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“Si hay una contradicción entre retorno de inversión y el planeta o los derechos humanos, es una inversión a corto plazo”

Nathalie Molina Niño es una empresaria referente en el mundo de la tecnología. Ha tenido 5 empresas, con sedes en 35 países, con 75 mil empleados. Y fundó en Columbia University un centro para emprendimiento de mujeres. Sostiene que la empresarialidad es insuficiente para cambiar las sociedades. Necesita un propósito.

emprendimiento Ideas y soluciones P147

Nathalie Molina Niño, inversionista de riesgo.

Foto: Nueve

De origen andino y estadounidense, esta empresaria de 43 años fue la oradora principal del Foro IDEA y el Foro Latinoamericano de Inversión e Impacto (FLII) la semana pasada en Antigua. Pero no solo habló inversiones y retornos, o de su proyecto de inversión para que la píldora anticonceptiva pueda estar a costos menores en Estados Unidos, sino también sobre la ética y las mujeres en los negocios: “Las mujeres no necesitan caridad; el mundo necesita a las mujeres”. Aquí, el resumen de la conversación con Nómada

– Eres una empresaria muy exitosa, pero fuiste invitada no solo para hablar sobre tus negocios sino porque consideras que es necesario hacer más que empresarialidad, como por ejemplo invertir en los derechos de las mujeres. ¿Cuándo te nació esa conciencia?

– Creo que fue porque me criaron así mis padres. Con mi primer negocio a los 20, cuando llegó la “religión” de Scientology como cliente (para hacerle una página web), fue una bronca entre aceptar al grupo como cliente o no. La ética en el mundo emprendedor siempre estuvo ahí. Qué es lo que no hacemos, con quiénes no queremos trabajar, cuáles son las líneas que no cruzamos. 

Después, cuando me salí del mundo de tecnología y empecé a enseñar en Columbia (Nueva York) y las alumnas sabían que yo venía de ahí y que trabajé con Microsoft y Google, me pedían que las ayudara a entrar a ese sector. Y a mí me daba pena porque había salido huyendo; no solo porque era un sector tóxico, con una cultura que para nada apoya a la mujer, sino por mi responsabilidad personal. Yo duré 15 años en una industria y no la dejé mejor de lo que la encontré. Por ellas yo tenía que regresar. No soy mamá, pero tengo las voces y las caras de esas alumnas en mente para crear un contexto en el que puedan tener una experiencia distinta a la mía. 

– Para quienes no han trabajado en Silicon Valley y sueñan con eso, ¿qué te gustaría que fuera distinto de esa experiencia? 

– Sigo siendo ingeniera y los hechos son los que hablan mejor. Se sabe que a la mujer que tiene más de 50 años le suele ir mejor como emprendedora. Si en Silicon Valley les importaran los hechos, estuviera repleto de mujeres de más de 50 años. Yo lo que quisiera es que nos basemos en los hechos. Sabemos que a las mujeres emprendedoras les va mejor, no solo en ganancias sino en la ética con la que manejan los negocios. Si sabemos que a las mujeres con más 50 años les va mejor; invirtamos en ellas. Quisiera que en la industria de tecnología y en Silicon Valley nos basemos en la realidad y no en los prejuicios y el machismo. 

– En el mundo de inversión, el argumento de invertir en cambiar el mundo todavía no es mainstream. ¿Qué herramientas argumentativas darías tú para las personas que quieren convencer a inversionistas de colocar fondos en empresas que buscan solucionar problemas sociales?

– La forma en que me encajaste la pregunta pone en conflicto la idea de retornos y crear empresas con una buena ética con el planeta y los derechos humanos. Yo no los pongo como opuestos. Si están en contra es porque estamos pensando muy a corto plazo. Si estoy pensando en la salud del negocio solo con una imagen de un año, tres años, hasta cinco. Entonces voy a hacer lo más rápido, solo con mis amigos, el ingrediente que le ponga a la comida quizás sea malo para la salud, pero este año me va a traer más rentabilidad. Si estoy creando un negocio pensando en 10, 20, 50 años, no solo en impacto sino en ganancia, todo cambia. 

Lo que sabemos es que si comparamos los retornos de inversionistas de Silicon Valley que invierten a corto plazo y los comparamos con Warren Buffet o con otros inversionistas menos famosos que invierten a largo plazo, se quedan en pañales los primeros. Quienes piensan a largo plazo les dan tres vueltas.  

Molina Niño durante su participación en Foro IDEA.

– Lo traduzco como que las inversiones éticas son rentables a largo plazo. Pero hay una escuela que viene de los liberales clásicos (o neoliberales) que enseñan que el egoísmo es la mejor ética, y que las ideas “éticas”, de gente buena, no son rentable a largo plazo. ¿Cómo argumentarías en contra de eso?

– Me encantaría que esas personas que piensan así hablen con los inversionistas de WeWork, que acaban de perder billones (ríe) y me cuenten cómo les está funcionando el egoísmo en ese caso. Por el contrario, les daría el caso de Pinacle, la empresa con dueña mujer que más rápido está creciendo en Estados Unidos. La empresa tiene 15 años y US$1 billón. Tiene una ética increíble. Es una empresa que hace obras en todo el mundo, más de la mitad de los ejecutivos son mujeres, y es una muestra de que la ética paga. Puede ser que en un trimestre tenga más ganancia WeWork que Pinacle, pero si miras cuál es el arco de la vida de WeWork versus Pinacle, la cosa cambia.  

– En nuestros países, pero sobre todo en Centroamérica y Guatemala, hay un problema social inmenso, con 1 millón de personas que se fue migrando en el último año en un país de 15 millones.

– Como Ecuador hace unos años.

– Y un salvadoreño de Oxford decía que no valía la pena ser reyes sentados sobre basureros y sufrimiento. ¿Qué deberían pensar las nuevas empresarias y empresarios cuando tienen que recordar en qué país están haciendo negocios?

– Los ingresos de mi libro (Leapfrog: The New Revolution for Women Entrepreneurs) van para una fundación que se llama Vote, run, lead, para fomentar la participación de mujeres en política. Hasta mis amigos me criticaron diciéndome que por qué me “salía” de la parte empresarial. Pero los emprendedores también tenemos que preocuparnos por la política de donde vivimos, porque los negocios no pueden sobrevivir si no están integrados con lo que está pasando en el contexto del país, del municipio. Tenemos que involucrarnos, que nos importe, que podamos aportar dinero cuando haga falta. 

– Una pregunta desde el feminismo, que aprendemos que no es rentable, y que está confrontado con el capitalismo por la explotación de las mujeres. Hay una desconfianza entre feministas y empresas, que piensan que el feminismo, con su demanda por ejemplo de salas de lactancia para trabajadoras, solo representa gastos.  

– Esa conversación sobre capitalismo o no capitalismo sí que la entiendo. Yo me crié con un padre que se sabía de memoria los discursos de Fidel Castro. Gracias a mis raíces veo ambos puntos, pero decidí que lo que tengo a mi alcance ahora es esto (el capitalismo). Es como decir: quiero inventar un idioma nuevo que me encanta, pero ahorita nadie habla sino este idioma. Entonces no voy a dejar de hablar este idioma porque tengo que manejarlo. No me molesta para nada aprender el otro idioma e imaginar otro mundo, pero me preocupa cómo las mujeres vamos a pagar nuestra renta ahora. Por ahora tenemos que volvernos buenas y saberlo manejar y manipular así como se está manipulando contra nosotras. 

Y sobre las inversiones de las empresas para las mujeres. Todos los estudios muestran que esa inversión en el cuarto de lactancia termina regresando en ingresos, en que las empleadas no se te vayan tan rápido. Esa inversión tiene buenos retornos. Si alguien no quiere ver eso, es porque no quiere verlo. Yo he dejado de dar ejemplos económicos que respaldan las demandas feministas. Cuando me lo piden, porque me lo piden siempre, respondo que me gustaría primero que me den estadísticas o casos que demuestren que es mejor tener una economía que solo incluye al hombre. Cuando me den ese estudio y esos datos económicos de por qué funciona mejor el mercado mundial excluyendo a la mujer, entonces yo empezaré a compartir mis estadísticas y mis ideas.  

– ¿Qué consejos darías para emprendedores o emprendedoras jóvenes?  

– El consejo que tengo más en mente últimamente es que las nuevas generaciones de emprendedores y emprendedoras tienen un talento que no teníamos las generaciones previas. Es entender el poder que tienen las alianzas y los grupos. Como mujer emprendedora, todas las cosas que se leen en los medios sobre acoso, lo viví, pero me aislé, no hablé con mis colegas, no me organicé, no hubo eso. Y veo que las nuevas generaciones lo están haciendo tan bellamente. En vez de darles una sugerencia nueva, que yo me invente, es: sigan en ese camino. Sé que habrá resistencia, pero es clave que sigan en el camino de las alianzas y la organización. 

Martín Rodríguez Pellecer
/

(Guatemala, 1982.) Es el fundador de Nómada. Fue director y CEO entre 2014 y 2019. Es guatemalteco, perseverante y alegre. En 2020, cedió parte de sus acciones a trabajadores, periodistas de prestigio y vendió el resto a uno de sus maestros, Gonzalo Marroquín. Fue periodista 20 años y ahora se dedica a hacer consultorías para personas, instituciones y empresas. Es políglota y escritor. @revolufashion


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    Julio /

    18/11/2019 5:07 PM

    Libro: Leapfrog: The New Revolution for Women Entrepreneurs
    Nathalie Molina Niño

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Mario Paredes /

    18/11/2019 4:57 PM

    Tengo una empresa y me gustaria pagar al estado el minimo de lo que por ley tengo que pagar. No obstante de lo que tengo que por ley pagar me gustaria pagar el maximo posible a alguna ONG donde uno vea que realmente lo usan y no que se lo lleven los diputados para sus empresas personales. Sin embargo me dicen que en mi regimen tributario no puedo hacer donaciones que me rebajen impuestos. Que decepcion!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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