Demos la cara por nuestro ambiente

La educación en materia ambiental debería ser de interés popular. Comprender como funciona la naturaleza nos coloca en una posición más imparcial y facilita contribuir positivamente a temas ambientales, en especial cuando tienen impacto en economía y salud.

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Esta es una opinión

Foto: Plaza Pública / Sandra Sebastián

Guatemala, a pesar de contar con grandes proporciones de recursos naturales y una envidiable biodiversidad, es ese país en donde los temas ambientales se asemejan a un sermón rutinario al cual se prefiere dar la espalda. La incompetencia de las autoridades de gobierno no solo es vergonzosa, sino que empeora situaciones que requieren de atención inmediata.

Situaciones como las que viven los lagos de Amatitlán y Atitlán y el río Motagua parecen solo empeorar sin que se definan acciones concretas a futuro. De igual forma, en días anteriores se registró una muerte masiva de peces en la laguna de Mesá del municipio de Santa Cruz Muluá en Retalhuleu.

Sin embargo, determinar las causas de este tipo de eventos inmediatamente después de que ocurren es como buscar una aguja en un pajar; es decir, no es tarea fácil. El detalle es que en Guatemala se quieren resultados y se quieren rápido. La falta de conocimiento en temas ambientales crea un espacio en donde el único objetivo es buscar a quien culpar, y que de alguna forma se recompense a los grupos afectados.

No fue de mucha ayuda que autoridades de gobierno, incluido el “radiante” ministro de Ambiente, salieran ante la prensa y se refirieran, con palabras como “creemos” y “pudo haber sido”, a la posibilidad de que la mortandad de peces fuera el resultado de contaminación química, sin siquiera tener un análisis químico-analítico y/o toxicológico. La única consecuencia de tal actitud y del manejo inapropiado de información, combinados con el desconocimiento de los ciudadanos, es generar disgusto entre la población y que se produzca un sentimiento de buscar quien paga los platos rotos.

Esta más que claro que el gobierno es incapaz de dar la cara por la situación ambiental en el país. Alguien que con la más grande desfachatez acepta públicamente su falta de experiencia y conocimiento para desempeñar el cargo al que fue asignado no puede ser visto como el rostro de los temas ambientales en Guatemala. Entonces, ¿quien puede tomar esa responsabilidad y liderar ese cambio que tanto se necesita en el país? La respuesta es sencilla: nosotros, los ciudadanos.

Si bien es cierto que la presencia y la guía de profesionales y expertos ambientales es imperativa en diseñar los caminos a seguir, los ciudadanos son quienes pueden aportar acciones que resulten en un cambio positivo. Ese sentimiento de apatía que muchas veces nos coloca en una posición en donde si algo parece no afectarnos entonces no es importante, tiene que ser erradicado. Es también necesario evitar el “paradigma del boomerang”, que en ciencias ambientales y de salud se refiere a que lo que tiras, puede regresar y lastimarte. Por ejemplo, esos desechos que se depositaron de manera incorrecta en un río, afectarán la calidad del agua que se podría utilizar para el riego de los vegetales que, posiblemente, se terminarán comprando en el mercado para consumo propio.

Ser “ambientalista” no debe ser sinónimo de ponernos histéricos al intentar detener la tala de un árbol que está a punto de caer sobre una vivienda. Más bien, como primer paso, debemos aprender a tomar consciencia de cómo nuestras actividades diarias afectan nuestro entorno y el de los demás, y cómo podemos reducir esas actividades que no contribuyen al bienestar ambiental.

Dedicar cinco a 10 minutos diarios para leer una noticia sobre algún tema ambiental en Guatemala, tomar nota de los términos y frases que no son familiares, y hacer una búsqueda rápida sobre el tema no solo nos educa, sino también nos ayuda a compartir y discutirlo del día con alguien más. Comentárselo a la familia, a compañeros de trabajo, a los vecinos, etcétera expande esa pieza de conocimiento y facilita el evitar o al menos reducir acciones con impacto ambiental negativo.

La ineptitud de autoridades gubernamentales en materia de ambiente no puede ser un motivo para bajar los brazos. Es tiempo de dar la cara en respuesta a quienes dan la espalda. El medio ambiente en Guatemala necesita de los ciudadanos tanto como nosotros necesitamos de él. Está en nuestras manos no permitir que el “boomerang” regrese con consecuencias que no serán de agrado, y es necesario entender que la única forma de evitar ese regreso es simplemente no lanzarlo en primer lugar.

Marco E. Franco
/

Científico. Especializado en toxicología ambiental y molecular. Utilizando la ciencia para entender el daño que le hacemos al mundo. Afortunado por tener la curiosidad de un niño y motivado por las ganas de aprender. Fanático de pensamientos lógico-analíticos, y de experimentar en el laboratorio y la cocina.


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    Dulce B. /

    21/06/2018 10:11 AM

    Me encanta este tipo de articulos! Se que este tipo de cambios empieza por uno mismo, como por ejempo llevar tu prorpia bolsa al super mercado o simplemente usar una para todas las cosas. Las pequeñas acciones son las que hacen la gran diferencia! Por una Guatemala mas verde y libre!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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