Racismo en la puerta de la Iglesia

Una corte de “mulatas” como las llaman eufemísticamente a las mujeres negras, esperan de pie el momento en el que salgan los novios para agasajarlos, tal cual como las esclavas domésticas esperaban a sus amos, en la puerta de las iglesias las horas que fueran necesarias, sin importar la inclemencia del sol y el calor hace menos de doscientos años, están vestidas de la misma manera, polleras y turbantes blancos; trajes que antiguamente nuestras antepasadas elaboraban con las sábanas viejas que desechaban sus amos.

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A la izquierda una mujer negra disfrazada de mulata a la entrada de la Iglesia San Pedro Claver en Cartagena, a la derecha el cuadro “Señora principal con su negra esclava”, del quiteño Vicente Albán.

Saliendo de mi jornada en la Maestría en Estudios Afrocolombianos en Cartagena, Colombia, que curiosamente tiene sede en el claustro de San Pedro Claver, un personaje clave en las misiones colonizadoras y el comercio de esclavos conocido como “El esclavo de los esclavos”. Me encuentro con una escena común en la iglesia que lleva el nombre del mismo santo: hay una boda. En este santuario en particular, se casan las personas más poderosas del país: las hijas de los presidentes, terratenientes y celebridades. La iglesia está hermosamente decorada, calculo que habían unos 200 invitados, en su totalidad gente blanca de la élite de Colombia y algunos extranjeros. Los hombres casi uniformados con un traje formal de pantalón negro y saco blanco, y las mujeres vestidas con esplendorosos trajes gala.

Cartagena de Indias por su localización en el norte de Suramérica, a orillas del mar Caribe, y su cercanía al istmo de Panamá se convirtió en la principal plaza fuerte hispana y un importante puerto para el comercio de esclavos. Hoy en día Cartagena de Indias es la ciudad turística más importante del Caribe Colombiano, el centro histórico está rodeado por una muralla con pocas entradas posibles, la arquitectura colonial bañada de colores, los hoteles de lujo, las casas, las calles, las plazas, las iglesias, y los monumentos del centro histórico dan cuenta de un legado colonial que ha determinado el carácter de la ciudad, una ciudad que hasta hoy celebra la colonialidad, que desde siempre ha sido “la miseria de muchos y el regocijo de otros”.

La iglesia recibe el nombre de San Pedro Claver, conocido como “el esclavo de los esclavos”, un español jesuita quien llegó a Cartagena en 1610 y se hizo sacerdote, dedicando su vida a curar y alimentar a los esclavos (que no es lo mismo que rebelarse contra el orden social), y por supuesto, a evangelizarlos.

En la puerta de la iglesia, los camarógrafos y la prensa se esfuerzan por capturar la salida de los novios, luchan en medio de un tumulto de gente nativa y algunos turistas que deslumbrados por la opulencia esperan no perderse detalle del espectáculo que viene a continuación. Quiero salir corriendo de ahí, no quiero ver lo que viene, pero no puedo evitarlo, una corte de “mulatas”, como llaman eufemísticamente a las mujeres negras, esperan de pie el momento en el que salgan los novios para agasajarlos, tal cual como las esclavas domésticas esperaban a sus amos, en la puerta de las iglesias las horas que fueran necesarias, sin importar la inclemencia del sol y el calor hace menos de doscientos años, están vestidas de la misma manera, polleras y turbantes blancos; trajes que antiguamente nuestras antepasadas elaboraban con las sábanas viejas que desechaban sus amos.

La explotación de los cuerpos negros desde su llegada a este territorio amasó los cimientos del capitalismo, la fortuna y los privilegios de una élite blanca colombiana y extranjera, que mantienen su estatus hasta hoy. Al mismo tiempo amasó la miseria, la opresión y el racismo que hoy sufren las personas negras en todo los territorios colonizados y esto se ve reflejado en las interacciones sociales entre personas negras y personas no negras en un lugar como Cartagena de Indias. Pero todo esto es un tras bambalinas que muy pocos analizan o entienden porque se ha naturalizado, las necesidades apremian y no queda más que levantarse todos los días con la mejor actitud y hacer lo se puede para ganarse la vida.

Dos mujeres negras disfrazadas de “mulatas” posan dentro de la iglesia San Pedro Claver para el o la fotógrafa de la boda. Las caras han sido borradas para proteger la identidad de las personas en la foto.

La imagen de las “mulatas” en la puerta de la Iglesia San Pedro Claver me eriza la piel, me revuelve las tripas y me lleva a la tarde del 20 de marzo, hace siete años, en la que me dirigía en un taxi vestida de multada a la iglesia de San Jerónimo de Mamatoco, en mi ciudad natal Santa Marta, otra ciudad del Caribe a cuatro horas de Cartagena. Estaba cumpliendo 18 años, y en el camino trataba de convencerme a mí misma, de que era normal el trabajo de “protocolo” que me había ofrecido en la agencia de modelaje, no tenía ni idea sobre las dinámicas de poder, ni del afrofeminismo, ni lo que hay en la cabeza de las personas blancas cuando contratan mujeres negras para que se vistan y actúen como esclavas felices en sus bodas. No entendía nada, pero sin embargo me sentía extraña con la peculiar labor que me esperaba esa noche.

Sin tener idea sobre el trasfondo real de la situación, pensaba en que no era la primera vez que me tenía que vestir de esa manera, total, durante mi vida estudiantil en varias ocasiones tuve que vestirme como esclava y representar la época colonial y por lo menos no estaba medio desnuda y con cadenas, como en las clase de sociales o en los eventos culturales del colegio para ganarme una buena calificación. Esta vez me iba a ganar 120 mil pesos colombianos (que equivalen a unos 40 dólares) que necesitaba para los pasajes de la Universidad y sólo tendría que volver hacer el papelito de “mulata” para la gente rica durante una boda, las tareas eran sencillas: entregar unos abanico en la entrada de la iglesia, luego volver al lugar de la fiesta en Pozos Colorados, esperar a la gente en la entrada, entregarles unas sandalias para la fiesta en la playa, tomarme fotos con los invitados, pasearme por toda la fiesta sonriente, esperar a “la hora loca” para volear mi pollerín durante unos minutos y animar a bailar a los invitados… Eso era todo.

Lo recuerdo como si fuera ayer. Al llegar a la iglesia encuentro a mi compañera de jornada, estaba sonriente y se le veía cómoda en su traje, eso me relajó un poco, y empezamos a trabajar. Abrimos nuestras faldas blancas y nos ubicamos lado a lado de las puertas de la iglesia para decorar la foto familiar de la boda, luego de la foto, los novios se subieron a un auto antiguo y en medio de aplausos y chiflidos se fueron, nosotras empezamos a ofrecer los abanicos a las invitadas, cuando los recibían  nos decían “Tan divinas… las mulaticas, muchas gracias” y se iban contentas por la plaza comentando la ceremonia.

Cuando se acaban los abanicos, pedimos un taxi y en el camino nos escribieron de la agencia de modelos para preguntar como iba el servicio, y darnos el nombre de la persona por quién teníamos que preguntar en el hotel en Pozos Colorados,  y así no tener problema para entrar al hotel y continuar con el “protocolo”. Al llegar a la entrada del hotel, una wedding planner un poco estresada ya nos esperaba en la puerta, descargó un poco de frustración con nosotras y nos preguntó por qué llegamos tan tarde, nos dijo que ya han llegado algunos invitados y no se les entregaron las sandalias de playa, le explicamos que estábamos entregando los abanicos en la iglesia y era imposible llegar antes de algunos invitados. Estrilando un poco nos dice que no hay tiempo que perder y nos da algunas indicaciones, yo me quedé en la puerta entregando las sandalias a los que llegan y mi compañera entró a la fiesta en la playa y empezó a entregar las sandalias a los invitados que ya habían llegado.

La noche transcurría y era el momento de pasearse sonrientes por la fiesta, algunos hombres aburridos trataban de iniciar conversación, otros invitados pedían fotos grupales. Nosotras un poco prevenidas con los hombres, buscábamos el lado a las señoras, pero más de un viejo verde con unos tragos encima, muy directo pedía fotos con las dos “mulatas” y aprovechaban para atraernos con fuerza por la cintura y tomarse fotos más “bacanas” (mas chidas). Una mujer un poco molesta nos dice, “háganme el favor y tráiganos unos tragos”, y yo le contesté que no estaba encargada, pero que ya le llamaba a un mesero. Aproveché para escapar de la situación y pasar un buen tiempo en el baño. Con cada minuto que pasa me arrepentía más de haber aceptado ese trabajo de “protocolo” y anhelaba que llegara la “hora loca”, -un momento obligado de casi todos las bodas en Colombia, que consiste en que la música se hace “más folclórica” y las modelos de protocolo bailamos cumbia entre los invitados mientras les repartimos máscaras y a veces shots de trago-  para cumplir con el último compromiso y largarme a mi casa.

Dice bell hooks en Killing Rage, Ending Racism (Matando la rabia y acabando con el racismo) “El sexismo y el racismo actuando juntos, perpetúan una iconografía de representación de la negra que imprime en la conciencia cultural colectiva la idea de que ella está en este planeta principalmente para servir a otros”.

A la izquierda una mujer negra disfrazada de mulata a la entrada de la Iglesia San Pedro Claver en Cartagena, a la derecha el cuadro “Señora principal con su negra esclava”, del quiteño Vicente Albán.

Esta vez cuando vi a otras mujeres negras disfrazadas de “mulatas,” haciendo el trabajo que yo hice, en las puertas de la Catedral San Pedro Claver de Cartagena decido tomar esta foto y explicar en seis puntos, desde mi visión como afrofeminista, qué significó para mí hacer este trabajo y cuál es el problema con que mujeres negras prestemos este tipo de servicios, a pesar de que, según el dicho popular “ningún trabajo es deshonra”.

Analicemos un poco el origen de la situación.

1) La colonización amasó los cimientos del capitalismo a partir de la esclavización y explotación de las mujeres negras. Después de la abolición las indemnizaciones y las riquezas fueron para los esclavistas (los blancos criollos) , y el desamparo y la miseria para las personas negras, haciendo una brecha de desigualdad socioeconómica y racial que nunca se ha podido superar. Es decir con la plata del capitalismo que tiene su origen en la explotación esclavizada de nuestras ancestras nos pagan para seguir haciendo de esclavas.

2) El racismo estructural se remonta precisamente en la época colonial, mientras que se siga enseñando el patriotismo desde la adoración de la colonización la invisibilidad y la discriminación racial serán orgullo patrio.

3) Las mujeres negras que llegamos a trabajar en este tipo de eventos, somos sujeta a opresión interseccional por cuestión de raza, de clase y de género. Mientras no se nos garanticen nuestros derechos, esta sociedad seguirá convencida de que tienen derecho a tratarnos como esclavas.

4) Que se contraten mujeres negras vestidas de servidumbre esclava en los eventos sociales de una élite blanca es profundamente violento y racista, perpetúa los estereotipos y el prejuicio racial, porque la clase alta burguesa está compuesta en su totalidad por personas blancas en situación de poder y las personas negras en estos eventos están recreando la esclavitud doméstica de la época colonial. Esto marca en todos los sentidos de manera descarada la supremacía blanca y los estigmas sobre la negritud.

5) ¿Qué sentirá la gente blanca de clase alta pagando para tener mujeres negras vestidas de servidumbre esclava en sus eventos? No lo puedo afirmar con certeza. Pero el servicio de “mulatas” consiste en reafirmar el privilegio blanco, por lo que me atrevo a decir según mi experiencia interactuando con ellos como “mulata” la gente blanca siente que hay una jerarquía social en la que ellos merecen estar en los espacios de poder y la gente negra merece y debe ocupar el lugar más bajo de la sociedad como sus sirvientes. Tal cual lo hacían sus antepasados esclavistas, bajo la idea altruista de la colonización “salvarles las almas y enseñarles la civilización” los colonizadores de hoy, en un “acto de suprema bondad, les dan trabajo a mujeres negras que viven en condiciones de extrema pobreza” y ya no es esclavitud porque nos pagan 40 dólares.

6) Que en los eventos de la élite contraten personas negras vestidas de servidumbre esclava es pura supremacía blanca, es reafirma su privilegio, ese que por siglos ha enriquecido a la gente blanca a expensas de las vidas de la gente negra y no sentir ningún tipo de remordimiento al ver a estas mujeres alienadas, asumir como natural que estén vestidas de esclavas en la entrada de una iglesia, es estar completamente convencido de que ese es su lugar, es mantener las dinámicas de opresión racial como la norma, no sentir indignación es apoyar el sistema misógino y racista.

¿Cuál es la diferencia entre contratar cualquier otro espectáculo musical o cultural para una fiesta o boda y el servicio de “mulatas”? La respuesta es una sola, ¡HISTORIA!  Pero aquí les voy a compartir varias diferencias, entre las más problemáticas y significativas está la connotación racial, el escenario, los efectos de alienación, el vestuario y la intención.

La connotación racial histórica: una ciudad con una historia esclavista debe estar en función de la reparación y no repetición de un crimen de lesa humanidad como lo es la esclavitud. Debería estar en una lucha antirracista que le devuelva la dignidad a los cuerpos negros que hasta hoy viven las consecuencias de la esclavitud velada. Para las personas blancas debería ser vergonzoso tener mujeres negras vestidas de esclavas en sus fiestas mientras que ellos lucen vestidos de lujo.

El escenario: las entradas de las iglesias;  las “mulatas” se ubican a la entrada de la iglesia tal cual como lo hacían las esclavas en la época colonial, mientras las damas y caballeros blancos iban a misa con vestidos ostentosos.

La cosificación: en el servicio de mulatas se cosifica a la mujer negra y la reduce a decoración, para tomar fotos “exóticas”. Lo peor es que no es solo dramatización, las relaciones de poder siguen siendo las mismas que hace 200 años entre los que están dentro de la misa y los que esperan afuera. En otro tipo de servicios artísticos los artistas serían mirados sin connotación racial.

El vestuario: ese traje blanco tiene una historia, las mujeres esclavizadas sólo podían vestirse con los retazos de sabanas viejas de los amos, no se les permitía usar color, porque el color era un lujo reservado para la élite por el costo de lo colores en la ropa de la época. Colocar mujeres negras con ese vestuario para agasajar la opulencia de la élite blanca es racista.  

La intención: la intención es contundente, sentirse como la realeza española y cumplir la fantasía de tener servidumbre esclava. No es lo mismo una negra vestida con trajes coloridos típicos celebrando su libertad a través del Folklore, que una negra vestida de blanco representando la esclavitud doméstica en la época colonial a complacencia del complejo de superioridad racial de la gente no negra de Colombia.

Hermanas yo también fui “mulata” y lo hice sin tener ni idea sobre el impacto negativo que tiene este tipo de “servicios de protocolo” o “recibimientos culturales” en la representación de la mujer negra en la sociedad y la naturalización del racismo, yo también tengo pocas oportunidades de trabajo digno por ser mujer, por ser negra y de clase baja, Yo también tengo que encontrar una manera digna de sobrevivir en un sistema que me oprime y me violenta de muchas maneras, pero eso nos demuestra lo mucho que tenemos que reivindicar y resistir. Nuestras antepasadas cimarronas nunca se rindieron, estuvieron dispuestas a todo para conseguir la abolición de la esclavitud y lo lograron, pero falta mucho por hacer y solo el conocimiento de nuestra historia nos hará libres de las formas de opresión que aún quedan como consecuencia de la colonización.

Sher Herrera
/

Sher Herrera: Comunicadora social y periodista egresada de la universidad Sergio Arboleda en Colombia, presentadora y co- creadora del proyecto audiovisual @cimarronas_ en el que se comparten temas sobre afrofeminismo interseccional.


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    Emir /

    22/09/2018 8:00 AM

    Excelente Sher, esta es una reflexión muy importante y nos recuerda nuestro compromiso de evolucionar como sociedad. Nuestra historia nos debe servir para superar y aprender de nuestras luchas y no perpetuar la invisibilización. Hay que exaltar más y hacer reconocimiento de nuestros legados tanto afros como ancestrales, pero de la manera correcta.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Joha /

    20/09/2018 1:16 PM

    Dolo se decir que llegue prevenidad a un pais de cual se decia que habia mucho racismo. Al ver que de verdad no se veia negros a mi alrededor tan solo yo. Aprendi a enamorarme mas de mi color de piel.en ocasiones hablamos o hablan del racismo donde los primeros racistas son los negros np aceptandose tal cual.creo que hay que entender que no somos peritas en dulce para ser aceptados por todas las personas ..hay unos que aman nuestro color de piel haya otros que no..creo que cuando el afrodescendiente aprenda a amar con el corazón su color de piel ese dia se terminaria el racismo bendiciones a todos

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    LilitLobos /

    20/09/2018 7:45 AM

    Srta Sher, a pesar de la perversidad que narra en el texto, quiero hacer énfasis en felicitarla por la calidad del texto que ha construido aquí, donde además de denunciar desde la voz del oprimido, ha hecho un excelente uso de la estructura narrativa.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Kaibil /

    20/09/2018 2:07 AM

    En Peru acostumbran a alquilar Negros y lo digo sin ser racista y menospreciar a mis hermanos de color, para los funerales. En los tiempos de la esclavitud a ellos los usaban para cargar.los ataudes de los amos sobre el hombro sin usar las manos. Quedo la costumbre de la.epoca esclavista. Se ve en los funerales de las elites limeñas aun esta.costumbre

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Dolores Cedeño /

    19/09/2018 9:56 AM

    Excelente artículo, devela nuevas formas de esclavutud.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Alaide González /

    18/09/2018 9:23 PM

    Muy interesante su artículo. Definitivamente el racismo prevalece en América Latina.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    PAPAZOPAPAZ /

    18/09/2018 7:40 PM

    Me encantó tu artículo.

    lo que más me llamó la atención es como el tema del racismo es manejado de diferentes maneras en diferentes países.

    en tu artículo tu una colombiana afrodecendiente expone lo racista que es contratar gente de raza afrodecendiente para caractérizar mulatas.....

    acá en Guatemala Nomada se unió a la indignación porque en una feria de literatura se contrató a personas del valet nacional que son ladinas para vestirse de indígenas y recrear un mercadito en la entrada de dicha feria para recibir a los asistentes. Resultaron asociaciones de derechos diciento que era racista no haber incluido indígenas para recrear el mercadito.

    Que acaso no es más racista contratar a alguien por sus razgos raciales para interpretar un papél???

    en verdad se puede quedar bien con la gente en algun punto????

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Karolina Ramírez /

    18/09/2018 2:43 PM

    Interesante el pensamiento de la periodista en mención, pero el uso de mi foto con la de mi esposo para expresar su pensamiento y ópinión, NO representa mi pensamiento, ni mucho menos expresa racismo en al puerta de la iglesia. Esta foto fue en el 2016, no en las fechas en que la señora describe la aterradora escena. Como raices del caribe que tengo exijo sea eliminada mi foto

    ¡Ay no!

    7

    ¡Nítido!

    Juan Carlos /

    18/09/2018 12:23 PM

    Muy interesante, solo una reflexión sobre: "...dedicando su vida a curar y alimentar a los esclavos (que no es lo mismo que rebelarse contra el orden social), y por supuesto, a evangelizarlos." Ambas cosas, rebelarse contra el Estatus Quo y solo dar asistencialismo sin un compromiso "con la persona con nombres y apellidos" ambos son compromisos muertos (en ambos lados hay quien actúa o se "revela" o para "sentirse" bien o lo peor de todo "para no sentirse mal"). Todo movimiento o acción dónde se hable solo de "grupos de gentes", poblaciones, excluidos, discriminados, etc, sin un compromiso honesto con "la persona" y no con el número jamás producirá ningún cambio. Está en aquello de "no hacero por" sino "hacer con". Saludos. Muy aguda observación.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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