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Sí, entiendo y acepto

El narcisista Assange tenía razón; EEUU lo quiere castigar por hacer periodismo

Cuando hace siete años entró asilado a la embajada ecuatoriana en Londres, lo acusaron de paranoico y de narcisista por creer que Estados Unidos se lo quería llevar para torturarlo y asesinarlo. Hoy el presidente ecuatoriano Lenín Moreno lo puso un paso más cerca de ese infierno, en castigo por hacer pública información que nos incumbe a todos.

La corrupción no es normal P369

Assange, en 2012 y en 2019.

Imágenes: eldiario.es

La verdad y el poder no son buenos amigos. El poder, cuando no tiene contrapesos, comete abusos. Y la condición indispensable para asegurar que esos abusos queden en la impunidad es escondiéndolos del público, para que no puedan ser disputados primero y enjuiciados después.

Los poderosos son más poderosos cuando son legítimos. Y por eso los periodistas somos incómodos. Más cuando estamos merodeando para buscar verdades en guerras. Como lo hizo Seymour Hersch cuando publicó sobre las masacres de civiles cometidas por Estados Unidos en Vietnam en 1968. O cuando un tipo llamado Julian Assange fundó en 2006 WikiLeaks, una plataforma de periodistas, hackers, activistas y abogados, para recibir información de manera confidencial, y publicarla protegiendo las fuentes.

Así estableció contacto con ellos una mujer trans, soldado estadounidense, que se llama Chelsea Manning. Como buenos periodistas, Assange y su equipo de WikiLeaks lograron construir una avenida segura para recibir la información de Manning. Primero fueron videos de crímenes de guerra en Irak, y Afganistán, incluido el video en 2007 del asesinato de diez civiles, incluidos niños y el periodista Namir Noor-Eldeen, de la agencia Reuters.

Después fueron 250,000 cables diplomáticos de todas las embajadas estadounidenses del mundo, el Cablegate. Informaciones que afectan la vida de las personas y son de interés público. Son los documentos que han escrito sobre nuestros países las embajadas del gobierno de Estados Unidos. Es una parte de la historia que los ciudadanos tenemos derecho a saber, porque al final de cuentas los soberanos somos los ciudadanos. Tenemos derecho a saber qué hacen los que administran el poder público. Y Estados Unidos administra mucho poder público en el mundo.

Assange y WikiLeaks podrían haber preferido el egoísmo y el narcisismo, y haberse tomado años para investigar todos esos cables, pero sabían que no tenían la capacidad ni el conocimiento suficientes. Entonces fueron a tocarle la puerta primero a cinco medios de referencia del mundo –The New York Times, The Guardian, Der Spiegel, Le Monde y El País– para que ellos empezaran a investigar la información y ocultar nombres de personas que pudieran ser comprometidas. Después buscaron a otras decenas de medios y periodistas prestigiosos en el mundo, como Gianina Segnini, Carlos Dada o Carlos Fernando Chamorro en Centroamérica. Y después también los dieron a periodistas voluntariosos, como este que escribe, en el caso de Guatemala.

Así pudimos tener evidencias, por ejemplo, de la relación del entonces candidato presidencial Otto Pérez Molina con los narcos Mendoza de Izabal. O que recibía financiamiento electoral ilegal en 2007 de las cuatro familias más poderosas del país, las mismas que casualmente después financiaron de manera ilegal a Jimmy Morales en 2015. Obtuvimos información sobre el trabajo infantil y la explotación en la industria del azúcar. Supimos cómo dentro del gobierno de Óscar Berger el ministro de Gobernación Carlos Vielmann acusaba de narco al jefe de bancada del partido de su propio gobierno, el diputado Martínez Lohayza, después del partido LIDER. Fue poner luz en las sombras de nuestra democracia. Una maravilla.

Pudimos ver también la contradicción de la diplomacia estadounidense. Por un lado defienden los derechos humanos, y por otro presionan para el beneficio de sus compañías o sus ciudadanos a costa de los intereses o los derechos del resto de humanos del mundo. Gracias a eso pudimos explicar como desde 2015 hasta 2019 han convivido con la contradicción de apoyar la lucha contra la corrupción, pero al mismo tiempo apoyar a los corruptos que “generan estabilidad” y no son una amenaza para sus intereses, como después harían con Otto Pérez Molina o Jimmy Morales. O con el hondureño Juan Orlando Hernández.

Supimos de todo esto gracias a que Julian Assange y WikiLeaks pudieron construir una plataforma segura para recibir información, proteger a una fuente y construir alianzas con los mejores medios y periodistas del mundo para administrar y publicar la información. Supimos de todo esto gracias al periodismo de Julian Assange y WikiLeaks.

Y ahora las agencias de inteligencia y el ejército de Estados Unidos están más cerca de conseguir una venganza que prometieron contra Assange hace casi una década, cuando Estados Unidos era gobernado por el buen Barack Obama y la buena Hillary Clinton.

La forma que encontraron para mantenerlo con arresto domiciliario desde 2010 fue una acusación que una década después parece ser una fabricación, como desde entonces dijeron Assange y WikiLeaks. Dos mujeres suecas lo acusaban de un tipo de abuso sexual. Pero después WikiLeaks publicaría una comunicación en la que una de las dos mujeres le decía a Assange que “la policía sueca había inventado la acusación”.

WikiLeaks afirmaba que la acusación era una excusa para extraditarlo a Estados Unidos para enjuiciarlo en un tribunal militar, llevarlo a una prisión secreta en donde podría recibir torturas, y finalmente podían ordenar su asesinato, la pena de muerte.

Y no es una exageración. Republicanos dijeron en 2012 que Estados Unidos debería asesinar a Assange con un dron. Después, sitios de propaganda anti-Hillary Clinton empezaron a decir que ella misma, mientras era secretaria de Estado, lo había dicho. Le preguntaron medios serios y respondió: “Si lo dije, fue una broma. Pero no me recuerdo de una broma así”. Mike Pompeo, exjefe de inteligencia y ahora jefe de diplomacia de Trump, hizo que EEUU pasara de considerar a WikiLeaks como una organización terrorista a considerar que “camina como un servicio de inteligencia hostil y habla como un servicio de inteligencia hostil”.

Pero allá por 2012 lo negaron todo. Los Estados Unidos pusieron a trabajar su propaganda y a decir que no, que Assange era un paranoico, que era un narcisista.

A mí me parece que los periodistas como Assange son muy generosos. Ponen en pausa su vida y su libertad con tal de informar al público sobre los abusos del poder. No puedo imaginar el dolor de pasar 7 años sin ver a su familia. O de poder caminar por la calle.

Cuando Assange sintió que la justicia británica no iba a ser independiente de Estados Unidos, se refugió en la embajada de Ecuador en Londres y el entonces presidente Rafael Correa le dio asilo y protección. Correa tiene luces y sombras. Ayudó a Ecuador a salir del subdesarrollo en muchos aspectos, lo hizo con actos de corrupción y fue un represor del periodismo independiente. Pero Correa le salvó la vida a Assange, y a WikiLeaks. Y probablemente a muchos periodistas en el mundo.

Y después, abogados de WikiLeaks ayudaron al analista Edward Snowden a escapar de Hong Kong rumbo a Moscú, en donde consiguió asilo después de ser persegido por Estados Unidos tras entregar miles de cables sobre el espionaje estadounidense al periodista Glenn Greenwald y la documentalista Laura Portras, quienes después fundarían The Intercept y First Look Media, con financiamiento del empresario franco-iraní de e-Bay, Pierre Omydiar. WikiLeaks y Assange, de hecho, mostraron el camino para un nuevo tipo de periodismo colaborativo global, que tiene el último capítulo con los Panamá Papers, del Süddeutsche Zeitung y el International Consortium for Investigative Journalism.

Desde 2012, Assange y WikiLeaks pedían enfrentar la acusación sueca desde la embajada ecuatoriana, pero la fiscalía sueca nunca quiso viajar las dos horas de vuelo que la separan de Londres. XX años después, la acusación prescribió.

La justicia británica no lo quiso dejar salir de la embajada ecuatoriana para regresar a su natal Australia o viajar a Ecuador o a Rusia. No respetó que fuera un asilado político. El asilo es una institución muy importante: salva las vidas de quienes son perseguidos por regímenes asesinos.

Por ejemplo, el periodista Carlos Fernando Chamorro, director de Confidencial, está asilado ahora en Costa Rica, porque teme que la dictadura de Daniel Ortega, que ha asesinado a más de 350 nicaragüenses y tiene a otros 300 presos políticos, pueda capturarlo y torturarlo.

Y sí, Estados Unidos, la cuna contemporánea de la defensa de los derechos humanos, también es un régimen que comete crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad. Como las masacres en Vietnam en los años 70. Como el financiamiento y aprobación de masacres en El Salvador, Nicaragua y Guatemala en los años 80. Como el centro de torturas de Guantánamo desde 2001. O como los asesinatos de civiles, niños y periodistas en Irak en 2008, que fueron publicados por Manning y WikiLeaks.

Es cierto que, en Guatemala, los Estados Unidos fue el único actor de poder que respaldó el juicio por genocidio contra Ríos Montt, quien recibió apoyo de Ronald Reagan, la CIA y sus aliados. Pero no entiendo por qué los funcionarios, jueces, ciudadanos y periodistas estadounidenses que luchan por los derechos humanos no hacen más ahora por proteger la vida de Assange, de Manning, y los derechos de funcionarios y soldados a denunciar, de los periodistas a informar, y de los ciudadanos a saber.

Me molesta la “equidistancia” de muchos medios, como New York Times por ejemplo, que dice que “para sus seguidores, Assange es un héroe”. O que no le concede que sea un periodista sino es solo “un activista”. O que relata cómo empujó “y le gritó a un policía ecuatoriano que no lo dejaba jugar futbol en la embajada” (en la que había estado encerrado 7 años sin asistencia médica ni psicológica).

Sí, probablemente Assange era un asilado incómodo, un vecino insoportable, un ególatra. ¿Pero cómo se nos pasó por alto? Claro, para fundar WikiLeaks y espulgar al país más poderoso sobre la Tierra, y fiscalizar tanto a su ejército como a sus líderes demócratas, Assange en realidad debería tener la personalidad humilde de una monja de la caridad. Y tras estar encerrado 7 años en un cuarto de una embajada, sin atención médica, psicológica o de un dentista, debería haberse convertido en un monje budista o en un Nelson Mandela. Y sigue el NYTimes, “solo para sus seguidores es un héroe y para Estados Unidos es un lacayo del Kremlin”. Pues no. Me parece que todo el periodismo y los ciudadanos deberíamos al menos reconocer la importancia histórica de Assange y WikiLeaks. Cuestionar sus errores o su falta de rigor en algunas publicaciones, pero agradecerle y defenderlo.

Regresemos a su persecución, a la venganza de Estados Unidos, el país más poderoso del mundo.

A Chelsea Manning lo encarcelaron en condiciones inhumanas y lo condenaron a 35 años. Después, gracias en buena medida a una campaña pública de WikiLeaks, Barack Obama le dio el perdón presidencial. De hecho, su Departamento de Justicia (DOJ) encontró que no había elementos para juzgar a Julian Assange y WikiLeaks porque en realidad lo que habían hecho era periodismo. Y después de Assange, el DOJ hubiera tenido que perseguir al New York Times y los demás.

De hecho, el panel de expertos de la ONU publicó en 2016 que era una detención arbitraria, sin acusación formal, y que se violaban los derechos humanos de Assange.

Pero como ocurrió con Guantánamo, que Obama nunca llegó a cerrar del todo a pesar de haberlo ofrecido en campaña, Obama tampoco cerró del todo el caso contra Assange.

Y ahora, con el gobierno del autoritario Trump, en el que los radicales de extrema derecha son los únicos a quienes no les importa la inmoralidad presidencial porque son quienes gobiernan, Chelsea Manning está detenida por negarse a declarar contra WikiLeaks. Y ahora Julian Assange está detenido por requerimiento de extradición de Estados Unidos. “Por haber hecho que Manning le diera información confidencial del ejército y la diplomacia estadounidenses”, dice la acusación estadounidense.

En vez de perseguir a quienes cometieron una masacre, el Departamento de Justicia de Estados Unidos está persiguiendo a la soldado y al periodista que denunciaron esa masacre.

Assange y WikiLeaks hicieron todo lo que estuvo a su alcance para proteger a Chelsea Manning.

Y Ecuador, un paisito del tamaño de Guatemala, le plantó cara a Estados Unidos y le dio asilo a Assange. A diferencia de Gran Bretaña o Suecia, Ecuador se puso de escudo para evitar la captura que probablemente conllevará a torturas y un asesinato. De hecho, Rusia –la autoritaria Rusia que también mata periodistas– ha sido la única que le ha plantado cara a Washington y protegió al analista Snowden. Y una de las agencias rusas de noticias y propaganda fue la que filmó el momento en el que Assange es sacado por la fuerza de la embajada ecuatoriana por la policía británica.

Este fin del asilo ecuatoriano ocurrió porque llegó a la presidencia un exaliado de Correa, Lenín Moreno, quien ha perseguido la corrupción durante el gobierno de su antecesor, pero no le gusta que le investiguen. Y cuando WikiLeaks publicó documentos de offshores de sus familiares, Lenín Moreno decidió que Assange era demasiado insolente y agresivo en la embajada ecuatoriana, y que “incluso tenía un teléfono celular desde el que se comunica con el extranjero”. Además, lo acusó de entrometerse en asuntos políticos de otros países al publicar documentos sobre Estados Unidos, Siria o el Vaticano. Imaginemos entonces que el periódico Confidencial, de Chamorro, publica una historia sobre crímenes en Honduras. El ecuatoriano Lenín Moreno llamará al presidente de Costa Rica para aconsejarle que lo entregue a Nicaragua, que ya le protegió la vida un tiempo y que puede lavarse las manos.

Y así Lenín Moreno decidió invitar a la policía británica a entrar a la embajada y llevárselo. A sabiendas que eso significa que Julian Assange está en grave riesgo de ser entregado a Estados Unidos para ser juzgado en un tribunal militar, torturado y ejecutado. Si eso ocurre, Lenín Moreno debería ser juzgado como cómplice.

De hecho, la historia demostró que Assange tenía razón. La policía británica entró a la embajada ecuatoriana para arrestarlo, pero no por la acusación prefabricada sueca que ya había prescrito, ni tampoco por haber roto la prisión domiciliar, sino por un pedido de extradición estadounidense. No era paranoia ni narcisismo. ¿Y saben qué le dijo el juez británico Michael Snow cuando lo mandó a una cárcel mientras decide si lo extradita?

– Que diga que no ha tenido un proceso judicial justo es risible. Y su comportamiento es el de un narcisista que no puede pensar más allá de sus egoístas intereses.

Martín Rodríguez Pellecer
/

Es el director y CEO de Nómada. Es guatemalteco, perseverante y alegre. Empezó en el periodismo en 2001 en cartas de lectores. En 2011 fundó Plaza Pública para la URL, y en 2014, Nómada. Estudió una licenciatura en la UFM y una maestría en Estudios Latinoamericanos en la UAM. Fue finalista del premio FNPI en 2013 y 2017. Ganó el premio nacional de periodismo en 2004 y 2017. Es políglota y feminista. @Revolufashion


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    Guillermo Maldonado C. /

    19/04/2019 5:36 PM

    ¡Pero que malo para cabecear la nota! O asume en realidad que el chelón es narcisista.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Ping pong /

    19/04/2019 12:30 PM

    Quizá si Assange fuera más sensato y tomara el periodismo más en serio no se hubiera prestado a colaborar en la trama rusa que ayudó a que Trump fuera electo? (Y el ‘timing’ una venganza hacia Hillary Clinton!)

    Wikileaks y su labor tienen un lugar valioso en la sociedad y el periodismo pero deben ser éticos y objetivos en cómo y cuándo van a soltar la información que recaban.

    Wikileaks debe madurar y Assange, con sus caprichos y berrinches, no está interesado en que así sea.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Ile /

    19/04/2019 11:48 AM

    Defender a Snow es defender la dignidad humana y el derecho a la vida, es abrir los ojos a los crímenes de Estados Unidos.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Luis Paraiso /

    18/04/2019 2:05 AM

    El avión de Evo Morales, El Ecuador de Rafael Correa,
    Cientos de periodistas tuvieron con que ponerle mantequilla a las patatas, cientos de periódicos vendieron papel. Pienso que el papel periódico es el único que termina reciclado en el lugar que merece, EN UN CAGADERO. Pero más lejos de esto, pocos son los que defienden al que les dio de hartar, es así la historia de los héroes.
    Evo Morales, Rafael Correa, Gracias por la dignidad.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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