#EstoApenasEmpieza

Los recientes eventos de abril y mayo han terminado con las certidumbres que desde 1996 sustentaban el análisis político en nuestro país. Eran las certidumbres correspondientes a un lapso que se inició con la firma de los Acuerdos de Paz, con una esperanza que rápidamente fue cediendo espacio a la decepción que se instaló en el país gracias al fracaso de la clase política y a la abulia de la ciudadanía.

Opinión P258
Esta es una opinión

Cuatro manifestantes del 16M.

Foto: Martín Rodríguez

Estábamos en un pantano del que no encontrábamos la salida: el clientelismo y el patronaje del sistema habían dado lugar a una democracia degradada por las prácticas de corrupción e impunidad que han permitido que la criminalidad de todo tipo –organizada y común, de cuello blanco y de cuello sucio- se incruste dentro de las instituciones del Estado.

Pero uno de los factores que sostenían este sucio orden de cosas ha cambiado: la desfachatez de los corruptos; la torpeza de sus corruptelas; la arrogancia de sus actitudes desbordaron la tolerancia de la ciudadanía sacándola de la abulia y empujándola a tomar las calles para expresar su repudio al sistema. Tal vez, el cinismo y la arrogancia que caracterizan al fraude del Lago de Amatitlán –arrogancia al creer que la ciudadanía se tragaría algo tan burdo; cinismo al intentar defenderlo cuando la prensa destapó el escándalo- llevó la tolerancia hasta el borde del vaso: las redes sociales comenzaron a hervir con comentarios críticos y sarcásticos. Pero el escándalo de La Línea lo derramó.

A partir de ese momento la gente dijo ‘ya no más’ y se volcó a las calles; recuperó el espacio público como ejercicio de ciudadanía y logró que el trabajo de periodistas y fiscales que antes pasaba desapercibido –las páginas de la prensa nacional, en especial las de elPeriódico, son un rosario de denuncias de corruptelas que a veces daban lugar a acciones de la fiscalía y los tribunales- pudiera tener efectividad. Hoy, Roxana Baldetti ha renunciado y es muy probable que tendrá que ventilar su caso en los tribunales, y Otto Pérez Molina ha sido repudiado acremente, perdiendo todo atisbo de legitimidad.

Estos son datos que, hace tan sólo pocas semanas, hubieran sido considerados improbables si no imposibles. ¡Qué guatemaltecos de toda condición se vuelquen a las calles en una protesta política contra el sistema! ¡Qué como resultado de su presión la institucionalidad del Estado comienza a actuar de manera sorprendente, como cuando la Corte Suprema de Justicia declara con lugar la demanda de retiro de antejuicio de Baldetti! ¡Qué Baldetti, a pesar de su cinismo y su arrogancia,  renuncie! En marzo este era un escenario improbable; en mayo es ya una realidad.

El despertar cívico que está teniendo lugar ha alterado el funcionamiento del sistema a tal grado que las certezas políticas dentro de las que nos movíamos se han ido desmoronando. El juego se ha abierto; todo parece posible; cualquier cosa es probable. Escenarios políticos que antes estaban cerrados hoy parecen al alcance de la mano. Sorprendidos de nuestro propio éxito como ciudadanos hemos recuperado la esperanza, y nada más poderoso que una reunión de personas esperanzadas.

Las manifestaciones han sido una reunión de clases, culturas, etnias y condiciones como nunca antes habíamos vivido. Y ha sido esta unidad la que ha removido el sistema: ya no ha sido posible –porque lo han intentado- estigmatizar al movimiento como marginal o minoritario, ni ha sido posible –hasta este momento- ‘apaciguarlo’ con medidas de efecto que lo distraigan. El ‘sistema’ se ha sentido por primera vez acorralado.

Pero estar esperanzados no quiere decir ser ingenuos. Lo que se ha logrado hasta ahora ha sido sorprendente, pero no es suficiente. Baldetti y Pérez Molina son producto del sistema corrupto, no su causa. Otros están ya haciendo cola para asumir el control del Estado a su salida. Debajo de sus piedras, esperan a que el temporal pase y que todo regrese a su predecible y corrupto orden. Las redes criminales pueden ser desarticuladas pero si algo hemos aprendido de las investigaciones de la fiscalía, la prensa y la CICIG, es que sus actores han sabido a lo largo de los años re-articularse en torno al poder de turno y continuar medrando. Hoy, confían en que este ‘molesto’ entusiasmo ciudadano se vaya lentamente desinflando, que las elecciones generales lo distraigan, que sus propias diferencias lo dividan.

Por eso es imperativo tener presente que, tal y como coreábamos en el Parque Central, “esto apenas empieza”. La lucha ciudadana por la recuperación de la dignidad del país no ha hecho sino comenzar, y tenemos que prepararnos para sostenerla. Necesitamos construir una agenda de objetivos estratégicos compartidos que le den concreción a la lucha contra la corrupción y la impunidad, canalizando este inusitado caudal ciudadano en una presión política sobre el sistema. Esta agenda está allí, en los carteles de los manifestantes de todo el país: la reforma del sistema político u concretamente a la Ley Electoral, la reforma a la SAT,  la reforma la Ley de Contrataciones del Estado,  la reforma a la Ley del Servicio Civil, etcétera.

Estos objetivos de tipo genérico tendrán que ser traducidos en acciones concretas que den lugar a cambios tangibles, que de una manera incremental nos vayan permitiendo ir desmontando el estado clientelar y corrupto y construir las bases de un verdadero estado de derecho y una democracia funcional, no solo de fachada.  Se trata de una agenda que tendrá que ser construida con iguales medidas de audacia y de prudencia. Audacia para no quedarnos atrapados en los límites para la acción política ciudadana que prevalecían antes del parteaguas de abril –en mayo de 1968, los estudiantes franceses coreaban ‘Sed realistas, pedid lo imposible’- y prudencia para saber hacerlo manteniendo la convergencia social que es la garantía de su impacto, y el carácter pacífico de sus acciones.

Pero hay que tener claro que para poder impulsar una agenda para la acción va a ser necesario construir vehículos políticos en los que, como ciudadanía, podamos movernos: un gran acuerdo cívico; un gran pacto ciudadano que ate nuestro compromiso alrededor de una agenda compartida y que nos dote de los mecanismos de articulación y coordinación necesarios para mantener el impulso, la presión y el entusiasmo. Eventualmente, también, cambiar los datos electorales y terminar con la caterva de partidos organizados como vehículos para el expolio del Estado.

Esto está apenas empieza; y hoy todo es posible.

Bernardo Arévalo
/

Estudió sociología, y don Max marcó la forma como ve el mundo. Alguna vez fue diplomático, y le quedaron algunas mañas. Tal vez por eso sigue trabajando en temas que conjugan ambas perspectivas, como consolidación de la paz y transformación de conflictos. Algo nómada, ha vivido fuera del país por temporadas largas pero al final, siempre regresa.


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COMENTARIOS

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    Roberto Lopez /

    21/05/2015 10:02 AM

    Ojala y la CICIG y el MP no dejen escabullirse con todo el dinero que se robó el LADRON DE LOPEZ BONILLA

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Anónimo /

    20/05/2015 7:53 PM

    Es imposible pensar en sanear el gobierno estando Otto Perez aun comi presidente. Definitivamente debe de renunciar al cargo para limpiar la cloaca en que llegaron a convertir cada ministerio y secretaria. A donde uno voltee a ver se mira nada más que corrupcion, incapacidad, nepotismo, latrocinio. Al salir y procesar a Otto Pérez se debe de investigar y destituir cada ministro y secuaces. Qué institucionalidad se defiende? no hay instituciones, hay bandas y clicas...

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    carrillorodas@icloud.com
    Diego Carrillo /
    20/05/2015 4:10 PM

    El IGGS, (EL MINISTERIO DE SALUD) y el de EDUCACION SE VAN A VOLVER SUPER CORRUPTOS EN LOS PROXIMOS AÑOS. CON ESTO CUANDO SE PLANTEE LA PRIVATIZACION CASI NADIE SE VA A OPONER. TODO VA A QUEDAR EN MANOS DE CONTRATISTAS DONDE EL PASTEL VA A SER MEJOR REPARTIDO Y CON MAYORES GANANCIAS.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    jose /

    20/05/2015 3:16 PM

    ... y ahora con lo del IGSS la cosa sigue

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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