Aflatoxinas, ¿se comen?

Se generan en los granos de maíz y frijol que son mal almacenados, y luego dañan el hígado de las personas hasta desarrollar cáncer. El problema se complica porque también afecta a niños desnutridos.

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Esta es una opinión

Foto: Plaza Pública

Guatemala, un país de vocación agropecuaria, depende de cultivos agrícolas para su sustento familiar. La dieta de sus habitantes, especialmente en áreas rurales, se basa en el consumo de granos como el maíz y frijol. Sin embargo, el país presenta cifras muy altas de desnutrición que conllevan al desarrollo de otras enfermedades crónicas y problemas en el desarrollo físico e intelectual de las personas.

UNICEF ha reportado que cuatro de diez niños sufre de desnutrición crónica, y que en áreas rurales esta cifra sube al 80 por ciento (ocho de cada diez). Desafortunadamente, la falta de una dieta adecuada no es el único problema que condiciona el crecimiento y desarrollo de los guatemaltecos. En los últimos cinco años, investigadores nacionales y extranjeros han elucidado la relación entre la falta de crecimiento infantil y la exposición a aflatoxinas.

Para ponernos en contexto, las aflatoxinas son compuestos químicos producidos por mohos del género Aspergillus que crecen en granos como maíz y frijol, en heno para consumo animal, y otros productos agrícolas mal almacenados. Su toxicidad emerge de su alto potencial carcinógeno, y quienes se ven expuestas a ellas tienden a incrementar el riesgo de sufrir cáncer.

Las aflatoxinas son metabolizadas en el hígado, en donde se producen otros compuestos activos que interactúan con moléculas de ADN y causan mutaciones que provocan una división desproporcionada de células, que representa el desarrollo de cáncer como tal.

Estas toxinas también pueden ocasionar bajos niveles de absorción de nutrientes, entre otros problemas crónicos de salud.

Estudios publicados en Journal of Cancer Research y Plos One catalogan a Guatemala como uno de los países latinoamericanos con altas tasas de mortalidad por cáncer de hígado y otras enfermedades relacionadas al consumo de aflatoxinas. Sin embargo, en los últimos años, se ha observado que niños menores a cinco años son los más propensos a los efectos adversos relacionados con la exposición a aflatoxinas.

A pesar de que el mecanismo de acción de estos compuestos en reducir el crecimiento infantil permanece poco claro, otras investigaciones publicadas en revistas científicas como International Journal of Environmental Health Research, determinaron que los niños expuestos a aflatoxinas, por medio de su dieta e interacción con material contaminado, presentan niveles bajos de crecimiento bastante significativos, medidos por la altura en relación a la edad.

En 2013, la investigadora Olga Torres con el apoyo del Fondo Nacional de Ciencia y Tecnología (Fonacyt) y el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), cuantificó la presencia de aflatoxinas en maíz con el fin de determinar la influencia de estas sobre el retardo de crecimiento de niños en Guatemala. El estudio encontró cantidades que sobrepasaron 300 veces los niveles aceptados para consumo humano.

Guatemala, a pesar de ser un país con énfasis agrícola, posee un retraso en temas de almacenamiento de las producciones de granos básicos. Según el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (MAGA), sólo el 15 por ciento de los productores de granos básicos en el país almacenan sus producciones de forma adecuada. Como consecuencia, la generación de aflatoxinas es considerable, pero con pocos recursos y falta de atención de instituciones gubernamentales es casi imposible atacar el problema de raíz.

La colaboración entre entidades de gobierno como los ministerios de Salud y Agricultura es primordial en el intento de mejorar los modelos de almacenamiento de granos básicos, en monitorear los niveles de estas toxinas y en reducir la probabilidad de exposición a ellas. Técnicas de secado en campo y secado mecánico han sido exitosas en reducir la contaminación por aflatoxinas en países como Tailandia. Esto indica que los medios para atacar este problema no son de otro mundo, y si se toma el ejemplo de otras regiones del planeta y se favorece la capacitación de profesionales, las instituciones gubernamentales tienen en sus manos reducir esta problemática.

Al final, es importante comprender que el bajo nivel en el desarrollo físico y mental de niños guatemaltecos tiene implicaciones en otros aspectos de vida como menor retención y productividad escolar, bajo coeficiente intelectual y alta probabilidad de adquirir enfermedades.

La niñez representa uno de los mayores activos, si no el mayor activo, de un país. Ellos son las futuras generaciones que llevarán en hombros su productividad. Si en realidad se busca el desarrollo de Guatemala, la niñez debe ser atendida con prioridad. Que ser un “país en desarrollo” no solo quede en la clasificación, sino que el desarrollo sea de verdad explícito en la búsqueda de una mejor Guatemala.

Marco E. Franco
/

Científico. Especializado en toxicología ambiental y molecular. Utilizando la ciencia para entender el daño que le hacemos al mundo. Afortunado por tener la curiosidad de un niño y motivado por las ganas de aprender. Fanático de pensamientos lógico-analíticos, y de experimentar en el laboratorio y la cocina.


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    David /

    26/05/2018 4:37 PM

    Amigo buen artículo. En el Ministerio de agricultura espesificamente en la Direccion de Inocuidad, se elaboro un perfil de riesgo de aflatoxinas en maiz, pronto sera publicado, con informacion importantisima.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

      Mlton El Fin Aguilar /

      20/08/2018 11:24 PM

      ¿podría compartirme información?, actualmente trabajo en una investigación relacionada al tema en Honduras, gracias.

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

    reinaldo jarquez /

    23/05/2018 9:16 PM

    nadie esta mencionando las donaciones de paises que mandan granos que no son aptos para consumo ni animal creo yo, donaciones LLENAS DE AFLATOXINAS, del Brazil y no me extranaria que USA tmb, en fin este maiz toxico se sigue sembrando y el mal no para!!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Rolando Gomez /

    22/05/2018 9:18 AM

    Excelente e ilustrativo articulo. Le agregaría que no solo el almacenamiento inadecuado conduce a la aparición del Aspergillus. La primera estación de contagio se da en el campo, en siembra, sea por acción natural del viento y/o por insectos que propician, muy eficientemente, la propagación del hongo.
    En el tema del cáncer hepático, de hecho, los niños desnutridos son las mayores victimas de las aflatoxinas B-1 ya que sus sistemas inmunologicos estan muy comprometidos..

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

      Marco Franco /

      22/05/2018 9:46 AM

      Rolando, muchas gracias por comentar el articulo. Si, hay muchos factores a considerar como los que menciona ud, y de los que quisiéramos haber hablado mas en detalle. La idea es introducir estos problemas a la población, y en textos tan resumidos es difícil ser mas especifico, pero muchas gracias por agregar mas información - nos ayuda a todos los lectores a aprender un poquito mas. Saludos.

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

    Daniel Colocho /

    22/05/2018 7:28 AM

    Información tan relevante para nuestra realidad e importante para considerar acciones para introducir cambios que incidan en mejores prácticas en el campo deberían tener forma de compartirse directamente con otros usuarios de la WEB.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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