneficiarse de sus cargos públicos por el tiempo que puedan.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Victor Moreira /

    28/05/2018 5:00 PM

    Una de las vertientes del origen del actual "peso" de los bancos privados entre los acreedores del Estado (aparte de la forma como licitan los bonos, excluyendo a compradores "pequeños") es la reforma constitucional de 1994, que eliminó el financiamiento del Banguat.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

      LFZ /

      02/11/2018 8:02 PM

      Lo mejor que Guatemala pudo haber hecho, sino estaríamos como el Peso Mexicano que se ha devaluado inmensamente aniquilando los ahorros de las personas.

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

    Ana Lucía González /

    26/05/2018 6:41 PM

    100 puntos!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Manolo Herrera /

    25/05/2018 12:24 PM

    Ese es el negocio del BI, comprar barato y vender caro.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

      PAPAZOPAPAZ /

      25/05/2018 10:09 PM

      asi funcionan todos los negocios, o te parece mejor comprar caro y vender barato ???

      ¡Ay no!

      3

      ¡Nítido!

    Victor Rodas /

    25/05/2018 5:41 AM

    Asier te cogiste al “econocómico” de la UFM que quiso pasarse de listillo. Da gusto ver como se pone en evidencia el seudo conocimiento academicista.

    ¡Ay no!

    4

    ¡Nítido!

    Carlos Durini /

    24/05/2018 10:42 PM

    Muy buen reportaje, me hace recordar el dicho “No aclares porque obscureces” es decir, un lenguaje coloquial es lo que se requiere en un medio de informacion masivo, no es un medio enfocado en finanzas por lo que al buscar mucho tecnicismo se perdería el sentido de la nota

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Rodolfo Cardona /

    24/05/2018 7:42 PM

    Hay muchas formas de cooptar a un estado. Por eso es que en norteamérica nuestros bancos no podrían ser parte del sistema.

    Yo aplaudo la discusión, entre dos sesgos, y que los lectores pongan cabeza para tratar de entenderlo, eso es importante, algún día serán motivo de discusiones partidarias como entre los demócratas y republicanos. Aunque estamos a años luz de eso...

    Pero de que esto se trata de la débil línea de un Gobierno independiente o no, no hay duda. Portillo amenazó en su tiempo, a retirar los fondos del IGSS (al igual que a negar fondos para los cafetaleros, en este otro evento hubo suicidios... lo cual le generó un odio genético... no juzgo si tuvo razón o no... pero soy de clase media educada y la verdad no me importa tanto... no murió nadie de mi familia por eso), entonces, los bancos se vieron en esa "luz del tunel" famoso, previo a una muerte anunciada.

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

    chucho flaco /

    24/05/2018 4:47 PM

    Es más fácil que se congele el cielo a que un neoliberal acepte que está equivocado ja-ja-ja...

    ¡Ay no!

    2

    ¡Nítido!







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