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Las marchas todavía sustituyen a los libros de historia en Guatemala

¿Cómo fue que nos vendieron la idea de que una revolución para cambiar un país la hace uno día a día? ¿Acaso somos tan ingenuos para creérnoslo? Pienso que sí, después de todo, cada cuatro años salimos a votar.

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Esta es una opinión

Cómic de Kristian de León, Betzabé Alonzo S. y Juan Pablo Muñoz, con base en el tríptico de Galiotti Torres.

Ilustración: Kristian de León

Habré tenido trece o catorce años y entonces vivía en Xela, mi casa era un internado del que salía para ir a estudiar o para cantar en la misa. A veces también iba a jugar al Mario Camposeco y para estas fechas a ver la vuelta ciclística. Es decir, la típica vida de un preadolescente de clase media. También salía para ver los desfiles universitarios de marzo o abril y las marchas reivindicatorias que algunos se empecinan en llamar nostálgicas y pasadas de moda.

En ese entonces, cuando tenía trece o catorce años, esas marchas resultaron ser ejercicios bastante didácticos. De eso tengo la certeza ahora, que tengo 35 y que de vez en cuando salgo a verlas a la sexta avenida de la zona 1. Como este último 20 de octubre. Y digo que para mí fue didáctico porque en el instituto público donde entonces estudiaba los básicos, no recuerdo que en algún curso me hablaran de revoluciones, del Día del Rrabajo, del 12 de octubre o de todos esos hitos históricos de los que entonces no tenía ninguna idea. Fueron las mantas firmadas bajo siglas, como UTQ y similares, las primeras pistas para enterarme de lo poco que ahora sé.

Para el Primero de Mayo recién pasado veíamos la marcha que transitaba sobre la sexta avenida. ¿Desde cuándo pasarán estas marchas por ahí? Sobre una de las calles, como ya es normal, los carros bocinaban. Un chico se bajó de uno de ellos y se acercó para ver. Lo hizo por un rato mientras los caminantes no dejaban de pasar con sus mantas y sus viejas consignas. Finalmente el chico le preguntó a una persona que estaba cerca de qué se trataba y cuánto tardaría. Ella solo tenía respuesta para la primera pregunta. El chico se regresó con el celular en la mano y se metió de vuelta a su carro. La marcha dejó de importarle. Apagó su carro y continuó viendo el celular. Quizás tuitea algo, recuerdo que le dije a mi pareja.

¿Y quiénes marchan pues? Los sindicatos. Ah, los vividores. Sí, ellos. Los corruptos, ladrones, buenos para nada, a no ser que sea para bloquear el tráfico o pintarrajear la ciudad, que para eso sí que se prestan. Sí, ellos marchan. ¿Y quiénes marchan pues? Los sindicatos. Ah, los trasnochados que gimen nostálgicos por tiempos que no vivieron y que añoran caudillos que nunca conocieron y que en todo caso, ya pasaron de moda. Que la revolución es de uno y si no, no se hace nada.

Otro tanto de conclusiones y comentarios similares cuando hablan de los políticos. Y a mí que me quedan rebotando algunas preguntas. ¿Quién permitió, o permite, que tales instituciones, los sindicatos y los partidos políticos, se desprestigiaran y carguen con tanto lastre? ¿Cómo fue que nos vendieron la idea de que una revolución para cambiar un país la hace uno día a día? ¿Acaso somos tan ingenuos para creérnoslo? Luego pienso que sí, después de todo, cada cuatro años salimos a votar.

Ahí estaba yo parado este 20 de Octubre recién pasado en la sexta avenida con un grupo de amigos atestiguando el paso de los sindicalistas. ¿Cómo saber cuántos de estos marchan porque están afiliados para no perder el trabajo? ¿Cuántos lo harán convencidos? ¿Y cuántos otros aún recuerdan la angustia de los años duros? Difícil saberlo. Quizá por eso creo que lo de vividores y nostálgicos es una conclusión conveniente.

Se reparte mucho material en esos espacios, algunos que insisten en las viejas categorías que parecen darle la razón a los que dicen que estos asuntos “dinosáuricos” se resisten a morir y a evolucionar. Pero no solo viejas consignas y a los Guaraguao se escucha ¡esa música! Ahí estaban Luis y Carmen, por ejemplo, regalando ejemplares con los discursos de Arévalo y Árbenz que ellos mismos editan y que financian con dinero prestado de banqueros a los que sorprendentemente han embaucado, como cuenta Arnoldo Gálvez.

Y también se repartía este extraordinario material, un comic muy sorprendente por el formato en medio de tantas mantas que parecen recicladas y lleno de frescura para contar esa parte de la historia que pareciera ya contada. Pero es obvio que no. La idea de una marcha con fines didácticos regresa a mi cabeza.

A pesar de que hace muchos dejé de tener trece, sigo sospechando que en las escuelas aún se habla poco de la historia, sin omitir ningún tópico o manipularlo descaradamente, de este lugar al que llamamos país. Las marchas, con todo y que obstaculizan el tráfico, dejan paredes pintarrajeadas, música de Guaraguao y las trasnochadas consignas, parece que seguirán siendo necesarias. Y lo serán aún más en la medida que tengan la capacidad de autocriticarse y reinventarse. Innovar pues, dirían los colegas en mi trabajo. Porque si no es así, estimados críticos feroces, ¿cuál es la opción?

Engler García
/

Quise ser locutor profesional y no pude, pero fue en una cabina donde aprendí lo que sé de redactar. Abrí un blog para contar lo que veía. Después escribí en Plaza Pública, en un libro y ahora también en Nómada.


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    José Dardón /

    03/04/2017 6:58 AM

    Una simplificación burda y falaz sobre eventos y situaciones por demás complejas. La mayor parte mentiras descaradas.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Guillermo Maldonado C. /

    05/11/2014 11:50 AM

    Además de la marcha, caminata o manifestación, en estos días se realizaron actividades conmemorativas. En una de ellas nos proporcionaron tres ejemplares de la obra del historiador Augusto Cazali Ávila, y tuvimos la oportunidad de escuchar interesantes disertaciones en el evento organizado por el CEUR.

    “...En la Historia Contemporánea de Guatemala: Siglo XX, la Década Revolucionaria constituye la ruptura del modelo político del liberalismo, que persistió por espacio de 76 años, entre el triunfo de la llamada Revolución Liberal de 1871 y la Revolución Democrática del 20 de Octubre de 1944.
    El proceso revolucionario en Guatemala, se inició y fue posible desarrollarlo, no sólo por la firme voluntad de la ciudadanía, el pueblo en general y sus conductores, sino también por las condiciones favorables a los movimientos democráticos en Latinoamérica, que se dieron en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). En esto contribuyeron los postulados de las Naciones Aliadas, que preconizaban un mundo libre de la miseria, de la opresión y el temor; la liquidación del sistema colonial mantenido por las grandes potencias; el principio de la autodeterminación de los pueblos y la no intervención en los asuntos internos de cada Estado.
    La paralización del proceso revolucionario, en 1954, se produjo a su vez, cuando concluyó la alanza entre las Grandes Potencias en su lucha contra [del] nazifascismo europeo y el militarismo japonés, siendo sustituida por la «Guerra Fría», o sea el antagonismo entre el bloque capitalista encabezado por los Estados Unidos y el bloque socialista que encabezaba la Unión Soviética.
    Aunado al problema de la «Guerra Fría», la política revolucionaria guatemalteca de exigir a los monopolios norteamericanos de los ferrocarriles, muelles, producción bananera y de energía eléctrica, que se sujetaran a la legislación nacional, absteniéndose de actos lesivos a la soberanía guatemalteca, produjo la reacción del Departamento de Estado de los Estados Unidos, contra los gobiernos de Arévalo y Arbenz, constantemente acusados de «comunistas» y de «antinorteamericanos».
    A pesar de que se trató de una «Revolución frustrada», las realizaciones del decenio revolucionario cambiaron substancialmente el panorama político, económico, social y cultural de Guatemala, haciendo que el país entrara con mayor decisión a los tiempos contemporáneos, en aspectos legislativos, de instituciones sociales, de educación y de cultura; todo ello dentro de un ambiente que propició el libre ejercicio de los derechos garantizados e los ciudadanos por la constitución Política de la República de 1954...
    En nuestro caso, el compromiso con el movimiento revolucionario se originó desde junio de 1944, cuando se iniciaron las jornadas cívicas contra el dictador Ubico. Al igual que muchos otros estudiantes del Nivel Medio de aquellos años, nos contagiamos del entusiasmo cívico de entonces, identificándose con la lucha que culminó al triunfar la Revolución del 20 de Octubre, y luego con el movimiento político de la década...
    Nuestra realidad no estuvo basada en frágiles principios, ni en intereses económicos o en posturas dogmáticas de incondicionalidad a una corriente política, personas o entidades. A temprana edad colaboramos en tres de los principales programas de la Revolución: La seguridad Social, los Tribunales de trabajo y la Reforma Agraria...
    Si a los factores externos se suma la negativa situación interna que se vivía en Guatemala desde hacía muchos años, podrá comprenderse fácilmente por qué la mayoría de ciudadanos se sumó al movimiento iniciado por los universitarios en junio de 1944. Este apoyo no fue sólo de los sectores populares y las capas medias de la sociedad, sino también de individuos de alta posición económica y social, incluyendo representantes de la oligarquía terrateniente, industriales, comerciantes, financieros y profesionales universitarios... si bien estaban asegurados en sus negocios y propiedades por la paz social y el orden público impuesto por Ubico (sic), en el fondo se resentían por la falta de una política gubernativa que les facilitara su expansión...”. (Páginas 21 a 31. Cazali Ávila, Augusto. Historia Política de Guatemala, Siglo XX Volumen I. La Revolución del 20 de Octubre de 1944 y el Período de la Junta Revolucionaria de Gobierno. Octubre de 1944 – Marzo de 1945. Primera Edición 2014).

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Brigida /

    30/10/2014 2:21 PM

    Si, lamentablemente tengo 21 y hasta los 18 años que ingrese a la universidad escuche el nombre de Jacobo Árbenz. La historia nos ayuda a conocer el pasado, entender el presente y prever el futuro, no entiendo porque estos temas tan importantes no se tocan en el colegio.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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