Las playeras feministas no van a cambiar al mundo

Es difícil seguirle la pista a los escándalos que nacen en internet, pero déjenme contarles el de la marca Revolve. Todo empezó cuando apareció en su sitio un una sudadera gris modelada por una chica rubia y delgada, con la leyenda “Ser gorda no es hermoso, es una excusa.” ¿En qué estaba pensando la marca con ese mensaje?, nos preguntamos en Twitter.

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La desatinada playera de la marca Revolve.

La respuesta fue mucho más complicada de lo que esperábamos, porque el producto era resultado de una colaboración entre Revolve, LPA (una marca independiente conocida por sus suéters) y feministas mediáticas como Lena Dunham, Emily Ratajkowski, Cara Delevingne y Suki Waterhouse, con el objetivo de crear conciencia sobre el ciberbullying. Cada una de las participantes eligió una de las muchas frases hirientes que reciben todos los días en redes. La que generó polémica, un insulto enviado a Paloma Elsesser, fue la más desafortunada fuera de contexto, pero las otras tampoco eran especialmente interesantes, cosa que no sorprende, dado que fueron pensadas por trolls para ofender y lastimar a sus receptoras.  “Si pusieras un trasero en su cara, tendría una mejor cara”, decía la de Suki, mientras que la de Em Rata solo es una lista de adjetivos: “Pesadilla zorra feminista”.

Tuit de Tess Holliday.

Frente a las críticas, Revolve se disculpó por no incluir el contexto de la campaña en su página web. Lena Dunham y Pia Arribo (la fundadora de LPA) también se centraron en la falta de tacto y estrategia de Revole al lanzar el proyecto. Elsesser por su parte, lamentó siquiera haber participado, se disculpó con quienes la siguen y criticó tanto a Revolve como a LPA en una publicación de Instagram.

Respuesta de Paloma Elsesser en su Instagram.

Respuesta de Paloma Elsesser en su Instagram, segunda parte.

A pesar de lo que digan estos comunicados, ninguna estrategia de comunicación o contextualización habría mejorado la campaña, porque la ropa con frases por definición carece de contexto y no suele invitar a la reflexión. Como mucho, provoca una sonrisa  o recelo, dependiendo de qué tanto se alinea el slogan con nuestros valores (Por ejemplo, yo pongo los ojos en blanco si veo una de Female Body Inspector pero uso una que dice Bruja). La sudadera en cuestión fue percibida como un insulto por estar en un cuerpo delgado, pero su mensaje no se habría visto mejor en un cuerpo gordo y lo mismo con los mensajes propuestos por las otras participantes, porque, además, una vez puestas a la venta, no existe forma de controlar o explicar el mensaje.

La famosa leyenda “The Future is Female”, que tiene su origen en el feminismo lésbico separatista de los años setenta, con una camiseta que fue fabricada por primera vez para dar a conocer una librería centrada en mujeres ha perdido su contexto y su sentido original en las décadas siguientes, para convertirse en un slogan que puede ser manufacturado tan solo con el objetivo de ganar dinero.

Claro que la ropa puede ser una declaración política: cuando una persona usa las prendas que hizo ella misma, porta textiles tradicionales creados en su comunidad o muestra su apoyo por ciertas causas, pero los slogans feministas, aunque pueden ser divertidos e inofensivos, por sí mismos no significan nada y, a menos que sean elaborados por pequeñas productoras, son parte de una industria que paga mal a quienes maquilan los productos, genera contaminación y reproduce estándares de belleza nocivos.

Más allá de eso, es demasiado optimista e incluso ingenuo pensar que los insultos misóginos pueden hacernos más fuertes, que lo peor que nos han dicho puede de alguna forma empoderar a otras mujeres. Es mucho más probable que esa serie de insultos en una tienda en línea o en el cuerpo de otra mujer en la calle generen dolor y confusión a que causen algún tipo de reflexión positiva. Ni qué decir de un cambio verdadero en la sociedad.

En la era del feminismo digital y los hashtags, las mujeres y otros grupos vulnerables hemos dado incontables testimonios respecto al acoso y abuso que hemos vivido. Es cierto que puede haber un poder en tomar el control de la narrativa, pero, como propone Hannah Gadsby en su standup Nanette, ironizar con estas historias, contarlas sin darle su debido peso, puede ser muy dañino. El ciberbullying no está bien y quienes han sido víctimas no tienen por qué sentirse empoderadas por ser blanco de insultos que tienen el objetivo de herirlas. Tienen que haber formas más sanas de señalar esta clase de problemas sociales, sin que sea necesario que las víctimas revivan una y otra vez las peores cosas que han vivido.

Es posible reclamar palabras que históricamente se han usado para insultar, como ha sucedido con palabras como “queer”, pero esto se hace mediante un trabajo comunitario o teórico o incluso por una decisión personal. Lo que no es posible es forzar esta reapropiación por medio de la venta de mercancía. Intentar convertir momento vulnerable en una enseñanza y hacerlo a través de una sudadera no es revolucionario ni feminista, solo es vender  un producto.

 

María José Evia Herrero
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María José Evia Herrero estudió Comunicación en Mérida, Yucatán. Vive y trabaja en CDMX desde 2014, donde escribe sobre temas desde responsabilidad corporativa hasta literatura, moda y belleza. Es feminista y amante de los gatos.


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    Valentina hb /

    20/10/2018 12:43 AM

    Me parece que el comercio siempre solo va a querer vender. Si un articulo empodera más pero no es "vendible" entonces no la usarán. Y me refiero a una galleta, una olla, un coche, o una sudadera. No podemos dejar un tema tan importante en sus manos.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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