Entre la ingratitud y el pan de muerto

Los derechos no son un favor, pero a los grupos marginados en Latinoamérica les siguen exigiendo gratitud por recibir las mínimas garantías fundamentales.

Volcánica centro cultural trans CONACyT Jauria Trans P369 transfeminismo volcanica

Jauría Trans, centro cultural.

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Hay algo que está mal cuando empleas la palabra “gratitud” para calificar cómo te sientes ante el hecho de poder ejercer o acceder a un derecho. Hay algo que está mal cuando ese acto se transforma en el acto magnánimo de alguien más, en una suerte de concesión o regalo que esconde una deficiencia sistémica. Y, quizás, éste es un texto ingrato, malagradecido. Pero es también un texto de celebración y cariño. Es ambas cosas y algo más.

Es un texto de celebración y cariño porque quiero compartirles, a través de estas palabras, mi enorme satisfacción tras haber participado el jueves 2 de noviembre, en compañía de Emmanuel Theumer, en la charla inaugural de un nuevo espacio dedicado a las manifestaciones culturales trans. Este espacio se llama Jauría Trans y está localizado al interior del Centro Cultural Border en la colonia Roma, en la CDMX. Lo coordina Nathan Ambriz, un activista trans, quien cuenta con el apoyo de Alba Pons, Jess Marjane (quien me acompaña en este espacio de Volcánica) y Lía García, para ir construyendo un espacio donde no sólo se exhiban imágenes o fotografías acerca del cuerpo trans sino también obras producidas desde la mirada de unx sujetx trans.

Compartir esto es la parte más gozosa de este texto. Aquella fue una bella velada. Comenzamos con un diálogo en torno al peligro que representa para el feminismo –para todos los feminismos– este nuevo discurso de la derecha que descalifica a un abanico de luchas al describirlas como “Ideología de Género”. Un discurso que atenta por igual contra los derechos sexuales y reproductivos que contra los derechos a la identidad y libre desarrollo de la personalidad pasando, desde luego, por el derecho a la salud.

Es curioso que califique de bella a esta velada dada la seriedad del tema pero ésta fue un espacio de escucha y de ponderación de retos. De allí su belleza, porque siempre hay algo de bello en la construcción de redes sororiales. Y más cuando estas redes se gestan reconociendo los retos políticos que nos aguardan pero sin dejar que éstos socaven nuestra propia capacidad de crear cultura, goce, arte y una voz propia.

En cualquier caso, aquella fue una noche en la cual me sedujo el encuentro entre diversas cuerpas provenientes de diversos feminismos, con diversas trayectorias y comprensiones acerca de qué hacemos y por qué. De pronto en esa noche confluyeron voces feministas y transfeministas y ambas, en distintos modos, reivindicaron a la vez el derecho a ser unx sujetx que habla, que goza y que no está al servicio de otros ni existe para atender sus placeres y necesidades o sus miradas voyeuristas y exotizantes.

Y aquí es donde entra mi ingratitud. No para estos espacios ni para quienes los hicieron posible. Sino para el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACyT) de México. Lo que ocurre es que justo una semana antes de ese maravilloso jueves logré, tras dos infructuosos meses, el que una importante funcionaria de CONACyT me escuchara y escuchara acerca de lo imposible que hasta entonces me había sido el siquiera ser tomada en serio cuando llamaba para solicitar una homologación en las bases de datos de este órgano. En palabras simples, que se dieran por enterados de que finalmente había logrado el cambio de género y el cambio de nombre correspondiente y que buscaba que ello se reflejara en el padrón que este órgano tiene y que incluye a todas y todos los investigadores de México que deseen someterse a sus criterios de evaluación que habrán de acreditarnos como Investigadores Nacionales.

Mi ingratitud se hace presente no porque desestime las buenas voluntades de Julia Tagüeña, la funcionaria en cuestión y Directora Adjunta de CONACyT, sino porque ha sido menester que, para ejercer mi derecho, mediase una buena voluntad, un acto generoso de una funcionaria y científica sensible a los temas del género y el feminismo. Pero es por ese mismo acto de generosidad el que queda exhibida una falla de este órgano. No en el temple y moralidad de Julia pero sí en las prácticas, procedimientos y normas de un CONACyT que no puede imaginarse la posibilidad de una investigadora nacional que sea transexual.

Esta imposibilidad desnuda un sesgo. Para las academias, de ciencias y de artes, históricamente las personas trans hemos figurado –si a caso hemos figurado– como objetos a ser mirados, comprendidos, etnografiados, representados, documentados, fotografiados, etc. Existen sendos presupuestos en las dependencias de arte y ciencia para incluirnos a modo de sujetxs a ser miradxs o, con cierta generosidad condescendiente, auxiliadxs.

Para nosotrxs, la apuesta ha sido hasta hace muy poco la absoluta ignorancia. Ahora somos sujetxs de una justicia distributiva, retributiva e incluyente que se olvida de pronto que acá, de este lado, del lado trans, también hay creadorxs, también hay voz, pensamiento, arte y reflexión. Queremos pues una justicia contributiva, que no pase por alto, que no se atreva a hacerlo, el hecho mismo de que algo tenemos que decir, algo tenemos que narrar, algo que pintar, algo que expresar.

De allí la celebración y el cariño que me generó este nuevo espacio en el cual las voces trans se cuentan a sí mismas. De allí mi ingratitud hacia un acto generoso que, si bien reconozco, lo encuentro sintomático de un problema. De allí mi gratitud a aquella velada feminista que conjuntó perspectivas exigiendo que no se olvide que ni las mujeres ni las minorías sexo-genéricas están aquí para fungir un papel secundario.

La autora, Siobhan Guerrero MacManus, en la inauguración del centro cultural Jauría Trans. Foto: Desastre.mx

Adenda:

También se inauguró en este espacio La exposición “Terroristas de la masculinidad”, que nos permitió conocer el trabajo de cuatro hombres trans que nos acercaron a la intimidad de unos cuerpos a la vez masculinos y menstruantes, a la vez fecundos de fantasías y tropos naturales pero, en ocasiones, desplazados y migrantes. Enhorabuena por los autores: Aerial Briseño, Felix Morales, Mario Morales y Thomas Ortiz.

Pero el gozo de esa noche no se acabó allí. En el propio Centro Cultural Border, a escasos diez metros, se inauguraba otra exposición: “Re+Acciones. Réplicas y fracturas en los archivos de arte Feminista”. Para mí, el mejor momento de esa intervención se logró cuando me invitaron a la mesa y me compartieron un delicioso pan de muerto con chocolate. Ello me gustó y no sólo por lo golosa que soy. Me gustó por su temática: rara vez son las mujeres las que estamos a la mesa, normalmente las mujeres atendemos a los comensales.

Exposición Terroristas de la masculinidad. Foto: Desastre.mx

Siobhan Guerrero Mc Manus
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Siobhan Guerrero Mc Manus (CDMX, 1981) es una mujer trans, bióloga y filósofa, e investigadora en el CEIICH de la UNAM. Es amante de la literatura de ficción y eterna voguera en ciernes. Transfeminista por vocación y convicción.


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    Cesar A. /

    13/11/2017 11:27 PM

    1. Los hombres no menstruan.
    2. Existe una ciencia, sí ciencia, llamada biología que determina lo que es un hombre o una mujer.
    3. Vergüenza de este blog, aunque no me extrana, de estar promoviendo este tipo de hierros historias, perdón pero que le guste vestirse con ropa feminina no lo hace mujer y tampoco un héroe, lo hace una persona con problemas.

    ¡Ay no!

    3

    ¡Nítido!

      WSS /

      01/03/2018 5:51 PM

      a shombre, deja que se exprese, leer algo diferente no daña... mientras no te acosen sexualmente no los chingues

      ¡Ay no!

      1

      ¡Nítido!



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