Los vivos también componen

En sobremesa, conversábamos de trabajo una media mañana en Brooklyn. Con su mano izquierda tomó la botella de cristal ya vacía y la arrastró sobre la superficie de la mesa de madera. Ese ruido, o ruidos como ese, a veces dan pie a un tema musical.

Cotidianidad n789 Opinión P369
Esta es una opinión

Fotografía de Angélica Negrón, tomada de su sitio.

Angélica tiende a fijarse en los sonidos pequeños. Saca esos sonidos fuera de su contexto, para luego manipularlo digitalmente, juntándolos y colocándolos con cierto modo y orden.  Eso es componer, en su definición más básica.

De muy niña, Angélica quiso tocar el chelo. Se presentó a tomar cursos de chelo, pero el maestro le dijo que sus manos eran muy pequeñas para ese instrumento, que mejor el violín. Tomó las clases de violín, pero siempre supo que no le gustaba. Luego tomó piano. Siguió tomando clases de violín y piano hasta la universidad, sabiendo que no le gustaba.

En segundo año en la Universidad de Puerto Rico, tocó la banda sonora de películas de cine mudo en un jardín del recinto universitario de Río Piedras. La serie de películas mudas con banda en vivo se llamó Noches de Celuloide. Con lo que fue su primera banda, Sinestesia, musicalizó The Cabinet of Dr. Caligary. Y poco después, con Balún, su banda actual, musicalizó Meshes of theAfternoon de Maya Deren. La noche del gabinete de Caligary, un compañero le preguntó: ¿por qué no te cambias a Composición?

Porque no sabía que el departamento existía. Angélica comenzó a escuchar conciertos de la Sinfónica de Puerto Rico en los noventa, cuando tenía 15 años, y desde aquel entonces hasta el sol de hoy, el denominador común de las piezas interpretadas por la Sinfónica y en gran medida es: compositor hombre, blanco, y muerto.  Con lo cual, Angélica por un tiempo no estuvo al tanto de que los vivos podían componer.

Hasta esa tarde que ese compañero, José Daniel, que tocaba viola con ella en su primera banda, le comenta casualmente: si tanto le disgusta la concentración académica en violín y piano, ¿por qué no cambiarse al departamento de Composición? Porque no sabía que existía.  Existía sí.  En aquel entonces lo componían cuatro gatos. Con Angélica serían cinco. Vivos, todos.

Este año 2015,The Culture Trip catalogó a Angélica Negrón como una de diez compositores que están redefiniendo la música clásica.  Ella escribe para bandas, orquestas, cine, teatro y niños. Una buena parte del año, Angélica trabaja con niños.  Es Teaching Artist Fellow y en temporadas escolares imparte clases de composición a niños de kínder y primer grado.

Al traspasar las puertas del colegio, Angélica se vuelve Ms. Negrón. Recorre los pasillos decorados de dibujos y pinturas infantiles con un ukulele al hombro. Entra al salón donde la esperan quince niños en plena bulla de entre clases. Desenfunda su ukulele, y se gana la atención de todos con una pregunta.

-Are you ready to sing?

-Yes!

Ese día los niños veían el video de su proyecto de fin de curso, cuando músicos profesionales vienen a la escuela a tocar las piezas musicales que componen los niños de kínder y primer grado. El concierto consiste de los ejercicios que trabajaron durante el año: componer musicalmente su nombre y componer la banda sonora de un cuento.  El kínder número 213 ese semestre compuso la banda sonora de Where The Wild Things Are.

En su casa, Angélica guarda algunas cartas que le han hecho sus estudiantes.  Le asombra el detalle de algunos, que la dibujan con el lunar de su mejilla derecha.  También le divierte ese modo que tienen los niños de decir las cosas sin pelos en la lengua, como por ejemplo, ¿por qué siempre lleva puestos los mismos zapatos?

Prefiere trabajar con niños de kínder y primero, porque no tienen ese filtro que invariablemente se entreteje en los preadolescentes, ya tienen una noción muy clara de qué es música y qué no es, como también una preocupación por no quedar en ridículo.  Angélica gusta trabajar con la candidez de los niños de 5 y 6 años. Y para niños es el trabajo que hace junto a Nora Ruiz en Acopladitos.

Su estudio en Greenpoint, Brooklyn, tiene instrumentos musicales junto a computadora, sintetizador y juguetes. Algunos de su niñez, otros que compró por eBay. Los juguetes no son tanto por nostalgia, y mucho menos por ternura o niñería. A veces puede incorporar juguetes que evocan momentos confusos de su infancia.

Angélica dice que siempre en el lugar donde está, busca la manera de estar en otra parte.  Cuando crecía en Carolina, Puerto Rico –la cuna del reggaetón—, buscaba huir de la música a todo volumen que vomitaban los carros al pasar componiendo.

Ahora, 30 años más lejos de aquella infancia la busca en los momentos menos obvios. Quizás buscando entre los sonidos de algunos silencios de lo que no se dijo nunca.  Para sacarlo de su contexto original y manipularlo. Juntándolos y colocándolos con cierto modo y orden.  Componer.

Patricia Benabe
/

Original de Puerto Rico, residente en Nueva York. Documentalista. Escribe. Aficionada a la lectura y la foto. Acumula discos, millas de viajera frecuente, amigos, y papeles. Estudió literatura hispánica en Nueva York y guión en Madrid.


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