Para los hondureños de la caravana regresar a su país no es una opción

El cansancio no los detiene. Los hondureños hicieron escala en la Ciudad de Guatemala antes de seguir su camino hacia México y luego a EEUU. Estas son algunas de las historias y las razones para aventurarse en esta caravana.

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Una familia espera mientras son acomodados en los albergues que ofreció la Casa del Migrante en la Ciudad de Guatemala.

Foto: Carlos Sebastián

Arde la espalda. Las articulaciones rechinan y las pantorrillas se acalambran. Los pies hinchados están a punto de reventar por el cansancio. Y es sólo un día. Solo uno de los cuatro días que los miles de hondureños llevan caminando. Solo uno de los muchos días que aún faltan hasta que la caravana llegue a su destino: Estados Unidos.

Cada vida es una historia con coincidencias. Para los hondureños este viaje es una manera de escapar de la escasez y el acoso de las pandillas.

Jonathan, Guillermo y María llegaron a la Casa del Migrante en zona 1. Relatan sus motivaciones para arriesgarse junto a su familia en esta caravana que representa una oportunidad para mejorar sus vidas. La madrugada de este jueves continuaron su camino para reunirse de nuevo en Tecún Umán, San Marcos, e intentar cruzar a México.

Jonathan: “Somos demasiados buscando trabajo en Honduras”

Las banquetas de la 15 avenida se llenan de personas, de piel morena, ojos cafés y verdes, recostadas en la pared. En medio del movimiento, el caos, las mochilas y las bolsas negras de plástico. Descansan. La Casa del Migrante en la zona 1 es una de las paradas en este viaje sin hoteles y pasaportes. Sin coyotes y horarios. Sin permiso, según el presidente Trump.

Los jóvenes en Honduras tienen pocas posibilidades para conseguir un empleo, dice Jonathan.

Los jóvenes en Honduras tienen pocas posibilidades para conseguir un empleo, dice Jonathan.

A Jonathan Troches eso no le importa. Aunque tenga que cruzar las fronteras escondido —como lo hizo para llegar a Guatemala— lo hará. Regresar a Honduras no es una opción. Con 18 años ha enviado más de 16 solicitudes de trabajo a las maquilas en y afuera de San Pedro Sula. Nunca recibió respuesta.

—Es por la edad. Si eres muy joven no te contratan. En ningún lugar hay trabajo, y somos demasiados buscando.

Él y los otros jóvenes a su alrededor coinciden; no es que la situación antes estuviera mejor, pero desde la llegada del presidente Juan Orlando Hernández está peor. La canasta básica y el precio de la energía eléctrica sube, mientras las oportunidades parecen ser cada vez menos.

Jonathan migra solo. Sus hermanas se quedaron en Honduras. Su mamá es enfermera en el sistema de salud pública en Honduras donde el presupuesto no da para abastecer la necesidad de medicamentos básicos, mucho menos para un salario digno. Su papá, de 60 años, es diabético y su condición de salud es grave. Ha sido trailero toda la vida. Vivía de movilizarse, entre pueblos y países. Ahora su hijo, Jonathan, se moviliza para vivir. Para encontrar trabajo y apoyar económicamente a sus papás.

Jonathan ya llevaba tiempo masticando la idea de irse para Estados Unidos, pero no tenía para pagar los US$8 mil que le cobraría un coyote y por su edad nadie le daría un préstamo. Cuando se enteró de la caravana decidió que eso era su oportunidad para irse. En grupo y caminando es mucho más seguro que subirse a La Bestia, enfrentarse a grupos de crimen organizado en el camino y, en un grupo de miles, no los van a detener, dice Jonathan.—¿Cómo nos van arrestar a todos?.

Guillermo: “Todos somos inmigrantes en este mundo”

Sigue llegando gente. Los voluntarios se apresuran para atender a todos, con comida, agua y colchones inflables. Intentan organizar a los visitantes en una sola fila para apuntar y asignarlos a un albergue. Es fácil perder la cuenta. Son más de mil. Muchos son niños, pequeños y grandes. Su pelo despeinado y los rasponcitos en sus rodillas evidencian que caravana o no, ellos siguen jugando, como lo tienen que hacer los niños.

Carlos se protege con la bandera de Honduras. Dice que en su país las personas de su edad son excluidas.

Guillermo se protege con la bandera de Honduras. Dice que en su país las personas de su edad son excluidas.

Entre la multitud está Guillermo Bendaña. Está envuelto en la bandera de su país y echando un suero de polvo en una botella de agua. Está deshidratado. Jonathan era demasiado joven, Guillermo demasiado grande. A él, el tiempo lo dejó con la piel arrugada y marcada. Excluido del mercado laboral en Honduras. Apenas trabajitos de día a día encuentra. Por eso espera cumplir su próximo cumpleaños, el 60, en Estados Unidos porque allá no importa la edad, le dan trabajo al que tenga experiencia.

—En Honduras después de los 35-40 años no le dan trabajo, por mucha experiencia que tenga uno. Pero en los Estados sí, porque sé un oficio, soy electricista y mecánico también. Entonces mi meta es llegar a trabajar, no a delinquir. Somos humildes, y necesitan de nuestra mano de obra. En Honduras no hay trabajo. Casi todos los peritos mercantiles que yo conozco en Ocotepeque andan manejando mototaxi. ¿Para eso estudiaron, para manejar una moto?

Le conmueve hablar. Aunque insiste en que logrará llegar a Estados Unidos, quizá teme que no sea así. Igual que los otros en la caravana, Guillermo dejó atrás a familiares en Honduras, sus hijas grandes. Y en EEUU le esperan sus otros dos hijos, de 12 y 15 años. El éxodo ya había comenzado desde antes, solo que no de forma organizado. Tampoco de una manera en que los migrantes que van en camino lograron ser el centro de atención, como lo fueron hoy.

Guillermo confía en que lograrán llegar a Estados Unidos.

Guillermo confía en que lograrán llegar a Estados Unidos.

No es primera vez que Guillermo viaja. Ha tenido una vida vagabunda, dice. Nació en Nicaragua, y antes de hacer de Honduras su hogar hace 35 años, tuvo oportunidad de conocer Europa, Estados Unidos, Cuba, República Dominicana y Panamá. Tiene familia en Costa Rica, Miami, Los Ángeles, San Francisco y New York.

—La tierra es para todos. Dios no puso fronteras, los hombres han puesto fronteras. Todos somos inmigrantes en este mundo —dice entre lágrimas—.

Tienen que llegar. Si el presidente Trump quita el apoyo económico a Honduras, como amenaza, solo llegarán más porque se van a morir de hambre en Honduras, asegura Guillermo.

María: “No quiero que mis hijos sean ladrones. No quiero eso para ellos”

La tarde avanza y en el albergue temporal en la Escuela Santa María el ambiente caótico comienza a bajar. Muchos ya están instalados en colchones inflables y lo primero que hacen es quitarse los zapatos para subir sus pies. Otros ya duermen sin notar el eco de las risas y gritos de los niños que siguen jugando. Alrededor de los enchufes se reúnen los que trajeron celulares. “Me presta una llamada”, se repite entre el murmullo. Quieren avisar a sus familias que han llegado bien a Guatemala.

María y sus dos hijos toma un descanso luego de caminar durante varias horas desde Honduras.

María y sus dos hijos toma un descanso luego de caminar durante varias horas desde Honduras.

María se mira agotada, pero hace caras y muecas para entretener a Bianca, su hija de 8 meses, a quien carga en sus brazos. Camina incansablemente entre la calle y el albergue junto a otros cuatro adultos de su familia. No están buscando llamadas sino a Rosa, la tía de María, y sus dos hijos de 4 y 7, de quienes fueron separados después de cruzar la frontera.

Deciden aceptar un espacio en el albergue temporal, Colegio San Jerónimo Emiliani, para que puedan acomodarse antes de la noche, mientras el abuelo de María, Jorge, regresa a los otros albergues a seguir buscando a Rosa.

Eran diez cuando salieron juntos de Tegucigalpa el sábado.

—Juan Orlando dice que hay trabajo en Honduras, esas son mentiras.

Después de perder su trabajo y el intento frustrado de encontrar otro, Jorge decidió poner una venta de baleadas —una tortilla con frijoles y relleno, típico de Honduras—. No duró mucho tiempo hasta que una pandilla llegó cobrarle la primer renta. Le pidieron 10 mil lempiras (US$415, Q3 mil 200) al mes y lo pagaba. Era insostenible. Sabía que el día que ya no quería o podía pagar le comenzarían a amenazar.

Bianca juega con su hermano Santi de dos años. Se ríen mutuamente. María intenta organizar la poca ropa y los pañales que trajeron para el viaje. Ella decidió irse por la misma razón que su abuelo. Tiene 15 años y  dejó de estudiar, estaba embarazada de Santi. Cuando nació Bianca lo poquito que ganaba el novio ya no era suficiente. Comenzó a vender dulces y golosinas desde un puesto en su colonia. Bajo amenazas también comenzó a pagar la extorsión. La caravana era una opción para buscar un lugar más seguro.

La familia de María (al fondo a la derecha) toma un descanso luego de caminar durante varias horas.

La familia de María (al fondo a la derecha) toma un descanso luego de caminar durante varias horas.

—Primeramente Dios, el señor Trump nos deja entrar, porque este hombre sí es malo. Cien por ciento. Era mejor cuando estaba Obama, él ayudó a muchos hondureños después del Mitch. Mejor hubieran votado por Hillary, pero no sé por qué siempre creen que las mujeres no podemos hacer grandes cosas.

María se expresa con timidez. Le da pena decir cuántos años tiene porque le han criticado por tener solo 15 años y dos hijos. Aunque a veces ella es la que toma las decisiones grandes en su casa, especialmente respecto a los hijos, dice.

—Yo tomé la decisión de que nos saliéramos de allá porque por tanta pobreza a veces los hijos de uno terminan robando y cobrando. Yo no quiero que mis hijos hagan eso. No quiero eso para ellos.

Pasa una voluntaria a sacarle una foto de Bianca con su gorra de orejitas de gato. Bianca está fascinada con el celular y por cada foto regala una sonrisa distinta. María la observa con una sonrisa.

—Ella va a ser modelo cuando crezca allá, en Estados Unidos.

Pia Flores
/

Buscadora de las historias invisibles y experiencias con sentido. Antropóloga irreverente y amante de la diversidad, la noche, las auroras coloridas y los cuentos que tardan.


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    Luis Paraiso /

    18/10/2018 10:53 PM

    La reaccion de los guatemaltecos frente a los hondureños es de un gran valor y dignidad. Es el acto mas revolucionario quese ha dado estos 20 años. Esta caravana de migrantes es el fenomeno social mas coherente que ha existido desde que la isquierda firmo los acuerdos de paz y entrego las nalgas traicionando asi 50 años de lucha. HERMANOS HONDURENOS SOLIDARIAMENTE CON USTEDES, HERMANOS GUATEMALTECOS GRACIAS LA LUCHA CONTINUA

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    luferdel /

    18/10/2018 7:30 PM

    Lo que verdaderamente da tristeza y causa indignación, son los torpes comentarios de ciertos hijos de puta que dicen que la caravana es "manipulada y pagada por oscuros intereses". Cierto es que a alguien se le ocurrió decir que en Honduras, su país, no hay futuro y esto provocó una inesperada desbandada de miles de personas que viven en la extrema pobreza. Solo a idiotas se les puede ocurrir pensar que aquí se práctica un acarreo de personas (como se suele hacer principalmente por fines políticos). Esa travesía masiva, emprendida por ciudadanos degradados y olvidados por su propio gobierno, llena de riesgos y peligros, requiere una fuerte motivación que muy difícilmente pueda ser obra de un político de mierda.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Jose /

    18/10/2018 12:23 PM

    Porque la conversión de lempiras la hacen a dólares estadounideneses?? Estamos en Guatemala y nuestra moneda es el Quetzal, y si hay lectores extranjeros que ellos hagan sus conversiones.

    ¡Ay no!

    5

    ¡Nítido!



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